Entre 1958 y 1969 Germán Carrera Damas cambió para siempre la historiografía venezolana. De este modo categórico define Tomás Straka, Director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello (UCV), la obra del viejo maestro Carrera Damas, en un artículo brillante y emotivo, en ocasión del aniversario número noventa de don Germán, como él lo llama.
El texto está fechado al mediar el 2020 y fue publicado en Prodavinci.com “Celebramos sus noventa años y lo reconocemos como uno de los grandes historiadores de América Latina”, agrega Straka, sobre el sabio maestro, nacido en Cumaná en 1930.
Son los historiadores quienes fijan los acontecimientos, distribuyen la fama y refieren causalmente los hechos. Lo sabemos de antiguo. Ciudadanos curiosos e interesados de Atenas y Roma proveyeron los fundamentos, primero, y desarrollaron después, los elementos del concepto y estructura de la ciencia histórica.
A nuestro arribo a la Embajada de México en Venezuela conocimos personalmente a don Germán, en enero del 2014. En mis notas de trabajo figuraba una lista de personalidades venezolanas a quienes debería procurar y su nombre aparecía en el primer lugar. Conocerlo y trabar amistad fueron acciones simultáneas. Él me aventaja un buen puñado de años, pero igual, ambos transitamos ya por la rigurosa pendiente de la senectud.
Los densos cristales de sus anteojos no ocultan el brillo de su mirada profunda. Igual, su voz grave y pausada, revela al momento al conversador ameno, que remata sus frases con un suave sentido del humor, siempre moderado y sin rebuscamiento.
Sólidas cualidades envuelven a este gigantesco varón: ingenio despierto, su probidad y su sencillez, su combativa independencia y su consagración a la historia de su país.
El oficio diplomático encontró en él a un hombre a su medida. En Latinoamérica representó a su país en México y Colombia, dos de sus mayores vecinos; en Europa, en la grácil República Checa y en la sempiterna Suiza.
Antes, debió recorrer un largo camino. En 1948 la familia Carrera Damas se estableció en París. Germán acababa de graduarse de bachiller. París se convertirá en uno de sus refugios favoritos y el francés en una segunda lengua materna. Estudiar en L´Ecole libre des sciences politiques y en La Sorbona acrecentaron y fortalecieron la formación y experiencia adquirida en un hogar culto.
Tampoco la historia marcha en línea recta. Retrocede, salta, corre o zigzaguea, se paraliza. Cuando estalló la Guerra de Corea, y ante el temor genuino de que desembocara en una tercera guerra mundial, la familia decidió abandonar Europa, pero toparon con la novedad de que Venezuela no era opción para Germán, por estar fichado de comunista.
Se encaminó Germán hacia el norte y arribó al México postrevolucionario. La época cuando se establecía o consolidaba la maquinaria cultural del México actual: el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, etcétera. Fue admitido en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) para estudiar historia, al tiempo que obtuvo un trabajo como asistente de investigación en El Colegio de México. De esa manera el joven Germán tuvo acceso y trato con Alfonso Reyes, José Gaos, Wenceslao Roces, Daniel Cossío Villegas y otros personajes.
También trabó conocimiento del exilio venezolano en México y se relacionó con los hermanos Gustavo y Eduardo Machado. Entonces inició su colaboración con el periódico Noticias de Venezuela.
Apenas terminaba sus estudios en la UNAM cuando tuvo noticias de la caída de Pérez Jiménez y se apresuró a preparar el retorno a su país. Se enfrentó en ese momento con un dilema: su entusiasmo por la vuelta a la patria y el reconocimiento de la carencia de medios para sobrevivir. Recurre entonces a Alfonso Reyes (patriarca de las letras hispanoamericanas y gran artífice de El Colegio de México, Straka dixit), quien le da una carta de recomendación dirigida a Juan David García Bacca, Decano de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela.
García Bacca (una personalidad del exilio republicano español), desde luego, atiende la solicitud de Reyes y acoge al joven historiador. Aquel muchacho traía ya dos planes en la cabeza: escribir la historia de Venezuela con criterios científicos y contribuir a la modernización del país. Un propósito que ha mantenido toda su vida.
En el camino, Carrera Damas también se sacudió otra pesada carga, la de la militancia partidista, consagrando su libertad, sus energías y sus anhelos a reelaborar la historia. Producto de esas decisiones y de su voluntad de revisar la historia de su país, Carrera Damas escribió sistemática e incansablemente en busca de lo que a su juicio son las verdades históricas.
La Historia de la historiografía venezolana (1961) fue su primera gran obra, y en el prólogo figura el esquema general de la historiografía del país, texto que continúa siendo lectura obligada de quien aspira a formarse como historiador.
Para el mejor entendimiento de la Venezuela profunda y cierta, en 1966, escribió: Mal puede conocerse histórica- mente un país cuya geografía permanece en gran parte ignorada.
En 1969 aparece la que es, seguramente, su magna obra: El culto a Bolívar: esbozo para un estudio de la Historia de las ideas en Venezuela. Un libro que trastocó y transformó la visión tradicional de la historia venezolana. No fue la primera vez que se señalaba la relación insana de la sociedad venezolana con la figura del Libertador; cómo se construyó una ideología para legitimar el Estado o los diferentes movimientos políticos, que nada tienen qué ver con lo que Bolívar pensaba, señala la propaganda.
El libro causó un gran revuelo entre la sociedad venezolana. Provocó indignación en algunos círculos y no faltó quien demandara la expulsión de Carrera Damas de la universidad.
Al arribar la década de los setenta, Carrera Damas es ya una personalidad reconocida y una autoridad establecida en el mundo cultural y académico venezolano. Uno de los hombres centrales, los que hacen que las cosas sucedan. Con una capacidad de trabajo inagotable, el hombre labora en distintos temas y de vez en vez va anunciando nuevos títulos clásicos de su creación, tales como Una nación llamada Venezuela (1980).
