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  • Sor Azucena en Etiopia

    Sor Azucena en Etiopia

    La distancia entre la ciudad de Bonga, región de Kaffa, y el pequeño pueblo de Chiri es de 27 kilómetros. Recorrerla toma una hora; y eso que en la primavera la carretera está bastante bien. En época de lluvias, ese camino es un tobogán de sorpresas, derrapajes y peligros. Hoy, el asombro abunda también: un saludo sonriente, un toro desvariando, repetidas peticiones de aventón, gallinas enloquecidas, un elegante etíope que se encamina a la iglesia en su traje de gala con valencianas enlodadas, una curva asesina con piedra aguda en el escampado, pitidos antes de tomarla, un tronco de árbol que los lugareños cortaron sin pensar que caería sobre el camino. En fin: la selva.

    Cuatro hermanas de la las Misioneras Eucarísticas de Jesús Infante y Nuestra Señora de Fátima han decidido seguir una vocación como misioneras en Etiopía. Visitarlas implica un viaje largo y salvaje, pero es una bendición: de Addis Abeba se toma un tembloroso avión Bombardier Q400 de doble hélice hasta Jimma, ciudad que anda entre las diez más populosas del país pero que apenas supera los 200 mil habitantes. Luego se viaja a Bonga cruzando el Río Goheb, frontera entre la región de Oromía y Keffa, el territorio donde nació el café. Ahí las familias de babuinos se atreven a dormir a media carretera o a corretear camionetas para exigir una banana. Finalmente, como en un trayecto espiritual o inserto en novela de Conrad, se incrusta uno en el temible camino que pone a prueba la resiliencia inacabada: a rebotar en una ambulancia propiedad de la Clínica de Salud de Chiri; hospitalito limpio, eficaz y muy decoroso que han establecido nuestras hermanas mexicanas encajadas en un iracundo infinito de montañas.

    Sí, esa ambulancia es su principal activo. Transforma a las hermanas en samaritanas realmente indispensables, en sanadoras fuentes de esperanza; les otorga la magia y la aceptación. Más allá de atender diarreas, partos, malaria, desnutrición, incluso casos de VIH, la principal de sus funciones es discernir si el adolorido, la parturienta, el herido con machete, tiene un caso tan grave y si su mejor opción es trasladarlo de inmediato hasta el hospital más cercano: llevarlo al inicio de la terracería, a Bonga. Ellas hacen el recorrido cuatro o cinco veces por semana (a veces a oscuras) retando la mirada directa del demonio.

    — Una vez me quedé sin frenos, aquí mismo, en esta bajada— me relata Azucena, Susy para sus cercanos, diestra y dicharachera como camionera del Coroico —. Intenté de todo, el freno de mano, el claxon, la sirena… Nada funcionaba. La hermana Gloria venía conmigo y abrió la ventana para sacar el cuerpo y gritar “¡no brakes, no brakes! Nadie le entendía, pero se había convertido en la sirena: sus gritos nos abrieron varios cruces. Y luego…, nos amparó el señor… Cuando ya nos íbamos contra esas piedras, la ambulancia se paró en seco. Así, de golpe. Me pongo en Sus manos y siempre me ampara.

    Azucena se ha volcado ya dos veces en la ambulancia, con pacientes y sin ellos. El Señor, asegura, le ha enviado grupos de hombres buenos que la han devuelto con todo y ambulancia al camino, que incluso han llegado como ejército celestial a ahuyentar a otros hombres que le querían hacer mal mientras yacía, de lado, accidentada. En esa ambulancia, que es resultado de los ahorros y donaciones de su congregación, caben tres personas adelante. Después de dos curvas mis huesos se encajan irremediablemente contra mi esposa que resiste estoica; pero mis pensamientos están realmente con el joven etíope, traductor, asistente, handyman, enfermero, que nos acompaña metido en la cabina trasera, recostado quizá en la camilla de los enfermos, y que de seguro estará rebotando como badajo en un cascabel.

    — Etiopía te recibe, con los baches abiertos—, bromea la hermana Susy quebrando el volante. Ella tiene un alma infinita para enfrentar las sorpresas. Su halo ha crecido tanto que literalmente abraza enteras las montañas del Simien. A partir de ahí, su conversación es un cúmulo interminable de simpatía e inteligencia.

