Auge y ocaso de la función pública en China

En su libro The Rise and Fall of the EAST: How Exams, Autocracy, Stability, and Technology Brought China Success, and Why They Might Lead to Its Decline, Yasheng Huang presenta un análisis histórico pormenorizado del sistema de administración pública de la República Popular China (RPC), que abarca desde el establecimiento del examen del servicio civil, conocido como Keju, en el año 587 d.C., hasta la actual presidencia de Xi Jinping. El autor sostiene que, si bien este modelo contribuyó a la estabilidad de la RPC, también ha limitado la generación de nuevas ideas. Dicha aproximación se sustenta en la trayectoria académica de Huang, quien, conforme consta en la solapa posterior de su libro, es profesor de la Fundación Epoch de Economía y Gestión Globales en la Escuela de Administración Sloan del MIT. Entre sus otras publicaciones destaca Capitalism with Chinese Characteristics: Entrepreneurship and the State.

El libro está estructurado en cinco partes, cada una integrada, a su vez, por dos capítulos. A través de esta organización dual, el autor busca contraponer los procesos históricos que han configurado el funcionamiento burocrático con la realidad política y administrativa contemporánea de la RPC. Así, la “Parte I. Examen” reúne los capítulos “1. Keju como instrumento de evaluación” y “2. La organización de China–y del PCCh”; la “Parte II. Autocracia” comprende los capítulos “3. Un Estado sin sociedad” y “4. Retorno a la media autocrática”; la “Parte III. Estabilidad” agrupa los capítulos “5. ¿Qué hace que la autocracia china sea tan estable?” y “6. La maldición de Tullock”; la “Parte IV. Tecnología” incluye los capítulos “7. Replanteando la cuestión Needham” y “8. Una República de gobierno”; y la “Parte V. El futuro del modelo EAST” está conformada por los capítulos “9. El PCCh de Xi Jinping” y “10. ¿Romper con el modelo EAST?”. Cabe destacar, además, que la obra incorpora una útil cronología de la China imperial y contemporánea, así como un índice en su sección final.

Resulta importante mencionar que el libro de Huang se estructura a partir del marco analítico EAST (Examination, Autocracy, Stability y Technology), concebido como una propuesta dirigida a explicar la fortaleza y durabilidad del Estado chino, desde una perspectiva histórica. Este esquema ubica al sistema de exámenes del servicio civil como elemento central, al considerar que permitió reclutar y homogeneizar a las élites políticas y debilitar a la sociedad organizada, sentando así las bases de una autocracia centralizada. Según el autor, este sistema ha sido capaz de mantener la estabilidad política e impulsar el desarrollo tecnológico. Un aspecto relevante dentro de este marco es la tensión entre lo que Huang denomina escala (scale) y alcance (scope), argumentando que la expansión del Estado chino y la administración uniforme de sus territorios redujeron el grado de diversidad y heterogeneidad institucional, ideológica y social.

Desde este lente, el prefacio analiza las protestas de noviembre de 2022 en contra de la política de cero COVID-19, subrayando su carácter inédito por su alcance nacional y su crítica abierta al régimen, aunque sin derivar en un movimiento sostenido. El autor vincula este episodio a la existencia de un Estado fuerte y a la fragilidad estructural de la sociedad civil. La introducción retoma esta idea al examinar la formación del poder político desde la dinastía Qin (221–207 a. C.), y al ejemplificar el contraste entre la escala y el alcance con la rebelión Dazexiang en el año 209, el primer levantamiento campesino del que se tiene registro y que, si bien fue sofocado, desencadenó en otras revueltas que culminaron con la caída del grupo en el poder.

