Visiones Parisinas

Un grupo de creadores mexicanos que radican temporalmente, en la capital francesa comparten obra reciente a partir de una invitación realizada por Felipe Ricardo Sánchez Reyes, colaborador asiduo de cambiavías.

1. Angel Morales

Escritor, psicólogo y periodista. Publica regularmente en revistas y periodicos, sus más recientes textos aparecieron en Latino Book Review de New York, en la revista de la Société des Hispanistes Française de París, la antología del Mediterranean Poetry Prize en Roma y Letras libres en México. Actualmente estudia un doctorado sobre critica de arte en la Université de Lille. Tiene una novela publicada, El último que muera apague la tele, editorial Cantera Verde

CRÓNICAS DE UN MACHO DECONSTRUIDO (fragmento)

Busqué en el traductor macho deconstruido. Será el título de la novela: Crónicas de un macho deconstruido. No apareció. El programa no conoce la palabra macho. La traduce como hombre. La computadora no sabe de feminismo, mucho menos del lenguaje incluyente. Escribir una novela en francés sin hablar el idioma a través de un programa es interesante de analizar. Yo no podría, pero alguien más serio e inteligente quizá en algún momento lo haga; claro, si logro publicar mi trabajo. Entonces el lector sabría que soy el inconsciente de una computadora. Parece que a la interacción entre escritor-lector se sumará la presencia de un ordenador. Será un trío textual. Tranquilo, también es mi primera vez.

El personaje de la novela no soy yo. Y no soy yo porque normalmente no hablo así. No es mi estilo, yo suelo ser irónico, sarcástico, elegante y conquistador. Y por la traducción se pierde el encanto. Querido lector, temo que no podrá conocer mi alma. La tercera persona definitivamente no la puedo usar porque Lacan ya explicó que eso no existe, es sólo lenguaje. Él prefirió usar la segunda persona para que el lector se sintiera aludido y así prestara más atención; o algo así, la verdad es que no le presté atención. Con la segunda persona siento que me están regañando. A usted, querido lector, no podría regañarlo. Pero tampoco se pase de listo.

Siempre he querido ganar un concurso literario. No me considero escritor sin un premio. Los malditos concursos convencieron a mi generación de que ganarlos es importante. Y ahí estamos la mayoría enviando nuestros textos a distintos lados. Ya he sido finalista, dos veces, de un concurso de novela en mi país. Pero en ambas ocasiones el libro ganador fue una historia sobre migración que ocurre en Estados Unidos. Tiene lógica, si consideramos que los jurados viven en la frontera o en Estados Unidos. Los temas de moda ganan premios. Después de eso comencé a escribir una novela sobre la migración de México a Estados Unidos. Aún no la termino, pero decidí suspenderla para dedicarme a ésta. Por moda, el título quizá me traiga lectores, y el hecho de que la novela no la haya escrito yo, sino una computadora será un plus para el jurado. Y si además le agrego la migración…

 Ya puedo sentir el premio en mis manos.

Hay una ventaja para los premios en francés, el número de cuartillas. En esta época no se puede ser un escritor de novelas breves, te excluyen de todos los concursos. Y mi principal problema suele ser ése, que no he escrito una novela mayor de 200 cuartillas. El francés arreglará eso, se escriben tantas letras que al final no se pronuncian, y que ocupan tanto espacio, que no tendré que preocuparme por escribir relleno. Entonces, ésta será una novela pensada en un idioma distinto, con un montón de letras no pronunciadas, escritas por alguien que no debería estar aquí.

En Francia es muy difícil hacer amigos cuando eres extranjero. Además, después del invierno llegó la cuarentena por el Covid y me la pasé encerrado en este cuarto diminuto durante ocho meses. Aunque no quiero hablar sobre la pandemia. Seguramente saldrán muchas historias y libros al respecto. Siempre hay arribistas artísticos buscando este tipo de temas. No deseo que me junten con esa basura.

