Vigencia de paradigmas y modelos
En los últimos años la estabilidad y el crecimiento de la economía mundial ha sido puesta en entredicho, sacudida por el derrotero del sistema capitalista global, en particular por el desempeño de los mercados financieros. Al respecto es de señalarse la opinión de algunos expertos de la ciencia económica, quienes pugnan por una revisión de los conceptos fundamentales de esta disciplina y aconsejan reorientar la política económica.
La crisis financiera de 2008 cimbró las estructuras del sistema económico y propagó el pánico en forma tal que nos hizo rememorar lo ocurrido en el crack de 1929-1933. Las pérdidas hipotecarias, la ineficacia de los controles de riesgo de los bancos, la caída de la demanda, el desequilibrio del mercado laboral, el enorme endeudamiento de los gobiernos involucrados, etc.
Ante el impacto y la magnitud de estos hechos devastadores, el pensamiento económico desde la academia reaccionó desconcertado, sin exponer una explicación acertada y sin proponer un plan consistente que permitiera orientar las acciones de gobierno.
No hay duda que las transformaciones profundas de la economía impulsadas por cambios científicos, sociales y culturales exigen una renovación de las ideas, trascender lo aprendido en otros tiempos y actualizar lo que hoy discutimos y enseñamos. Sin dejar de lado, el moderno análisis matemático cuya contribución y alcances debe ponderarse tomando en cuenta las estructuras política y social, el comportamiento psicológico y el entorno físico, como factores que inciden decisivamente en la economía.
Desde otro punto de vista, algunos expertos consideran necesaria la revisión de los paradigmas representativos de la ciencia económica. Es decir, que importa no descalificar las ideas vertidas antaño y, en referencia a los fenómenos de la realidad, discutirlas y analizarlas confrontándolas con las teorías predominantes. En otras palabras, se requiere menos teoría de los mercados eficientes, del equilibrio entre las empresas y de la construcción de modelos. A cambio, resultaría prudente acercarse a las escuelas de pensamiento keynesiano y monetarista, por ejemplo. Y entonces argumentar y discernir desde las contribuciones teóricas de estos economistas.
Estos pensadores económicos concibieron modelos teóricos básicos sobre la recesión y la recuperación económicas que mantienen su vigencia y resultan pertinentes. Los economistas keynesianos suscriben un incremento del gasto público y la reducción de los tipos de interés. Se oponen a los recortes drásticos de este gasto y niegan que la recuperación económica dependa en esencia de la construcción de confianza y la inversión privada.
En el contexto de la crisis financiera de 2008, los gobiernos europeos rechazaron esos modelos e implementaron propuestas consideradas como alternativas e innovadoras. Estos nuevos puntos de vista rechazaron el argumento clásico a favor del déficit público y la reducción de las tasas de interés. En cambio, convencidos de que así aumentaría la confianza en los inversionistas y se generaría empleo, recomendaron recortar el gasto e incrementar las tasas para combatir la depresión económica.
Es evidente que, en la teoría económica predominante, las ideas innovadoras no han sido una ayuda eficaz para la solución de los problemas contemporáneos. Por eso, la estabilidad y el crecimiento de la economía mundial aún pueden hallar respuestas en la macroeconomía de antaño, de acuerdo con el criterio de estos pensadores.
Evidencias en la proximidad
En materia de desarrollo económico, los patrones de crecimiento observados recientemente preocupan a los expertos de organismos multilaterales como el Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Es muy reducido el grupo de países que a partir de 1990 se han incorporado a la categoría de ingreso alto comparados con los países que permanecen en la categoría de ingreso medio.
