Cárdenas y la autoridad moral de México

La política exterior es uno de los aspectos más relevantes de la presidencia de Lázaro Cárdenas. Desde el inicio de su gestión, en una breve mención a la política exterior de su gobierno, dejó claro que el derecho internacional sería la guía de sus relaciones con las demás naciones del mundo (Lázaro Cárdenas, Discurso de toma de posesión)  Y en su primer informe de gobierno aseguraba que mantener la autoridad moral de México en el ámbito de las relaciones internacionales requería que los representantes mexicanos en el exterior se apartaran de los asuntos internos de los países en los que se encontraban acreditados y, a mayor abundancia y en sentido inverso, agregaba que en función de las obligaciones de amistad y neutralidad, el territorio nacional no debía albergar actividades en contra de otros gobiernos. Para tal efecto, se había instruido a los diplomáticos mexicanos para que siguieran estrictamente a esta directriz, que solo aceptaba una excepción: la de continuar con la tradicional política mexicana para refugiados políticos, bajo determinadas circunstancias (Lázaro Cárdenas, Primer Informe de Gobierno).

En tal sentido, el presidente Cárdenas no hacía más que retomar la ya larga tradición de manejo del principio de no intervención manejado por los distintos gobiernos mexicanos, desde el de Benito Juárez[1]. El Principio de no Intervención es parte de la política exterior de México desde la llamada Doctrina Juárez, que además comprende el derecho de autodeterminación de los pueblos; y la igualdad de los estados. Frente a la inminente invasión francesa Juárez había esbozado en su manifiesto del 12 de abril de 1862 el siguiente pronunciamiento: “tengamos fe en la justicia de nuestra causa tengamos fe en nuestros propios esfuerzos y unidos salvaremos a nuestra Patria” y en “los principios de respeto y de inviolabilidad de la soberanía de las naciones”.  En estas ideas está inspirado otro documento, que desarrolla propiamente la Doctrina que lleva el nombre del Benemeritito de las Américas. Se trata del mensaje que Juárez lee el 8 de diciembre de 1867 al reanudarse, con el IV Congreso, la vida constitucional del país, después de la salida de las tropas invasoras francesas y de la derrota de Maximiliano.

Más tarde, el principio de no intervención es reiterado con precisión por Venustiano Carranza en la doctrina que lleva su nombre. En ella se precisa con exactitud que todas las naciones son iguales ante el Derecho y deben respetar mutua y escrupulosamente sus instituciones, sus leyes y su soberanía, sometiéndose estrictamente y sin excepciones al principio universal de no intervención. (Rosa Isabel Gaytán, La Doctrina Carranza. Práctica internacional y legado doctrinario, 2018)

Armado de este principio, junto con su correlativo, el de la autodeterminación de los pueblos, México ingresó (septiembre de 1931) a la Sociedad de Naciones, en donde se constituyó, como no podía ser de otra manera, en un férreo defensor del derecho y la justicia internacional

La Delegación mexicana siempre expresó en este organismo[2] que el principio de la “No intervención” representaba la base de la convivencia pacífica y armoniosa de la Comunidad Internacional. Por eso, va a manifestar repetidamente su repudio a las continuas violaciones al derecho internacional que se presentaron por parte de los países nazi-fascistas (Japón, Italia y Alemania), en los casos de la invasión de Japón a China en 1933, de la invasión italiana de Abisinia en 1935, y de la anexión de Austria a Alemania en 1938 en el proceso del Anschluss. Pero la actuación más destacada en favor de la legalidad internacional y del principio de no intervención fue en la guerra civil española iniciada en julio de 1936, con apoyo de Alemania e Italia a los militares rebeldes. Es justamente con este episodio cuando el presidente Cárdenas dio una novedosa interpretación a ese principio. El cambio propuesto por Lázaro Cárdenas se inicia con la interpretación que a la “no intervención” la da Gran Bretaña, en el marco de su política de “apaciguamiento” de la Alemania nazi, a la que se suma el gobierno del “Frente Popular” de Francia, que sólo parecía contar con los británicos ante una posible agresión alemana. Pero no solamente esto, en el fondo, lo que más temían los británicos era que, de ganar los republicanos, se estableciera un gobierno imitador de la Unión Soviética, en una especie de “bolchevismo”, como se acostumbraba nombrar a los partidarios del socialismo. Fue el gobierno francés, encabezado por León Blum, el encargado de firmar un “Acuerdo de No Intervención en España”, aun dándose cuenta casi desde el primer momento de que la sublevación militar era reforzada por el gobierno de la Italia fascista y la Alemania nazi. Desde luego, los británicos se sumaron entusiastas al acuerdo de “no intervención”, haciendo caso omiso de que con él se ponía en el mismo plano al gobierno legítimo y a los alzados en armas.

