Un Mexicano en París: Alfonso Reyes (1925–1927)

Publicado en 2025, en el umbral del centenario de la llegada de Alfonso Reyes a París como diplomático, Alfonso Reyes, dos años en París 1925–1927 es un libro que se sitúa en la frontera entre el ensayo histórico, el catálogo de exposición y la biografía intelectual. Coordinado por Guillaume Pierre, ex cónsul general de Francia en Monterrey y actualmente Embajador de Francia en Trinidad y Tobago; David Noria, escritor inclinado a las letras clásicas, la filosofía y la historia de la lengua española, y Adolfo Castañon, narrador, ensayista y poeta, el volumen reconstruye la misión diplomática de Reyes en Francia (enero 1925–marzo 1927) y, al mismo tiempo, reactiva su figura como puente entre México y Europa en un momento clave de la consolidación del Estado posrevolucionario.

El libro no pretende ser una edición crítica de textos de Reyes ni una biografía exhaustiva. Su apuesta es más modesta y, a la vez, más ambiciosa en términos de público: ofrecer una narración accesible, apoyada en imágenes y documentos, que permite a un lector no especializado comprender qué hizo Reyes en París, con quién se relacionó y por qué esos dos años son relevantes para entender tanto su trayectoria como las relaciones culturales entre México y Francia.

La obra discurre con una estructura en forma de relato cronológico que comprende la estancia (llegada, instalación en la embajada, actividades protocolarias, gestiones diplomáticas, eventos culturales y salida en 1927), una reproducción comentada de fotografías, cartas, recortes de prensa y registros diplomáticos, y breves ensayos o acercamientos personales que contextualizan la política exterior mexicana de la época, el ambiente intelectual parisino y el lugar de Reyes frente a otros congéneres de la literatura hispanoamericana con quienes coincidió en la ciudad Luz. De esta manera, gracias a las imágenes y los documentos exhibidos, el libro puede leerse como el catálogo de una exposición al proporcionar un marco narrativo y una explicación histórica.

Uno de los mayores aciertos del volumen es su capacidad para mostrar la diplomacia como práctica cultural. Lejos de reducir la misión diplomática de Reyes a una serie de gestiones protocolarias, Noria y Pierre, además de Adolfo Castañon, Fabienne Bradu, José Luis Martínez y Hernández, Víctor Barrera y Javier Garcíadiego, logran presentar a la embajada como un espacio de sociabilidad intelectual, un lugar donde se negocian tratados, pero también se componen poemas, se organizan conferencias y se tejen redes entre escritores, académicos y funcionarios. En ese sentido, el libro aporta a una línea de reflexión cada vez más presente en los estudios alfonsinos: la de entender a Reyes no solo como ensayista y maestro del Colegio de México, sino como un de diplomático intelectual cuya influencia es evidente en instituciones como la Casa de México en Francia y en el lenguaje mismo de la cooperación cultural bilateral.

La obra nos recuerda que durante esos años Reyes gozaba del reconocimiento de figuras como Saint-John Perse, Paul Valéry y Valery Larbaud, y que su prestigio se extendería después sobre generaciones de escritores latinoamericanos, desde Jorge Luis Borges hasta Octavio Paz y Carlos Fuentes. Otro punto fuerte de la obra es su claridad expositiva. El texto evita el tono hagiográfico y el despliegue erudito innecesario; prefiere una prosa informativa, casi periodística, que facilita su lectura. Para quien se acerca por primera vez a la figura de Reyes, el libro funciona como una puerta de entrada eficaz ya que sitúa al personaje, explica el contexto y ofrece referencias a los interesados para profundizar después en otras obras especializadas.

Paradójicamente, esa apuesta por la accesibilidad marca los límites del libro. En varios momentos, la obra se queda en un nivel descriptivo que no termina de explotar el potencial crítico de su objeto. La reconstrucción del hacer internacional de México durante los años veinte es correcta, aunque algo genérica ya que, si bien se la misión de Reyes se inserta en la estrategia de los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, no se evocan más detalles en temas como el ingreso de México a la Sociedad de Naciones y la negociación de tratados comerciales y de amistad con Francia.

Es claro que el tratamiento de la vida intelectual parisina es más evocador que analítico. Se mencionan salones, revistas y círculos literarios, pero ¿quiénes eran los interlocutores habituales de Reyes? ¿Qué revistas le publicaban? ¿Cómo se articulaba su escritura en español con el campo literario francés? La relación entre la diplomacia y la creación literaria de Reyes en esos años se esboza sutilmente. Aunque sabemos que en la década de 1920 Reyes publica obras clave como “Pausa” (1926) e “Ifigenia cruel” (1923, con resonancias posteriores), y que su reflexión sobre la tragedia griega y la modernidad se nutre de su experiencia europea, el libro no exhibe plenamente cómo la escritura de esos años dialoga con su función diplomática, ni cómo París modifica su concepción de la literatura y de América.

Desde el punto de vista editorial, el volumen es cuidado: las imágenes son nítidas, la diagramación es clara y el tono visual definitivamente plasman la idea de un recorrido minucioso por su estancia parisina. Las referencias bibliográficas son robustas, con indicaciones precisas de archivos, fondos documentales y ediciones de referencia.

Sin duda, “Alfonso Reyes, dos años en París 1925–1927” es una contribución valiosa al campo de los estudios alfonsinos y a la historia de las relaciones culturales México–Francia. Su mayor virtud radica en su capacidad para poner en escena la diplomacia cultural de Reyes: mostrarla no como un conjunto abstracto de políticas, sino como una práctica concreta, encarnada en gestos, encuentros, lecturas y escrituras.

En un momento en que la diplomacia cultural vuelve a estar en el centro del debate público —y en que México busca reposicionar su imagen en el mundo—, recordar la experiencia de Reyes en París más que un ejercicio de nostalgia es una invitación a pensar modelos de representación y cooperación que sigan siendo relevantes. En ese sentido, la trasciende un episodio del pasado ya que interpela, de manera indirecta, nuestras propias prácticas de diplomacia cultural en el presente. [₪]


Adolfo Castañon, David Noria y Guillaume Pierre (editores). “Alfonso Reyes, dos años en París 1925–1927.” Monterrey: Fondo Editorial de Nuevo León / IFAL, FIVS, Consulado General de Francia en Monterrey, 2025.