Irán: Magia e Historia imperecederas

La vida me regaló el privilegio de visitar Irán. Mis conocimientos y experiencia de 31 años en producción y comercialización de rosas llamaron la atención de un empresario de ese país que busca mejorar sus procesos.  A pesar de mi incredulidad, finalmente se concretó el largo viaje de varias escalas y muchas horas de espera.

Partí cargada de ilusiones y expectativas. Conocer una de las cinco civilizaciones más antiguas de la humanidad –el imperio Aqueménida– no está en el radar de la mayoría de latinoamericanos. Los obstáculos no solo son los recursos y la distancia, sino las sanciones políticas y económicas impuestas por el mundo occidental desde 1979; el embargo es casi total. El país más castigado es Rusia, con 28.595 sanciones, según un reciente informe del presidente Putin, impuestas por Estados Unidos y la UE a bancos, empresas petroleras, gasíferas, deportistas, funcionarios públicos rusos, además del impedimento de uso del sistema Swift. Acciones que resultan sencillas simples para un viajero, como reserva de hoteles, compra de boletos de avión o tren, se tornan imposibles, considerando que las tarjetas de crédito no operan en zonas castigadas por occidente. Uno está obligado a llevar efectivo y/o a tener un patrocinador.  

Así, Irán, su historia, cultura, diversidad, hospitalidad, generosidad y riqueza son vedados para los occidentales. Ejercer el derecho a la soberanía, a pensar diferente, es sancionado por las élites que controlan el mundo.

La hospitalidad y generosidad son inmensas. Al comentar en una cena con el empresario que me invitó que el arroz iraní es aromático y exquisito, se ofreció a comprarme 5 kilos del más fino para traerlo a Ecuador y compartir con mis amigos esos sabores. Samira, asistente del empresario me acompañó en el viaje. En la visita a uno de los mercados de Ispahán me regaló unos souvenirs. Ghazaleh, una hermosa joven de origen kurdo iraní, traductora de profesión con orgullo y dedicación me mostró los lugares emblemáticos de Teherán.  

La propaganda (narrativa) occidental distorsiona las costumbres religioso-culturales de los pueblos que consideran diferentes. Uno de los mayores estigmas que occidente ha publicitado es el burka. Los iranies son chiitas; las mujeres usan hiyab y las más religiosas chador, no la burka, y son obligatorios para ingresar a un santuario. Según la legislación de ese país, las extranjeras debemos usar pañuelo, aunque nunca me encontré con la guardia islámica controlándolo. No sentí presión alguna por su falta de uso; en restaurantes, centros comerciales o sitios de trabajo las únicas que lo usan de manera constante son las mujeres creyentes. Durante los vuelos anuncian que se debe usar, pero nadie controla. Yo lo usé por respeto a las reglas de ese país. En el trayecto de Varamin (zona industrial) a Teherán, la taxista me sugirió que me pusiera el velo al entrar a Teherán, me explicaron más tarde   que con las cámaras que controlan tráfico podrían multar al conductor si sus pasajeras no lo usan. Al contrario, el taxista que me llevó al aeropuerto no lo mencionó siquiera. No todas las mujeres conductoras o pasajeras usan velo, es común que lo lleven en el cuello. Eso sí, ¡el tráfico en Teherán es horroroso!  Las familias tienen un promedio 2.5 autos. Los carriles se multiplican, ¡dos se convierten en tres! Se invierte mucho tiempo circulando por la ciudad.

El iraní es un pueblo muy creyente. El fervor religioso se respira en santuarios, mezquitas y centros de oración. La arquitectura persa utiliza formas puras como círculos y cuadrados. Los cúpulas y paredes de los santuarios están cubiertos de espejos, lo que crea una atmosfera de introspección. Es una representación de la realidad, pero invertida; los espejos reflejan la luz y la redistribuyen en el espacio. Se genera un sentimiento de humildad único. En mezquitas árabes o chechenas no usan espejos para decoración interior.

Irán tiene una superficie de 1’648, 195 km cuadrados y una población de aproximadamente 86 millones, de los cuales más de 14 millones viven en la capital. Visité la parte central del suroeste de Irán; viajé en avión a Shiraz (algo más de 2 horas), de ahí en auto a Ispahán en un trayecto de 4 horas. A pesar de que no hay autopistas, las carreteras están en buen estado.