Ambos países pusieron manos a la obra a fin de sumar a otros gobiernos a su injusto acuerdo, para lo cual formaron o propiciaron la formación de un Comité de No Intervención, mejor conocido como Comité de Londres, instalado apenas un mes después de la insurrección, supuestamente con el fin de verificar el cumplimiento de la no intervención de fuerzas extranjeras en el conflicto “civil”.

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que lo que subyacía debajo del Comité era una política de disimulo ante la agresión de Alemania e Italia al gobierno legítimo republicano, al decretar un embargo de armas que iba en contra precisamente de este gobierno, a pesar de que se decía que era dirigido a las dos partes de la guerra. En lugar de la no intervención, lo que tenemos en realidad es la creación de un ambiente propicio para la intervención extranjera y el despojo del derecho del gobierno republicano a conseguir armas en el extranjero para su legítima defensa.

En desacuerdo con la actitud convenenciera de Inglaterra y Francia, el 17 de febrero de 1937, Lázaro Cárdenas envía una carta a Isidro Fabela, recién nombrado delegado de México ante la Sociedad de Naciones, para ampliarle su concepción del principio de no intervención y cómo debía ser explicado en este organismo cuando México tuviera que manifestarse respecto del alzamiento de los militares en la España republicana.

Previamente, en su entrevista con Cárdenas, antes de salir hacia Ginebra para cumplir con su encomienda, Fabela recibió la instrucción de seguir los siguientes postulados:

“I. México es y deberá seguir siendo un Estado fiel a la Sociedad de Naciones.

II. México cumplirá estricta y puntualmente el pacto de la Liga.

III. México ha reconocido y reconoce como inalienable el principio de no intervención.

IV. Como consecuencia de lo anterior, México se constituirá en todo momento que sea necesario, en defensor de cualquier país que sufra una agresión exterior de cualquier potencia.

V. Específicamente en el conflicto español, el gobierno reconoce que España, Estado miembro de la Sociedad de Naciones, agredido por las potencias totalitarias, Alemania e Italia, tiene el derecho a la protección moral, política y diplomática, y a la ayuda material de los demás Estados miembros, de acuerdo con las disposiciones expresas del pacto.

VI. El gobierno mexicano no reconoce, ni puede reconocer, otro representante legal del Estado español que el gobierno republicano que preside don Manuel Azaña.

VII. En el caso de Etiopía, México reconoce que ese Estado ha sido víctima de una agresión a su autonomía interna y a su independencia de Estado soberano por parte de una potencia imperialista. En consecuencia, la delegación de México defenderá los derechos abisinios en cualesquiera circunstancias en que sean o pretendan ser conculcados.

VIII. En términos generales, México ha sido y debe seguir siendo un país de principios cuya fuerza consiste en su derecho y en el respeto a los derechos ajenos. Consecuentemente, la representación de México en Ginebra deberá ser intransigente en el cumplimiento de los pactos suscritos, en el respeto a la moral y al Derecho Internacional y especificaciones en el puntual cumplimiento del Pacto de la Sociedad de naciones”. (1937 Instrucciones del Presidente Cárdenas a Isidro Fabela).

En la mencionada carta, el general Cárdenas dice explícitamente que la actitud de México en relación con España no se encuentra en contradicción con el principio de “no intervención”. Y agrega que el principio o la frase como el mismo dice, ha sido muy utilizada en la actualidad por la diplomacia europea y ha recibido como consecuencia de las complicaciones internacionales suscitadas por la rebelión española un contenido ideológico muy diferente del que orientó, por ejemplo, a la delegación mexicana que había concurrido a Conferencia de Paz de Buenos Aires, al proponer a la aprobación unánime de las Repúblicas de nuestro continente el Protocolo Adicional a la Convención sobre Deberes y Derechos de los Estados firmada en Montevideo en 1933.

