La utilidad de las Cumbres Internacionales

¿Sirven para algo las reuniones internacionales de jefes de Estado, las llamadas “Cumbres”? La pregunta no es ociosa. Con frecuencia se la hacen algunos líderes estatales que no confían en estas reuniones, que piensan que significan una pérdida de tiempo y que sus resultados son nulos; pero muchas veces se la hacen también algunos sectores de la sociedad que no ven resultados concretos e inmediatos de los conclaves internacionales de este tipo.

Sin embargo, aparte de la utilidad en los varios sentidos mencionados recientemente por el embajador, ahora en retiro, Jorge Lomonaco (darse a conocer y conocer a colegas, conversaciones en corto con otros colegas, preparación de acuerdos de largo aliento, ponerse de acuerdo en proyectos conjuntos, etc.) [1] las conferencias internacionales o “Cumbres”, dan resultados que no siempre son visibles a primera vista pero que al mediano o largo plazos se visibilizan no importa que sean magros, pues la suma de todos ellos van forjando un nuevo mundo.

Desde luego, no siempre los resultados son los esperados; el contexto en el que se realizan y posteriormente en el que se debe trabajar a fin de conseguir lo planeado es fundamental. Puede ser que se hayan establecido metas muy ambiciosas y que alguna circunstancia extraordinaria impida conseguirlas, como sucedió, por ejemplo, con la pandemia de Coronavirus, que afectó todos los espacios de la vida nacional y de la internacional.

Mencionamos lo anterior porque en 2024 el mundo atestiguó reuniones de la más disímil índole, de las que destacan, para fines de estas notas, tres: la Cumbre del Futuro, que se llevó a cabo en Nueva York bajo el patrocinio de la Organización de Naciones Unidas en septiembre; y las reuniones anuales del Grupo de los 20 y de la Conferencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP), en su versión 29, que tuvieron lugar, respectivamente en Río de Janeiro, Brasil, y en Qatar.

Cumbre para un mejor Futuro

En la primera de estas reuniones, la Asamblea General de  la ONU adoptó una resolución (A/79/L.2), que transpira optimismo pues se plantea una serie de acciones, que ponen particular esmero en el cumplimiento de la Agenda 2030, como igual se conoce a los Objetivos del Desarrollo Sostenible, dado su lento avance e incluso retroceso en alguno de ellos. La resolución manifiesta su confianza en el reforzamiento de la cooperación internacional y del derecho internacional, así como en el inicio de una nueva etapa del multilateralismo en el que la ONU y sus instituciones juegan y deberán jugar un papel que les permita seguir vigentes en un mundo que cambia continuamente, por lo que se requiere que sean idóneas “para el presente y el futuro: eficaces y capaces, preparadas para el futuro, justas, democráticas, equitativas y representativas del mundo actual, inclusivas, interconectadas y financieramente estables”.

Para tal efecto, entre las acciones propuestas se encuentran: emprender acciones audaces, ambiciosas, aceleradas y justas para implementar la Agenda 2030, y no dejar a nadie atrás; reducir el déficit de financiación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en los países en desarrollo; lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas como contribución decisiva para avanzar en todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus metas; reforzar las acciones para hacer frente al cambio climático; redoblar los nuestros esfuerzos por construir y mantener sociedades pacíficas, inclusivas y justas y abordar las causas profundas de los conflictos; cumplir con la obligación de acatar las decisiones de la Corte Internacional de Justicia y defender su mandato en cualquier causa en la que los Estados firmantes sean parte; prevenir y combatir la delincuencia organizada transnacional y los correspondientes flujos financieros ilícitos; promover el objetivo de un mundo libre de armas nucleares; proteger, aprovechar y complementar los conocimientos indígenas, tradicionales y locales; ayudar al Secretario General a reforzar el papel de las Naciones Unidas en el apoyo a la cooperación internacional en materia de ciencia, tecnología e innovación.

Como se mencionó, el optimismo y los buenos deseos colorean estas acciones, que en total suman 56, la mayoría de las cuales giran alrededor de la ODS. No parece extraño que así sea¸ nos encontramos apenas a un lustro de que se cumpla el plazo para su cabal cumplimiento, lo que parece no se va a lograr dados los atrasos y retrocesos que varios de ellos muestran, como ya dijimos,  a causa de los nocivos efectos que tuvo la pandemia de COVID en todos los órdenes de la vida humana y de la oca atención que, para ser francos, algunos países empeñan en su  consecución De ahí los esfuerzos que se realizan en la ONU para avanzar lo más posible en ello.

