Ramiro Pablo Velasco
Blog
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17 Modos de aprehender la realidad
Redacción cambiavías
En las inmediaciones de la conmemoración del día internacional de la mujer, Vaso Roto Ediciones invitó a la presentación del libro Sombra Roja. Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985), que reúne escrituras lo mismo discordantes que similares entre sí, todas seleccionadas por Rodrigo Castillo, quien en epílogo nos anticipa que la finalidad de esta destilación poética es desmitificar el “discurso descentralizador en la cultura del país, pero con fuerte proyección hacia el centro”, y demostrar que es posible reunir expresiones de diversas latitudes geográficas. (más…)
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Crónica de reflejos
Mariano Nava Cruz
En “La Red de los Espejos” Arno Burkholder nos permite conocer la historia del Excélsior desde sus primeros días, hasta la famosa salida de Julio Schearer en 1976. Este libro se caracteriza por una narrativa ágil que genera una lectura placentera, atrapa al lector desde el inicio y le permite recorrer los diferentes sucesos que han marcado la vida del diario. (más…)
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Juan Villoro, dramaturgo
Eulalio Téllez Vargas
La permanente cercanía que tenemos a Villoro como narrador y cronista, da oportunidad de adentrarse en su faceta de dramaturgo y encontrar puntos de conexión en su amplia veta creativa.
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ÁLAMOS: otra forma de hacer libros
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Código, símbolo y lenguaje
Enrique López Pacheco

Enrique López Pacheco. Óleo y resina sobre tela. Sin título. 1.10/1.40 mts. “Merece mención la figura humana, que es su principal eje temático. Usualmente está acompañada de color como acento expresivo, así como de formas geométricas y números en alusión a la razón y su diálogo con lo cósmico, con lo que maneja esa gran incógnita que es la capacidad del hombre para especulación en los términos abstractos que unen las leyes del universo con las representaciones de las matemáticas, la lógica y lo divino”. (más…)
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Lowry y la ruta del licor en Oaxaca
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Jorge Valdés Díaz-Velez: poeta de hechura diplomática
Redacción cambiavías
Aunque es lugar común decir que la presencia de literatos en el servicio exterior mexicano ha sido una característica desde su origen, es conveniente reiterarlo, sobretodo actualmente cuando la diplomacia nacional requiere aliento de voces provenientes de ámbitos divergentes al lenguaje de lo político.
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El gato lloroso
Matthew Gleeson *
Uno de los traductores del cuento “Moisés y Gaspar”, de Amparo Dávila , descubre la verdad detrás de su ficción
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El gato helecho
Audrey Harris
En número 219 de la revista the Paris Review incluyó la traducción del cuento “Moisés y Gaspar”, de Amparo Dávila. Los dos traductores del cuento describen su experiencia por el universo literario de la autora mexicana.
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Diego Gómez Pickering: una literatura sin fronteras

El escritor y diplomático mexicano comparte su visión acerca de su obra, destacando la valía de la crónica entre los géneros narrativos y la importancia de una escritura sin límites territoriales.
GGN-. En tus obras hay tránsito amplio, lo mismo en estilos que en lugares. ¿Cuál es tu balance en las escalas estilísticas que has tomado? ¿En cuál te sientes más cómodo? ¿Cuál otra te gustaría explorar?
