Variaciones de un mismo modelo
La diplomacia admite numerosas definiciones, pero la más sencilla, certera, y ortodoxa es la que sostiene que es el arte, la ciencia o el oficio de resolver conflictos entre unidades políticas, hoy Estados, mediante la negociación llevada a cabo por un cuerpo permanente de profesionales que representan de forma directa a su Estado.
La diplomacia no es un ejercicio que tenga una reciente aparición, en realidad se trata de uno de los oficios más antiguos del mundo. Se reconoce al Tratado de Kadesh, también llamado Tratado de Qadesh o Tratado egipcio-hitita, como el tratado de paz más antiguo del que se tenga conocimiento. Suscrito el año 1259 a.C. por el faraón egipcio Ramsés II y el rey hitita Hattusili III, puso fin a las hostilidades entre ambos imperios tras la batalla de Kadesh, librada alrededor del año 1274 a.C. La firma de este tratado constató el uso de la herramienta fundamental del ejercicio diplomático: la negociación.
Desde entonces, la práctica de este oficio ha evitado que la sangre llegue, literalmente, al río. Aunque en la mayoría de las ocasiones lo ha logrado, hay excepciones que han derivado en rotundos fracasos. Sin embargo, necesario subrayar, que esto último no es culpa absoluta de la diplomacia, sino más bien de la ambición de poder que se expresa de muchas maneras en el ámbito mundial. En las dos grandes guerras que aquejaron a la humanidad en el siglo XX, es evidente que la diplomacia no funcionó como se esperaba pues en su camino se interpusieron diversos obstáculos que impidieron cualquier intención de llegar a acuerdos.
En contrapeso, hay infinidad de ejemplos en los cuales la diplomacia fue eficaz y cumplió con su cometido. Algunos de ellos fueron la Paz de Westfalia (1648), que dio fin a la Guerra de los Treinta años en Alemania y de los ochenta años entre España y los Países Bajos[1] y a partir de la cual se gestó el sistema internacional conformado por Estados y los conceptos de soberanía y no intervención; el Congreso de Viena (1815), que recompuso la geopolítica europea después de la irrupción del emperador Napoleón en los años anteriores. Más recientemente, los Acuerdos de Paris con los que se dio fin al largo conflicto en Vietnam; y la negociación entre el presidente Kennedy de Estados Unidos y el mandatario soviético, Nikita Krushov, a propósito de la instalación de misiles nucleares en Cuba, que evitó una conflagración nuclear.
En todo caso, lo fundamental es reconocer que la diplomacia cumple con sus objetivos cuando existe la voluntad de quienes rigen el destino de los Estados en el concierto mundial y sobreponen la negociación al conflicto, algo elemental pero que los líderes mundiales no siempre aceptan y consideran que sirven mejor a su nación alentando el conflicto, como se constata con la segunda aparición de Donald Trump, como presidente de los Estados Unidos.
Desde la última década del siglo XX hasta 2025 hay un resurgimiento del interés por el ejercicio diplomático. Esto lo confirman los estudios sobre las ‘nuevas formas’ de la diplomacia e incluso la atribución del término a los vínculos con el exterior de nuevos agentes o actores de las relaciones internacionales, que en realidad no son diplomacias en sentido estricto, aunque implique negociación.
Las primeras tendencias incluyeron la diplomacia pública y la diplomacia cultural. La primera se refiere a aquella que se dirige no al gobierno del país en donde el diplomático se encuentra adscrito, sino a la sociedad, a los formadores de opinión pública, a las personas comunes, con el objetivo de dar a conocer uno o varios aspectos que su gobierno desea que se difundan y conozcan con particular interés. La segunda es la que tiene como objetivo dar a conocer los aspectos más relevantes del arte y la cultura de un país entre los integrantes de la sociedad de un país o de varios, a partir del uso de distintos mecanismos, como exposiciones, participaciones en eventos culturales, presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas, periodismo, etc. Así, se realiza a partir de acuerdos con instituciones de la administración pública o con la colaboración de entidades privadas, pero siempre dirigida a la sociedad. Es lo que se denomina el poder sueve de las naciones.