Desde luego no somos de la opinión de que se trata de un fracaso de la ONU en materia de cooperación para el desarrollo o de los esfuerzos para estimular los trabajos sobre el cumplimiento de las metas que cada país se impuso voluntariamente con el objetivo de lograr el alcance de cada uno de los 17 ODS. En realidad se trata de una especial forma de trabajo, aunque no se hable de ella abiertamente, en la que se plantean metas altas para conseguir algunos avances, no importa que vayan de modestos a medios; de cualquier manera todo logro va sumando. Con seguridad en 2030 se establecerá un nuevo proyecto y un nuevo plazo para continuar con la campaña de consecución del desarrollo, iniciada desde los Decenios para el Desarrollo.

Lo que sí se ve complicado de alcanzar es el nuevo multilateralismo pues hay serías reticencias a este tipo de trabajo internacional, que proviene de gobiernos populistas o dictatoriales que prefieren los acuerdos bilaterales o, cuando mucho, un multilateralismo limitado a pequeños grupos que cuentan con afinidades en algunas áreas y que consideran a la ONU como un foro que sirve solamente para que funcionarios pierdan el tiempo en maquinaciones que en lugar de ayudar perjudican a sus integrantes. El ejemplo palpable de la anterior afirmación lo tenemos en la negativa de algunos de esos países a firmar el Pacto del Futuro. 

La situación se complica aún más con las diferencias de opinión sobre cómo se debe dar las reformas para modernizar la ONU, el paradigma del multilateralismo. Algunos gobiernos consideran que es injusto el reparto del poder al interior del Consejo de Seguridad y que este debería abrir sus puertas a nuevos miembros con asiento permanente, bajo el argumento de que la representación geográfica debe ser más justa. Otros en cambio, como el gobierno mexicano, han considerado que el mejor camino para transformar y modernizar la ONU es democratizar sus órganos principales (con referencia también al Consejo de Seguridad), limitando el derecho de veto a fin de evitar la parálisis de la Organización en situaciones que afectan a la humanidad entera y no solamente a intereses particulares. Cualquiera que sea la estrategia que se tome es seguro que desatará inconformidades y el nuevo multilateralismo quedará trunco.

Un rubro importante surgido de esta reunión fue el Pacto Digital Global, cuya aspiración primaria es cerrar las brechas que en el mundo existen al interior de las naciones y en el escenario internacional respecto de las tecnologías digitales, tanto de sus ventajas como de sus riesgos, lo mismo para las naciones que cuentan con los adelantos más modernos que para aquellos que corren a una velocidad más limitada. En lenguaje de la ONU, se aspira a “conseguir un futuro digital inclusivo, abierto, sostenible, justo y seguro para todos”. Así, se plantean como objetivos de este pacto: 1. eliminar todas las brechas digitales y acelerar los progresos en todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible; 2. ampliar la inclusión en la economía digital y sus beneficios para todos; 3. fomentar un espacio digital inclusivo, abierto y seguro que respete, proteja y promueva los derechos humanos; 4. promover enfoques de la gobernanza de datos que sean responsables, equitativos e interoperables;  y 5. mejorar la gobernanza internacional de la inteligencia artificial en beneficio de la humanidad.

Al igual que con el Pacto del Futuro, los objetivos del Pacto Digital se enlazan con los ODS y los resultados de otras reuniones y conferencias mundiales como  la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, reflejados en la Declaración de Principios y el Plan de Acción de Ginebra y la Agenda de Túnez para la Sociedad de la Información. Los objetivos planteados tienen como plazo el mismo en el que termina la Agenda 2030 o los ODS, es decir el año 2030.

No parece seguro que se cumplan ni todos los objetivos ni completos, pero al menos se refuerza la intención de que todos los seres humanos, en particular las mujeres y  las niñas tengan acceso a las ventajas educativas que supone la tecnología digital y la inteligencia artificial, de manera paralela a implementar mecanismos que protejan a la infancia de los peligros que entraña su uso.

