Augusto Monterroso narra en su libro Pájaros de Hispanoamérica (Alfaguara, 2002), una breve conversación con Carlos Martínez Rivas. El guatemalteco dice de antemano: “la intensidad de cuya poesía me es imposible medir o expresar”. Intrigado por la razón y su empeño en no publicar nuevos libros, el nicaragüense le responde: “ ¿Para qué? Si mi libro anterior tiene todavía algo que roer que siga siendo roído como un hueso hasta que no le quede nada”. Entonces Monterroso concluye: “Como pienso que todavía le queda y que siempre le quedará mucho, no insisto, y pasmos a otra cosa”
Por una grata casualidad encuentro, entre papeles y libros ya poco frecuentados, una edición de tamaño pequeño, publicada por el taller nicaragüense: Ediciones Artilugio, de los años 90 del siglo anterior, dedicada a Carlos Martínez Rivas, poeta que vivió, hasta 1998, año de su desaparición, bajo el enorme silencio admirativo en que aún permanece.
Éste, podríamos llamarlo, cuadernillo, recoge poemas antes conocidos y que figuran en otras ediciones y revistas, presentan al creador un tanto elusivo, muy concentrado en su personal escritura. Pero ofrece algo más que la reiteración de varios de sus versos: los reproduce junto con los dibujos que él mismo delineó; no son simples ilustraciones sino comparecencias de las palabras y sus referentes plásticos. Un pareado gráfico que acompañó, si bien con cierto desorden, a su peculiar sentido de las imágenes. Vale la pena leerlos al tiempo de echarles un vistazo, y preguntarse por el poeta y su dibujante. [ C ]






Ciudad de México, 1959. Editor, crítico de arte y promotor cultural, concibe la novela como un gesto esencialmente narrativo, pero esto no lo separa ni del cuidado de situaciones y caracteres psicológicos ni de su manifestación visual.
