Breviario de podredumbre, La tentación de existir, Silogismos de amargura, Del inconveniente de haber nacido, son algunos títulos que hicieron popular a Emil Michel Cioran en la década de los setenta del siglo pasado. Quién, a los veintitantos años no iba a aventurarse -bien que fuese sólo por curiosidad- en la lectura de aquellos textos, cuya denominación implicaba ya una provocación.
Quién, sin ataduras o compromisos formales, iba a poner reparos a tan agradable entretenimiento, cuyo ejercicio se correspondía con los tiempos aciagos y los intensos debates de las ideologías. Una época transformadora, en la que la juventud pugnaba por entender y conocer, por innovar y desvincularse de los polos que sostenían la Guerra fría.
Las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado fueron pródigas en la creación y desarrollo de todo tipo de bienes, tangibles e intangibles, materiales y espirituales, singularmente en el terreno literario. El desarrollo de los medios de comunicación contribuyó en la propaganda y difusión de las novedades, conocimientos e ideas.
La humanidad transita actualmente por una etapa borrosa. No hay continente o región que escape a su amenaza. El peligro del retorno llano del fascismo amaga con imponerse en algunos países, con gobiernos electos legítimamente. En fecha tan reciente como el mes de mayo pasado, Rumania se libró del triunfo del candidato de la extrema derecha.
El suceso removió en nosotros la vena del recuerdo, que no cesa de batir desde entonces. El fin de nuestra adolescencia y de la primera juventud coincidieron con largueza con el periodo de la posguerra.
Pertenecemos a la generación de lectores formados bajo la luz tutelar del Boom latinoamericano. Leíamos a esos autores y a sus predecesores de distintas lenguas y corrientes. Así ubicamos a Eugen Ionesco, Tristan Tzara, Mircea Eliade, Emil Michel Cioran y a algún otro, entre los rumanos.
A pesar de su pretendida vinculación con los países en desarrollo, el régimen rumano de aquellos años fue un bastión destacado del espacio duro del comunismo de la Europa oriental.
De Rumania era destacable particularmente su propaganda ideológica como un país diferente a los otros del bloque, en buena medida por el carácter agradable de su población, así como por la personalidad del dirigente de ese país, Nicolas Ceausescu, uno de los más hábiles dictadores de su época, cuando éstos proliferaban.
No es para menos, si todavía, a pesar de su membresía a la Unión Europea -señala Norman Manea- Rumania muestra cuán persistentes son sus viejos hábitos de la duplicidad, de la inconsistencia, el fatalismo, la inercia y la corrupción.
Cioran nació en Transilvania -entonces parte del Imperio austrohúngaro- en 1911, hijo de un sacerdote ortodoxo rumano y una mujer de gran sensibilidad. Fue beneficiario de una sólida formación religiosa. Realizó sus estudios elementales en Rasinari, el poblado donde nació, y a los diez años fue inscrito en el liceo de Sibiu, a pocos kilómetros de distancia. De esa experiencia conservó un recuerdo conmovedor:
“Nací en Rasinari, un poblado de los Cárpatos en la montaña, a doce kilómetros de Sibiu. Amaba a ese poblado intensamente. Tenía diez años cuando lo dejé para ir al liceo a Sibiu y no olvidaré jamás el día, o mejor, la hora, cuando mi padre me llevó. Habíamos alquilado una carreta y yo lloré y lloré todo el tiempo, pues tenía el presentimiento de que el paraíso había terminado”.
Más tarde comenzó a estudiar filosofía en la Universidad de Bucarest. Pronto entabló allí conocimiento de dos personalidades literarias que serían sus amigos toda la vida: Eugene Ionesco y Mircea Eliade. En 1932 se graduó y durante 1933 escribió su primer libro, En las cimas de la desesperación, que publicó al año siguiente.
En ese libro aborda los asuntos que han sido su literatura posterior, para siempre: la exasperación, la ansiedad, la angustia, el nihilismo, el pesimismo y más . . .
En 1938 se trasladó a París para continuar sus estudios y nunca más volvió a Rumania. Se estableció allá por el resto de su vida. Una etapa trabajó para la ultraderecha y en sus veleidades nihilistas fue admirador de Hitler. Fue también colaborador, alentador incluso, de la Guardia de hierro, movimiento fascista (contó en una época con una milicia) convertido en partido político.
En su Diario 1935-1944, los años del fascismo, el escritor Mihail Sebastian incluye varias entradas sobre su amigo Cioran. Una muy ilustrativa es la siguiente: “Esta mañana encontré a Cioran en la calle. Estaba radiante. Lo han nombrado agregado cultural en París.” “Es todo un caso: es una persona interesante, bastante inteligente, desprejuiciado y con una dosis gemela de cinismo y ociosidad, combinada con maneras divertidas. El hombre acumuló no pocos cargos, como apoyo y propagador, ideólogo incluso de las corrientes fascistas del país. Era un contra, contra todo. Eso debe quedar claro.”
El mismo Sebastian, autor de Dos mil años (Penguin 2016), dedica casi por completo un Capítulo a describir la actividad nihilista y “revolucionaria” de Stefan Parlea (otro nombre de Cioran), quien habla siempre de “la gran conflagración histórica que se acerca”. “Creo que hay en la hostilidad de Parlea algo más que discordia judeo – rumana.”, escribió Sebastian.