La aplicación de esta pacto y su adhesión será de manera voluntaria, no exclusivamente por cada uno de los países (con sus realidades, capacidades y niveles de desarrollo respectivos),  sino también del sector privado, el sector académicos y la sociedad civil, a los que se les asigna una responsabilidad específica según sus propias contribuciones a la sociedad digital que ya se encuentra entre nosotros.

Finalmente, un acuerdo más producto de esta reunión fue una Declaración para las Generaciones Futuras, que consiste en construir sociedades pacíficas, incluyentes, sostenibles e igualitarias, mediante la implementación de políticas y programas orientadas a lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas, eliminar todas las formas de discriminación y violencia, acoso y abuso contra las mujeres y las niñas, incluida la violencia sexual y de género, y garantizar la participación plena, igualitaria y significativa de las mujeres y su igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en todas las esferas de la sociedad.

Nadie podría oponerse a esta declaración, vis a vis los atractivos que resultan para los jóvenes –mujeres y hombres- la vida fácil que supone, por ejemplo, el crimen organizado con su oferta de ganar dinero fácil y rápido aunque se corra el riesgo de perder la vida a edad temprana bajo la consigna de que es mejor vivir bien unos pocos años, que mal toda una  vida de pobreza y penurias. O el atractivo que tiene para los jóvenes la ideología autoritaria de la derecha, y los populismos de derecha e izquierda en detrimento de la democracia.

Debido a ellos es importante, que la Declaración subraye su confianza en “la ciencia, los datos, las estadísticas y la prospectiva estratégica” que permita “garantizar una reflexión y una planificación a largo plazo, formular y aplicar prácticas sostenibles y llevar a cabo las reformas institucionales necesarias para que las decisiones se adopten con base empírica, procurando al mismo tiempo que la gobernanza se anticipe, se adapte y responda mejor a las oportunidades, los riesgos y los problemas futuros“. Algo que muchos gobiernos no parecen entender haciendo exactamente lo contrario de lo que sostiene este párrafo.

El G20 en Río de Janeiro

El G20 se integra por las 20 economías más fuerte del planeta. En sus reuniones anuales participan los correspondientes jefes de Estado o sus representantes. Carece de una estructura permanente y la sede es rotativa. Amén de las reuniones plenarias en las que se discuten asuntos que preocupan al mundo entero, se realizan encuentros bilaterales en los que se abordan temáticas de interés particular para los dos líderes en cuestión. A diferencia de la Cumbre del Pacto del Futuro, las reuniones del G20 no son preparadas por la ONU. El país que tiene la sede es el principal organizador, con el apoyo del país sede anterior y del país sede siguiente. El primero es también el encargado de establecer los puntos principales de la agenda a discutir por los jefes de Estado.

La más reciente reunión de este grupo fue en Río de Janeiro, Brasil, el 18 y 19 de noviembre pasados con el lema “Construyendo un mundo justo y un planeta sustentable”. A partir de aquí la agenda se dirigió a la preservación del medio ambiente, el combate al cambio climático, la inclusión social, a la lucha contra la pobreza y el cambio climático, la transición energética hacía energías limpias y . En la declaración final firmada por los participantes se plantea con claridad la conexión entre los propósitos del trabajo del G20 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como realmente se había anunciado desde que Brasil se postuló para ser la sede del cónclave del G20 en 2024.

Hubo, sin embargo, algunas novedades y propuestas inéditas como al intención de establecer una Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza (estrechamente relacionada con los ODS) y el compromiso de cooperar, bajo el pauta de respeto a la soberanía fiscal nacional, para que las personas más ricas del planeta paguen un impuesto especial que se utilice en la reducción de “desigualdades internas, fortalecer la sostenibilidad fiscal, fomentar la consolidación presupuestaria, promover un crecimiento sólido, sostenible, equilibrado e inclusivo y facilitar el logro de los ODS.” En tal afán se espera contar, según la Declaración final de la reunión que comentamos, con el soporte de organizaciones internacionales, instituciones académicas y expertos. De manera semejante, la declaración sostiene el empeño de movilizar recursos que permitan sanear y acceder al agua potable y lidiar el racismo, de manera paralela a pugnar por la promoción de la igualdad racial, como parte importante del combate a las desigualdades.

