Objetos sin factura determinada

Se unifican mediante la concreción de una cierta extrañeza: al producirlos y determinar su autonomía; su sequedad y artificialidad sin pronóstico ulterior. No estaban considerados; piezas no preeminentes para figurar ostensibles y atractivos.

Ni se deben a una observación minuciosa o a una postura estética ya dada de antemano que los convierte en predecibles. Los objetos hechos – si se quiere decir – al tanteo, no fueron preñados de sentido alguno. En todo caso, al ser compartidos, van siendo envuelto por palabras, juicios, analogías y adjetivos que les dispensan sus críticos, siempre por oficio, circunstanciales, adivinos y videntes que los acarician empleando sus adjetivos favoritos.

Sacados de su envoltorio discursivo, el objeto no predeterminado regresa a su origen , al aislamiento que ni se propone ni solicita. Retorna sin haber salido de su materia; lejos ya de la vitrina o del caprichoso lugar en que lo exhibió arbitrariamente su comprador.

El objeto no buscado carece de lugar fijo y estable; de curadurías inteligibles; no se conmueve como novedad esperada ni tiembla como pordiosero de significado atribuible. Ni sufre ni se acongoja. Si pensara por sí mismo, se sentiría abochornado por el elogio entusiasta o la indulgencia meditada.

Nada, pues, puede esperarse de un revestido de sí mismo. Aviso : no maltrate a los objetos no predeterminados o No le arroje significados a su condición de inerte. Disculpe si lo ignora y, si lo considera, le devolvemos el costo de su mirada.

Es la subversión del color; la magnitud cósmica de la geometría; la intempestiva mirada a un fruto de la naturaleza…, Rufino Tamayo respondió : yo solo pinté unas sandías.

P. D. Figurativa

Dos caras. Se cree comúnmente que descubrimos la falsedad y la verdad en un mismo hallazgo. Enojados y resentidos señalamos a un “dos caras”. Conseguimos reventar a ese Jano ladino y convenenciero. Falsedad cuajada en el rostro disimulado y que ya, descubierto, podrá volver a ser natural. Pero aunque nosotros mismos lanzamos la moneda al aire, resultó no ser cara sino solamente cruz. así pues, la doble cara es pura tragicomedia de vil cobre; una trampa impostergable que nos han tendido. La doble cara, como no es inalterable ni responde a un mero par de lados; es una presencia indivisa que ni los más astutos fisionomistas del siglo XVIII pudieron descifrar. [ C ]