DGP-. Sin duda alguna para mí el género madre en muchos sentidos es la crónica por que la crónica puede y permite dar paso, vía libre a muchos otros géneros. Dentro de la crónica se puede echar mano de la poesía, se puede echar mano de recursos literarios, se puede echar mano de recursos periodísticos. Es una manera, creo, muy sencilla de aproximarse a la literatura en su forma más extensa, en su acepción más amplia . Es un género que yo he utilizado en dos de las cuatro obras que tengo publicadas –Los jueves en Nairobi y La primavera de Damasco– que son crónicas, un género que me ha permitido entender mejor mi relación con la literatura, mi relación con la escritura y también de escribir de una manera acuciosa y de una manera que quizá no hubiese podido lograr haciendo uso de otros géneros, circunstancias, personajes y contextos. Es un género al que le estoy muy agradecido, un género que de cierta manera también ha sido formativo de Kapuściński y Alma Guillermo Prieto, con el cual me he llenado los ojos, la mente y el corazón y sin duda he llenado de tinta digamos la pluma con la que he escrito muchas cosas publicadas y no publicadas. La crónica es importante es un género, además muy latinoamericano; no podemos dejar de mencionar a Gabriel García Márquez y sus inicios en el periodismo pero también quizá a Elena Poniatowska y muchos otros. Es un género creo que a mí me ha dado grandes oportunidades. Dicho esto, por supuesto he explorado la poesía. La poesía para mi es una gran conocida, una gran amiga, una gran escucha, un lugar al cual recurrir cuando hay necesidad de hacer viajes al interior. Es un género que me gustaría explorar ya en manera más concreta en el futuro y por supuesto seguir trabajando la novela. Están ahora en formación algunas otras que siempre, como todos los autores, tenemos algo en el tintero proyectos; tengo un par que están circunscritos específicamente al genero de novela. Así, la poesía la considero como la siguiente frontera y la novela como el medio para seguir creciendo como persona y como escritor.
GGN-. En las cuatro obras que has escrito hasta ahora, ¿has afrontado entrampamientos que te hayan obligado a tomar rutas imprevistas o te has mantenido firme a un objetivo creativo prestablecido?
DGP-. En este caso de las cuatro obras publicadas me he mantenido firme en un objetivo ya preestablecido, quizá con la única salvedad de la recién editada, que está ahora en librerías “Un mundo de historias”. De las tres anteriores, la novela “ La foto del recuerdo” nació como tal, como una historia que quería ser contada como novela; fue una idea preconcebida, con un objetivo fijo, al menos en la cabeza, aunque, por supuesto, el proceso toma tiempo, lleva a dar vueltas de timón, pero si muy claro desde el inicio qué le iba a decir al lector: en qué iba a consistir, dónde comenzaba, dónde terminaba y como iba a ser presentada al lector. Los otros dos libros nacen a raíz de la necesidad de contar o de describir a los lectores por ejemplo Nairobi y la fatal Kenia. Por otro lado Damasco la capital siria entonces también ya nacen de cierta manera con un camino trazado y para ello como decía hace unos momentos y contestando una pregunta echando mano de la crónica. El último de mis libros, que es una colección de relatos breves, una colección de cuentos, no nace de manera tan preconcebida quizá como los otros tres. Surge a partir de una revisión que hago a mis archivos, obras inacabadas, proyectos en constante formación. Me topo con dos o tres cuentos, algunos relatos breves que escribí en distintos momentos de mi vida. Los leo, los releo, los vuelvo a leer y me doy cuenta que puede haber algo ahí que me sirve para responder una pregunta que me he hecho de manera constante a lo largo de los últimos cinco años: ¿dónde estamos en este momento como género humano? ¿por qué estamos viviendo las circunstancias que estamos viviendo como humanidad? Viene de ahí la coyuntura y así nace un mundo de historias, con la intensión de dar respuesta a esas preguntas echando mano de relatos breves de cuentos que escribí mucho antes, trayéndolos e hilándolos con otros que nacieron a partir al menos de que se da en mi cabeza la idea de crear una colección de cuentos un poco con este hilo conductor.
GGN-. ¿Hasta qué punto piensas en tus lectores cuándo escribes? ¿Son determinantes en algún momento en las pautas narrativas que asumes?