Pero el punto es aprender el idioma. ¿Cree usted que para cuando termine mi novela ya hablaré francés? ¿Podré escribir las palabras sin equivocarme? ¿Conocerá el lector en algún momento mi voz? Un escritor con traductor es un futbolista en silla de ruedas. Como pueden ver, escribo desde el fracaso. Pero bueno, lo importante era llegar a Francia. Pronto me levantaré de la silla y volveré a las canchas. Mientras, los errores de tiempo, las incongruencias en la historia, los personajes anodinos y la visión androcentrista podemos atribuírselos a la computadora. Es una máquina y también se equivoca, como todas las personas. Creo que fue Fadanelli quien dijo que el humanismo no se ve afectado en esencia mientras una computadora no pueda emborracharse. Seguramente estaba ebrio cuando se le ocurrió la frase, se la voy a robar; total, en Francia no conocen a Fadanelli.

La ventaja de escribir en otro idioma es que puedo hablar mal de todos sin temor a represalias. Hay muchas personas a las que deseo difamar. Total, esa gente no habla francés (yo tampoco). Así que no hay riesgo de que conozcan mi opinión. ¿Y si son igual de tramposos que yo y utilizan el traductor? Maldita sea, ya no se puede confiar en nadie.

Y luego mi país está lleno de gente envidiosa. Seguro me imaginan bebiendo champagne en Montparnasse o tomando café en Les Champs-Elysées y disfrutando l’apéro con bellas muchachas francesas que no dejan de coquetearme por mi encanto latino. Si en realidad supieran que nunca tengo dinero, como solo dos veces al día y camino a todos lados porque no puedo darme el lujo de viajar en metro; que aún no hago amigos y las mujeres me ignoran; que no vivo en París sino en Lille. Y lo peor de todo: ni siquiera hablo francés. Pero, para corresponder a su odio, mañana subo al internet una foto posando en la Torre Eiffel. Ladren, perros.

Lo difícil no es el clima, la pobreza, el hambre, las clases, la tesis, lo que me mata cada día, desde que llegué, es la indiferencia de tantas mujeres bellas. Nada más salgo a caminar para torturarme. Me frustro y prefiero regresar a encerrarme en la habitación. Estoy por cumplir el año y aún no tengo ninguna amiga. Ayer fui a comprarle al árabe de la tienda de la esquina. Él habla siete idiomas y su recomendación fue la de un erudito: ¿No tienes novia?, ¿y cómo piensas hablar bien la lengua si no has probado el coño francés?

Conocí a alguien que escribía una novela sobre París, pero nunca ha estado en Francia. Utilizaba los mapas del internet. Aparecían las avenidas, los parques, los barrios, pero no aparecían las paredes orinadas, los vagabundos que te piden dinero, los fastidiosos turistas que quieres fotografías o los árabes que venden hachís. ¿Qué se pierde con el traductor? ¿Qué se esconde en mis palabras? El lector va a pensar, este tipo nos está tomando el pelo. Aún no empieza la novela y las páginas avanzan. Pero la culpa la tiene, usted, querido lector, por comprar la novela sólo por el título, la juzgaron mal. Además, no soy el primero en dar un título que no tiene nada que ver con la historia. Ahí está, por ejemplo, El Príncipe feliz de Oscar Wilde, que lo único que deja al final de su lectura son lágrimas.

Enfermé de Covid. Fueron días de encierro. No tenía acceso al sistema de salud. Sacar la credencial que me permite ir al hospital es imposible. Y en Francia nadie te explica nada; nadie te ayuda con temas de la burocracia. No podía asistir al médico. No tenía fuerzas para caminar. No conocía a nadie. No quise avisarle a mi familia en mi país, no hubieran podido hacer nada y sólo se hubieran preocupado. Había tenido alucinaciones con drogas, nunca por una enfermedad. Fueron varios días postrado y con mucha temperatura. Se acabó la comida y sólo tenía salchichas. Una noche, cuando sentí a la muerte respirándome en el cuello, creí que era el final. Lo último que recuerdo fueron lágrimas y el rostro de mi madre. Maldije al país por no darme pronto mi carta para ir al médico, así que con mis últimas fuerzas escribí en mi libreta: “A mí no me mató el Covid, me mató la burocracia”.

Anunciaron otro confinamiento. Qué se vayan al diablo, yo no podré soportarlo. Viajaré en autobús a Barcelona, luego iré a Madrid y desde ahí volaré a México. Ahí, aunque hay el triple de muertes, no podrían cerrar el país. La gente no puede guardarse, su economía no lo permite. Además, a veces me da la impresión que no le temen a la muerte. Suspenderé la novela un rato, justo cuando el macho deconstruido entrará en acción. Ya habrá oportunidad más adelante.