El presidente mexicano aseguró además, que bajo los términos “no intervención” se escudaban determinadas naciones de Europa, para no ayudar al gobierno español legítimamente constituido. De este modo, México no podía hacer suyo semejante criterio, ya que la falta de colaboración con las autoridades constitucionales de un país amigo, era en la práctica, una ayuda indirecta –pero no por eso menos efectiva- para los rebeldes que ponían en peligro el régimen que tales autoridades representaban. Ello, por lo tanto, era en sí mismo uno de los modos más cautelosos de intervenir

La carta termina diciendo que la ayuda concedida por nuestro gobierno al legítimo de la República española era el resultado lógico de una correcta interpretación de la doctrina de “no intervención” y de una observancia escrupulosa de los principios de moral internacional que constituían la base más sólida de la Sociedad de Naciones. A este respecto, continuaba Cárdenas en su carta, procedía recordar que la ayuda material a que aludía, consistía en poner a disposición del gobierno que presidía Manuel Azaña, armas y parque de fabricación nacional, además de aceptar servir de conducto para la adquisición, con destino a España, de material de guerra de procedencia extranjera en aquellos casos en que las autoridades del país de origen -conociendo la finalidad de la compra- manifestaban en forma clara su aquiescencia y dieran, de acuerdo con los procedimientos normales, los permisos reglamentarios.

Cárdenas hizo parecidas reflexiones sobre el concepto de neutralidad, del que, aseguraba, debía haber una clara separación entre los Estados agredidos, a los que se proporcionaba todo el apoyo moral y material que las circunstancias hacían indispensable, y los Estados agresores, para los cuales se fijaba, al contrario, un régimen de sanciones económicas, financieras, etc. La justificación de esta diferencia, plausible en lo que concierne a los conflictos que puedan surgir entre dos Estados libres y soberanos, se ponía aún más de manifiesto en lo relativo a la lucha entre el poder constitucional de un Estado y los rebeldes de una fracción apoyada visiblemente, como en el caso de España, por elementos extraños a la vida y a las tradiciones políticas del país (Carta del Presidente Lázaro Cárdenas a isidro Fabela).

Isidro Fabela responde en términos parecidos a la carta del Presidente Cárdenas, quien lo había nombrado personalmente representante mexicano en la Sociedad de Naciones y quien había aceptado con la condición de tener acceso directo a la figura presidencial, lo que fue consentido sin problemas por Lázaro Cárdenas. En su respuesta, Fabela coincide punto por punto con los postulados cardenistas: “La política de usted en el caso de España, me parece en todos sus puntos, apegada a la justicia y ética internacionales, al Derecho de Gentes y a la fe de los tratados. Esos puntos se refieren a la llamada “no intervención”, a la “neutralidad” y a la ayuda material al gobierno legítimo que preside el señor Azaña.”

Después, critica al Comité de Londres en los términos que ya hemos expuesto líneas arriba, pero al mismo tiempo se duele de que, en un acto de ingenuidad el gobierno republicano haya admitido ese “absurdo estado de cosas” en  la l7a. Sesión Ordinaria de la Asamblea de la Sociedad de las Naciones, cuando “el representante español, Julio Álvarez Vayo (ex embajador en México), después de manifestar con justeza que la fórmula de no intervención era una monstruosidad jurídica, hizo enseguida esta no apropiada declaración contradictoria: “Nosotros aceptaríamos una política rigurosa de no intervención”; advertencia que se realizó en la sesión extraordinaria del Consejo de la Liga (12 de diciembre de 1936) al aceptar el proyecto de resolución que vino a reconocer oficialmente, por parte de dicho Consejo, al Comité de Londres” (Respuesta de Isidro Fabela a carta del Presidente Lázaro Cárdenas).

Obviamente, con esta declaración la defensa de España ante la acomodaticia política de no intervención de Inglaterra y Francia se volvía mucho más complicada, aunque de cualquier manera México se mantuvo incólume, gracias a la política exterior instruida por Lázaro Cárdenas, al lado de la justicia y la legalidad, hasta que los republicanos fueron derrotados, momento en que México abrió sus puertas al exilio español y de otras partes del mundo, en uno de los episodios de más generosidad internacional habidos en nuestro país desde el propio gobierno mexicano.