DGP-. Es una pregunta difícil. Creo que aquella persona que usa la escritura como medio para explicarse el mundo y para comunicarse con el mundo no necesariamente por tener un interlocutor sino simple y sencillamente para dar rienda suelta al cúmulo de ideas y de pensamientos y de sentimientos, asume el ejercicio como escribano, como el ejercicio de tomar una pluma y sentarse frente a un teclado asumiendo un ejercicio muy egoísta y muy personal en el cual el eventual lector juega siempre un segundo plano. Para mi ese siempre ha sido un poco el leit motif que me lleva a sentarme todos los días y hacer el ejercicio de la escritura como algo muy personal; es algo con un sentimiento muy egoísta y que no tiene en consideración quizá a un tercero que pueda eventualmente sentarse a leer. Dicho eso, en mis cuatro obras que tengo publicadas si he tenido, quizás sobre todo si hablamos de “Un mundo de historias”, el compendio de relatos breves y cuentos el más reciente y de los dos libros de crónica que mencioné previamente, sí he tenido mucha conciencia del lector por que el principio de los dos libros de crónicas era explicar, era compartir, era traer a Damasco y Nairobi al lector, idóneamente mexicano en general hispanoamericano, era narrar desde una perspectiva mexicana esos dos lugares tan distantes pero que sin embargo yo considero cercanos a la idiosincrasia al sentir y al vivir mexicano. Era por primera vez, al menos en el caso de Nairobi, escribir en español mexicano describir en español mexicano esas latitudes. El libro de cuentos era con un propósito distinto, pero también con una conciencia muy clara de que habría lectores para el mismo si asumía un proceso más acucioso. Aunque el inicio o el propósito inicial de hacer esta colección me permitió responder a una pregunta mundial, en cierto momento el proceso jugo un rol muy central. Creo que estamos hoy en un mundo del que México no está exento; el momento es un parteaguas en la historia y en la conciencia como humanidad y como género humano. Entonces ahí también creo que, de manera diferente debido a las vías electrónicas, el lector vino a ser un elemento esencial en el proceso de hacer ese compendio de relatos.
GGN-. Aunque tu trayectoria diplomática, así como tu experiencia como periodista, son perceptibles en tus obras, sería interesante conocer cómo es tu proceso creativo. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
DGP-. Yo creo que para mí el proceso creativo siempre ha sido, no un enigma pero si un proceso difícil de entender, de compartir y de escribir. Es algo que responde quizá a mi circunstancia como ser humano, como escritor, como diplomático, como las diferentes identidades que yo como cada individuo poseemos y que responde a circunstancias muy específicas. Puede ser una experiencia de vida, puede ser una idea que veo la necesidad de compartir y ahí es donde inicia el proceso creativo para mi; empieza con la idea o el punto de partida, es una circunstancia de vida sin duda alguna. En lo personal puede estar más vinculado con lo profesional, más vinculado con la inquietud filosófica-académica o con algo que quiero compartir. Ese es siempre el punto de partida y el proceso conlleva sin duda una investigación rigurosa en archivos; soy una persona que se casa o se ha casado mucho con la idea de buscar lo que existe, de echarse clavados en la historia, de contextualizar todo trabajo, incluso si se trata de trabajos de ficción y a partir de ahí digamos ese trabajo más de talacha, mas de ejercicio académico o de investigación, nace plenamente el proceso más creativo, más allá de los cánones que da realmente quizá a la imaginación.
GGN-. En perspectiva con tus obras previas, “Un mundo de historias”, parece ser la más íntima, la más personal, ¿qué hay de cierto en ello?
DGP-. Yo creo que todas tienen algo personal. Creo que cada pedazo de literatura que creamos o cada escrito que producimos, cada cuento, cada poema, cada novela, cada relato breve, lleva consigo algo de quien lo escribe. Lleva algo del autor porque al final del dia somos incapaces de hacer una separación de nuestro bagaje cultural ideológico y personal, va algo impreso ahí sin duda alguna. La fuente de la imaginación de cualquier autor es sin duda su experiencia personal, sea en lo que ha vivido o lo que ha vivido, a traves de los demás y todo eso va implícito. Entonces yo creo que cada obra lleva algo del escritor. Esta obra que comentas puede ser un poco más personal al Diego de hoy en dia, a ese Diego preocupado por el devenir del mundo, por la fragilidad del tejido social, por la incertidumbre con la que inicia el 2018. En ese sentido no solamente esta obra , si no todas tienen algo de íntimo y personal. “Un mundo de historias” quizá lo refleja en mayor medida porque resume cuarenta historias, cuarenta años de ideas y trata de responder una pregunta fundamental creo para el género humano hoy en dia.