Si suspendí las clases y mi tesis, era obvio que también la novela. Han pasado siete meses desde que me fui a mi país. Quizá haya olvidado algo el francés. Salí huyendo del segundo confinamiento y después hubo un tercero. Las fronteras cerraron y ahora he vuelto, a mitad del verano. Son las 10 de la noche y el sol aún se ve por la ventana. Valió la pena ir a mi país. A veces creí que la gente en Europa se volvería loca, en Oaxaca la gente andaba en las calles muy campantes. En la capital del país ni se diga. Entrevistaron a un señor que organizó un baile en las calles, le preguntaron si no tenía miedo del Covid. Su respuesta fue contundente: “Yo ya estoy muerto, carnal.”

Revisé el correo que llegó durante mi ausencia de varios meses. El gobierno de Francia me quiere cobrar 355 euros, y 36 de multa, por no pagar el impuesto de tener televisión. Debo arreglar eso y, como siempre, nadie sabe nada y nadie te ayuda. Salí del departamento y había varios policías frente a mi edificio. Me sorprendí y pensé en cerrarles la puerta en la cara, subir las escaleras y colarme hasta la azotea. Creí que ellos me mirarían desde la calle y gritarían, apuntándome con sus armas: “Dispárenle, veía gratis los realitys shows de cómo se casan las francesas y cómo se preparan nuestros vinos”. Yo brincaba entre las chimeneas, escondiéndome, hasta que de pronto me di cuenta que otra vez me quedé viendo al infinito, y en realidad seguía en mi puerta contemplando a los policías. Hubo un choque frente a mi departamento y los uniformados me ordenaron que siguiera caminando. Avancé sobre la calle sin haber almorzado y pensaba en lo absurdo que era todo: desde hace años no veo televisión y, lo peor de todo, ni siquiera tengo una.

Por la burocracia de Francia que sigo sin entender, llevo viviendo sin luz poco más de una semana. Entonces debo aprovechar el sol de verano que se esconde hasta las 11 para leer lo más que pueda. La gente está tan acostumbrada al frío que no es común abrir las ventanas. Bueno, yo lo hago, y hace unos minutos un pájaro enorme entró al cuarto. No sé si espantó más él o yo. El muy estúpido se fue a esconder bajo la cama y me provoca cierto temor sacarlo. Ahora nos estamos ignorando, pero llegado el momento, en la ribera de la noche plutónica, le diré: ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio/ enviado por el Tentador, o arrojado/ por la tempestad a este refugio desolado e impávido/ Abandona el busto del dintel de mi puerta. Sólo espero que no se vuelva un Cuervo cuyos ojos tengan la apariencia de un demonio que está soñando y me diga: “Nunca más.”

El Che Guevara le escribía cartas desde Bolivia a Sartre en francés y yo aún necesito revisar mis escritos con el traductor. En Cuba, Reinaldo Arenas prefería hablar en francés para que no lo escucharan los militares, ¿cómo diablos sabía la pronunciación?, aquí la gente luego no entiende el acento latino. Nunca he ido a la escuela de francés porque no tengo dinero y es carísima. ¿Ya dije que soy autodidacta? Mi método es escuchar la radio y leer clásicos en francés. Llevo así un año: he leído a Balzac, Dumas y a Proust completo. Me pasó algo curioso con En busca del tiempo perdido. Uno puede leerlo ya sea en francés o español y llega al punto en que uno se da cuenta que no importa en qué idioma se lea, no se le entiende nada. Andre Bretón le ayudó a corregir a Proust la novela, trabajaron durante varias noches y aún así el libro apareció publicado con más de 200 errores. Imagínense, si esos dos genios trabajando juntos no pudieron evitar las erratas, qué me espera a mí con un traductor en un cuarto sin luz. Maldita burocracia. Cumplo un mes sin electricidad. Sí, un mes. No importa, aún en la en la oscuridad debo comenzar con la novela. El personaje principal debe hacer su aparición:

Después de una extenuante lectura sobre feminismo arrojó sus obras maestras de la juventud porque no podía creer que reflejaran el mundo desde ese punto de vista tan heteropatriarcal.  En cada párrafo de Judith Butler sintió cómo algunas estructuras internas dentro de él se rompían, el macho interior se caía a pedazos y los golpes no lo dejaban mantenerse en pie. Estaba tirado con sus cuentos regados por el piso. Pero no podía quedarse así toda la tarde. Tenía que descolgar su ropa porque comenzaba a llover. Entonces se levantó poco a poco, primero apoyó una rodilla, luego la mano sobre la cama. Apenas logró ponerse en pie y ocurrió la metamorfosis: sintió cómo se transformaba en otra persona, sus estructuras internas se habían acomodado de diferente manera. Finalmente se contempló frente al espejo y no podía creer lo que veía. La leyenda era cierta: se había convertido en un macho deconstruido. 

