La expresión escrita es sin duda la herramienta más utilizada por los diplomáticos mexicanos. No por algo dos de las partes más relevantes en el examen de admisión del servicio exterior mexicano son el dominio del idioma español y la elaboración de un texto escrito sobre un tema de actualidad. Sin dejo de duda, cualquier diplomático acumula kilómetros de líneas escritas a lo largo de su carrera profesional.
Esta actividad, que con el tiempo genera resignación o gusto, deriva en ciertos casos en la inmersión en ámbitos creativos lejanos a los escritos o informes institucionales. La diplomacia mexicana está plena de representantes que han explorado campos literarios basados tanto en la realidad como en la ficción, o en la suma de ambos.
Todo esto a colación de la reciente aparición de dos obras: una biografía de la embajadora Carmen Moreno Toscano, denominada “El gusto de resolver los problemas” (Instituto Matías Romero, SRE, colección Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, 2025) y la novela “Los Rodríguez”, del embajador Ernesto Campos Tenorio (Akasha Ediciones, 2025).
“El gusto de resolver los problemas” es resultado de una serie amplia de entrevistas a la embajadora Moreno Toscana realizada por las académicas Graciela de Garay, Laura Muñoz y Mónica Toussaint, conocedoras del devenir de la diplomacia mexicana gracias a la realización de trabajos similares en los últimos años, en colaboración con la cancillería mexicana.
Se trata de una obra extensa (527 páginas), resultado de 25 entrevistas realizadas entre 2021 y 2023, las cuales en el libro dan forma a 4 partes en las cuales ella refiere su entorno familiar, su formación profesional -específicamente en el ámbito multilateral y dentro de éste en lo relacionado con los temas de género- así como su desempeño en diversos países de Centroamérica y en la subsecretaría de Relaciones Exteriores.
Son varios los aciertos de esta obra, pero el principal es que prepondera el rescate de la experiencia y de las vivencias de quienes eligieron como opción profesional la ejecución de la política exterior. La colección de Historia Oral de la Diplomacia representa un hito en el conjunto de las publicaciones de la cancillería mexicana por ser una fuente primaria o un testimonio directo de quienes tomaron decisiones en nombre de México. Aunque ha incluido a los embajadores Gilberto Bosques, Manuel Tello, Alfonso Castro Valle, Antonio de Icaza, la elección de Carmen Moreno Toscano es trascendente por ser la primera mujer incluida en la serie y por los detalles que ella comparte sobre momentos trascendentes de la política exterior de nuestro país. Con este número, la colección confirma su valía y lo necesario de su continuidad.
Un aspecto singular en la trayectoria de la embajadora Moreno Toscano es haber sido la “primera mujer” en diversos episodios de la diplomacia mexicana: directora general de relaciones económicas multilaterales; embajadora eminente (1994) y emérita (2020), lo cual constata la evolución de la equidad de género al interior de la cancillería. Por ello, no resulta extraño que varias generaciones del servicio exterior mexicano consideren a esta diplomática como adalid de los temas de género tanto en la secretaría de relaciones exteriores como en los principales organismos multilaterales.
Como diplomático, leer el testimonio de la embajadora Moreno Toscano confirma que el desarrollo en el servicio exterior mexicano está sustentado en los méritos y en la apertura para aprehender nuevo conocimiento, tanto fáctico como intelectual, el cual proviene tanto de academias como de colegas y jefes en la cancillería mexicana. Reivindica además la necesidad del “esprit de corps”, que en ocasiones parece desvanecerse entre los miembros de carrera de la cancillería y que es fundamental conservar debido a que los haceres y saberes de este reducido grupo son necesarios en el diseño y en la ejecución de toda estrategia de relacionamiento de México con el mundo.