Las sanciones y bloqueos de Occidente también obligan a los pueblos que las sufren a desarrollarse. Impresiona lo adelantada que está la industria local. Mientras en Ecuador se importa todo, Irán tiene sus propios sistemas de riego, plásticos, sistemas de fertilización y calentamiento de agua, sistemas de regulación de conductividad eléctrica del agua e industria petrolera, atómica, aéreo espacial. Como en casi todo el mundo, la industria textil y de cueros se ve afectada por la feroz competencia china. Por último, pero no menos importante, el 99% de la industria automotor es iraní. Nada de esto conocemos en Occidente.

A pesar de los esfuerzos por mantenerse a flote en las áreas mencionadas, no es suficiente para mejorar condiciones de vida de la gente. Las constantes devaluaciones e inflación son un problema. Las sanciones limitan el desarrollo de las exportaciones –Irán es el mayor productor y exportador de azafrán de alta calidad; exportan exquisitos pistachos, pétalos de rosas, agua de rosas que son usados por la industria francesa para hacer cosméticos.

Al igual que en cualquier ciudad de América Latina, en Teherán y otras ciudades se aprecia una marcada diferencia entre ricos y pobres. La limpieza y orden no se comparan con las ciudades rusas, aunque no se ve la basura como en muchas ciudades europeas y en EUA. No se ven mendigos ni indigentes en las calles. Hay casi 10 millones de migrantes afganos (en su mayoría ilegales), que trabajan en mano de obra barata. Se los identifica por su forma de vestir poco prolija y algo sucia; las mujeres usan chador.

Sentir el cielo iraní me hizo entender la dimensión del azul persa; un cielo entre celeste e índigo, azul intenso y profundo, sin nubes –el azul de las mezquitas, del lapislázuli proveniente de Persia y Afganistán.

SHIRAZ, ciudad de poesía, vino, rosas y luciérnagas, fue capital de Persia entre 1750 y 1794, y tiene una historia de más de 2500 años. La Mezquita Nasi ol Molk nos maravilla por sus colores, al igual que nos impresiona la fortaleza de Karim Khan, con su torre labrada en piedra. 

La tumba del poeta Saadi es un imponente mausoleo y lugar de peregrinación de los amantes de la literatura persa. La tumba Hafez también tiene mucho simbolismo. Son sitios de obligada visita. La poesía de los siglos XIII y XIV es figurativa. En la actualidad los persas siguen hablando con antiguos refranes.

Abdulah Saadi – El poeta peregrino:

Hafez – El preservador, poeta místico, poeta de la pena, dolor, lamentaciones y al mismo tiempo de la esperanza:

A. PERSÉPOLIS

Ubicada a 75 km de Shiraz, Persépolis fue la capital del imperio persa durante la época aqueménida. ¡Ha sido el sueño de historiadores y arqueólogos visitar esta ciudad!  Rememoré las clases de historia de mundo antiguo dictadas por  Alla Iosifovna Kardash, especialista en el tema.  Compartí la emoción a través de video y fotos con mis compañeros de universidad, rusos y de otros países la emoción de caminar por una de las ciudades más antiguas del mundo, cuya construcción empezó entre 518-515 A.C. ¡Rebobinar la vida 41 años! Mágico y maravilloso vivir en carne propia lo que nuestros profesores de arqueología y mundo antiguo nos relataron allá por 1984. 

Todos los monumentos arqueológicos que he visitado: Teotihuacan, Chichén Itzá, Tulum, Tajin, Palenque, Uxmal, Cacaxtla, Tikal, Copán, Machu Pichu, Chan Chan, Líneas de Nazca, Sacsayhuamán, Ollantaytambo, Cochasquí, sin excepción, me transmiten paz, tranquilidad, humildad y   un sentido de insignificancia. ¡Qué pequeños somos frente a tanta grandiosidad y monumentalidad! Somos muy frágiles también, y así como construimos destruimos.  ¿Como movieron tanta piedra para levantar columnas de 50-70 metros de altura? ¿Cómo las levantaron sin las herramientas de la modernidad? La capacidad creativa de los humanos es inmensa, somos capaces de crear en las condiciones más adversas.

Persépolis es patrimonio de la humanidad desde 1979. Las columnas a su ingreso representan monstruos monumentales, mitad bueyes y mitad leones, que deben ahuyentar a los malos espíritus. Fueron construidas para impresionar. En su momento, la ciudad estaba rodeada de alamedas con jardines y árboles de ciprés; columnas de madera pintadas y los suelos llenos de alfombras. Artajerques III ordenó que tallen su tumba en una de las laderas posteriores.

¡No podía imaginar subir hasta allá con un calor de 40 grados! Me acompañó una temperatura agradable de 9 grados, lo que me permitió pasear durante algo más de 3 horas.