GGN-. Aunque no son perceptibles conexiones temáticas de tus obras, lo que el lector inevitablemente encuentra son ciudades y personajes, ¿podría definir este rasgo un estilo narrativo cosmopolita?
DGP-. Me definiría como un escritor que trata traer el mundo a México y llevar a México al mundo. Trata de entender el mundo a traves de los personajes, personajes aterrizados en un contexto sociocultural, en un contexto socioeconómico, en un contexto del lenguaje, en un contexto geográfico, pero los personajes al final del dia son humanos con rasgos que aspiran a despertar en el lector una empatía indistintamente que los veamos en lugares tan distintos. Sí escritor cosmopolita en el sentido que no hay para mí en la literatura ningún tipo de frontera o no debería de haberlo. La literatura que busca crear muros o crear fronteras es una literatura que se queda corta; es una literatura que realmente no se desarrolla a su máxima capacidad. La literatura justo se trata de eso entonces: es una literatura quizá con rasgo cosmopolita, pero lo que pretendo es lleva a viajar sin necesidad de salir de casa o de salir de la ciudad, viajar a traves de las paginas, descubrir en ese gran mundo que es la literatura algo propio algo que también es parte de mí.
GGN-. ¿Algo más que quieras agregar?
DGP-. Agradecer la gran oportunidad de conversar y compartir. Creo que hoy más que nunca tenemos que echar mano de la cultura en general del arte y sin duda alguna de la literatura, de la lectura y de la escritura para entendernos mejor como sociedad, para entendernos mejor como país y para entender mejor el mundo en que vivimos y el mundo que quisiéramos vivir. Muchas gracias.
Guillermo Gutiérrez Nieto
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cambiavías 3 – Invierno 2017
Colaboraciones diversas componen el número más reciente de cambiavías. Destaca una minúscula muestra del archivo de Gabriel García Márquez que posee el Harry Ransom Center, una entrevista al diplomático-escritor Diego Gómez Pickering, una lectura fresca a las torres de Satélite, ícono arquitectónico de la ciudad, así como recientes creaciones de Yvonn Márquez, Diego Reyes y Luis Ayhllón.
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Ruptura, relevo o cambio de vías
Al preguntar cuándo ocurrió la modernización de la literatura mexicana, casi todos los críticos e historiadores asumen que fue en los años cincuenta del siglo veinte porque con la renovación en los temas y en los estilos se marcó distancia de los efectos que el nacionalismo emergente de la revolución mexicana tuvo en todos los ámbitos de la vida nacional, con su singular correlato en el universo literario mexicano.
Los años cincuenta representan el fin de la vigorosa narrativa de la revolución, la atenuación de la presencia de Los Contemporáneos y el inicio del auge de un género literario (la novela) que desde entonces dio carta de identidad a México. Se constataba lo dicho por Octavio Paz en su poema El Cántaro Roto: “La mirada interior se despliega y un mundo de vértigo y llama nace bajo la frente del que sueña (…) ”. Con el tránsito del escenario rural y pueblerino hacia lo urbano, cuyo paradigma será La región más transparente (1958) de Carlos Fuentes, se perfila una narrativa sintonizada con el nuevo momento mexicano.
