I
Las Obras Completas (OC) de Jorge Luis Borges (EMECÉ, Buenos Aires, 1989, en tres tomos, de unas 600 páginas cada uno) han sido rebasadas por una gran afluencia de material literario del autor, de un sinfín de procedencias.
Entre el material no incluido en las OC, se hallan los Textos cautivos (Jorge Luis Borges, TEXTOS CAUTIVOS. Ensayos y reseñas en “El hogar”, Tusquets Editores, Barcelona, 1986), preparado por Emir Rodríguez Monegal; así como los textos aparecidos en la revista “El hogar”, reunidos bajo la mirada de María Kodama, igual que otros textos no destinados a libros orgánicos.
Tampoco incluye los libros temáticos ni los preparados en colaboración con Bioy Cazares y tantos otros escritores y especialistas. No figuran, igual, distintas antologías, compilaciones y otros trabajos.
Realizará una labor titánica quien reúna y organice las obras completas del escritor argentino. El índice bibliográfico más amplio, disponible y confiable que conocemos hasta el momento, es el que incluye José Emilio Pacheco en el libro “Jorge Luis Borges, Una invitación a su lectura”. José Emilio enlista cronológicamente los libros de poesía, narrativa y ensayo de Borges. Un índice muy cercano a éste, figura en la página de internet del Instituto Cervantes.
Ocurre que nuevo material creativo aparece cada ocasión que se aventura un recuento de la obra total de Borges. Es natural que no faltaran editores al escritor argentino, cuya vena creativa avalaba su ingenio. Borges escribía y publicaba por todas partes.
Su presencia era continua en los medios de comunicación. Participó ya como colaborador frecuente o esporádico, ya dirigiendo o asesorando a incontables diarios y revistas: Proa, Prisma, El Hogar, Azul, Sol y Luna, Clarín, Opinión, La voz, Marcha, son sólo algunos.
A todas estas obras -congregadas o dispersas pero identificadas-, el tiempo y la labor de los investigadores aportarán, seguramente, textos adicionales no recogidos todavía.
Un elemento recurrente en Borges -ocupa el título y el énfasis de la presente nota- y no exhaustivamente visitado por los estudiosos y la crítica, tampoco forma parte de la recolección de EMECE: los prólogos.
Es un género que Borges cultivó con asiduidad, una figura literaria que le agradaba sobremanera, y en la que desbordaba su erudición, deslindaba hechos literarios y señalaba sus preferencias y rechazos.
En dos grandes espacios repartía su afición a los prólogos: los propios -los que anteponía a su obra individual- y los otros, los ajenos, los que escribía para otras obras y autores. El volumen y contenido de éstos, que fueron prologados por Borges, es sorprendente.
La existencia del prólogo es tan antigua como la literatura misma. Su estudio, tratamiento y debate, seculares. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (22 Edición) provee cuatro acepciones del término. La primera y la cuarta parecen avenirse mejor al propósito del presente texto. La primera señala que se trata de un “Escrito antepuesto al cuerpo de la obra en un libro de cualquier clase”. La cuarta: “Lo que sirve como exordio o principio para ejecutar una cosa”.
Consiste, en resumen, en un texto generalmente breve que se encuentra al frente de una obra literaria y ofrece al lector una introducción a su contenido. Se colocan siempre al inicio de la obra. En caso de encontrarse al final, muta de nombre para llamarse epílogo, desarrollando la misma misión.
Lo mismo que sus definiciones, forma un ejército el volumen de sinónimos que lo replican: preámbulo, prefacio, prolegómenos, introito, introducción, exordio, preludio, proemio. Con todo, durante nuestras pesquisas hallamos que un estudioso advertía “diferencias profundas entre prefacio y prólogo”. Lo que ve el que vive. No es el único.
II
La obra de Borges se compone, sobre todo, de poesía, cuento y ensayo. Casi por partes iguales. Acaso la prosa narrativa sea la parte más reconocida de su literatura, sin demérito de sus ensayos -incluidas otras manifestaciones en prosa como crónica, artículo, nota, reseña, etc.- y su extensa obra poética.