Cioran perteneció a lo que Mircea Eliade definió -con razón- como la generación más afortunada de la historia rumana. Como otros rumanos que emigraron, Cioran no fue a Francia a imitar, sino a enseñar.
Realizó la hazaña de abandonar su lengua, el rumano, para escribir en un refinado francés, gran parte de su obra, la que comenzó a publicar a principios de los cuarentas. “Comencé a escribir en francés a los treinta y siete años. Yo pensé que sería fácil. . .”
Pariente sanguíneo del español, el rumano cuenta con una abundancia de la que -escribió Pablo Neruda- no gozamos nosotros: sus esquinas eslavas.
Hemos comentado en otros textos las virtudes y debilidades de la literatura rumana, cuya constitución, como la rusa, tuvo lugar en el siglo diecinueve. De tradición hablada, en el caso de la rumana, las raíces se remontan a muchos siglos atrás. Más que en los libros, escribió Nicolae Iorga, la historia rumana se encuentra en sus hábitos, en sus modales y gestos, que no fueron escritos.
La bibliografía de Cioran abarca una larga lista de obras, todas ellas con el sello inconfundible y personal del autor. Sería exagerado afirmar que estamos haciendo una relectura -que es en rigor la auténtica lectura- de la obra de Cioran. Se trata más bien de un recordatorio de este escritor denodado, más la relectura de algunos textos y la lectura -por vez primera – de textos hallados en época reciente.
¿Pose, nihilismo verdadero, pesimismo auténtico, vil cinismo? Exasperación, angustia, desesperación, ansiedad, son temas sobre los que vuelve una y otra vez. Bien sustentado, bellamente escrito, no deja de revelarse, con todo, una dosis no pequeña de exageración.
Soy un apátrida metafísico, un poco como los estoicos del final del Imperio romano que se sentían ciudadanos del mundo, lo cual es una manera de decir que eran ciudadanos de ninguna parte, escribió de sí mismo Cioran.
Adam Zagajewsky, un poeta cuyo humanismo y seriedad son innegables, formado ya del todo en la Polonia de la postguerra, escribió un ensayo, Poesía y duda (A Defense of Ardor, New York 2004) en el que, entre otras cosas, señala: Cioran irrita con su narcisismo, su mal humor, su hipocondría, su misantropía.
Y Norman Manea, en La quinta imposibilidad (Norton, New York, 2007) señala que Cioran es un nihilista, un profeta del apocalipsis… “Ese feroz cínico que se deleitaba en derrumbar axiomas y cánones, valores y virtudes, era un hombrecito bajo, delgado y frágil, tan amable como cortés…Vivía en París, feliz de disfrutar los beneficios de una civilización de la que nunca dejó de burlarse”.
Para mí París era idolatría. Pero me cansé porque me estaba haciendo viejo, y también la ciudad, escribió, en efecto, Cioran.
Que el hombre alcanzó fama y reconocimiento es innegable. Las décadas de los sesenta y setenta, y todavía en los ochenta se editaban y circulaban profusamente sus libros.
La cultura de los rumanos -ha escrito Claudio Magris- no es sólo una cualidad personal, sino que refleja el nivel de la clase intelectual rumana, la seriedad de su preparación, la amplitud de sus conocimientos, el rigor y la apertura de su inteligencia.
Una estancia en Rumania por algo más de dos años, nos permitió tener una muestra reiterada de la opinión de Magris sobre el nivel intelectual de los rumanos. A los nombres de Ionesco, Tzara, Eliade y Cioran, quienes destacan en literatura, podemos agregar otros nombres de rumanos universales.
George Enescu, desde las estructuras etéreas de la música, hasta Constantin Brancusi, en el terreno de las artes plásticas, nos ofrecen dos ejemplos. Para no hablar sólo del pasado, bien podemos incluir en este catálogo de celebridades rumanas a Mircea Cartarescu, Premio FIL de Literatura 2022, por la excelencia de su literatura.
¿A gran pecado, gran misericordia? Nada más difícil que señalar el paso del tiempo si uno no se refiere a incidentes particulares. Una idea fija señala un universo cerrado. Cioran vivió las dos guerras mundiales, la caída del Imperio austrohúngaro, el fascismo, el exilio, el antisemitismo y otras tragedias. Acaso en lo íntimo de su ser Cioran capoteaba las tormentas y profundidades de la esencia rumana.
Murió en París hace tres décadas, el 20 de junio en 1995 para ser precisos. Murió de Alzheimer a los 84 años. A pesar de su celebridad, murió en la pobreza. En español, Tusquets ha publicado casi toda su obra; en francés, Gallimard. El filósofo de la desesperanza y el fracaso, lo llamó el diario El País al despedirlo. [ C ]
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CDMX, junio de 2025

Guanajuato, Mexico, 1952. Diplomático en retiro desde 2016. Es autor de los libros Guerra privada (Verbum, 2007); Los pasos del cielo, Ediciones del Ermitaño, 2008); Paisaje oriental, Editorial Delgado, 2012); Las horas situadas (Monte Ávila Editores, 2015). Ha traducido cuentos de Raymond Carver, John Cheever, W. Somerset Maugham y Guy de Maupassant. Fue colaborador de La Jornada Semanal y actualmente participa en la revista ADE (Asociación de Escritores Diplomáticos).