    — Acá, la culpa es siempre del chofer— quiebra de nuevo el volante para evitar unos niños y comenzamos a entender. En la curva, ante la irrupción de un burro, en el atropellamiento, en el desbarrancamiento…, la culpa es siempre del chofer. La hermana estuvo a punto de ir a la cárcel por atropellar una gallina durante una emergencia nocturna. Volaba con un herido, con los familiares y la angustia atiborrando la ambulancia; todo aquello a puro rebote entre piedras desgajadas, zozobrando entre el lodo. No se podía detener a ver qué onda con la gallina. Pero de golpe, la pararon los parientes, amigos, curiosos, y entre ellos los dueños de la gallina. Prometió atenderlos al regreso. Dicho y hecho; cuando volvía del hospital todos estaban ahí para cobrarle el animal o meterla a la cárcel. Se salvó de la prisión por ser simpática con los policías: las gallinas vuelan, los convenció; su aparición aquí o allá es cosa del destino divino.  

    En Chiri hay una cárcel de animales. Con laminas acanaladas de dos metros por lados, puerta adosada con bisagras de mecate, se ha erguido una suerte de corral junto a lo que sería la presidencia municipal. Burros, vacas, chivos y uno que otro toro imponente son los internos frecuentes. Es la vía para arreglar cuentas. El principal delito local es que el burro de Kebele (típico nombre etíope) se metió al huerto de Temesgen (otro nombre frecuentísimo) a hacer tropelías. Procede entonces arrestar al burro, y no a Kebele, para que el propio Kebele se vea en la necesidad de recuperarlo y arreglar el lío con un resarcimiento aceptable para las partes, incluida la autoridad.

    A unos metros de la cárcel de animales está la cárcel de los humanos. Misma tecnología de lámina para las paredes. Se distingue porque han alzado una lámina sobre ellas a manera de techo. La hermana me aclara que, con una patada, cualquiera se podría escapar de ahí. Pero las religiosas, que visitan con frecuencia a los internos en su labor de medicina preventiva, saben por propia voz que a nadie le hace ningún sentido escapar. Aquí, todos los conocen y todos saben que estaban encarcelados. No hay a dónde ir. Solo alguna mujer que se defendió de la violencia del marido mutilándolo, asesinándolo…, ésa sí tiene que emprender el camino lejos… a otra región.

    — Y ¿qué es lo más difícil que ha enfrentado?

    — Uy, si yo le contara. Creo que fue la bronca con el anterior administrador de la clínica. Cuando llegué me ordenaron apoyar con las cuentas y quedé bajo las órdenes de un señor etíope de acá que hacía de las suyas. Pues los números no cuadraban y poco a poco le fui marcando que así no podía ser. Se enojó. Hizo todo por destruirme, amenazas, cartas al obispo, hasta dijo en el pueblo que yo era la que les había traído el COVID. Me los echó a todos encima. Pero yo me hacía la prueba vez tras vez, y siempre, con ayuda del Señor, salía negativa, aunque estuviera tosiendo… En cambio, a él le salió positivo, incluso cuando no tenía síntomas. Se le revertió su maldad.

    Ya en el pueblo, Azucena se acerca a un niño y le habla dulce en un amhárico que tiene visos de canción. Se trata de un chiquillo que hacía tiempo se había acercado a la Clínica a pedir comida. Las hermanas no dan limosna así no más. Para cuidar a los enfermos, lavar ropa y hacer el jardín, sobra el trabajo. Así que ellas le dan los quehaceres a los chicos para que se ganen la comida que necesitan. Este pequeño no se ha parado por la clínica en algún tiempo y ella lo reprende con ese tono que, a pesar de la rudeza del amhárico, suena a bromas y juegos. También la hermana se detiene unos minutos para saludar a la derecha a un erguido hombre que parece centinela junto a una choza grande destajada por lo que pareciera un hachazo enorme por garra de dragón. Se saludan, hablan entre muchas sonrisas, y me sorprende de nuevo el nivel de la monja en esa lengua semítica intrincada, llena de fonemas impronunciables y gramática intratable.

    — Mi amhárico es de apache —responde Azucena cuando la halago—. No estoy diciendo más que cosas como “cuándo”, “casa”, “tú”, “construir”. Porque él es nuestro nuevo administrador. Sustituyó al que me quería hacer el mal. Lo triste es que hace unos meses se le vino un árbol encima de la casa. Por eso la está reconstruyendo, poquito a poquito. Nos pidió prestado, como 20 mil birrs (equivalen a unos $180 dólares). ¿Y de dónde vamos nosotras a sacar 20 mil para prestarle? Yo le presto poquito de mi bolsa.

    Azucena es la más movida de las hermanas; sabe de las finanzas, de trámites municipales para ampliar la clínica, de cantar con su guitarra canciones de alegría y alabanza hacia el Señor, de sembrar piñas, de ahuyentar a los monos que se roban las guanábanas y de toda la historia de la aparición de la virgen ante los niños en Fátima que nos relata en detalle con citas bíblicas a la par de imágenes juguetonas y dobles sentidos. También es la que sabe dónde se consigue el diésel, cuándo hay que cambiar las llantas, las rutas a Jimma y hasta Addis Abeba a donde conduce la ambulancia dos o tres veces por año. Lo ha hecho sola, en un trayecto larguísimo que toma todo el día y donde los policías y otros atrevidos la detienen varias veces para ver que no ande traficando con café.