Lo anterior permite obtener varias conclusiones sobre la interpretación y el manejo que hace Lázaro Cárdenas del concepto de no intervención:

El presidente mexicano tenía una muy clara concepción de los asuntos mundiales y de cómo se estaba conformando la política internacional de su época. Un buen ejemplo de lo anterior es su interpretación del Estatuto de la Sociedad de Naciones, pues ese documento obligaba a los miembros a apoyar al Estado agredido, que en este caso era un gobierno que legítimamente había llegado al poder con un apoyo abrumador en las urnas.

Igualmente contaba con una percepción de cómo México debía participar en los asuntos mundiales, particularmente sobre el reposicionamiento del país y su gobierno en esos asuntos, por medio de la política exterior, como una extensión de la política interior.

Los principios de la política exterior, como ya dijimos la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, no debían ser un motivo para la paralización de la política exterior, con el pretexto de no entrometerse en asuntos aparentemente ajenos en una perspectiva superficial, pero muy cercanos en otra perspectiva más global.

Es, desde luego, una interpretación diferente a las contenidas en las Doctrinas Juárez y Carranza, , pues a mi juicio, mientras en estas tiene un contenido de defensivo vis a vis las agresiones e intervenciones externas padecidas por México durante todo el siglo XIX y parte del XX, en la concepción cardenista hay un contenido no ofensivo, pero si activo; es decir México ya no está preocupado por las intervenciones en su territorio sino por defender las causas de los países y gobiernos legítimos agredidos por fuerzas superiores y necesitados de apoyo en todos los sentidos. Se basa también en la historia nacional, muy probablemente pensando que si México hubiera sido apoyado desinteresadamente por otros países, otra sería la historia de nuestro país.

Hay también diferencias con respecto a la Doctrina Estrada, pues contra lo que esta dice, el gobierno de Lázaro Cárdenas sí se pronunció sobre la legitimidad del gobierno republicano atacado por el levantamiento militar y sí mantuvo su reconocimiento a ese gobierno, incluso como sabemos hasta poco después de la muerte de Francisco Franco.

La interpretación, basada más en una causa superior o en el pragmatismo principista, como lo llama Rafael Velázquez, que hace el general Lázaro Cárdenas del principio de no intervención servirá de base para actuaciones similares de posteriores gobiernos mexicanos, como la del presidente Echeverría en el caso del golpe de estado de Pinochet al legítimo presidente Salvador Allende y luego, cambiando los términos que deben ser cambiados, la del Presidente López Portillo en el caso de Nicaragua, sobre todo en el sentido de que el principio no debe ser un obstáculo para la paralización de la política exterior en caso de una situación de una evidente injusticia interior o internacional. Si queremos alargar la lista, encontramos que Miguel de la Madrid y su secretario de Relaciones Exteriores, Bernardo Sepúlveda, también practicaron el pragmatismo principista o el argumento de la causa superior en el caso de los conflictos internos en Centroamérica en la década de los 80 del siglo pasado, a partir del impulso al Grupo Contadora, que se formó para alentar las negociaciones y la solución a esos conflictos mediante acuerdos pacíficos.

Debe añadirse que el presidente Cárdenas estuvo rodeado de una generación destacadísima de internacionalistas, surgida de la revolución mexicana y de sus elementos sociales más profundos, aquellos que fueron testigos de la desaparición de la Sociedad de las Naciones y del surgimiento, primero del “huevo de la serpiente” y, de inmediato, de la serpiente misma, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, los que diseñaron las estrategias diplomáticas en el período de entreguerras y fueron capaces de crear una doctrina por voz de uno de sus integrantes –la Estrada-, de afianzar los principios de política exterior provenientes de otras doctrinas -la Juárez y la Carranza-, y, al finalizar la segunda guerra mundial, contribuir a la creación de un nuevo organismo mundial con miras a garantizar la paz universal, por supuesto, representando a México con una dignidad igual a como lo habían hecho en la Sociedad de Naciones. (Leticia Bobadilla, 2013)

Pero no solamente esto, fueron también en extremo inteligentes, honestos hasta el delirio y con una capacidad de adelantarse a los acontecimientos, lo que les permitió hacer un exacto pronostico del devenir de la realidad, que los llevaba a plantear propuestas mexicanas de solución a los problemas internacionales que ya se oteaban en el horizonte, como sucedió también con los planteamientos del gobierno de nuestro país frente a los reclamos por la expropiación petrolera, o con la construcción de reglas internacionales de convivencia pacífica en el marco de la división del mundo en dos grandes bloques de poder y del enfrentamiento con armas de destrucción masiva, que por muchos años puso al mundo al borde de la destrucción nuclear.