En la “Parte I. Examen”, capítulo “1. Keju como instrumento de evaluación”, Huang examina el surgimiento y la institucionalización del sistema Keju durante la dinastía Sui (siglo VI) como un mecanismo de selección basado en exámenes, que sustituyó de manera gradual las recomendaciones personales y los linajes hereditarios. Su expansión debilitó a las élites locales y reforzó la autocracia imperial. Durante las dinastías Tang y Song, el sistema se perfeccionó mediante la estandarización de los contenidos y la introducción del anonimato en las postulaciones, consolidándose como la principal vía de acceso al servicio público masculino. Bajo las dinastías Yuan y Ming, la incorporación del neoconfucionismo incidió en su rigidez ideológica. En conjunto, el Keju contribuyó a la formación de una burocracia homogénea, disciplinada y funcional para el poder central, favoreciendo la estabilidad y continuidad del Estado chino.

Por su lado, el capítulo “2. La organización de China —y del PCCh”, analiza la continuidad histórica del sistema Keju en la actual RPC, a través de prácticas organizativas y de formación del PCCh. Huang utiliza como ejemplo el China Executive Leadership Academy (CELA), una institución estatal dedicada a la capacitación de cuadros, cuyo funcionamiento refleja la persistencia de mecanismos heredados del Keju, como la competencia por etapas, la estandarización de criterios, la evaluación sistemática y la homogeneización ideológica. Huang cuestiona la tesis según la cual Occidente habría “robado” la meritocracia china, señalando que los modelos chino y occidental responden a lógicas políticas distintas, ya que para China la meritocracia es vertical, en dirección de arriba a abajo, mientras que en Occidente se vincula a sistemas pluralistas. El capítulo interpreta además al PCCh como una organización altamente racionalizada, que combina el control centralizado con incentivos administrativos.

A continuación, en la “Parte II. Autocracia”, capítulo “3. Un Estado sin sociedad”, Huang compara dos sucesiones dinásticas en China e Inglaterra para evidenciar las diferencias estructurales de ambos sistemas en el periodo premoderno. En China, analiza al emperador Wanli de la dinastía Ming y su conflicto con los mandarines, funcionarios formados en el sistema Keju. Wanli buscó designar como heredero a su tercer hijo, Changxun, en lugar de a su primogénito, Changluo. Esta decisión contravenía el principio confuciano de la primogenitura masculina, norma que los mandarines defendieron mediante peticiones y objeciones formales por más de una década. Aunque el emperador contaba con amplias prerrogativas, optó por postergar la decisión y finalmente cedió en 1601. Este episodio ilustra que la autocracia china se sustentaba no sólo en la voluntad del soberano, sino en una burocracia cohesionada y disciplinada por el Keju. En contraste, se examina el caso del rey Enrique VIII de Inglaterra, quien deseaba anular su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena. A diferencia de Wanli, Enrique VIII no podía actuar unilateralmente, pues estaba constreñido por la autoridad del Papa y normas legales. Su ruptura con Roma y la creación de la Iglesia anglicana evidencian, según Huang, un orden político caracterizado por la pluralidad de centros de poder y contrapesos institucionales. El autor concluye que estas diferencias explican las trayectorias políticas de ambos países.

El capítulo “4. Retorno a la media autocrática” se enfoca en la RPC en la década de 1980, período que, según Huang, constituyó un momento excepcional de apertura económica y relativa pluralidad política, seguido por un giro hacia la consolidación del autoritarismo tras los sucesos de Tiananmén. El autor examina la interacción entre poder político, incentivos económicos y estructura institucional, argumentando que en los años ochenta se configuró un entorno de mayor dispersión del poder, debates ideológicos y márgenes para la experimentación económica. Este contexto favoreció el surgimiento del emprendimiento privado, el financiamiento informal y reformas impulsadas en el ámbito rural. No obstante, Huang sostiene que la represión de 1989 interrumpió abruptamente este proceso. A partir de entonces, una nueva élite política, vinculada a Shanghái, desplazó a los grupos reformistas y promovió la recentralización del poder. Ello implicó la reversión de reformas políticas incipientes, la clausura de espacios de deliberación y el establecimiento de un modelo de desarrollo caracterizado por el favoritismo.