    Sus hermanas son la paz: Clotilde es médico y ya supera los 70 años, es diestra manipuladora de un aparato de ultrasonido. Se centra en los partos. Quiere terminar ahí…, que la entierren en Chiri. La hermana Zuly es un ser profundamente religioso; ella nos acompañó a la pequeña capillita, tres por tres metros, donde descansan cuatro sillas infantiles giradas para que no apunten directo al altar. Asoman oblicuamente hacia un relicario plateado y, de reojo, hacia la estatua hermosa de la señora de Fátima elevada en una esquina. Con ese acomodo, se sabe que sus rezos son los de una comunidad de “todos parejos” y sin jerarquía: una iglesia en su sentido original. Finalmente la hermana Gloria es la más callada, lleva apenas seis meses en Etiopía y se está adaptando: su reto es eso de comer ingera mañana, tarde y noche. Todos coincidimos: la ingera, especie de larga tortilla hecha con harina de teff, única de Etiopía, y que, además de un escondido sabor amargo, tiene la consistencia de un hotcake extendido, vence los estómagos occidentales con su lenta digestión. Gloria dice que si metes la ingera al horno y la tuestas un poco pasa a ser una galleta buena para levantar unos frijoles y se puede comer mejor.  

    — La otra bronca que tuve fue en Addis Abeba, cuando andaba arreglando los papeles de mi residencia —Azucena recuerda esto más en confianza, al regreso, cuando es evidente que sus hermanas no la escuchan—. El mal no está acá en la montaña, acá hay mucha inocencia, muchos problemas, sí, pero en general todos ignoran la maldad; esa que se aparece seguido en las ciudades y con las personas que se creen más “como nosotros”. A veces sufrimos más con el gobierno que viene y nos pide supuestamente prestados los antibióticos que tenemos y no nos los devuelve, o nos obliga a visitar más weradas (distritos) de los que podemos cubrir, algunos tan aislados que implican tres o cuatro horas andando por los senderos.

    En sus visitas al Ministerio, un burócrata pervertido intentó tenderle una trampa a la monja. Después de mil intentos fallidos para avanzar para que le sellaran sus papeles, este hombre la mal guio hasta una oficina aislada en un cuarto piso del edificio. Ella no averiguó si la trampa era para beneficio de ese sujeto o de un jefe sumido en la oscuridad de una oficina cuyos detalles no logró distinguir. Salió por fuerza, manoteando, arañando, empujando a todos los que intentaron detenerla. A veces así se las gastan en estos lugares porque saben que la persona, blanquita, así con sus velos, no tiene donde quejarse y le pueden negar los trámites. La hermana Azucena nos insiste en que no tiene sentido levantar una queja. En cambio, reitera: “a mí, a mí, Él me protege”.

    La pregunta final se la hizo mi esposa:

    — Si hay tanto que ayudar, tanto que hacer y tanto dolor por curar en nuestro México, ¿por qué venir tan lejos a un punto escondido en la selva del sur de Etiopía? ¿Por qué?

    — Es una vocación; no todos estamos hechos para esto. Se nos llama, desde arriba, y hay algunos que tenemos ese destino, ayudar más allá, no solo donde nacimos, en el mundo… Es la vocación.

    Acompañar a las hermanas de Jesús Infante y Nuestra Señora de Fátima en un día de mil y más desafíos, tanto pequeños como ingentes, que a ellas las colman de vida, también me llena las alforjas con su saber. Ahí está puesta la vocación que cruza fronteras. Azucena atrapa el mundo y lo lleva entero a su pequeña mano con una frase, con su vocación. Las hermanas están en uno de los sitios más remotos del mundo y lejos de ser pequeñas, se vuelen, en un instante, poseedoras del Todo.

    Yo mañana, saldré a trabajar también. [ C ]

  • Alejandro Ariceaga: Toluca, un legado universal

    Alejandro Ariceaga: Toluca, un legado universal

    Uno.

    Como yo mismo soy un escritor que produce desde una región muy específica, lejos de los centros culturales y literarios, siempre he tenido afinidad por obras que entran en el dudoso cajón de lo “regional” y “local”. Me gustan los libros que se rebelan contra la etiqueta y la primera impresión de lectura. Además, tengo presente que sí autores reconocidos como Sergio Galindo o Juan Vicente Melo, en su momento fueron tachados sin más de “regionales”, ¿qué podría decir de otros con menos proyección?