2. Eduardo Uribe (Iztapalapa, 1980)

Doctor en literatura por la Sorbona Nueva. Ha publicado los volúmenes de cuentos Infiernos particulares (UNAM, 2008), Propaganda, puros cuentos (Legaria, 2015) y Uróboros. Clichés con hocico y cola (Malaletra, 2015), los libros de poesía Vulgar elocuencia (Buenos Aires Poetry, 2025), Prácticas de dispersión (Dogma, 2025), y pronto aparecerá Curso del Loira (Mantis editores). Traductor de Philippe Jaccottet y de Henri Meschonnic.

TRES TRABALEMAS

1

Cuando dices beso

no besas los labios deseados,

el deseo te besa

con labios no besados

cuando dices beso.

2

Jugaba a sacarle jugo

a una fruta que no era jugosa.

Como jugaba sin sentido,

mi jugo era juego sacado

del fruto de mis sentidos.

Juguetones jugos de sentida fruta.

3

Miraba el filósofo el objeto

y se preguntaba por el sujeto.

Y del objeto al sujeto filosofaba

sin comprender cómo estaba sujetado al objeto

ni cómo objetivaba al sujeto.

Se sujetaba a ser objetivo,

aunque se encontrara subjetivo

al mirar su dilema sujeto objeto.

***

DOS TAZAS DE CAFÉ

1

El alba tiembla en la taza.

Retomo el profano gusto de vivir,

el primer sorbo con que me ofrezco al día.

Tímidos, adormilados, ruidos

humanos se afinan ante mis ojos.

Aquí estoy, y apenas lo sé.

2

El sorbo con que me ofrezco al día.

Se evapora el sueño.

Pronto la luz se acomoda

sobre la ciudad repartiendo perspectivas.

Respiro este aire que me sorprende.

Nada aquí es mío y por ello vivo.

***

ZAPATO CON AGUJERO

Pulmón de charcos…

otro me enseñó a lidiar con la fricción

de niño.

Pero no he dejado de andar

desde entonces,

e, incluso descalzo, seguiría caminando.

¿Por qué habría de detenerme

lo que no tengo?

Más fácil es que te frene lo que tienes…

***

3. Felipe Sánchez Reyes (Puebla, 1956)

Ensayista, narrador y traductor. Licenciado en Letras Clásicas y Maestro en Literatura Iberoamericana (UNAM). Coordinador de la Colección Bilingüe de Autores Grecolatinos, dirigida al Bachillerato de la UNAM; profesor-investigador de la UNAM (CCH Azcapotzalco). Su obra incluye: Poesía erótica: Safo, Teócrito y Catulo (UNAM-CCH, 2020), Teócrito: poemas de amor, desamor y otros mitos (UAM-A, 2019); Totalmente desnuda. Vida de Nahui Olin (Conaculta-IVEC, 2013). Es colaborador de diversas publicaciones.

UN MURAL VIVO

Entro al anfiteatro Simón Bolívar con mis zapatos elegantes con tacón bajo que resuenan en la madera, camino hasta el proscenio y miro en torno. Ya ha llegado José Guadalupe Posada con La catrina que mira las labores de Diego Rivera, vestido de overol y pistola al cinto. Éste trabaja en los andamios en los últimos retoques de las modelos de su mural, La creación: Lupe Marín -representa La Fortaleza-, Julieta Crespo –La Prudencia-, María Asúnsolo –La Justicia-, Graciela Garbaloza –El Drama-, Luz González –La Tradición. Sólo faltaba llegar yo, La Poesía Erótica. De repente, Diego al oír mis tacones en la duela se voltea molesto, deja el mural y se dirige a nosotras.