Actualmente todos los países tienen como una de sus variantes principales la diplomacia cultural, que se genera todos los días y se aprovecha todo su potencial para gabar afecto o simpatía hacia elementos culturales que, en origen son nacionales, pero tienden a ser parte de la cultura universal.
Otras apelaciones que ha recibido la diplomacia en los últimos años incluyen: gastronómica, científica, deportiva, de las vacunas o médica, académica y el listado sigue en aumento. Lo que se observa es una confusión de la esencia de la diplomacia, que sigue siendo la misma, con las instrumentos o vías para practicarla.
Lo que obviamente sí es algo de reciente aparición es el uso cotidiano de los medios electrónicos, de donde surge el término de diplomacia digital. Hace 20 años estos medios no existían o apenas hacían su aparición y las comunicaciones diplomáticas seguían los cauces de los instrumentos que había a la mano; ahora las noticias, las instrucciones, los comunicados se dan de manera prácticamente instantánea gracias a la revolución de los medios electrónicos y el surgimiento del internet y las redes sociales, como sucedió antes con la aparición del telégrafo y del teléfono.[2]
La tendencia es que esas herramientas se han modernizado, impulsadas por las nuevas tecnologías que permiten una mayor y mejor difusión. También las redes sociales son auxiliares útiles en el mejor desempeño de y alcance de las herramientas que usa la diplomacia (por eso también se habla de diplomacia digital), en otras palabras, llegan a públicos más amplios.
De manera paralela a los nuevos apelativos de la diplomacia, se han multiplicado las denominaciones de diplomacia para los vínculos con el exterior que otros actores realizan de manera permanente o discontinua. Es verdad que estos vínculos aumentaron con la aparición de lo que se ha dado en llamar “nuevo orden Internacional”, en el cual los Estados ya no son los únicos actores de las relaciones internacionales, sino que otros se abrieron paso, sobre todo con la desaparición del rígido sistema bipolar.
Estos actores internacionales mantienen contactos con sus semejantes o con algunos que tienen características diferentes, aunque no siempre se trata de contactos estructurales que respondan a planes de mediano o largo plazo y no cuentan con ese cuerpo de profesionales que distingue a la diplomacia. El trabajo que realizan lo enmarcan dentro de la diplomacia y generalmente se le agrega otro apelativo para tratar de distinguirlos, aunque en realidad no lo ameritan.
De entre esas denominaciones destaca la Paradiplomacia, que surgió con el nombre de diplomacia local pues se refiere a la que elaboran los gobiernos locales -estados, provincias, municipios alcaldías, cantones, regiones, ciudades, etc.- Los autores que estudiaban la diplomacia local pronto se dieron cuenta de los problemas que acarreaba el nombre, pues notaron que en prácticamente no hay ningún caso en el que exista el cuerpo permanente de profesionales, ni hay continuidad cuando cambia la ideología o los intereses de un gobierno alterno, o se restringe el presupuesto o se firman acuerdos que no tienen seguimiento. Por eso, parece acertado el nombre que hoy caracteriza a este ejercicio: Paradiplomacia.
Junto a esta denominación se han creado otras: diplomacia de los pueblos, diplomacia ciudadana, diplomacia digital, y otras. Todas las cuales padecen los mismos problemas referidos y no pertenecen a la diplomacia estrictamente hablando, como lo exhibe bien la Paradiplomacia. Otras confunden esencia con envoltura, al denominar a la diplomacia por las herramientas que usan, caso de la diplomacia digital, o caen en un contrasentido al ir en dirección contraria de esa esencia (diplomacia coercitiva) o se elaboran a partir de la insistencia en hacer lo que ya se hace actualmente bajo el paraguas de la diplomacia (diplomacia multifuncional)[3].