No están ausentes referencias a dos conflictos el de Medio Oriente y la Guerra en Ucrania, a pesar de que no existe ninguna condena explícita para nadie, aunque si hace referencia a la solución de dos Estados. Por su importancia, aunque lo más factible es que caiga en oídos sordos, reproducimos el punto siete de la Declaración final: “Al tiempo que expresamos nuestra profunda preocupación por la catastrófica situación humanitaria en la Franja de Gaza y la escalada en el Líbano, destacamos la urgente necesidad de ampliar el flujo de asistencia humanitaria y reforzar la protección de los civiles y exigimos que se levanten todas las barreras a la prestación de asistencia humanitaria a gran escala (esta es una clara referencia a Israel). Destacamos el sufrimiento humano y los efectos negativos de la guerra. Afirmando el derecho palestino a la libre determinación, reiteramos nuestro compromiso inquebrantable con la visión de la solución de dos Estados en la que Israel y un Estado palestino vivan uno al lado del otro en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas, de conformidad con el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas.[2] Estamos unidos en el apoyo a un alto el fuego integral en Gaza de conformidad con la Resolución n.° 2735 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en el Líbano que permita a los ciudadanos regresar de forma segura a sus hogares a ambos lados de la Línea Azul.”

No se menciona a Israel debido a que el gobierno norteamericano encabezado por última vez en este reunión por Joe Biden se hubiera opuesto tajantemente, pero que una declaración de este tipo haya sido aprobada por todos los participantes es un punto importante en el conflicto que nadie duda en calificar de genocidio por parte de del Estado judío, aún bajo el reconocimiento del derecho de este país a defenderse de los ataques terroristas de Hamas.

Sobre Ucrania, la declaración fue más bien cautelosa, como ya había pasado en la reunión celebrada en Nueva Delhi, lo cual resulta lógico si nos atenemos a la participación de Rusia, India y China (que se han negado a condenar a la primera) en la reunión, países que no hubieran aceptado una Declaración que incluyera una condena a Rusia o una solicitud del retiro de sus tropas de territorio ucraniano. Solamente se limitan a destacar el sufrimiento humano y  los efectos negativos a nivel mundial de la seguridad alimentaria y energética, las cadenas de suministro, la estabilidad financiera, el crecimiento y la inflación. Y de nuevo se recurre a los principios de la ONU en el sentido de alentar iniciativas constructivas para la paz (integral, justa y duradera). Es decir, en primer lugar las preocupaciones nacionales o individuales por los “daños colaterales” en las economías de los participantes, sobre todo los europeos.

Se agregan las referencias de rigor: un mundo libre de armas nucleares, condena al terrorismo en todas sus formas, la solución pacífica de los conflictos y las crisis, así como el uso de la la diplomacia y el diálogo, como herramientas, toda vez que solamente a partir de la paz se puede lograr la sostenibilidad y la prosperidad.

Importa decir que tal vez esta sea, por un buen tiempo, la última reunión del G 20 con una declaración como la anterior, si pensamos en que durante los próximos cuatro años el mundo estará baja la ominosa sombra de la segunda presidencia de Donald Trump, con todo lo que esto significa en términos negativos.

Varios días antes de la Cumbre del G 20, por primera vez se dio una reunión alternativa llamada G20 Social, formada por movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales de todo tipo, de Brasil y del resto del mundo. En su declaración final, establecieron como cuestiones principales a tratar en el futuro inmediato la lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad, así como afanarse en lograr una transformación de la gobernanza global, la sostenibilidad y detener el cambio climático.

La Cumbre del G20 en Brasil contó con un hecho importante, que es importante mencionar: la participación de la presidenta Claudia Sheinbaum, después de seis años de ausencia del jefe de Estado  no sólo en estas reuniones sino en general, en la escena internacional, salvo muy contadas excepciones. Lo que se espera es que la mandataria mexicana ente en su mira la importancia de estar presente como sujeto activo en los asuntos internacionales que son de relevancia para México.

Encuentro 29 sobre cambio climático

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, mejor conocida como COP, tuvo lugar en su edición número 29, en Baku, la capital de Azerbaiyán, del 11 al 22 de noviembre, bajo el lema “Solidaridad por un mundo verde”, con la participación de más de 30 mil delegados de la mayor parte de los países del mundo, incluyendo jefes de Estado y de gobierno, funcionarios gubernamentales, representantes de organismos internacionales, líderes empresariales, académicos y representantes de la sociedad civil. Al igual que en otras reuniones de la COP, las discusiones fueron intensas y las negociaciones difíciles. No se consiguieron todas las metas, pero no se puede decir que fue un fracaso total, a pesar de la ausencia de varios líderes de las potencias industriales que más emanan gases dañinos para el medio ambiente y el clima.

