90 Años de Fernando del Paso

Para conmemorar los 90 años del nacimiento de Fernando del Paso, el Colegio Nacional organizó una mesa redonda el pasado 27 de mayo. Juan Villoro coordinó el encuentro en la sede del Colegio; participaron Carmen Villoro, Carlos Mariscal de Gante, Alejandro Espinosa Fuentes y Élmer Mendoza, quienes abordaron algún aspecto de la vida o de la obra del “escritor de los colores vibrantes”.

Con diversos matices de profundidad en sus disertaciones, los participantes hablaron del novelista, poeta, ensayista y artista plástico Fernando del Paso, quien consolidó su lugar en la literatura hispanoamericana con obras como José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987). Se confirmó lo que alguna vez dijera Christopher Domínguez Michael del conjunto creativo de quien también fuera representante diplomático de México en el Reino Unido: “el canto del cisne del realismo mágico latinoamericano que exploró desde los conflictos sociales de México hasta los laberintos del cuerpo humano y la memoria colectiva, siempre con un humor irreverente y una prosa eléctrica”.

En la mesa redonda, Carmen Villoro refirió a quien recibió el Premio Cervantes en 2015 como una celebración de vida. Para ella, conmemorar el nacimiento del literato era un ejemplo destacado del homo ludens, del hombre que juega. Así, destacó su entusiasmo por el disfrute de las cosas, empezando por su ropa y refirió los colores característicos que él disfrutaba: verde, amarillo, morado, entre los más vistosos.

Para Carmen Villoro, él representaba un “body artist” ya que utilizaba su ropa y los colores para expresarse ante el mundo. De carácter siempre gozoso, era mitad hombre y mitad ave que se inventaba a sí mismo con sus creaciones, afirmó.

También destacó su gusto por los colores en su obra pictórica. Un talento que, según Carmen, fue relegado por años a un plano secundario. Su mano izquierda habló por esas expresiones. Escribió derecho, pintó izquierdo, logrando un equilibrio en esa construcción poética y pictórica de sus propios castillos en el aire. Algo también tangible durante toda su vida es que le pinta la rayita a la muerte, celebrando siempre la vida.

De su vida en Londres, donde entre otras cosas escribió un libro de cocina con su esposa Socorro, Carmen Villoro rescató la anécdota de la camisa del poeta José Carlos Becerra, quien se hospedaba en su casa cuando tuvo su fatal accidente automovilístico durante un viaje por Italia. Fernando del Paso halló la prenda en la recamara donde Becerra dormía y la usó en diversas ocasiones como un homenaje, como un recuerdo de su amistad.

Como detalle final de sus recuerdos, Villoro destacó algo que no revelan sus escritos: su curiosidad insaciable por todas las cosas, que lo llevaba a enumerar profesiones que él pudiera practicar para acercarse a los universos de la vida y del universo.

La ponencia de Carlos Mariscal de Gante fluyó por otros rumbos, comenzando con algunos detalles de Palinuro de México, que, desde su punto de vista, trascendió géneros, aproximaciones y voces literarias.

Dijo que inició la lectura de esta obra antes de la muerte del autor (2018) y que la consideró una obra desaforadamente divertida a través de las andanzas de Palinuro y su prima Estefanía por algunas de las cantinas que circundan la plaza de santo domingo. Sin duda, comentó, es una valiosa impronta narrativa que incluye momentos y episodios de 1968.

En otro momento, mencionó aspectos de José Trigo y de cómo Del Paso y otros escritores latinoamericanos reconocieron el efecto que tuvo en su creatividad la lectura fecunda de las obras de James Joyce. En el caso de José Trigo su composición asemeja la arquitectura de una pirámide azteca debido a los momentos y al estilo estético que aplicó, rasgo que lo aproxima a la reinvención de Joyce con su Ulises. Destacó las similitudes constructivas en las obras de Joyce y Del Paso y subrayó que ambos comparten la técnica narrativa del llamado flujo de conciencia, que permite conocer los aspectos más recónditos de los personajes.

Otro aspecto que aproxima a ambos es la asunción simultanea de tradiciones literarias antiguas y modernas un modo único de leer su propio tiempo. En ese ámbito, la mirada de Fernando del Paso hacia México y hacia el mundo desde Londres lo aproxima y confirma sus similitudes con Joyce, afirmó.

Y al referir a Joyce y su alma cosmopolita, la inevitable referencia fue Cyril Conolly, quien realiza una autopsia del mundo literario de su tiempo en su fundamental The Quiet Grave (La tumba inquieta o La tumba sin sosiego). Mariscal de Gante explicó que Del Paso leyó esta obra mientras estaba convaleciente del cáncer que adoleció, lo cual motivó que se volcará con ahínco en la confección de su famosa obra ya que consideraba que sería la última.

Como sobrevivió a este enfermedad, decidió aplicar la máxima de Conolly de escribir otra obra para convertirla en una obra maestra y así se volcó a la creación de Palinuro de México, que se puede considerar una reinterpretación del mito virgiliano homónimo Palinuro, el timonel que cae al mar y muere llevándose consigo el timón y parte de la popa del barco.