Sentido de una disciplina
A pesar de que la diplomacia exhibe en múltiples foros y situaciones su efectividad, debe reconocerse que en su haber acumula también resultados no favorables en ciertos casos. Con frecuencia, las personas sin inclinación por los asuntos internacionales mayoritariamente consultan los noticieros de radio o de televisión o las portadas de los diarios. Así, cuando se preguntan qué hace la ONU para resolver algún conflicto, cuestionan la efectividad de la diplomacia y de este organismo, dejando al margen un aspecto fundamental: si los Estados en conflicto han tenido la voluntad de efectuar negociaciones positivas y reales para acabar con el conflicto.
Casos más recientes que exhiben ciertas falencias de la diplomacia son la invasión de Ucrania por las fuerzas armadas de Rusia y la retaliación desproporcionada de Israel contra los palestinos por el ataque del grupo Hamas el 7 de octubre de 2024. Como dice el embajador Miguel Ruíz Cabañas, “las grandes potencias se (olvidaron) por completo de la diplomacia”[4], lo que puso al mundo al borde de una nueva guerra catastrófica.
En tal sentido, aunque no han sido horas propicias para la diplomacia y la negociación, se debe recordar que no es una situación única, ya que en otras épocas hemos atestiguado situaciones semejantes. Un recuento de la historia de la guerra da como resultado más de tres mil conflictos internacionales de todas las dimensiones y a pesar de eso, la diplomacia continúa vigente como la única forma para que los principales actores del escenario internacional se entiendan y arreglen sus diferendos.
El lamentable trato que el presidente Donald Trump y el vicepresidente J.D. Vance ofrecieron recientemente al presidente de Ucrania es una muestra sencilla pero representativa del lugar que ocupa la diplomacia para algunos líderes mundiales. Otra prueba del lado oscuro que vive el ejercicio de la diplomacia actualmente es la amenaza continua a países que supuestamente son socios de los Estados Unidos, como México y Canadá.
Y sin embargo se mueve. Aún con todas sus debilidades -resultado no de su estructura sino de la resistencia de los líderes mundiales a aplicarla en plenitud- la diplomacia se erige como una herramienta fundamental en la búsqueda de un futuro pacífico para todo el género humano. Más allá de ser un instrumento de las relaciones internacionales, la diplomacia es una filosofía y una práctica que busca el diálogo, la negociación y la cooperación como fundamentos esenciales en la construcción de la paz y la promoción del desarrollo sostenible.
En un contexto global caracterizado por la incertidumbre y las tensiones geopolíticas, la diplomacia se vuelve crucial. Hoy se enfrentan enormes desafíos como el cambio climático, las crisis humanitarias, la proliferación de armas nucleares y el terrorismo, que requieren soluciones concertadas y respuestas multilaterales. La diplomacia, como arte de la negociación y el consenso, juega un papel fundamental en la búsqueda de soluciones justas y duraderas a estos desafíos.
Aunque parezca que no funciona en lo inmediato, en lo mediato ofrece resultados, como lo mostró en el acuerdo Hamas-Israel. Así, como dice un personaje de la serie “La diplomática”, el secreto se encuentra en insistir, insistir e insistir para que se den los resultados, sean parciales o integrales.
Si bien la diplomacia es una herramienta fundamental para la construcción de un mundo mejor, también enfrenta una serie de retos en los años venideros. Entre los principales se encuentran:
- Polarización política: La creciente polarización política en el mundo dificulta el diálogo y la negociación entre países con diferentes ideologías.
- Auge del populismo: El populismo, con su enfoque nacionalista y aislacionista, representa una amenaza para la cooperación internacional y el multilateralismo.
- Desinformación: La proliferación de noticias falsas y la manipulación de la información en las redes sociales dificultan la comprensión de la realidad y la construcción de consensos.
Estos retos, empero, no deben oscurecer el hecho de que las relaciones internacionales contemporáneas ofrecen oportunidades con las que no se contaba en épocas anteriores. De las más evidentes, sobresalen el aprovechamiento de las nuevas tecnologías y el fortalecimiento de la cooperación multilateral.
Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación pueden ser utilizadas para facilitar la comunicación y el diálogo entre las partes involucradas en un conflicto. Es importante que se ponga especial atención a la inteligencia artificial pues lo mismo que tiene el potencial para mejorar la vida cotidiana, lo tiene para crear peligros. La diplomacia multilateral tiene una tarea sustancial a fin de lograr que se alcance lo primero y se evite lo segundo.
El multilateralismo es la mejor herramienta para abordar los desafíos globales que enfrentamos hoy en día. La diplomacia debe fortalecerse para promover la cooperación internacional y la búsqueda de soluciones conjuntas. Es en los organismos internacionales en donde la diplomacia podría contar con sus mejores recursos, vis a vis la diplomacia centrada en la fuerza de las naciones, porque eso supone necesariamente acuerdos leoninos para las terceras partes, como sucede en los acuerdos entre Donald Trump y Vladimir Putin, en detrimento de los intereses de Ucrania.
Epílogo
La diplomacia es un instrumento indispensable para la construcción de un mundo pacífico, justo y sostenible. En un mundo cada vez más complejo e interconectado, esta disciplina se vuelve crucial para enfrentar los desafíos que acechan. Por ello es necesario su fortalecimiento, adaptándola a las nuevas realidades del siglo XXI, a fin de asegurar un futuro mejor para las generaciones venideras.
Aunque han surgido denominaciones que utilizan el concepto de diplomacia para calificar los vínculos de nuevos actores de relaciones internacionales en el entramado de contactos que dan vida al concierto mundial, lo cierto es que predomina la falta de precisión en ellos ya que no se alude a la esencia de la diplomacia en todos los tiempos: la negociación, realizada desde principios del siglo XIX por un cuerpo de profesionales específicamente entrenados para esta tarea.
De manera similar se habla de distintos tipos de diplomacias adjuntando el terreno o el tipo de labor como si se tratara de algo nuevo, pero lo cierto que esos terrenos existen desde muchos años atrás.
La realidad es que a veces se confunde la apariencia con la esencia. Así lo señaló el embajador Gustavo Albín al referir el oficio diplomático: “hay una serie de funciones que en todo momento ha desempeñado, y lo sigue haciendo; a pesar de que hoy existen nuevas herramientas para desarrollar la diplomacia y el oficio del diplomático, su esencia continúa siendo la misma que ha tenido durante siglos.”[5] [ C ]
[1] El término de Paz de Westfalia se refiere a dos tratados de paz: de Osnabrück y Münster, que se firmaron el 24 de octubre de 1648, , en la región de Westfalia, con los cuales se dio fin a la guerra de los Treinta Años en Alemania y la guerra de los Ochenta Años entre España y los Países Bajos. Los principales personajes en la firma y negociación de los tratados fueron el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (Fernando III de Habsburgo), la Monarquía Hispánica, los reinos de Francia y Suecia, las Provincias Unidas (Países Bajos) y sus respectivos aliados entre los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico.
[2]Ver Seib, Philip. The future of diplomacy. Polity Press, United Kingdom 2016, pp.19-
[3] González Olvera, Pedro. “Las nuevas formas de la diplomacia”, Anuario Mexicano de Estudios Globales, Universidad del Mar, Vol. 1, Núm. 1, 2023, Huatulco, Oaxaca, México, pp. 273-299.
[4] Ruiz Cabañas, Miguel. “Al borde del abismo: Détante”, El Heraldo de México, 25 de marzo de 2024. Paréntesis nuestro
[5]Albín, Gustavo. Discurso pronunciado por el Día del Diplomático Mexicano. Fotocopia. 8 de noviembre de 2018.
Otras Colaboraciones del autor

Licenciado y Maestro en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM ; tiene una Especialización en Promoción Cultural por la UAM y ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, en el área de Relaciones Internacionales. Autor de artículos publicados en revistas mexicanas y extranjeras. Diplomático retirado con rango de Embajador. Actualmente es profesor investigador de la Universidad del Mar, campus Huatulco, adscrito el Instituto de estudios Internacionales “Isidro Fabela”.