El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955) resultaban el colofón de una narrativa ya agonizante y daban la pauta a autores que enarbolaban una nueva literatura plagada de propuestas heterodoxas de calidad: Juan José Arreola, José Revueltas, Ramón Rubín, Francisco Tario, Carlos Fuentes y varios otros que en esa década formularon, sin proponérselo, un nuevo capítulo de la literatura mexicana. Los años cincuenta fueron también el lapso en el que emergieron El laberinto de la soledad (1950) y El Arco y la lira (1957), dos libros ensayísticos de gran calado, en los cuales Octavio Paz cimentó su gran influencia en el medio siglo siguiente. La comprensión plena del poeta y en general del grupo que lo acompañó vendría después con la generación de la Revista Mexicana de Literatura (1955) y con la aventura de Poesía en Voz Alta, donde interactuó un amplio grupo de autores, lo mismo narradores, que poetas y dramaturgos, mexicanos y extranjeros que compartieron espacio y tiempo.
En los ciclos o tipología generacional que se hace de la literatura en México (Ateneo, Contemporáneos, Estridentistas, entre otros), la que se considera la Generación del Medio Siglo, para algunos de la ruptura al equipararla con lo que ocurría en las artes plásticas durante el mismo período, es un parteaguas en el rumbo que tomó la narrativa, la poesía y el teatro en nuestro país. Ello motivado fundamentalmente por la amalgama de actividades que realizaron los autores de esa época. La mayoría de ellos, además de ser creadores, desarrollaron labor crítica en distintos ámbitos artísticos, realizaron trabajos conjuntos en otras disciplinas o aportaron nuevas visiones con las traducciones de autores foráneos que realizaron; otra minoría se replegó en las instituciones encargadas de la promoción de la cultura, dejando un legado adicional en términos de estrategia y programación pública (el Centro Mexicano de Escritores, la Coordinación Difusión Cultural de la UNAM o la Casa del Lago, entre otras).
A diferencia de otras épocas, donde el cuento y la novela sobrepasaban a la poesía y la dramaturgia, a partir de esta época la presencia de estas dos últimas expresiones fue mayúscula, al igual que la presencia de escritoras en los diversos ámbitos creativos. La literatura mexicana descubrió el enorme poder narrativo del universo femenino, no solo a través de personajes memorables y textos antológicos, sino a través de una literatura escrita por ellas mismas, mucho más abundante de lo que había sido hasta entonces y con una mayor conciencia de que se tenía un timbre y un color distinto.
La amplitud de visión hacia expresiones de otras latitudes geográficas detonó igualmente a partir de la traducción de autores a norteamericanos y franceses. A esta suma de coincidencias, se agregó como elemento fundamental para conocer este afluente creativo la germinación de editoriales y el surgimiento de revistas o suplementos culturales. En el primer caso, sobresaliendo la Revista de la Universidad de México, la Revista Mexicana de Literatura, la Revista de Bellas Artes, Cuadernos del Viento, S.Nob y La Palabra y el Hombre; mientras que en el segundo caso, La Cultura en México y México en la Cultura, ello aunado a la emergencia de editoriales como ERA, Joaquín Mortíz, Fondo de Cultura Económica o la de la Universidad Veracruzana.
En esta tendencia se sumaron tanto la aparición de antologías que pretendían aglutinar momentos y autores previos, como la presencia de connotados críticos literarios (Antonio Castro Leal y Emmanuel Carballo entre los más sobresalientes) volcados en interpretar esos “racimos de piedras vivas”, que configuraban la nueva forma de componer con las letras. Lo cierto es que no se trataba de una ruptura, ni de un nuevo relevo generacional, estábamos más bien ante un cambio de ruta hacia nuevos destinos literarios en toda Latinoamérica. Lo que vemos a partir de la segunda mitad del siglo veinte son cambiavías que de manera individual o grupal modificaron el rumbo de los trenes literarios hacia nuevas rutas.
A partir de esta etapa se perciben nuevas posibilidades temáticas y estilísticas, basadas en calidad singular y universalidad; una postura contraria a las tendencias nacionalistas prevalecientes hasta entonces, un cosmopolitismo y un pluralismo de expresiones que marca el inicio de una nueva identidad en las letras mexicanas y en las latinoamericanas en su conjunto.