No hay certezas sobre las causas que tuvo Alejandro Magno para incendiarla en el 330 A.C.; una de las hipótesis es que así vengaron la destrucción aqueménida de Atenas.

Persépolis es un monumental acto de propaganda y reivindicación de Darío I por el asesinato de su predecesor.   En 1971, 2500 años después, el Sha de Irán organizó una gran conmemoración, su ceremonia no tuvo la convicción del rey Darío I, en 1979 cae.

A 9 km de Persépolis se encuentra el complejo Naqsh I-Rustam, una necrópolis donde se despliega un grupo de rocas talladas en el acantilado y son las tumbas de los reyes aqueménidas –Darío I (inscripción), Jerjes I, Artajerjes I y Darío II, aunque no hay inscripciones que permita identificarles con certeza. Solo pude apreciar de lejos el monumento en honor a Ciro Aqueménida porque el lugar cierra a las 17:30.

El museo de Persépolis es más bien pobre; los franceses saquearon la ciudad y hoy la mayor muestra del arte aqueménida se encuentra en el Louvre.

El turismo es mayormente local, hay poca afluencia de turistas extranjeros, en su mayoría rusos y chinos. Aunque el turismo no masivo garantiza la conservación, no se destinan mayores recursos para proteger los monumentos arqueológicos.

B. ISPAHAN

Ispahán florece entre 1050 y 1722, fue capital del imperio persa por dos ocasiones. Debe su florecimiento al Sah Ismael 1501-1524, quien, con su inmenso bigote pelirrojo, decía estar guiado por Alá. Logró restaurar y extender el imperio persa con debilidades internas y externas: élite guerrera en disputa con los turcos otomanos.

Uno de los más grandes emperadores persas fue el Sah Abbas I El Grande 1571-1629 que, en 1598, consiguió trasladar la capital de Irán desde el norte a Ispahán y la convirtió en la gran capital del imperio que nada tenía que envidiar a las capitales occidentales o a la turca. Entre otras magnificas construcciones, durante su reinado construyó la Gran Mezquita, la plaza Naqsh-e Yahán en tiempo récord, (ambas patrimonio de la humanidad) que es la más grande de Irán y la segunda más grande del mundo. Las paredes de la Gran Mezquita están cubiertas de azulejos que asemejan el tejido de una alfombra; ese azul compite con el azul brilloso del cielo y crea una asociación cromática. Caminar por la plaza y la mezquita es una experiencia grandiosa que acapara todos los sentidos.  La presencia de los timúridas dejó su herencia –Samarcanda y Dushanbé son exponentes de la tradición timúrida de azulejos. El barrio armenio tiene también su encanto, con una catedral cristiana insertada en medio de las mezquitas. Los armenios fueron parte del imperio persa en algunas épocas de su historia, hasta que en siglo XIX, que formaron parte del imperio ruso, luego de la URSS y luego de la caída de esta se consolidaron como estado independiente.

El Sha Abaas  I perdió la Mesopotamia, el enfrentamiento a muerte con los turcos otomanos (sunitas) terminó en persecución religiosa, que era ajena a la tradición musulmana. Tanto turcos como safávidas convirtieron la religión en una cuestión de Estado.  La división entre chiitas y sunitas había empezado en siglo VII, en reinado de Abbas I se inició la expulsión de sunitas, los turcos expulsaron chiitas. La ausencia de cada uno de ellos en estos territorios se debe precisamente a las expulsiones de esa época.  Los chiitas están concentrados en Irán y parte de Irak; los sunitas en el resto del golfo pérsico.

El Sha Abaas modernizó el ejército, desarrolló la manufactura, dinamizó la economía, construyó caminos, puentes grandiosos que aún en la actualidad conservan encanto y vida. A él se debe el Irán asociado a productos de lujo y al exotismo oriental: alfombras, sedas, agua de rosas, esencia de rosas, pétalos de rosas, pistachos, azafrán que se han exportado al mundo. 

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Irán es un país rico en historia, en diversidad natural. El arroz es aromático y sabroso; los pistachos son diversos y exquisitos; se encuentra variedad de dátiles y frutos secos; té de rosas y otras yerbas; el azafrán lo usan para preparaciones de sal y dulce. Una de las características de los iranies que más llamó mi atención es la normalidad al establecer diálogos entre desconocidos. En occidente es raro que extraños conversen entre sí, incluso en el campo ya es una excepción. Irán NO debería estar bloqueado y vetado a los que quieren y pueden visitarlo; la narrativa y propaganda occidental han castigado a ese país, han divulgado mentiras sobre inseguridad y persecución. Espero que la vida me permita regresar. [ C ]