Limestone incense burner. South Arabia. Late 3rd AC. Museo de Louvre. Portada del catálogo "Aden-Marseille. D’un port à l’autre entre Arabie et Méditerranée” (Silvane Editoriale, 2025).

Adén-Marsella: la Arabia Felix en el Mediterráneo

Adén, Yemen

Los hitos que van desde su denominación como Arabia Felix por el geógrafo Claudio Ptolomeo hasta su reconocimiento como República de Yemen son vastos y confirman tanto su conformación sociopolítica a lo largo de su historia como su singularidad en el conjunto de los países de la península arábiga.

Su ubicación en el Mar Rojo; sus características geográficas, con clima y suelo templados, así como su mitológico prestigio por acoger al reino de Saba, le garantizan a este país un sentido estratégico, vigente desde hace siglos y revalidado hasta la actualidad, a pesar de su convulsa situación interna .

La relevancia de Adén, uno de los principales puertos de ese país, en el contexto comercial y la conectividad marítima en general con el Mediterráneo, específicamente con Marsella, es abordada para constatar la importancia de la historia y sus componentes en la interpretación del presente, específicamente la vinculación del sur de Arabia y Europa.

Una exposición y su catálogo

Hace algunas semanas se inauguró la exposición “Aden-Marseille. D’un port à l’autre”, en el Centre de la Vieille Charité, de Marsella, gracias a la colaboración con el museo de Louvre y con el Museo Británico (Londres), el Museo de Historia del Arte (Viena), el Museo Vorderasiatisches (Berlín), el Museo Arthur Rimbaud de Charleville-Mézières y diversas colecciones privadas.

La muestra se sustenta en una veintena de obras yemeníes donadas a la ciudad de Marsella a principios del siglo XX por la Compagnie des Messageries Maritimes y la familia Riès, comerciantes especializados en el comercio del café en Adén. Se exhiben junto con artefactos y archivos y su focus es la relación entre Marsella y Adén, dos ciudades portuarias con historias entrelazadas.

Sus curadores afirman que el objetivo de la exposición es destacar la importancia del puerto mediterráneo en los intercambios comerciales, científicos y diplomáticos de los siglos XIX y XX, subrayando la riqueza y complejidad de la circulación de objetos e ideas, a la vez que el contexto histórico y ético de la formación de las colecciones públicas. Las secciones de la muestra incluyen: los primeros reinos sudarábigos, pasando por la presencia portuguesa e inglesa en Yemen y, en sentido inverso, de la población yemení que arribo a Marsella desde Yibuti, así como un apartado final de expresiones contemporáneas donde convergen las creaciones de Yemen y Marsella presentes en Europa.

El otro elemento fundamental de esta colección es su catálogo bilingüe , titulado “Aden-Marseille. D’un port à l’autre entre Arabie et Méditerranée” (Silvane Editoriale, 2025). Su preámbulo destaca la veintena de obras donadas por los comerciantes a los museos de Marsella, complementadas con préstamos excepcionales de otros museos, los cuales, en conjunto, dan testimonio de la rica civilización que surgió en el siglo VIII a. C. en el sur de la Península Arábiga.

Es una obra excepcional en la cual 15 investigadores desglosan su conocimientoa través de las tres secciones del catálogo: 1) Yemen Antiguo: historia y colecciones, donde se abordan los primeros exploradores en la región y el descubrimiento de la civilización sudarábiga; 2) Marsella y el mar Rojo: tráfico y comercio, siglos XVIII-XX, donde se menciona el periplo del café moka oriundo de la ciudad del mismo nombre en Yemen y su destino final en Europa a través de Marsella; 3) finaliza la obra con un apartado sobre el riesgo que corre el patrimonio cultural de Yemen debido al conflicto interno que afronta. Un aspecto de marcada relevancia en el catálogo son sus materiales gráficos, de singularidad histórica y belleza visual.

El legado

Lo que hace valiosa esta mirada hacia un pasado de enriquecimiento cultural recíproco es la revisión histórica de acontecimientos que han definido la relevancia geoestratégica no sólo de un puerto sino del país en su conjunto, el cual desde 2014 está inmerso en una conflagración intestina, que entre otras cosas ha obligado a tener dos capitales: una oficial y de jure, Saná; y otra provisional y de facto, Adén.

La piedra de toque en esta lectura histórica-arqueológica es recordar que entre el siglo VIII a. C. y el siglo VI d. C., el sur de la Península Arábiga presenció el auge de varios reinos poderosos, siendo el más famoso, Saba. Aunque políticamente independientes, eran culturalmente cercanos y compartían, entre otras cosas, un sistema de escritura común, sofisticadas técnicas de riego, prácticas religiosas comunes y estilos arquitectónicos. En conjunto, formaron la civilización del sur de Arabia, una de las más refinadas del mundo antiguo.