Concluyó reivindicando el alma cosmopolita de Del Paso, constatado por su tránsito en momentos y en urbes diversas. Al respecto, señaló que el mismo escritor así lo reconocía y como ejemplo mencionó su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, cuando compartió su amor por Cervantes y refirió a los sefaradíes como los diletantes que salieron de la península ibérica. Esto, aseguró Mariscal de Gante, confirma los rasgos característicos de las obras de Del Paso: el pensamiento tragicómico de la vida, cubismos en el contenido de sus obras que asemejan un puñado de imágenes rotas y su sentido del humor como primicia. Sobre este último rasgo, rememoró lo que del Paso dijo alguna vez sobre su formación: “me casé con la literatura, pero mi amante es la historia. Fue como no saber distinguir el día de la noche”.

El tercer orador de la mesa fue Alejandro Espinosa Fuentes, quien inició mencionando aspectos que asemejan a Del Paso con Joyce en José Trigo, subrayando el desafío que representa traducir esta obra, que entre otros elementos incluye aspectos particulares de la historia de ciertos lugares de México. Lo cierto, dijo, es que destila una gran generosidad humorística describiendo al país como juego del lenguaje.

Al mismo tiempo que Espinosa compartió la forma en que se sumergió en la lectura de esta obra, que ocurrió en el marco de un paro estudiantil del cual él fue partícipe, destacó algunos aspectos que Del Paso utilizó como elementos en la confección de su obra: una matemática poética, un abecedario poético, tiernas paradojas e incluso matices de su época como publicista (“Holanda la crema de los helados”) Coincidió en que se trata de un estilo piramidal de lectura, que lo mismo incluye intensidades que treguas. Y de ahí su constante cuestionamiento de qué tiene que ver la paja con el trigo, confirmando que no hay paja (considerada relleno), sólo trigo para deglutir. Espinosa afirmó que la explicación más válida sobre esta obra es que Del Paso no pintaba libros, más bien los esculpía, recurriendo a la albañilería verbal, al cincel del lenguaje, a texturas multiformes del lenguaje, que al final es el protagonista fundamental de la obra.

 La pregunta que merodeó a Espinosa desde que inició la lectura de esta novela fue ¿Quién es José Trigo?, pregunta fundacional de la obra y que la hace distinta de otra ya que ninguna novela empieza con una pregunta. Al respecto, señaló que su comprensión también tiene que ver con la novela total en América Latina, aspecto que vislumbraron Julio Cortázar y Carlos Fuentes. Y para entenderlo mejor aventuró la hipótesis de que, según Del Paso, José Trigo había recogido la colilla que Gladys García, personaje de Fuentes en La Región más Transparente, había lanzado desde el puente de Nonoalco.

Espinosa concluyó diciendo que estamos ante una obra donde florece el diálogo entre la historia y la cosmogonía de la comunidad; una novela que restriega la conciencia entre historia y política, aun cuando estemos estancados en un país que no parece moverse a ningún lado pero que sueña que se enamora y se aniquila mientras una locomotora en su tránsito nos dice adiós con toda prosopopeya.

El último disertante de la mesa fue Élmer Mendoza, quien se refirió a la obra noir de Fernando del Paso: Linda 67. Con gran sentido del humor compartió elementos y personajes de la obra – San Francisco los años 90, el equipo de futbol americano 49s y Joe Montana, el Golden Gate, entre otros- pero sobre todo su connotación literaria y su sentido cartográfico ya que para él representó un mapa citadino platicado.

Comentó que José Emilio Pacheco dijo que Del Paso era un universo narrativo y por ello esta obra no tenía por qué tener otro sentido que no fuera la potencia imaginativa y creativa del maestro. Según Mendoza, cada línea narrativa mantiene su peso absoluto y en todo momento corren temáticas paralelas, incluso multitemáticas como en el capítulo 22, donde utiliza el guión de televisión como estilo.

Un detalle singular eran la matrícula del auto de Linda, que correspondía al año 1967, cuando la canción de Scott McKenzie se convirtió en un éxito: “If You’re Going to San Francisco, Be Sure To Wear Flowers In Your Hair”… y en un himno de la generación hippie, vigente todavía, pero con el apelativo de homeless, comentó jocosamente Mendoza.

Lo cierto, aseguró, es que la novela responde a preguntas fundamentales mientras discurre: cómo, dónde, porqué, cuándo, qué, todas las cuales se responden en las interlíneas, dando a la obra un ritmo y un trasfondo singular, algo característico de las novelas negras. Sin duda se trata de una historia policiaca velada, en la cual también sobresalen los perfiles de los personajes, concluyó Mendoza.

La mesa redonda 90 años de Fernando del Paso fue, sin duda un gran evento conmemorativo. Reconocimiento y agradecimiento al Colegio Nacional, pero sobre todo a Juan Villoro por la conducción y los apuntes durante su desarrollo, todo lo cual enriqueció esta breve aproximación a la obra de Del Paso.  [ C ]