Carlos Gutiérrez Alfonzo
Se presentan fragmentos del libro Minucias. Maneras de decir cómo se vive la frontera publicado por el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, UNAM.
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A partir de la década de 1980, el gobierno de México dirigió la mirada hacia la frontera sur, con el ánimo de fortalecerla en virtud de la intensidad de los movimientos sociales que se vivían en Centroamérica. Esta atención puesta en el Sur abrió el espacio para la realización de investigaciones sociales, en su mayoría antropológicas, con el propósito de conocer las características de esa frontera. En lo que va del siglo XXI se ha notado un incremento en las indagaciones que buscan ahondar en el conocimiento de este espacio geográfico, con énfasis en las prácticas de quienes habitan la frontera.
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Vivir en la frontera, con dificultad, tiene que ver con una muralla que impida la relación entre quienes habitan en uno u otro lado. Hacia los pri meros años del siglo xx, la frontera no se concebía como una línea que obstruyera la movilidad de la población en ambas direcciones. Aunque hacia los años ochenta del siglo anterior se le asoció con ciertas características por la llegada de población indígena guatemalteca, sigue teniendo un sentido permeable, que da lugar a la convivencia entre pobladores de los dos lados, en donde el comercio ha sido una forma de crear vínculos, de establecer lazos comunitarios. Las migraciones recientes de un gran número de personas centroamericanas, sobre todo jóvenes que tienen la mirada puesta en el Norte, ha hecho aún más compleja la región en el área de Frontera Comalapa.
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Si se viaja en el asiento que está atrás del chofer, en la camioneta de Si se viaja en el asiento que está atrás del chofer, en la camioneta de pasaje, y si se tiene el deseo de indagar sobre esas enormes montañas que se ven a lo lejos, al momento de pasar por la nariz del diablo (kilómetro 210 de la carretera Panamericana), uno puede imaginar que hacia el frente, en esas altas montañas que están en territorio guatemalteco, también hay caminos, veredas que llevan hacia ranchos y aldeas, así como la carretera conecta poblados y ciudades. La 190 se empezó a construir a mediados de los años cuarenta del siglo xx. Es la carretera Panamericana. Viene del norte de México, de Ciudad Juárez, Chihuahua. Pasa por Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, y San Cristóbal de Las Casas. De Comitán va hacia el sur y sigue rumbo a Guatemala. En su construcción intervinieron habitantes de localidades cercanas a su trazo y otros de poblados lejanos.
Lugares como El Jocote, que se ubica como a tres kilómetros de la línea, deben su existencia a gente que estuvo ligada a la construcción de la carretera y decidió quedarse en sitios como ese, y vivir del comercio, de la venta de alimentos. Y similar situación se produjo en El Ocotal, cuyo nombre se cambió en 1950, por decreto del gobierno estatal, a Ciudad Cuauhtémoc, como respuesta a una sugerencia federal basada en la idea de que en la frontera, por ley, debía existir por lo menos una ciudad. No había la infraestructura que permitiera saber que se estaba en una ciudad. A lo más que se llegó fue a establecer la línea de transporte que comunicaba ese lugar con las urbes del centro del estado y con la capital del país.
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La carretera fue punto de atracción, de definiciones de espacios, con sus tiempos; definiciones como las producidas cuando el Camino Real, ruta de los tiempos de la Colonia, en que no existía una frontera política como la que se estableció en 1882, con la firma del Tratado de Límites entre México y Guatemala, quedó formalmente trazada como tal en 1899, según se constata en los documentos firmados por las comisiones que tuvieron este en cargo. En esas antiguas definiciones hubo pueblos formados en la ruta del Camino Real que ahora tienen otro nombre. En donde estuvo Coneta, ahora se ubica el ejido Rodulfo Figueroa, nombre de quien es visto como el hacedor de la poesía moderna en Chiapas . Y Aquespala dejó su nombre antiguo por Joaquín Miguel Gutiérrez, liberal chiapaneco, protagonista del proceso mediante el cual Chiapas se convirtió en una entidad federativa de México.
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(…) cuando se viene de Comitán, la frontera está como a diez kilómetros, del lado izquierdo, en línea paralela a la carretera. Es la frontera política, reconocida por los mojones y por el espacio con el que puede identificarse: un terreno siempre desprovisto de hierba. La gente pasa, se mueve por ese espacio, sobre todo la de Guatemala, que tiene en renta predios del distrito de riego en los que se cultiva maíz, papa ya o limón, que una vez cosechados se trasladan a Guatemala. En el 2018, el gobierno guatemalteco intentó regular la entrada de estos productos, sin resultados visibles. El gobierno mexicano optó por retirar los apoyos para la producción a quienes dan en arrendamiento las tierras a guatemaltecos. Si bien para la gente de uno y otro lado de la frontera se trata de un espacio sin tantas restricciones, los respectivos Estados nacionales se han encargado de hacer sentir su presencia (…)
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En la cancha de basquetbol de La Mesilla (Huehuetenango, Guatemala) hay una actividad de jóvenes en la que participan grupos musicales. El cantante en turno clamaba: «Que se escuche en La Mesilla, en todo Chiapas, en todo México que Cristo es nuestro salvador». Los jóvenes visten playera blanca con una leyenda en letras azules que dice «Jesús hace la diferencia». Pertenecen a una denominación no católica.