Se nos reveló temprano su afición y regocijo por escribir prólogos. Lo conmovían, lo emocionaban. Entre otros motivos porque representan un principio de orden, de armonía. Son todos, en general, breves y concentrados, intensos como la poesía. Breves e ilustrativos todos. Y al destacar las características mayores de un prólogo, apuntamos igualmente a los a los elementos que constituyen el estilo del escritor argentino.
Su afición -impulsora de su estilo- se tornaba devoción con naturalidad cuando incluía en sus obras, además de prólogos, epílogos y notas de su propia pluma. No poco de su teoría y práctica literarias, así como su ideario, se hayan expuestas en ellos. Pero igual, apuntaba enormes lecciones literarias, estéticas, filosóficas, etcétera.
Cualidad central de su estilo literario se encuentra en la brevedad, que caracteriza a toda su obra: sus poemas, sus relatos y sus ensayos, así como artículos, crónicas y otros -abundantes- textos que publicó aquí y allá.
Junto con la brevedad, figura la intensidad, dos factores distintivos de la poesía. Esos mismos rasgos –brevedad e intensidad- acompañan a sus relatos y ensayos, aunque el escritor los pretenda menos obvios
A esas características Borges añadió la inclusión de un prólogo elaborado por él mismo, en cada uno de sus libros. En Fervor de Buenos Aires (1923), el poemario que constituye su primera publicación, expuso lo que sería su modelo o patrón: brevedad, sencillez, claridad, en escasa media página con una prosa clásica y envolvente. El escritor, acompaña esas cualidades con una dosis no escasa de humildad y desapego.
Varias aficiones comunes con el escritor se nos revelaron poco a poco, al paso del tiempo: los mapas, el café, la prosa inglesa, la literatura policial… y se tornó una devoción la lectura de los prólogos que Borges elaboraba para sus propios libros, los cuales, una vez establecida su factura y su magnitud, nos hizo patente su magisterio en el género.
Transformada en hábito, la inclusión de esos prólogos para casi todos sus libros continuó, con el fin de guiar al lector, para ilustrar su método de trabajo, para confesar su poética, exponer su ideario, su experiencia y sus preferencias.
En 1935 publica ese volumen riquísimo y novedoso, que fue también su primer libro de relatos, Historia universal de la infamia, un texto que influyó en el panorama de la narrativa en lengua española y acaso mundial. Uno de los relatos, Hombre de la esquina rosada, se convertirá en una pieza clave. Para ese libro escribió Borges en un prólogo iluminador: “Los ejercicios de prosa narrativa que integran este libro fueron ejecutados de 1933 a 1934. Derivan, creo, de mis relecturas de Stevenson y de Chesterton y aun de los primeros films de von Sternberg y tal vez de cierta biografía de Evaristo Carriego. Abusan de algunos procedimientos: las enumeraciones dispares, la brusca solución de continuidad, la reducción de la vida entera de un hombre a dos o tres escenas…”
Prólogos hay de diversos tipos, asuntos y categorías; con todo, es posible considerar que cada prólogo es único. Algunos han alcanzado la inmortalidad, como el que Cervantes creó para El Quijote. Un texto inspirador de la literatura española y mundial.
Pero igual, en otra categoría, Alfonso Reyes juzgó que los prólogos para una edición de Clásicos para todos que le vino a mano, eran“bien intencionados, piruetean un poco, pierden la sencillez castiza para el caso, y predisponen al lector candoroso…”
III
Además de los prólogos de sus propias obras, el volumen de prólogos emanados de su pluma para un alud de otros libros y autores forma una literatura monumental, un espacio creativo independiente, que Borges ejecutaba con pasión y magisterio y que conservadoramente suman más de doscientos.
Todos breves, rotundos, con características acotadas, como réplicas con personalidad propia cada uno. Son prólogos para otros libros y autores, no más para él. Pero se trata de una cantidad tal, que bien podemos anotar en la historia de la literatura, que Borges forjó con ellos una como especie de nuevo género.
