Hechuras Gráficas

Un poco más allá de cuarenta años, me topo por accidente con estas ilustraciones en una Gaceta escolar, y que hoy son solo imágenes. Delineadas sin propósito acordado ni encargo previo, se perciben ahora como hechuras gráficas salidas de un autodidactismo silencioso.

Hablo de meras imágenes que subsisten, pues sus originales ya no existen; lo que tampoco altera demasiado ni desvía su condición de imágenes. En todo caso, son la interpretación atemporal de las piezas primeras.

Son, inevitable y mínima consideración, dibujos, tintas y acuarelas carentes de porvenir y apenas documentos figurativos personales. No exagero.

Ahora, reducidas a su estado de imagen, podrían ser envueltas con títulos apócrifos, anécdotas inciertas de trazo e impresiones para sobrevalorarlas. Para rotularlas e inyectarles un sentido que inventa su primogenitura. Una ficción de origen, pues.

Mostrarlas así sin precaución conlleva una ventaja: inhibir el cálculo de su trascendencia, al no figurar en una acumulación retrospectiva ni estilística voluble ni tampoco progresiva.

Poner en duda su pasado deliberado; limpiarles el origen y ostentarlas como simples imágenes es su merecida exhibición aquí.

No hay novedad alguna. Casi siempre observamos imágenes alejadas de sus originales autentificados. Se dirá que tales originales no son siempre dados a la mirada de frente por estar resguardados en museos y galerías lejanas e inaccesibles. Y que la codicia, añado, por el original, no nos decepciona por entero.

En cambio, si podemos acceder a sus imágenes y deslastrarlas de los discursos que las respaldan y jerarquizan; entonces podemos mirarlas también de otro modo, relativizando sus primeros o reiterados calificativos.