El pensamiento económico: del legado a la praxis

«Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros es pobre y miserable». Adam Smith

La riqueza del pensamiento

Hace 250 años Adam Smith expuso con notoria brillantez los argumentos que a su juicio explican la generación de la riqueza en un sistema económico. Las ideas centrales de su análisis residen en la división y en la productividad el trabajo, así como en la propagación del mercado, que son detonadores de la producción y, por ende, generadores de riqueza.

A diferencia de lo que algunos economistas divulgan respecto a la teoría clásica de Smith -énfasis en el libre mercado y la mínima intervención del Estado- otros autores leen una ponderación del rol del Estado en la economía y la importancia del interés público (bien común).

En este sentido, el Estado resulta determinante para garantizar un marco institucional propicio para el desarrollo de la industria y el comercio en condiciones de justicia y seguridad. Por otra parte, el Estado se encarga de una función primordial y estratégica en la actividad económica, cuando decide invertir recursos en áreas de oportunidad que no resultan de inicio rentables para los emprendedores privados. 

La Riqueza de las Naciones de Adam Smith es una magna obra de suma relevancia en la construcción de la ciencia económica. La teoría económica clásica contiene las bases del modelo que sistematiza los conceptos centrales y permite una explicación articulada y consistente del sistema económico.

El modelo teórico de Adam Smith sienta los fundamentos en los que se desarrolla el pensamiento económico: la crítica del sistema capitalista sustentada en el marxismo y la teoría neoclásica marginalista que aboga por el libre mercado.

En ese sentido, la teoría económica clásica es el marco de las escuelas del pensamiento económico. Así, la pertinencia de referirse a los pensadores de la antigüedad; los mercantilistas; los fisiócratas; los economistas clásicos; el marxismo; la escuela neoclásica marginalista; el keynesianismo; el post keynesianismo; el monetarismo, y la teoría del desarrollo económico, principalmente.

La ciencia económica, a diferencia de otras disciplinas, no está constituida por un cuerpo teórico único que explique la totalidad de sus problemas, es decir, su objeto de estudio en general. A diferencia de las ciencias “duras”, la generación del conocimiento en la Economía no es acumulativa.

En ese sentido, resulta importante estudiar a los economistas de épocas anteriores ya que sus teorías no necesariamente están invalidadas. Sus trabajos indagan sobre los problemas y objetos de estudio pertinentes en su momento histórico y sus afirmaciones resultan pertinentes en la discusión de los fenómenos actuales.

El contexto histórico y el nivel de desarrollo es fundamental para comprender las políticas económicas. Al respecto, es paradigmático el caso de los países latinoamericanos donde surgió una teoría estructuralista del desarrollo. Con ello es clara la impertinencia de repetir automáticamente las fórmulas que se derivan de las teorías surgidas en los centros académicos de los países industrializados y la necesidad de discutirse las opciones desde la perspectiva del pensamiento crítico. 

El pensamiento enriquecido

En México, una de las figuras más sobresalientes en el marco del pensamiento económico fue Don Jesús Silva Herzog, un librepensador potosino, artífice de la expropiación petrolera en el mandato cardenista, funcionario público probo, economista destacado, con una extensa y prolífica carrera académica.

Su ideario incluía la visión de la ciencia económica como una disciplina en esencia social, apoyada en suficientes recursos técnicos como la matemática y la estadística, pero sin perder de vista su objeto central: la complejidad del ser humano y la prioridad del bien común.

La “Economía es una ciencia social que estudia cómo se producen y distribuyen los bienes materiales y cómo debieran producirse y distribuirse; […] su objeto no es la riqueza por la riqueza misma, sino un medio para mejorar al hombre en todos los aspectos esenciales de su existencia individual y colectiva.” 

Silva Herzog suscribió con énfasis la tesis relativa al valor de las contribuciones de los economistas en el pasado, cuyas teorías respondieron a la realidad objetiva de su tiempo y circunstancias.

Asimismo, con prudente reserva, postuló que, ante las diferencias de desarrollo económico entre las naciones, se impone analizar con espíritu crítico los planteamientos teóricos, ya que muchas veces se suscriben y se adoptan como políticas económicas infalibles en los países menos industrializados.