Si bien nunca cesó de escribir prólogos, hacia la mitad de su vida intercambió algunos por epílogos. En Otras inquisiciones, sustituye el prólogo por un epílogo, acción que repetirá varias veces en el futuro. Epílogo, define María Moliner, significa resumen o compendio de cualquier cosa.
En un ejercicio de buceo bibliográfico hallamos tres textos que agrupan prólogos de Borges. Con un título claramente cacofónico figura como el más popular y amplio conjunto de prólogos que Borges se comprometió a entregar: “Prólogo con un prólogo de prólogos”, editado en España por Torres Agüero Editor, en 1975. Más adelante, en 1998, Alianza Editorial hizo una nueva edición.
Existen luego las “breves notas introductorias” reunidas en el volumen llamado “Biblioteca personal. Prólogos”. Es como un segundo tomo de Prólogos… ha escrito José Emilio Pacheco. Contiene 67 Prólogos sobre sendos autores u obras, de una rigurosa página cada uno.
Borges, lo sabemos, se hombreaba con los clásicos. Así, en el prólogo a el Libro De Buen Amor, escribe en un párrafo decisivo: “Propendemos ahora a leer el título como si fuera una abstracción; no hay tal cosa. Buen Amor es un personaje. Es el amor honesto que mediante la inteligencia logra su fin, el amor “que los cuerpos alegres e a las almas preste”. Mal Amor se le opone. Figura la lujuria, que siempre está “adoquier que tú seas” y que mantiene al mundo escarnecido y a la gente, triste. Se ha conjeturado que el Mal Amor es una imagen exagerada y tal vez calumniosa del poeta. Mal amor sería a un tiempo el fabulador y una de las figuras de la fábula.”
En 2001, Alianza Editorial publicó Prólogos de la Biblioteca de Babel, 41 textos escritos por Borges sobre sendos autores, en acuerdo con el editor italiano Franco María Ricci… Allí resplandece el Borges erudito y juguetón, el Borges comprometido con el arte literario, que sin remilgos confiesa las emociones que le despierta la lectura de cada autor prologado.
Reunidas, las incontables “breves notas introductorias”, constituyen un universo propio.
De 1985 data su último prólogo propio. El del postrer libro que publicó en vida Borges, el poemario “Los conjurados”. En él Borges ensaya una autobiografía publicada por Sudamericana, en Chile, en 2074.
IV
Dios nos libre, lector paciente, de prólogos largos. La frase proviene de Quevedo. Quizás la más recurrente -de contado la más popular- referencia en nuestra lengua al significado y esencia del asunto que tratamos. El tema contiene sustancia para un estudio más profundo y extenso. Por ahora nos interesaba destacar sólo estos apuntes.
Borges concentra su arte y desarrolla su estilo en textos que privilegian la intensidad y la brevedad, en una prosa clásica y cautivadora. La masa de prólogos que escribió nos autoriza quizás a atribuirle la constitución o formalización de un patrón, de un modelo. A su biografía podemos añadir que, además de poeta, ensayista y narrador, fue también un consumado prologuista.
En un párrafo de uno de los prólogos de la llamada Biblioteca Personal, que transcribimos a continuación, se revelan las cualidades de Borges en el reconocimiento a Julio Cortázar:
“Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario de redacción de una revista Literaria, más o menos secreta. Una tarde, una tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le daba mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que ya había sido entregado a la imprenta. Poco después, leyó en letras de molde “Casa tomada” con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges. Pasaron los años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera publicación. Me honra haber sido su instrumento.”
SMA, diciembre de 2025

Guanajuato, Mexico, 1952. Diplomático en retiro desde 2016. Es autor de los libros Guerra privada (Verbum, 2007); Los pasos del cielo, Ediciones del Ermitaño, 2008); Paisaje oriental, Editorial Delgado, 2012); Las horas situadas (Monte Ávila Editores, 2015). Ha traducido cuentos de Raymond Carver, John Cheever, W. Somerset Maugham y Guy de Maupassant. Fue colaborador de La Jornada Semanal y actualmente participa en la revista ADE (Asociación de Escritores Diplomáticos).