De pronto se oyeron detonaciones. Al ver que buscábamos dónde refugiarnos, un taxista del sitio ubicado a un lado de la cancha deportiva nos indicó que nos sentáramos. «Quédense acá». Un joven cambista, calle abajo, había sido ejecutado. Dos muchachos que iban en una moto, al pasar frente a él, le dispararon. No habían transcurrido ni diez minutos cuando el taxista nos dijo: «Ya». Con esa palabra entendimos que podíamos seguir con nuestro recorrido por la localidad. Al pasar por el lugar de la ejecución vimos que estaba demarcado con cinta amarilla. La sangre en la banqueta aún estaba fresca.
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Habría que resistir la tentación de tener la inseguridad como un signo de este lugar de la frontera México-Guatemala. Es uno, y no exclusivo. Como tampoco es un distintivo el que todas las mujeres extranjeras se dedican a la prostitución y son una amenaza para las familias del lugar. Quedarse solo con esos dos signos trae como consecuencia estigmatizar sectores de la población que tienen sus particularidades. Mientras me disponía a ir tras esos rasgos que me ayudaran a pensar más allá de la inseguridad, mi sobrina, la de en medio, me preguntó qué hacía. Le dije que estaba investigando en torno a habitar en la frontera. De inmediato me respondió: «Bien bonito, pura matazón». Coloco su afirmación como un interrogante. Las tonalidades de las que quiero dar cuenta deben tener como referencia que en la fundación de Frontera Comalapa hubo familias que llegaron de Guatemala, entre otras que procedían de Comitán y de la Sierra.
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Son reconocibles periodos en los cuales personas de Guatemala han elegido Frontera Comalapa como lugar para vivir. El conflicto armado que se vivió en ese país lanzó a muchas personas hacia territorio mexicano, en un número que en Chiapas ascendió a 30 000, según datos de las agencias que dieron atención a los refugiados guatemaltecos. Un contingente que tuvo la localidad de Frontera Comalapa y el municipio como primer lugar de asentamiento antes de internarse en el país, en un viaje en busca del norte, fue el de salvadoreños que también huyeron por los conflictos sociales con signos de exterminio a los que estuvieron expuestos.
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Los salvadoreños, por su escasa visibilidad en Frontera Comalapa, debieron internarse en el país. Los guatemaltecos encontraron trabajo en las obras que el municipio impulsaba en la cabecera, o vieron la oportunidad de dedicarse a algún oficio. Quienes se instalaron en el distrito de riego de San Gregorio Chamic tuvieron en las actividades agrícolas la fuente para sobrevivir. Las inquietudes sociales que surgieron en los ejidos del distrito de riego, con la idea de obtener recursos económicos, tuvieron la protesta como distinción.
Las manifestaciones en Frontera Comalapa y las tomas de la presidencia municipal eran protagonizadas por habitantes de colonias de esa demarcación. Es probable que esa combatividad se haya gestado por la confluencia del carácter de quienes llegaron a vivir a ese distrito: por un lado, aquellos que en los años setenta fueron desalojados del municipio de Venustiano Carranza y conducidos hacia esa zona; por el otro, guatemaltecos que encontraron ahí dónde vivir. Los de Venustiano Carranza eran militantes de la Organización Campesina Emiliano Zapata. Algunos guatemaltecos tenían vínculos con los movimientos guerrilleros. Esa vehemencia mudó del ámbito local al estatal, hacia una proyección nacional que quizá encontró su conexión con el movimiento que habría de presentarse en la década de los noventa, en Chiapas.
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Te voy a decir como hablaba tu abuelito: «Comalapa ya valió verga» —me dijo mi amigo—. Mirá las calles. Ayer fui a una junta. Me fui en taxi. En media hora llegué adonde iba. Regresé caminando. En una esquina, estaban jugando en la banqueta unos chamacos. «Voy a pasar», les dije. «¿Y por qué tiene que pasar?» —me preguntó uno. Y que lo agarro de la playera. ¿Qué necesidad había de que yo hiciera eso? Las calles están invadidas. Ahora, los de las organizaciones quieren cobrar «piso de plaza». ¿Quiénes son los de las organizaciones? Son guatemaltecos, salvadoreños, hondureños. Los de acá somos miedosos. Y en un rato van a querer quitar las casas esos de las organizaciones.
Con vehemencia, mi amigo expuso algo de lo que le estaba tocando vivir en Frontera Comalapa. ⌈⊂⌋
* Minucias. Maneras de decir cómo se vive la frontera / Carlos Gutiérrez Alfonzo. Primera edición | San Cristóbal de Las Casas, Chiapas: Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, 2021.