Lázaro Cárdenas estuvo rodeado de esta pléyade de grandes diplomáticos e internacionalistas decíamos, pero él mismo debe ser considerado como parte de esta generación que tanto lustre le dio a la política exterior de México, terminando el proceso para sacar a México del ostracismo internacional en el que había estado a causa de la Revolución y que se había iniciado plenamente con su ingreso a la Sociedad de Naciones. Cárdenas y su grupo de internacionalistas fueron capaces de interpretar correctamente los signos de los tiempos sobre la catástrofe que se avecinaba y que significó para la humanidad la llegada de la Segunda Guerra Mundial, para así actuar en consecuencia. [ C ]


[1] Incluso, es posible afirmar que el principio de no intervención se encuentra ya en Los Sentimientos de la Nación, de José María Morelos y Pavón, del 14 de septiembre de 1813. Hace poco en un diario nacional, hubo una especie de discusión sobre si los principios son de origen mexicano o no. La respuesta no es difícil de encontrar, pues en efecto no son de origen mexicano, el propio Juárez lo reconoce implícitamente en otra parte de su manifiesto del 12 de abril: “el gobierno de la República, recordando en qué siglo vivimos, qué principios defienden los pueblos civilizados, qué respeto se profesa a las nacionalidades, se complace en esperar que si hay sentido de justicia en los consejos del emperador de los franceses, este soberano, que ha procedido mal informado sobre la situación en México, reprenderá el abandono del camino de negociaciones en el que habían entrado sus plenipotenciarios y la agresión que atentan contra un pueblo tan libre, tan soberano, tan independiente. , como el más poderoso de la tierra”. Luego entonces, no son de origen mexicano, pero México le ha dado una notoria historicidad.

[2]En donde fue admitido como si hubiera sido miembro fundador y sin aceptar la Doctrina Monroe como válida, como sí la había considerado el resto de los integrantes de la SDN.


Fuentes Consultadas-.

Lázaro Cárdenas. Discurso de toma de posesión, 1 de diciembre de 1934. 500 años      de México en Documentos. En: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/ 1934_231/Discurso_de_Toma_de_Protesta_como_Presidente_de_L__1236.shtml

Dirección de Servicios de Investigación y Análisis. Referencia Especializada Subdirección (2006), Informes presidenciales: Lázaro Cárdenas del Río (en línea), México, Cámara de Diputados / Centro de Documentación, Información y Análisis, p. 5, URL: http://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/re/RE-ISS-09-06-08.pdf [consulta: 25 de abril de 2019].

Rosa Isabel Gaytán, La Doctrina Carranza. Práctica internacional y legado doctrinario, Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones Mexicanas, 2018, 583 pp.

Dirección de Servicios de Investigación y Análisis. Referencia Especializada Subdirección (2006), Informes presidenciales: Venustiano Carranza (en línea), México, Cámara de Diputados / Centro de Documentación, Información y Análisis, p. 73, URL: http://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/re/RE-ISS-09-06-01.pdf [consulta: 18 de abril de 2019].

Carta del presidente Cárdenas al Lic. Isidro Fabela, delegado ante la Sociedad de Naciones, sobre la posición de México respecto a la guerra de España, y respuesta de éste. 1937.  Memoria Política de México, https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1937CCE.html

1937 Instrucciones del Presidente Cárdenas a Isidro Fabela. Memoria Política de México, En:   https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1937CCE.html

Isidro Fabela. Cartas al Presidente Cárdenas; la política internacional del Presidente Cárdenas. Estudio preliminar de Fernando Serrano Migallón, Toluca, estado de México, Instituto Mexiquense de Cultura, 1994, 522 pp.

Rafael Velázquez Flores. Principled Pragmatism in Mexico’s Foreign Policy. Variables and Assumptions, Suiza, Palgrave McMillan, 2022, 350 pp.

Leticia Bobadilla, “Alfonso García Robles y su labor diplomática en el Tratado de Tlatelolco, 1963-1967”, en Alberto Enríquez Perea (coord.), Homenaje. Alfonso García Robles. Premio Nobel de la Paz, 1982, UNAM, FCPyS, 2013, 414 pp.