-Al fin están todas, sólo faltabas tú, Nahui Olin que siempre llegas tarde. Ustedes saben, mujeres cultas y liberadas, que nunca existieron, su rebeldía e independencia fue obra de mi vasta imaginación y de mis colores. Yo las creé, les di vida con mi mente, dedos y pinceles. Los cuerpos que sus amantes tuvieron entre sus brazos fue vil cartón que amasé en mis manos, y el líquido que ustedes destilaron entre sus piernas cual fino arroyuelo, fue vil pintura mezclada de baba de nopal con cal que escurrió de mis pinceles. Ustedes fueron mi creación y hoy ya no existen, ya murieron, acéptenlo, son impalpables.

-¡Pinche Diego gordo con ojos de rana! ¡Siempre alardeas de todo y ahora nos insultas con tus sucias palabras! ¡No aceptamos tus pinches palabras hirientes que ya no nos duelen! ¡Tú también estás muerto como sapo abierto! ¡Viniste, igual que nosotras, sólo esta noche del primero de noviembre y a esta hora de la madrugada a recorrer tus lugares queridos y habitados de Mixcalco, San Ildefonso, la Alameda y la ciudad, a recoger tus pasos! ¡Jamás pensaste en regresar al 23 de la Rue du Depart del barrio de Montparnase, París, porque pensaste: si mi alma es pendeja que regrese allá, porque te encontrarías con tu pobreza, con Angelina Bellof, tu primera mujer que abandonaste por mí, y tu hijo que murió a causa de la gripe española! ¡Debes saber que sólo hoy estamos juntos, mas ni tú ni yo volveremos a ver la luz del día, ni el fin del próximo milenio! Pero nosotras sí seremos acariciadas por miles de ojos sensuales de hombres y mujeres posteriores, que seguirán admirando nuestra audacia y emancipación en tu mundo machista y patriarcal. Tú sólo serás recordado por nosotras como pintor del mural que está atrás de tu cuerpo de sapo.

-¡Tranquilos, Diego y Lupe Marín! Tú, Lupe, ya sabes que él siempre se sintió dios, expresa Nahui Olin. Ustedes siempre terminan peleándose en esta fecha memorable, como antes lo hicieron en vida en Mixcalco, después de que te dejó por esta niña “pata de palo” que está a tu lado. Olvidan que sólo estamos unos instantes en la tierra y tendremos que abandonarla junto con Posada y su catrina, como cada año en este día.  Ya empiezan a ocultarse mis guardianas, las estrellas y la luna, y mi amante el sol descorrerá su cortina dorada. Pronto aparecerá el astro que me da la vida, me cargará entre sus brazos cálidos y me llevará a su refugio. Me fundiré en él y me retendrá hasta el año siguiente en que lo dejaré sólo el instante que dura aquí nuestra visita. Vean cómo se están yendo los últimos vestigios de la noche, ya casi son las doce en mi reloj de pulsera y ustedes peleándose ¡qué poca… la de ustedes! Nosotras -nuestra carne y nuestros huesos- nos estamos borrando, desapareciendo y reintegrando al mural.  Sólo un leve polvo de nuestra presencia cae a la duela que, al día siguiente, el barrendero limpiará, confundiéndolo con la cal o la pintura. Ya abre el nuevo día, el dos de noviembre de este año.

-¡Tranquila, Nahui, Nahuila, no corras tan aprisa por irte con tu nuevo amante! ¿No sabías que tu reloj se encuentra adelantado una hora? Olvidas que a partir de este día hubo cambio de horario, afirma Frida.

-Ay, Nahui cabrona, no cabe duda que terminaste muy dañada, que la dura disciplina de tu capitán Agacino en Veracruz, que tu experimento con la mota y con las yerbas del doctor Átl te afectaron los horarios mentales, apoya Lupe Marín.

POSDATA

-Bienvenido, José Guadalupe Posada, siempre tan elegante y del brazo de tu inseparable amante La catrina.