A su juicio, el perfil de un buen economista incluye el manejo solvente de las herramientas técnicas, sin perder el enfoque en las preocupaciones sociales y en el pensamiento libre y abierto que fomente la capacidad constructiva y creadora. 

Puntilloso sentenció:

“[…] no es lo mismo reconocer que las matemáticas son herramientas útiles y aun necesarias al economista, que sostener que la Economía es una ciencia matemática porque se ocupa de cantidades. […] no hay que ver el paisaje por una estrecha claraboya, porque será fragmentario y engañoso, sino por amplios ventanales abiertos a todos los rumbos.” 

Silva Herzog fue un pionero en los estudios y la investigación económica en México Su extenso y profundo legado resuena en las conciencias de las generaciones actuales. Su ideario ha inspirado a muchas generaciones de jóvenes economistas, quienes al influjo de sus ideas se han iniciado en los derroteros del pensamiento económico y la práctica profesional de la apasionante Economía.

“Hace algo más de 40 años que camino por el terreno movedizo y sinuoso de las ciencias sociales: estudios económicos, sociológicos, geográficos e históricos. Mi preferencia ha sido la economía política.” 

El enriquecimiento del conocimiento 

En la década de los años sesenta, en pleno auge del desarrollo estabilizador, fue fundada la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana por iniciativa de Roberto Bravo Garzón, quien posteriormente fungiría como Rector de esta institución educativa.

La importancia y trascendencia de la actividad económica en el país y en la región tornaron indispensable que la educación superior se ocupara de los problemas y fenómenos económicos desde una perspectiva académica que incluyera y vinculara la docencia y la investigación. Años después, agotado el impulso del milagro mexicano, el país conocería los estragos atribuibles a la falta de crecimiento económico.

Durante la segunda mitad de la década de los setenta, la amenaza de crisis económica ensombrecía el horizonte nacional y repercutía en los claustros de la educación superior, donde los académicos se esforzaban por analizar y explicar los fenómenos emergentes que sacudían la estructura económica del país.

Justo entonces, a tono con el panorama dominante, en la Facultad de Economía decidieron transformar el plan de estudios de la carrera, de forma tal que respondiera a las nuevas condiciones que predominaban en la economía nacional. Las nuevas generaciones de economistas deberían contar con las herramientas y la formación académica que exigían los nuevos tiempos.

Esta circunstancia coincidió con la llegada al país, en este caso concretamente a la ciudad de Xalapa, de un grupo de exiliados políticos que huían de la feroz represión desatada en Argentina por la Junta Militar. Se trataba de profesores universitarios formados en economía, matemáticas y estadística, quienes se incorporaron a la facultad. 

Sin duda fue trascendente la contribución de un destacado grupo de profesores universitarios procedentes del cono sur, quienes se sumaron con entusiasmo al fortalecimiento del plan de estudios, impulsaron la pluralidad de sus contenidos y ejercieron la cátedra con apertura y rigor académico.

En estos años, en nuestra facultad era notoria la necesidad de fortalecer el proyecto de Bravo Garzón. Ya era imperativa una transformación profunda del plan de estudios y reconstruirlo desde una visión cimentada en las diferentes escuelas del pensamiento económico. Lo fundamental era trascender el modelo de estudio vigente y transitar de las recetas de manual al estudio concienzudo y crítico de las fuentes originales de la teoría económica. Como existió la apertura suficiente para respaldar e impulsar estas ideas, se arribo a un nuevo modelo con la participación de todo el cuerpo académico.

Muchos nos beneficiamos, directa e indirectamente, de esta contribución académica. Hoy, con motivo del 60 aniversario de la Facultad de Economía, es justo reconocer el genuino aporte de esta comunidad, su significativo esfuerzo en pro del fortalecimiento académico, que reivindicó la importancia de las escuelas de pensamiento económico y la necesidad de abrevar directamente en las fuentes originales.

Un proceso significativo que importa recordar en el marco de los 250 años de la publicación de la imprescindible obra de Adam Smith, padre de la Economía.[ C ]