Una ganancia relativa es el acuerdo que se tomó para dotar de 300 mil millones de dólares anuales, llamado Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado sobre Financiación del Cambio Climático (NCQG), provenientes de los países desarrollados destinados al combate al cambio climático. Decimos relativo, porque los países del Sur Global, subdesarrollados, en vías al desarrollo y economías emergentes o como se quiera llamarlos solicitaban un billón de dólares. El Secretario general de la ONU consideró que no obstante no se había alcanzado la meta, la cantidad recibida era importante para empezar a construir sobre esa base.

Otro elemento disruptivo en la COP 29 fue el discurso del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, pues en sentido contrario a los objetivos de la Conferencia hizo una defensa del uso de combustibles fósiles, a los que calificó como un “regalo de Dios” y criticó con rudeza a los países occidentales que cuestionan la industria petrolera y gasífera de su nación. En su discurso inaugural, Aliyev calificó a su nación como blanco de una “campaña de difamación y chantaje bien coordinada”.

La respuesta del Secretario General, Antonio Guterres, dramática pero certera, no se hizo esperar calificando de absurda cualquier estrategia que implique duplicar el uso de combustibles fósiles. Recordó a los líderes mundiales en la COP29 que este año el planeta vivió temperaturas récord, calificándolas como “una clase magistral sobre destrucción climática. El sonido que se escucha es el tictac del reloj. Estamos en la cuenta regresiva final para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius y el tiempo no está de nuestra parte”.

Otros discursos se dieron en el mismo tenor. El presidente  de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko se hizo presente con un reproche, en especial a Francia: “¿Qué eficacia tienen nuestras acciones en esta reunión, cuando el presidente de Francia, que fue el país responsable de París, ni siquiera está aquí y considera que no es relevante? No hay nada de qué enorgullecerse”; dijo además que se trataba de una gran hipocresía.

El mandatario francés no fue el único en ausentarse de esta conferencia, tampoco hicieron lista de presentes los de China, Estados Unidos, India e Indonesia, lo que implica que los cuatro países más poblados del planeta, que juntos suman más del 42% de la población global y se encuentran entre los principales productores de gases que afectan el medio ambiente, no tuvieron en sus prioridades asistir a las conversaciones y negociaciones sobre el clima.

No todo puede considerarse un fracaso de la COP 29. A pesar del error de haber escogido a un país que vive de la explotación de un combustible fósil, se consiguió un aumento en los fondos para combatir el cambio climático (falta clarificar con precisión las fuentes y las formas de administrar los fondos); el propio Secretario General de la ONU aseguró que la revolución de la energía limpia ya se encuentra en marcha y que ningún grupo, ninguna empresa, ningún gobierno puede detenerla. Es evidente que se trata de un discurso optimista, pues hay por lo menos, un nubarrón que empieza a oscurecer el horizonte.

Por otra parte, en el lado positivo, se establecieron las normas para un mercado de carbono centralizado en el marco de la ONU, lo que podría generar nuevos flujos de financiación para proyectos climáticos en países en desarrollo.

Falta mucho por hacer y por negociar, pero es preferible que se hagan las reuniones y compromisos a que no se haga nada y gobiernos de todos los países se queden con los brazos cruzados hasta que el cambio climático sea irreversible y que año con año, la temperatura sea cada vez mayor.
Es un hecho que la presidencia de Donald Trump va a dificultar el nuevo multilateralismo, el fortalecimiento de la ONU y la reforma a la gobernanza mundial. Este es otro factor que debe hacer pensar en la necesidad de continuar con las reuniones internacionales, como una especie de barrera a un populista de derecha y con mucho poder, rodeado de otros extremistas de signo parecido, si no queremos atestiguar retrocesos aún en los pocos avances obtenidos. [ C ]


[1] Lomonaco, Jorge. “Cumbres y Diplomacia Presidencial”. El Universal, México, 21 de noviembre de 2024.

[2] G20 Rio de Janeiro Leaders’ Declaration. https://www.gov.br/planalto/pt-br/media/18-11-2024-declaracao-de-lideres-g20.pdf  Paréntesis y subrayado del autor del autor de estas notas.