Tengo ante mí mirada un ejemplar del Shahnameh, The Epic of the Persians Kings de Ferdowsi, en una edición reciente de 2017, ilustrada y diseñada por Hamid Rahmanian y traducida por Ahmad Sadri. El Dr. Brenden W. Benjamin de la Universidad de St Andrews generosamente me lo compartió y con ello, el acceso directo a uno de los libros fundacionales de la historia y la literatura universales.
Entre los atributos de esta obra está la continuidad y prevalencia que dio al idioma persa, el llamado persa medio, mismo que al momento de su escritura vivía la inmensa presión de la dominante árabe de la islamización iniciada en el siglo VII de nuestra era. El autor, Ferdowsi dedicó al menos treinta años a la escritura de Shahnameh, algunas fuentes consideran hasta cuarenta los años dedicados a su obra. Y los seguidores de su obra elaborarían escritos en el mismo estilo durante varios siglos más, cada uno en gran medida atendiendo al prestigio del gobernante en turno y adornando este con el modo literario y de ilustración del Libro de los Reyes persas.
Abolqasem Mansour bin Hassan Tusi, nació en 940 en Tus en la región de Jorasán, en el noroeste del actual Irán, durante el imperio Samanida. Poeta conocido como Ferdowsi, es el autor del Libro de los Reyes o Shahnameh, libro fundamental de la identidad persa y sustancial para la continuidad de ese idioma en medio de la islamización de toda una región del mundo y que en la historia de Irán ha dado sustento a la concepción de una continuidad dinástica histórica que se remonta a dos o tres mil años antes de nuestra era y llega hasta la derrota persa a manos de los árabes en el siglo VII.
La historia de Persia reflejada en este escrito de sesenta mil versos, tiene a la fecha influencia y es referencia para toda una cultura. Para Reza Shah, padre del depuesto Reza Phalevi, referir a Ferdowsi fue sustancial para la identidad constitucional con la que procuró consolidar su régimen en los años treinta del siglo pasado. A la fecha, aun bajo un régimen autocrático como el de los ayatollah, el poeta sigue siendo un referente de la lengua persa. En gran medida aquella enorme celebración en octubre de 1971, convocada por Reza Pahlavi en Persépolis para conmemorar los dos mil quinientos años del Imperio Persa, sostenía en los versos de Ferdowsi su mitología de continuidad imperial pero, sobre todo, de identidad nacional.
Se trata pues, de una obra con diversos significados; ya sea como referente histórico, como identidad nacional o como elogio al poderoso de acuerdo a la ocasión. Mayormente lo que esta obra significa es la salvaguarda del idioma persa y ello en medio de un proceso de arabización que en muy pocos años de había superpuesto a la pugna entre Bizancio y Persia.
El Shahnameh fue escrito hacia el final del siglo IX de nuestra era, en una región ya dominada por los árabes en su proceso de expansión; para entonces había ya sucedido la revolución abbassida que traslado la capital del Islam de Damasco a Bagdad y que abrió a la igualdad a la totalidad de los habitantes de las regiones conquistadas a cambio de su conversión. Este proceso aceleró la expansión del califato y por tanto sumó culturas y leguajes diversos; en el caso de Persia convivían diversas versiones linguisticas y ciertamente el aprendizaje del árabe encontró resistencia. En la medida en la que la lectura en árabe del Corán dejó de ser obligatoria y se permitió el uso de los lenguajes locales, las expresiones orales persistieron. El trabajo de Ferdowsi sumó precisamente tradiciones orales y su creación poética en la versión denominada “persa medio”, un idioma de amplia expresión tanto verbal como escrita y ello dio a su libro una relevancia especial. De hecho, se considera que el propio idioma persa persistió históricamente por la sólida estructura y léxico del Shahnameh, convirtiéndose así en el libro fundacional de la lengua persa, algo que podemos encontrar en la obra de Cervantes para el español o de Shakespeare para el inglés, entre otros ejemplos.
Ferdowsi mismo cierra sus narraciones con este verso:
Magníficos edificios decaen por el paso del tiempo
Y la exposición a los elementos arruina incluso una casa de piedra
Pero el edificio poético que he construido en rima
Deberá resistir al contagio de la lluvia y el sol.
Por tres décadas he así sufrido para restaurar
Esta lengua persa y ahora mi trabajo está hecho.
