Carlos Fuentes y el 11-S: una mirada desde Brownsville

Al conmemorarse el 25.º aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono, en Washington, D. C., así como del secuestro del avión que cayó en Pensilvania, surgen preguntas inevitables: ¿dónde estábamos y qué recuerdos conservamos de aquel día?

Al evocar aquel trágico acontecimiento, vuelven de inmediato a mi memoria las circunstancias profesionales en que me tocó vivirlo, lejos del lugar de los hechos.

Para los Estados Unidos, este ataque de alcance internacional, perpetrado en su propio territorio, tuvo consecuencias profundas tanto en la vida interna como en su relación con el mundo. La identidad de los atacantes y la vulnerabilidad que dejaron al descubierto impulsaron una redefinición de la seguridad, la defensa y la política exterior del país.

Para México, vecino de los Estados Unidos, el impacto fue inmediato: se cerraron los cruces terrestres en la frontera y se suspendieron los vuelos, lo que alteró la vida cotidiana a ambos lados de la línea. Más adelante surgieron importantes consecuencias migratorias y de seguridad, así como la necesidad de revisar aspectos de la política exterior mexicana y, en particular, de la relación bilateral.

En ese contexto, al recordar lo vivido hace veinticinco años, vuelvo a 2001, cuando fungía como cónsul de México en Brownsville, Texas, cargo que desempeñé de julio de 1997 a octubre de ese año. En aquellos días concluía mi gestión y me preparaba para trasladarme a Las Vegas, Nevada, donde iniciaría las gestiones para abrir el Consulado de México.

Durante los meses previos habíamos participado en las gestiones para la visita del escritor Carlos Fuentes a The University of Texas at Brownsville and Texas Southmost College (UTB/TSC), programada para los días 10 y 11 de septiembre de 2001. Fuentes sería el invitado principal de la tercera edición del programa Distinguished Lecture Series.

Carlos Fuentes estuvo acompañado por Alfonso de Maria Campos, director general del Programa de Comunidades Mexicanas en el Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores, quien entregaría recursos a UTB/TSC para crear un fondo de becas destinado a estudiantes de origen mexicano.

El 10 de septiembre, la universidad ofreció una cena privada en honor de Carlos Fuentes, a la que asistieron diversas personalidades académicas. Para el día siguiente se había programado una serie de encuentros sobre su obra con estudiantes de preparatoria y universitarios. Por la tarde, ofrecería una conferencia magistral en el auditorio del nuevo edificio de Ciencia, Ingeniería y Tecnología de la institución.

La mañana del 11 de septiembre, mientras las noticias sobre los atentados continuaban sucediéndose, Carlos Fuentes canceló algunas actividades, pero mantuvo sus conferencias en la universidad. La gravedad de los hechos atrajo a los medios de comunicación, que solicitaron su opinión. Fuentes reflexionó sobre las repercusiones que aquellos ataques, sin precedentes para los estadounidenses, tendrían en la relación de ese país con el mundo y, en particular, con México.

El cierre del espacio aéreo estadounidense impidió que Carlos Fuentes continuara el viaje que tenía previsto a Nuevo México al concluir sus actividades. Como también se había cerrado el tránsito terrestre en la frontera, el Consulado gestionó su traslado a Matamoros y, desde allí, su viaje a la Ciudad de México. Posteriormente se dirigiría a Ciudad Juárez para continuar por carretera hasta Santa Fe, Nuevo México.

Días después, me sorprendió, al igual que a la gente  de la universidad, leer en una columna de opinión de Carlos Fuentes, publicada en un diario mexicano a propósito de los atentados, diciendo que el 11 de septiembre de 2001 había estado en Santa Fe y no en Brownsville, Texas.[₪]