Riad, 21 de junio de 2025.
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El desierto es para quienes se atreven.
No es solo por la aridez de su clima, la intensidad de su sol y el beige de su tierra. Es porque quienes llegamos aquí nos convertimos en nuestra versión más resistente y perseverante.
Muchas veces durante mis casi tres años en este país, me sentí como una aventurera. La Faride 4×4 que quería conocerlo y entenderlo todo, pero que inevitablemente construyó una barrera para protegerse de todo lo que desconocía. Aventurera como diplomática, como mexicana y como mujer, pero al final fui solo una exploradora curiosa buscando encontrar su lugar en este país tan distinto.
Lo que en un comienzo fue una aventura se convirtió en una forma de vida. Lo que al principio analizaba y clasificaba para que encajara en pequeñas categorías de una mente estrecha terminó por difuminarse, y simplemente acepté y me entregué a esta nueva cultura. Cuando dejé ir, me permití disfrutar.
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Una mujer extranjera cubierta completamente en “niqab” terminó por tirar la última barrera cuando me recomendó que nunca perdiera mi esencia. Esta es la bella dualidad que encontré en Arabia Saudita: lo que vestimos, lo que comemos, lo que hacemos, cómo nos educamos no es más que la cubierta de todo lo que escondemos dentro.
Quienes hemos vivido en el desierto hemos visto su complejidad y belleza; hemos sentido su aridez para poder encontrar su exuberancia.
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Adiós, Riad. Extrañaré tus perfectos aromas; tu vida nocturna al resguardo del sol; y esos “hello sister” que convirtieron a una expresión genérica en un símbolo de sororidad.
Gracias Arabia Saudita, por ayudarme a perderme para después encontrarme.
Gracias, desierto, por convertirte en tierra fértil para mí.
Ma´asalama.
Faride
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Licenciada en Administración y Negocios Internacionales. Maestra en Política y Gestión Pública. Integrante del Servicio Exterior Mexicano desde 2017. Ha trabajado en las Embajadas de México en Turquía y en Arabia Saudita.