La generación del Medio Siglo es indudablemente el punto referencial desde el cual se puede iniciar cualquier recorrido por la narrativa, la poesía y el teatro de México de la última media centuria. Representa un cambio fundamental en las rutas que tomaron desde entonces las letras mexicanas. La ingente numeralia de novelistas, cuentistas, poetas y dramaturgos de las últimas décadas, a quienes por razones de accesibilidad muchas veces se ha pretendido encasillar, constata el potencial de los autores mexicanos y la variedad de caminos creativos que a partir de entonces se observa.
Lo predominante desde entonces es un perenne cambio de vías hacia un amplio abanico de rutas estéticas. Identificar los referentes fundamentales de las letras mexicanas en las últimas seis décadas traspasa la revisión histórica, ya que no solo es cuestión de evolución. Resulta más asequible pensar un recorrido por el paisaje de voces que ha delineado la literatura en nuestro país, identificando a aquellos guardagujas que han hecho que ese tren literario marche por vías a veces próximas, en ocasiones paralelas, pero siempre cambiantes. ⊗
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Orden de partida…
En cualquier periplo, encontrar un punto inicial de arranque resulta complejo y al final termina siendo caprichoso. En la literatura mexicana, la pauta parecen determinarla estilos, grupos, generaciones o acercamientos críticos. Así, en el mapa literario del siglo veinte, el acercamiento a los autores mexicanos resulta sencillo durante su primera mitad, empero los referentes se complican y diversifican a partir de la segunda mitad. Las expresiones, además de multiplicarse en todas las variantes literarias, se diversifican de tal manera que desde entonces resulta difícil capturarlas para su análisis e inevitable etiquetamiento.
Aparejado a ese fortalecimiento de las letras mexicanas, nutrido incluso por esa tendencia, emergen editoriales, publicaciones, suplementos en medios escritos, instituciones gubernamentales, premios literarios, lo cual visto en conjunto constata que se trata de un período que indubitablemente debe ser considerado el punto germinal del tránsito que desde entonces ha tenido la literatura mexicana .
Es cierto que actualmente tanto revistas como suplementos dedican espacios al devenir del quehacer literario de nuestro país de las últimas siete décadas, sin embargo no se identifica alguno dedicado exclusivamente a esta temática. Por otra parte, algunas instituciones gubernamentales cuentan con espacios digitales sobre el devenir literario en nuestro país y cada vez son más notables las publicaciones, digitales e impresas, dedicadas a difundir las obras nuevas de los autores en ciernes.
En el momento actual de México, que argamasa tanto desconfianza como aspiración, su literatura representa un elemento sustantivo en la definición de cualquier opción de bienestar que se maquine. Las letras mexicanas tienen potencial –más emocional que económico- para ser consideradas tanto herramienta interna como instrumento de promoción internacional, palestra donde nuestra literatura tiene un reconocimiento sobresaliente. Esa es en suma la fundamentación –piedra de toque- de cambiavías, una revista sobre la literatura mexicana que ha emergido desde mediados del siglo pasado a la actualidad, lo cual de manera implícita conlleva géneros, autores y editoriales. Se asume que en la actual tendencia globalizadora, reivindicar lo local, no lo nacionalista ya que el lenguaje literario trasciende cualquier frontera, además de necesario, es imperativo.
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cambiavías 2 – Otoño 2017
Algunos de los artículos compartidos previamente en este espacio forman parte del número más reciente de cambiavías, publicación que llega a su tercera edición, considerando que su conteo inició con el número CERO en la primavera pasada. Este número es el de otoño e incluye interesantes análisis sobre la obra y vida de autores como Margarita Michelena, Elena Garro, Alberto Gironella e Immanol Martínez. Como en otras ocasiones también se presentan obras personales de autores como Leandro Arellano, Carlos Milá, Samuel Maynes y Luis Ayhllón. Bienevenidos lectores ¡¡ VER cambiavías DOS