-Hola Diego, ¡qué sorpresa! No esperábamos tu llegada y menos acompañado del brazo de tu Frida y Lupe Marín. Cómo le hiciste para que ya no se pelearan, ni se mentaran la madre en tu presencia como siempre lo hacían, pues ahora las traes muy abrazadas, contentas y felices. ¡Frida, pero si traes un cuerpo envidiable! ¡Déjame admirarte con detenimiento! Date una vueltecita completa y lenta para admirarte; tú, Catrina, no me pellizques ni te pongas celosa.  Pero, ¡si tienes unas piernas perfectas y un cuerpo de Afrodita que no te conocía, unos senos opulentos y un rostro delicado sin bigote, como si el mismo Diego te hubiera moldeado a su placer con sus manos!

-Oye, Diego, ¿no me digas que te entró la misma curiosidad que a nosotras? ¡te juro que no te lo creo! ¿También adquiriste el mismo ¡¡paquete-OFERTA de los empresarios panistas, nietos de la Legión de Maciel!!, en su Agencia Turística de Viajes Caronte que prometía, no sólo tu presencia el viernes 20 de marzo de 1923 en la inauguración de tu mural, La creación, en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Nacional Preparatoria, sino también la reencarnación con la anuencia de tu primo, primate, el arzobispo Beberto Rivera, o bien, el reembolso de tu dinero?

-Claro, Nahui, cómo iba a perderme esa oferta, si ando, como siempre, tan quebrado de lana.  Es más, hasta pedí mucho dinero prestado en la caja de ahorros, El Paraíso, del obispo del Bajío, padrino de Fox y Calderón. Sabiendo que no les iba a pagar y que ya no iba a volver a ver a esos pinches prestamistas a rédito que te exprimen cada mes, me traje no sólo a Frida sino también a mi Lupe, lupita, lupota, lup…, tan buena, tan aguantadora y con su lenguaje de rancho. Pues Frida, después de encontrarme con las manos en la masa de las piernas de la Lupe, me puso dos condiciones: una traerme a la Lupe; y la otra, hacer un ménage á trois, en la primera noche de nuestra reencarnación.

No conforme con eso, andando por Insurgentes Sur vio un sex shop donde entró a curiosear. Ya la conoces cómo es de caprichosa, de ultra revolucionaria y enferma de los nervios. ¿Vas a creer que me obligó a comprarle unos pequeños “caprichitos” que estaban de oferta? 

La ganga-oferta del milenio incluía. Unos senos despampanantes y opulentos de silicón con brasieres indeformables e inflables -por si el injerto no funciona o se le echa a perder-, ultracoloridos -verdes, blancos y rojos, para que se los cambie, según la fecha patriótica-, ultramexicanos y ultrarrevolucionarios, que puedo moldear al placer de mis manos sabias en el placer. Una blusa ombliguera diminuta, entallada, escotada, con tirantes finos para lucir sus nuevos atributos. Una tanga blanca de hilo dental, para darme un espectáculo virtual en el tocador todas las noches. 

Una cintura, modelo María Félix, y curvas prodigiosas de Afrodita antillana. Una diminuta minifalda, color sandía como le encanta, para lucir sus nuevas piernas de modelo. Unas piernas-prótesis de Diana la Cazadora con tatuajes aztecas -pero, aquí entre nos, ella no sabe que la oferta de las piernas incluía un control remoto para traerla a rastras de dónde se encuentre encamada con León Trotsky, Nicholas Muray o sus amigas lesbianas. Un depilado facial para quitarle su mirada de venado a medio morir, sus bigotes excitantes de aguacero y cejas de chango. Y por último, un maquillaje natural y un peinado fashion y ultramoderrrno.

-Pues… te tenemos… una sorpresita, Diego. También a ti te engañaron vilmente estos grandísimos cabrones de la Agencia. Pues primero, nos trasladaron al mismo lugar, pero en fecha diferente; en lugar de 1923, estamos en las primeras horas del 2 de noviembre del 2033.  De manera que olvídate de la inauguración de tu mural. 

Además, ¡no existe la reencarnación prometida de tu pinche primate! Porque ya están a punto de aparecer los primeros rayos del sol y de que cante el gallo. Nuestras voces apenas son un susurro lejano convertido en eco y ya nos estamos esfumando, como otros años. Por último, ¡no nos reembolsarán el dinero! Venimos del local. Fue una agencia fantasma creada por los Salinas que, después de recibir el dinero y de enviarnos en la cápsula espacial, se esfumaron volando con sus inmensas orejas, en esta inmensa ciudad que es el firmamento. Alégrate porque tampoco tendrás que reembolsarles el dinero, JA…JA……JA….