El Islam surgido en la ciudades de Medina y Meca en la península arábiga, logró una impresionante expansión territorial y cultural en poco años a partir de la hégira de Mahoma, en el 622 de nuestra era (y año uno para el Islam). Con los denominado “califas bien dirigidos” que dirigieron a los musulmanes luego de la muerte del Profeta en 632 y hasta el 661, la religión dominó la península mediante el control de las diversas tribus beduinas como los Tayy, los Ghatafan, Fezara, Hawazin, los Thaqif y los Béni Asad; todos las cuales se insurreccionaron a la muerte de Mahoma y llevaron por un momento a la casi desaparición de la recién nacida religión monoteísta en una tierra sembrada de creencias politeístas. El establecimiento de la dinastía Omeyya de Damasco cambiaría radicalmente el carácter beduino del Islam y en coincidencia con varias décadas de enfrentamientos territoriales entre los imperios Bizantino y Sasánida, el Islam irrumpió como una fuerza militar, religiosa y cultural que llevaría en tan sólo 20 años (632 a 651) a dominar todo el imperio sasánida y la mitad de Bizancio. El califato Omeyya que dirigió la expansión hasta 750, impuso la islamización de las regiones conquistadas, haciendo del árabe la lingua franca de esas tierras. Como el judaísmo y el cristianismo, sustentaron la opción monoteísta en un libro religioso, en este caso el Corán, mismo que a semejanza de otras religiones, parte de la recopilación verbal de las enseñanzas, en este caso de Mahoma, para construir una versión escrita considerada como sagrada. En ese momento el crecimiento de la religión musulmana se daba en función de los triunfos guerreros y los Omeyya establecieron una clara división entre “los primeros” conversos y los sucesivos, así mismo extendieron el provecho de la conquista a los conversos árabes, pero no a los de otras etnias; es decir, no era suficiente la conversión para gozar a plenitud de las ventajas del triunfador Islam. Esto cambiaria en 750 con la denominada “Revolución Abbassida”, que al eliminar esa diferencia sumó tanto tierras como poblaciones a un imperio que ya se extendía por sobre todo el norte de África y la mayor parte de la actual España, así como Asia Menor y Asia Central. Al final de la dinastía Abbassida en el 945, el árabe se había convertida en la legua principal del enorme imperio, en el idioma de la ciencia, la literatura e incluso de la salvaguarda de buena parte del conocimiento universal al traducir al mismo numerosas obras provenientes de otras culturas, ,más al mismo tiempo, en cada región permaneció la huella cultural previa y en regiones como Persia fue su idioma el dominante aunque en muchos de los negocios de gobierno el árabe fuese utilizado.
En el contexto dominante de la arabización el trabajo de Ferdowsi resalta aún más pues al escribir su extenso poema en persa, permitió tanto la supervivencia lingüística del mismo como del propio contexto cultural persa. Un aspecto destacable resulta la vinculación que el autor logra entre la cultura pre islámica en Irán y la resultante de la irrupción del Islam en la región. La continuidad histórica que presenta da certeza a la continuidad del complejo cultural persa que sería luego elemento para la argumentación de continuidad dinástica en otros períodos al alegarse pertenencia al Shahnameh, por parte de reyes posteriores a la narración de Ferdowsi.
A lo largo de la obra, el autor combina la narración de hechos históricos que destacan especialmente tanto las hazañas como las derrotas bélicas; no ahorra referirse a las debilidades humanas de los reyes y su entorno y la frecuente admonición hacia el cielo es mensaje de humildad ante elementos más poderosos en la forma de dioses o de elementos de la naturaleza que se superponen a la voluntad del monarca. Los versos al principio o al final de cada suceso tiene un cierto sentido de consejo sin necesariamente llegar a ser preceptos morales pero si de resignación ante lo sucedido. Por ejemplo, cercano a su muerte el rey Kay Obad retirado en su palacio de invierno en Fars, luego de muchos años de gobernar –un siglo entero según Ferdowsi–, ante la cercanía de su muerte llama a su lado a su hijo primogénito, Kay Kavous, para aconsejarle ser justo y generoso:
“… Si gobiernas con justicia serás recompensado en este mundo y en el siguiente. Si desenvainas la espada de la injusticia, serás muerto por ella. “
Con estas palabras el rey intercambió su palacio por un arcón de madera.
Un féretro se convirtió en su casa cuando dejó este mundo atrás.
Venimos del polvo y es ahí en donde el destino nos pone a descansar.
La sucesión de aventuras que narra Ferdowsi, destacan la vulnerabilidad de los gobernantes a los consejos interesados de toda clase de interlocutores, demonios disfrazados de músicos, asesores corruptos y es bastante más la lealtad de unos cuantos y las señales divinas las que permiten reencausar el mal camino. Aún entre reyes exitosos la tentación de la ambición y la gloria parecen ser amenaza latente. Por ello tal vez, los reyes benévolos y justos tienen reinados largos en tanto que aquellos que no tienen límite a sus deseos arrastran a la nación persa a campañas inútiles y derrotas relevantes. En ese sentido el autor se presenta desde la discreción como un consejero pulcro y desinteresado lo que le permite ser narrador autorizado de la sucesión dinástica de Irán.
El Shahnameh es tanto fuente histórica como literaria, destaca su importancia como pilar de la lengua persa, pero también ilustra la fortaleza de un imperio que aún derrotado e islamizado, conservó su identidad propia, influyó notablemente en formas más incluyentes de expansión religiosa, como la muestra la continuidad de diversas religiones en su propio territorio. La literatura mogol, sus ilustraciones y poemas se entienden en buena medida por la influencia de la obra de Ferdowsi; tal vez por su propia vida cercana a la Transoxania y que, en medio de las rutas comerciales que llevaron al Islam y trajeron mercancías, el Shahnameh y su influencia viajaron con facilidad hacia los confines del Islam. Incluso la naturalidad indígena del Islam en las lejanas tierras del Asia Pacífico se explica mucho más por la influencia persa que por la virulencia árabe de los Ommeyyas o los Abbassidas como lo refiere Ibn Battutta en su obra A través del Islam.
Sea esta una invitación a sumar a nuestras lecturas la épica de los Reyes Persas, en ese rincón de nuestra biblioteca que contiene ya los tesoros helénicos, latinos, ibéricos y europeos. [ C ]

Miembro del Servicio Exterior Mexicano. Ha estado adscrito en las embajadas de Israel y Bélgica, además ha sido jefe de cancillería en la Embajada de México en Reino Unido, titular del consulado de México en Guangzhou y Embajador en Hungría. En México estuvo comisionado en las secretarías de Desarrollo Social, de Gobernación y en la Presidencia de la República. Fue presidente de la Asociación del Servicio Exterior Mexicano (ASEM) de 2021 a 2025.