En el caso específico de Latinoamérica, los países clasificados con ingreso medio superan notoriamente al grupo de países que han alcanzado la categoría de ingreso alto: Chile, Panamá y Uruguay.[1]
De 1950 a 1980, el crecimiento económico en Latinoamérica registró tasas de entre 5 y 6% anual. Posteriormente el ritmo de desaceleración se ubicó alrededor de 2% por año. Entre 2015 y 2024, el crecimiento apenas alcanzó un ritmo de 0,9% anual.[2]
La desaceleración en el crecimiento económico ha impactado negativamente en la creación de empleo y ha modificado la distribución sectorial del mercado de trabajo, a favor de las actividades de servicios, donde la productividad es menor. Como consecuencia, las economías de Latinoamérica registran un crecimiento significativo de la informalidad, debido a los periodos de desaceleración o de recesión. Durante el último decenio, el empleo informal creció en 18,6%, mientras que el empleo formal apenas alcanzó un 3,3%.[3] A este panorama cabe agregar la existencia de limitaciones fiscales, crecimiento de la deuda pública, así como presiones inflacionarias y desequilibrios en el mercado de cambios.
En una cáscara de nuez
En el caso de México, en los últimos años, los indicadores de la pobreza registran una disminución atribuible a una recuperación del ingreso vinculada con los incrementos en el salario mínimo y con una reforma laboral a favor de los trabajadores, pero también con los programas sociales de asistencia. Estas medidas de política pública podrán ser sostenidas y viables en función del ritmo de crecimiento económico y del equilibrio de las finanzas gubernamentales.
No obstante, persisten carencias estructurales. Por ejemplo, 44 millones de personas en México reportan no tener acceso a los servicios de salud en 2024, lo cual representa más del doble de la cifra reportada en 2018. Mientras que en materia de educación aún existen 24.2 millones de personas con rezago educativo, que representa un avance marginal respecto a 2018. Sin atender ni resolver estos pendientes en educación y salud resultará difícil alcanzar un verdadero bienestar de la población.[4]
Otra cara de la desigualdad que impera en México es posible observarla en relación con la movilidad social. Un estudio refiere que un 50% de las personas que nacieron en el primer quintil (20%) con menos recursos económicos no logran superar este segmento en su edad adulta; un 28% logra avanzar al siguiente quintil; 21% se ubica en los quintiles tercero y cuarto; y únicamente el 2% logra avanzar hasta el quintil más alto de la distribución.[5]
El actual partido en el gobierno ha impulsado desde 2018 un proyecto de nación inspirado en los principios históricos de la izquierda mexicana que hoy el gobierno en turno resume con el lema: «Por el bien de todos, primero los pobres.» Ello supone que la toma de decisiones gubernamentales se ha decantado por un conjunto de medidas que podrían comprometer el rumbo de la economía nacional. En este sentido varios sectores representativos de la sociedad ven en estas acciones y programas una posible amenaza.
El crecimiento de la desigualdad social exige igualdad de oportunidades y actitudes solidarias. La actividad económica privilegia la administración del dinero y la sociedad recompensa la gestión del riesgo, la meritocracia y el éxito, mientras que grupos numerosos de trabajadores padecen el estancamiento de sus salarios e incertidumbre laboral. Importa detenerse a reflexionar respecto del bien común, sobre cómo recompensar las acciones que lo impulsen, a fin de subsanar lo que no resolverán los mercados. Es necesario recuperar la trascendencia del bien común y recuperar su dimensión como sustrato de las políticas públicas.
Razón de Estado
Desde esta perspectiva, se desprende que el Estado desempeña un rol determinante e insustituible. Una visión convencional sentencia que el crecimiento económico necesita sectores competitivos, dinámicos e innovadores, cuyos actores asuman el riesgo ajustándose a la máxima: más mercado y menos Estado. La intervención estatal en la economía se concibe sólo para resolver deficiencias del mercado y para garantizar las reglas del juego. Se supone que las fuerzas del mercado asignarán con eficiencia los recursos productivos permitiendo el crecimiento de la economía.
No obstante, más allá de la acción correctiva, otra consideración pone el énfasis en la capacidad del Estado para crear mercados y trascender su papel tradicional en la economía.