El reconocimiento fuera de los muros universitarios se hace presente y, como es el caso de otros gobiernos hispanoamericanos, Carrera Damas es invitado a servir en la diplomacia de su país. En esa época la voz y actitud de Venezuela ocupan lugar destacado en el liderazgo de los países en desarrollo.
Fue nombrado sucesivamente embajador de su país en México, Colombia, Suiza y la República Checa. La UNESCO lo designó presidente del comité académico de la Historia General de América Latina (1999) y otros cargos académicos internacionales.
El cambio de siglo lo encuentra liberado de la cátedra y la diplomacia, sólo para redoblar el trabajo histórico que es su auténtica pasión. No cesa de escribir y publicar una serie de obras importantes. Es autor de un medio centenar de trabajos sobre ciencias sociales e historia de las ideas, así como de una serie de brillantes estudios y conferencias sobre diversos temas sociales.
Participa en la actividad política con un conjunto de Mensajes históricos que se difunden por la red. En ellos difunde y analiza problemas latentes. En 2013 publica otro de sus libros más aclamados Rómulo histórico, un amplio y profundo estudio sobre Rómulo Betancourt y una multitud de reflexiones sobre la democracia y la realidad venezolana.
Hasta donde sabemos, Carrera Damas sigue activo a los noventa y seis años (mayo de 2026), escribe historia y asesora a grupos democráticos de su país. Su convicción y su compromiso con la historia y Venezuela permanecen inamovibles.
Quien persiste tiene razón, así es la naturaleza. A sabiendas de la cultura política y la idiosincrasia latinoamericanas, no es improbable que su visión histórica haya previsto, hace décadas, con razón, cómo sería el final. En un estudio titulado ¨Violencia, orden y libertad en la Historia de Venezuela¨, publicado en 1964 (y recogido en Temas de historia social y de las ideas, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2013), el futuro historiador escribe con convicción: “Con la violencia como fuente de poder y el miedo por legislación, las dictaduras han sido, de una forma u otra, nuestro más acabado producto constitucional”.
También nosotros hemos alcanzado la edad en que se empiezan a neutralizar los años. Venezuela fue nuestro último puesto diplomático. A las antiguas amistades, sumamos algunas nuevas. Varias circunstancias nos vincularon con aquel varón singular: su integridad y su sencillez, su aguerrida independencia, su consagración a las letras -la historia- y capacidad de trabajo.
La amistad fluyó con naturalidad, alimentada por el afecto; en corto tiempo alcanzó un vigor que sobrevive a la distancia.
Compartimos con don Germán no pocas tendencias e inclinaciones, sino también un conjunto de ideas y posiciones sobre la libertad, la democracia, la sociedad, los derechos esenciales del ser humano y otros.
En el tráfago humano compartimos el oficio diplomático y la afición por los libros, el arte y la cultura.
Pero igual, tuvo lugar el prodigio y se magnificó. Un tercer elemento nos vinculó, acaso con fuerza similar a los anteriores, o los complementaba armoniosamente.
Ocurre que el hombre, alto, fornido y despejado, que habla el francés como si fuera lengua nativa, autor de dos gruesos volúmenes sobre sesudos asuntos referidos a mitos históricos de Venezuela, así como de varias docenas de estudios, ensayos, artículos y conferencias sobre temas de historia, ciencias sociales y de las ideas, escribió también un grueso volumen -para asombro, admiración y delicia de tirios y troyanos- sobre el valor, significado, filosofía y deslinde de la gula.
Elogio de la gula es el título del delicioso y sabio libro, que pronto se convirtió en bestseller, y leímos nosotros en dos o tres sentadas. En él, Carrera Damas confiere a la gula -como establece la cuarta de forros de la edición que poseo- “la dignidad de ser redefinida como aquella actitud que se caracteriza por el pleno y absoluto goce de cuanto se hace, se acomete o se disfruta a lo largo de la vida”.
Acaso sea redundante señalar que don Germán era, es, un creativo y experimentado Chef. El placer de la conversación se nos fundió con el gozo de la gastronomía. Nos reuníamos a conversar sobre un sinfín de temas y sobre la situación -que se agitaba ya en aquellos días- en Venezuela.
Él nos indujo y me abrió las puertas de aquel selecto grupo de personalidades -gastronautas todos- que lo rodeaba en Caracas. Entre ellos, José Rafael Lovera, gran historiador sobre la comida y la alimentación, autor de la monumental obra: El cacao en Venezuela. Una historia; con Armando Scanonne, autor gastronómico reputado y varios más.
Al parecer el conocimiento humano se mueve con mayor comodidad en los territorios del arte y la cultura. Pero también de pan vive el hombre. Por estos días, don Germán cumple un año más. En todo momento y circunstancia ha dado prueba de ser un hombre sabio, y todo hombre sabio usualmente es de paladar refinado.
En caso extremo podemos acogernos a la exhortación de Esquilo, el trágico eminente, quien estableció: aun en medio de males, conceded a vuestra alma el placer de cada día. [ C ]
CDMX, junio de 2026

Guanajuato, Mexico, 1952. Diplomático en retiro desde 2016. Es autor de los libros Guerra privada (Verbum, 2007); Los pasos del cielo, Ediciones del Ermitaño, 2008); Paisaje oriental, Editorial Delgado, 2012); Las horas situadas (Monte Ávila Editores, 2015). Ha traducido cuentos de Raymond Carver, John Cheever, W. Somerset Maugham y Guy de Maupassant. Fue colaborador de La Jornada Semanal y actualmente participa en la revista ADE (Asociación de Escritores Diplomáticos).