El caso de “Los Rodríguez”, del embajador Campos Tenorio es relativamente diferente. Estamos ante la primera obra literaria de un autor que dice que se trata de “una historia basada en hechos reales, aunque muchas de las situaciones y de los personajes solo sucedieron en su cabeza”. Lo cierto es que refiere un tiempo, un lugar y un tema específicos: El Salvador en los años ochenta y los andares de algunos integrantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
La voz cantante en la obra es Ana Guadalupe Martínez, a quien él conoció a finales de los años ochenta en la ciudad de México durante las negociaciones de paz que las partes beligerantes salvadoreñas sostuvieron en la capital mexicana. En otro encuentro fortuito que ellos tuvieron en 1992, esta vez en Caracas, ella le confió la historia de sus suegros y cuñados, simpatizantes del FMLN, y parece ser que entonces germinó la idea de “Los Rodriguez”, la cual terminó de confeccionarse a través de encuentros en San Salvador, en 2020 y 2023, ocasiones en que Ana Guadalupe profundizó sobre ciertos episodios narrados con anterioridad. El libro cobró vida recientemente, después de varias lecturas y recomendaciones, entre ellas las de Rubén Aguilar Valenzuela, miembro activo del FMLN.
El resultado es una obra sobria, de gran minuciosidad narrativa que sumerge al lector en las vivencias de Chepe, Fermín (el comandante Mateo), Ana María (la bicha) y Margarita, entre otros personajes que develan alimón sus sueños y sus temores. Además de un estilo bien cuidado y sostenido, el autor mantiene un ritmo que gira en torno del Departamento de Morazán y las acciones de los muchachos, como eran llamados los guerrilleros. Es una obra que equilibra acontecimientos y personajes verídicos con una ficción sutil que es difícil delimitar.
Aunque lo más sencillo es clasificar la obra de Campos Tenorio dentro de la narrativa histórica, es necesario contextualizarla en otros ámbitos para catalogarla en su justa dimensión. Es conocida la vinculación de México con los movimientos armados que emergieron en Centroamérica durante los años ochenta del siglo pasado. Además de coadyuvar en los procesos de negociación de la paz en esos países, fue sede de esos diálogos y logró reconocimiento internacional tanto de forma individual como colectiva a través del Grupo Contadora. El caso de El Salvador es paradigmático ya que en nuestro país se firmaron los históricos Acuerdos de Paz de Chapultepec (1992), con los cuales concluyó una guerra civil que se prologó 12 años y dejó alrededor de 75 mil muertos y desaparecidos.
Adicionalmente es conveniente recordar que este conflicto fue abordado previamente, desde otra perspectiva y con diferente estilo, por el embajador Gustavo Iruegas con su obra “Diplomacia en tiempos de Guerra” (Instituto José María Luis Mora, 2016), un testimonio excepcional para el conocimiento de las relaciones México-Centroamérica durante ese período. Lo anterior confirma que los países del istmo han representado un interés sustantivo para la política exterior de México y han dejado impronta en quienes han sido representantes diplomáticos de nuestro país en los mismos.
Aunque diferentes en temática y estilo, es conveniente destacar un aspecto de las obras de los Embajadores Carmen Moreno Toscano y Ernesto Campos Tenorio que las hace próximas: el rescate de lo oral como una fuente primordial para registrar acontecimientos históricos y entretejer el paso del tiempo en cualquier latitud del orbe. Es cierto, como se comento al inicio, que la escritura es la inseparable herramienta de los diplomáticos, pero para darle fondo son fundamentales el diálogo y el contacto directo con los habitantes de los países donde son asignados los diplomáticos a lo largo de su carrera. Es claro que escribir es solo una parte de la ecuación; la otra es escuchar y narrar a fin de lograr una descripción fehaciente de la marcha de la historia. [ C ]
Otras Colaboraciones del autor
Ciudad de México, 1963. Internacionalista, Maestro en Administración y Doctor en Administración Pública. Miembro del Servicio Exterior Mexicano desde 1992. Fue editor de las revistas Litoral y Proa; ha colaborado en diversas publicaciones en México y en el extranjero. Es integrante del consejo editorial de la revista digital ADE- Asociación de Escritores Diplomáticos. Autor de BelizeArt. Panorama de las Artes en Belize y del poemario Oranges for Sale. Coordinador y editor de cambiavías.