Dentro de la “Parte III. Estabilidad”, capítulo “5. ¿Qué hace que la autocracia china sea tan estable?” se evalúa la longevidad del autoritarismo chino y se hacen nuevamente comparaciones históricas, esta vez con el Imperio romano, donde los gobernantes eran con frecuencia depuestos o asesinados por actores militares. En cambio, en China los emperadores fueron rara vez derrocados por sus propios funcionarios. Para explicar esto, el autor plantea que la clave reside en la capacidad del sistema imperial para asegurar la cooperación y lealtad de las élites. Este equilibrio se logró gracias al sistema Keju, que cumplía una doble función, la de reclutar talento bajo criterios meritocráticos y, al mismo tiempo, preservar el monopolio político, excluyendo a grupos de poder, como aristócratas o comerciantes. Huang utiliza evidencia empírica para probar la relación simbiótica entre el emperador y la burocracia, señalando que, posterior a la dinastía Sui, aumentó la duración de los reinados y se redujo el uso de violencia hacia altos funcionarios. En su lugar, se generalizaron mecanismos de salida no coercitivos, como renuncias voluntarias. De esta forma, el Keju fomentó valores de obediencia y disciplina, y subordinó el poder militar, lo que redujo el riesgo de golpes de Estado. Esto permitió una estabilidad política excepcional, aunque a costa de propuestas alternativas de desarrollo político y social. Huang agrega que ello aseguró la continuidad del Estado chino por siglos, pero también limitó su capacidad de adaptación ante los desafíos de la modernidad.

Al capítulo “6. La maldición de Tullock” le corresponde el escrutinio de la estabilidad contemporánea del régimen chino, a partir de la resiliencia institucional del PCCh y la fragilidad estructural de sus procesos de sucesión. El autor alude al caso de Hua Guofeng, designado sucesor de Mao Zedong en 1976. Aunque Hua ganó legitimidad al ordenar el arresto de la Banda de los Cuatro, careció de una base política sólida y fue desplazado por líderes reformistas encabezados por Deng Xiaoping. Su declive estuvo acompañado de críticas simbólicas, como el uso indebido de caracteres en su caligrafía pública, práctica mal vista dentro de los valores del Keju. Para el autor, este episodio ilustra los límites del poder personal y la vulnerabilidad inherente a las sucesiones en regímenes autoritarios. No obstante, el capítulo subraya que la caída de Hua fue relativamente moderada, pues no fue encarcelado y conservó cargos honoríficos, lo que evidencia la capacidad del sistema para absorber conflictos internos sin colapsar. A partir de ello, el autor distingue entre estabilidad institucional y estabilidad sucesoria. Mientras el PCCh ha demostrado una notable aptitud para sobrevivir a crisis profundas, dicha resiliencia no se explica por su desempeño, sino por normas sociales que canalizan el descontento hacia agravios específicos, sin cuestionar al régimen.

La “Parte IV. Tecnología”, en su capítulo “7. Replanteando la cuestión Needham” atiende a la pregunta formulada por Joseph Needham de por qué China, a pesar de su temprano liderazgo tecnológico, no dio origen a una Revolución Industrial propia. Huang revisa explicaciones como el control estatal y la cultura confuciana, y recurre a hechos históricos, como las expediciones de Zheng He (1405–1433) y la posterior prohibición de navegación, que interrumpió los intercambios externos. Empero, sostiene que el declive había iniciado tiempo atrás y que esas medidas sólo agravaron la situación. Para sustentar esto, el autor presenta la Chinese Historical Inventions Database (CHID), una base de datos con más de diez mil invenciones históricas, con un índice de inventiva por dinastía ajustado por población. Con ello, Huang distingue tres grandes eras tecnológicas y sitúa el punto de quiebre alrededor del siglo VI, mucho antes de la dinastía Ming. Este cambio se vincula con transformaciones políticas e intelectuales derivadas de la reunificación bajo los Sui y de la consolidación del sistema Keju, lo que redujo la competencia entre territorios y corrientes de pensamiento, y la capacidad de innovación.

