Omar Jayyam, uno de los grandes poetas persas, nació un 11 de mayo de 1048… ¡hace 977 años! ¡Se dice rápido! Aunque su poesía fue escrita en un lenguaje distante y poco común para el lector del siglo XXI, su voz sigue resonando con fuerza, recordándonos que la verdad poética trasciende el tiempo y las palabras.
Sus famosos rubaiyat —breves cuartetos— no solo son joyas de la literatura persa, sino también ventanas a una visión del mundo marcada por la lucidez, la duda y el goce de lo efímero. Jayyam no temía cuestionar los dogmas de su tiempo; entre el vino, el amor y las estrellas escondía preguntas eternas, inherentes a la naturaleza humana: ¿qué sentido tiene la existencia?, ¿qué hay más allá de esta vida fugaz?, ¿es acaso la duda una forma más honesta de fe?
Su obra es un puente entre la ciencia y la poesía, entre la razón y la emoción. Fue un matemático y astrónomo brillante, pero también un místico que encontró en el instante presente un universo entero. Tal vez por eso sus versos han sobrevivido siglos: porque hablan a lo más humano que hay en nosotros, a esa mezcla de asombro, miedo y deseo que nos habita desde siempre.
En sus palabras persiste una invitación sencilla y profunda: vivir intensamente, amar sin medida y mirar el cielo con la misma curiosidad de quien sabe que todo es pasajero, y por eso, inmensamente valioso.
Aquí algunos ejemplos tomados de Omar Jayyam. Robaiyyat. Ed. Hiperión.
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Sobre el origen, la existencia y el misterio del ser
Lo primero que hizo: crearme, ineludible.
la vida no agregó nada, salvo mi asombro;
Sin querer nos marchamos, sin saber el objeto
del venir, del estar y, al final, del marchar.
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Sobre la voluntad, el no haber nacido y el sinsentido
Si de mi dependiera, yo no habría venido;
Si de mi dependiera, yo no me marcharía.
Y lo mejor seria que en este mundo ruin
ni llegara, ni hubiera de partir, ni estuviera.
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Sobre el destino y la libertad
Si yo pudiera hacer la bóveda celeste,
Quitaría de en medio la bóveda de ahora
Para construir otra hecha de tal manera
Que resultara fácil gozar con libertad”
No culpes a las estrellas, al hado ni al destino,
la vida no se escribe en un cielo divino.
Sé tú quien traza el rumbo, aunque el viento no cese:
que el alma es del que elige… no del que obedece
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Sobre el determinismo y la aceptación del ser
Desde que en cierto molde amasaron mi arcilla
Se ha levantado mucho revuelo de esta tierra;
Yo no podría ser mejor de lo que soy,
pues soy tal como me han sacado del crisol.
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Sobre el tiempo y la fugacidad
¡Qué pronto pasa el tiempo! ¡Qué rápido el instante!
El vino se derrama, la copa ya es distante.
No cuentes con mañana, ni esperes más promesas,
que el hoy es lo que tienes… y se va, fulminante.
Sobre el gozo y el presente
Antes que el alma huya del cuerpo prisionero,
antes que la voz calle y se enfríe el sendero,
bebe el vino, ama fuerte, canta con los amigos,
que todo lo demás… es humo y es ligero.
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Sobre la muerte y el sentido de la vida
Cuando yo ya no sea más que polvo en el viento,
y en mi lugar no quede ni un solo pensamiento,
tal vez un alfarero tome mi arcilla seca,
y haga con ella un cuenco… para el vino y el cuento.
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[ C ]

Historiadora (Magister en ciencias históricas) de formación; emprendedora y empresaria florícola.