Esta civilización se desarrolló en una región de clima árido y sus habitantes gestionaron el agua mediante vastas presas, terrazas agrícolas y sofisticados sistemas de riego, lo cual permitió el desarrollo de grandes ciudades-oasis y prestigiosos centros religiosos. Por muchos años, su prosperidad residía en el comercio caravanero de incienso y mirra, resinas aromáticas altamente apreciadas en el Mediterráneo y Oriente Próximo.

La civilización del sur de Arabia también se distingue por su excepcional producción escrita: miles de inscripciones talladas en piedra, con su notable estética geométrica, evocan reyes, prácticas religiosas y la vida cotidiana. Estos textos hacen del antiguo Yemen una tierra de escritura y memoria.

Lo fundamental en cualquier recorrido es identificar la ruta marítima entre ambos puertos antes y después de la apertura del canal de Suez. Hasta 1869, la ruta incluía un recorrido que bordeaba África por el cabo de Buena Esperanza,; a partir de la apertura del canal en 1869 el periplo fluyó a través del mar Rojo. La apertura del Canal transformó completamente la región: el tráfico se intensificó y las compañías navieras europeas multiplicaron sus rutas. Así, bajo dominio británico desde 1839 y convertido en puerto franco en 1850, Adén fue una escala estratégica para el abastecimiento de carbón y suministros en la ruta hacia el Lejano Oriente. Por otra parte, el segundo puerto de importancia en Yemen: Hodeida (bajo control otomano desde 1849) se consolidó como plataforma comercial, en particular para el café que antiguamente se exportaba desde Moca.

La consecuencia entre el antes y el después de Suez fue la creciente presencia de los marselleses en Adén, así como la de yemeníes que, con el tiempo, se asentaron en Marsella. Existe gran variedad de testimonios y piezas arqueológicas yemeníes en el puerto galo que sustentan cualquier narrativa actual respecto a la vitalidad de los vínculos entre ambos puntos geográficos y sobre la riqueza cultural de Yemen desde el período preislámico hasta el presente.

Aunque el acceso directo a los vestigios del Reino de Saba por centurias ha sido difícil, ha existido un comercio de artefactos arqueológicos adquiridos en Adén a través de intermediarios locales, quienes conocen la fascinación europea y regional por la antigüedad preislámica. Estas transacciones se realizaron fuera de cualquier contexto arqueológico y se sustentaron en descubrimientos y estudios fortuitos, lo cual reflejó tanto los gustos de los coleccionistas de la época como las rivalidades entre las potencias en la región.

Aunque en varios episodios predomina el comercio del café, también existen personajes que decidieron fondear en Adén, movidos por la curiosidad y el espíritu aventurero, confirmando la conexión de dos mundos. Paralelamente, es visible la presencia de comunidades yemeníes en Marsella en el siglo XX, a menudo procedentes de las tripulaciones de barcos europeos que hacían escala en el puerto mediterráneo.

Un caso memorable en esa dirección fue Jean de La Roque, quien en 1715 publicó un relato de dos viajes desde Saint-Malo a Arabia (Voyage dans l’Arabie heureuse), seguido de un tratado sobre las plantaciones y el comercio del café, el cual describe cómo los marselleses lo introdujeron en Francia desde Yemen. Lo anterior confirma que Marsella se convirtió en un importante centro de distribución para este comercio, redistribuyendo los cargamentos procedentes del Mar Rojo a través de Egipto por toda Europa.

Desde finales del siglo XIX, la colonización británica de Adén y la francesa de Yibuti provocaron una migración considerable. Varias aldeas montañosas del sur de Yemen proveyeron de mano de obra para trabajar en las grandes compañías navieras. El auge de los barcos de vapor generó una gran demanda de mano de obra no cualificada, empleada en las salas de máquinas de los transatlánticos para alimentar las calderas de carbón. Estos trabajadores, reclutados en aldeas enteras, a menudo pasaron por Yibuti, donde obtuvieron la condición de súbditos franceses desde 1912. Posteriormente, muchos se embarcaron en las líneas de la Compagnie des Messageries Maritimes, que conectaba el Mar Rojo con Marsella, convirtiéndola en su primera parada en su viaje hacia Europa, América o el norte de África.

Durante el período de entreguerras, restauradores y propietarios de negocios recibieron a los migrantes yemenís en un barrio cercano a la catedral de Marsella. Estos “marineros”, a menudo confinados bajo la cubierta de los barcos, también trabajaron en los muelles como estibadores o empleados portuarios y, en ocasiones, eran percibidos como competencia laboral en la ciudad. Lo cierto es que algunos de ellos fueron exitosos y obtuvieron recursos que les permitieron volver a Yemen posteriormente y abrir en Adén o en otras ciudades sus propios negocios.

Por otra parte, con el tiempo, una comunidad yemení considerable se fue estableciendo en Marsella. Hasta principios del presente siglo, una asociación local aún reunía a esta diáspora mediante actividades culturales y deportivas. Desafortunadamente, la guerra civil que azota Yemen desde 2015 hace que viajar sea casi imposible. Solo quienes cuentan con recursos y redes transnacionales pueden salir del país, manteniendo al mismo tiempo fuertes vínculos con su patria.