El capítulo “8. Una República de gobierno” estudia el desarrollo tecnológico de China en la etapa reformista del PCCh, enfocándose en cómo esta autocracia ha logrado avances científicos y tecnológicos significativos. Huang distingue entre una “República de la Ciencia”, basada en autonomía y colaboración, y una “República del Gobierno”, marcada por el control burocrático. De igual forma, el autor sugiere que el éxito chino se apoya en una gran ventaja de escala, que incluye inversión masiva en investigación y desarrollo, abundante capital humano, capacidad administrativa para aplicar tecnologías y acceso a grandes volúmenes de datos. También menciona “condiciones de alcance” menos visibles que reforzaron el modelo, como la apertura académica internacional, la formación de investigadores en el extranjero y el uso de Hong Kong como espacio legal y financiero con mayor protección de derechos. Estas condiciones facilitaron la creatividad, la cooperación y el emprendimiento, sin liberalizar por completo el sistema interno. Así, el capítulo sostiene que este modelo funcionó hasta finales de la década de 2010 y que, bajo Xi Jinping, el mayor control político, el deterioro de Hong Kong y las tensiones externas han debilitado dichas condiciones, poniendo en riesgo el progreso tecnológico a largo plazo.

En cuanto a la “Parte V. El futuro del modelo EAST”, el capítulo “9. El PCCh de Xi Jinping” aborda la etapa más reciente de Xi Jinping, a quien el autor presenta como un punto de quiebre respecto del modelo posterior a Tiananmén. Señala que, a partir de 2012, y de forma más explícita desde la eliminación de los límites de mandato en 2018, Xi ha impulsado una reversión de las reformas económicas, políticas e institucionales que habían permitido combinar crecimiento con estabilidad. Huang sostiene que Xi ha desmantelado las “condiciones de alcance” que sostenían el equilibrio del sistema y que este viraje no es únicamente ideológico, sino también de carácter personalista. Según el autor, la concentración de poder en una sola figura ha erosionado los incentivos del sector privado y reducido el dinamismo económico. En este contexto, el autor advierte que la eliminación de reglas claras de sucesión reactiva la “maldición de Tullock”, es decir, la propensión de las autocracias a producir conflictos internos por la competencia anticipada por el poder.

Por último, en el capítulo “10. ¿Romper con el modelo EAST?”, el autor analiza la afirmación del PCCh de que su gestión de la pandemia de COVID-19 prueba la superioridad de su sistema político. Para ello, compara el confinamiento de Wuhan en 2020 con la respuesta del gobierno Qing frente a la peste neumónica de 1911. Con esto busca mostrar que la capacidad del Estado chino para establecer cuarentenas no es algo reciente, sino una cuestión que ha sucedido en otros momentos de su historia. El autor reconoce que las medidas adoptadas en 2020 contribuyeron a contener los contagios y a evitar un impacto económico más grave. Sin embargo, subraya que estos resultados se produjeron después de la demora en reconocer y comunicar la existencia del brote, debido a la restricción en la circulación de información. Desde esta perspectiva, sostiene que el sistema chino es eficaz para reaccionar ante crisis visibles, pero presenta limitaciones para prevenirlas de manera oportuna. Huang propone evaluar el modelo chino considerando sus capacidades y debilidades. A su juicio, el desarrollo económico y tecnológico no garantiza por sí mismo una mayor apertura política, por ello, plantea que introducir gradualmente pluralidad, descentralización y espacios de autonomía podría fortalecer la capacidad de corrección interna del sistema. El autor concluye que el reto no consiste en rechazar ni idealizar el modelo chino, sino en evaluarlo de manera equilibrada. Propone impulsar ajustes graduales y prácticos que disminuyan riesgos estructurales, mejoren la capacidad de corrección interna y permitan enfrentar futuras crisis con mayor equilibrio y previsión institucional.

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Yasheng Huang, The Rise and Fall of the EAST: How Exams, Autocracy, Stability, and Technology Brought China Success, and Why They Might Lead to Its Decline. New Haven, Yale University Press, 2023, 420 pp.