Esto supone dirigir el cambio tecnológico y la innovación a través de una red de agentes imbricados en una asociación público-privada; orientar los mercados hacia nuevas áreas por medio de la inversión pública asumiendo los riegos e incertidumbre que inhiben la participación del capital privado; permitir que las instituciones públicas experimenten sin temor al fracaso; asumir y convencer para que los gobiernos y los contribuyentes participen de las ganancias y no sólo compartan los riesgos en esta asociación. Se trata de una toma de decisiones estratégica del sector público.
En esta visión, la preeminencia le corresponde al Estado emprendedor[6]. En otras palabras, a la entidad de cuya función depende el desempeño eficaz de la economía capitalista. El libre albedrío de los mercados no garantiza la obtención de resultados óptimos, no en términos del bien común. «Dejar hacer y dejar pasar» ha representado el quebranto de amplios sectores de la población en el mundo reproduciendo pobreza y desigualdad extremas. [ C ]
Notas-.
[1] Vid Gerardo Esquivel. “Las trampas del desarrollo”.
[2] Vid Ibidem.
[3] Vid Ibidem.
[4] Vid Valeria Moy. “Sin salud ni educación.”
[5] Luis Monroy. Informe de movilidad social en México 2025, p. 20.
[6] “El Estado ha aparecido detrás de la mayoría de las revoluciones tecnológicas y de los periodos de crecimiento de largo plazo. Esta es la razón por la que se necesita un «Estado emprendedor», que se implique en la toma de riesgos y en la creación de una nueva visión, en lugar de limitarse a corregir los fallos del mercado.” Vid Mariana Mazzucato. El Estado emprendedor, p. 55.
Fuentes-.
– Delong, J. Bradford. “La ciencia económica en crisis.” En el diario El País (versión digital), 22 de mayo de 2011. España (Madrid). https://elpais.com/diario/2011/05/22/negocio/1306070070_850215.html [12 septiembre 2025].
– Casilda Béjar, Ramón. “La ciencia económica, hacia la renovación.” En el diario El País (versión digital), 11 de diciembre de 2011. España (Madrid). https://elpais.com/diario/2011/12/11/negocio/1323612873_850215.html [13 septiembre 2025].
– Krugman, Paul. “La ciencia económica de antaño.” En el diario El País (versión digital), 17 de abril de 2015. España (Madrid). https://elpais.com/economia/2015/04/17/actualidad/1429282443_908712.html [13 septiembre 2025].
– Esquivel, Gerardo. “Las trampas del desarrollo.” En el diario El País (versión digital), 24 de agosto de 2024. España (Madrid). https://elpais.com/mexico/opinion/2024-08-24/las-trampas-del-desarrollo.html [13 septiembre 2025].
– Moy, Valeria. “Sin salud ni educación.” En el diario El País (versión digital), 18 de agosto de 2025. España (Madrid). https://elpais.com/mexico/opinion/2025-08-18/sin-salud-ni-educacion.html [13 septiembre 2025].
– Monroy Gómez F., Luis A. y Vélez Grajales, R. (2025). Informe de movilidad social en México 2025: la persistencia de la desigualdad de oportunidades. Centro de Estudios Espinosa Yglesias, México (CdMx). https://ceey.org.mx/informe-de-movilidad-social-en-mexico-2025/ [15 septiembre 2025].
– Sandel, Michael J. “¿Estamos todos juntos en esto?” En el diario El País (versión digital), 1 de mayo de 2020. España (Madrid). https://elpais.com/opinion/2020-05-01/estamos-todos-juntos-en-esto.html [18 septiembre 2025].
– Mazzucato, Mariana. (2022). El Estado emprendedor: la oposición público-privado y sus mitos. Editorial Taurus, España.

ARMANDO PEREZ MARQUEZ. Veracruz Puerto, Mex.,1961. Licenciado en Economía y Maestro en Ciencias Políticas y Gestión Pública. Se ha desempeñado profesionalmente en el sector público, la iniciativa privada e instituciones de educación superior como el IPN y el TecNM. Fue secretario particular del Rector de la Universidad Veracruzana (UV). Actualmente es investigador-profesor en la UV.