    El tema me inquieta. Los libros “regionales” son obras en las que poco importa el tiempo y sus corrientes estilísticas sino el cómo transforman una narración en asuntos plenos de condición humana. Alfredo Leal Cortés y su novela Desde el río, publicada en 1965, lo mismo que Roberto Olivera Unda, que publicó La arboleda del fin del mundo cuando ya contaba con noventa y cuatro años (en 2012) son de esos escritores que debieran ser solo escritores sin importar el adjetivo “local”, aunque en los hechos por desgracia así lo sea.

    De ahí la intención de proponer una lectura de Clima templado, novela de Alejandro Ariceaga (1949-2004) que vaya más allá de los temas que solo, se supone, deben interesar a los de casa. Por supuesto, es una gran historia que trata sobre una región y por ende, sobre una ciudad, Toluca. Pero no la capital del estado de México, ni un ambiente cerrado para contar una historia, sino un proyecto plenamente literario que echa mano de recursos sutiles, crudos, bien construidos en la palabra, además del componente autobiográfico oculto en la ficción.

    En el estudio introductorio a la bella reedición que el Fondo Editorial del Estado de México hizo en 2021, José Luis Herrera Arciniega apunta que el problema de Clima templado es que se ha leído solamente como la crónica del “viejo Toluca” en la que, los lectores más inmediatos solo observaron la soberbia genealogía de la ciudad y sus habitantes.

    Al igual que el académico, pienso que Clima templado supera efectivamente las barreras del localismo para abrir una literatura más ambiciosa en la que lo regional es por supuesto una clave de lectura. A fin de cuentas, lo auténticamente regional es el anhelo de encontrar y ganar universalidad. Además, un lugar, una dignidad, una Voz. Lo regional, quisiera subrayar ahora mismo, es tan solo un elemento de la literatura. Por otro lado, ¿qué escritor famoso e importante en la historia de las letras no lo ha hecho contando una historia bien enclavada en un lugar específico? Los catálogos de Impedimenta, Capitán Swing o Cabaret Voltaire, ¿no se regodean de promocionar autoras y autores cuyas historias son sobre todo locales?

    Dos

    Alejandro Ariceaga nació en 1949 justamente en Toluca. Fue uno de los grandes animadores del medio literario toluqueño que alcanzó su primer esplendor entre los sesenta y ochenta del siglo pasado. Escritor y periodista de la vieja guardia, Ariceaga me hace pensar en el chiapaneco Marco Antonio Carballo por la precisión con que ambos usaron la palabra, atentos a crear vitalidad dentro de sus historias y no solo teclear laberintos o ideas. En el toluqueño por otro lado, vibra su biografía; de orígenes modestos, la educación que obtuvo la fue construyendo de forma autodidacta junto a la gran “universidad” que eran las mesas de redacción de los periódicos de antaño. En sus fotografías se ve al hermano mayor de la tribu que salió a conquistar la ciudad. Aunque subjetivo, lo que acabo de mencionar resulta sumamente importante en horas determinantes: el hombre de pueblo, humilde, sin doctorados, que no viene de las élites, que no es “güero” se gana a pulso su lugar en el aparato cultural.

                Y más: logró echar las bases del mismo aparato cultural del estado de México.

    Tres

    La novela cuenta los sucesos de una vecindad del primer cuadro de Toluca en el que La Madrina, uno de los más bellos personajes que existen en la literatura, dispensa sus yerbas de olor, sabiduría y magia. Es una historia de todo tipo, lo mismo de educación sentimental que de perfiles psicológicos. Ésta se desdobla en todos los personajes, conectados por la ciudad que funciona como un sistema solar cuyo eje es la Madrina. Aunque con más exactitud, es un artefacto no exento de maravilla como la esfera armilar.

                En este punto vuelvo sobre la recomendación de Herrera Arciniega de no caer en la tentación de hacer una lectura en extremo localista. Es evidente que hay un pretexto muy íntimo de los lugares donde el autor vivió y de la ciudad que fue creciendo junto a él. Pero Clima templado no es como El diablo en Tlayacapan de Rafael Gaona (1994), novela que coquetea con la monografía, la crónica novelada o el ensayo con albur, en donde se ha conseguido paladear la esencia de un pueblito como el que le da título al libro. En Ariceaga las descripciones e impulso del narrador no solo registran: ponen el dedo en la llaga, el ojo en la paja, el humo del cigarro echado en la cara del espectador que timorato solo se ha acercado a escuchar una historia.

    El narrador que en buena medida es el alter ego de Ariceaga, camina, define, castiga, critica, y en conjunto hace exactamente lo que un texto en extremo parroquiano no se animaría a hacer jamás: hablar mal de la amada población, fustigar sus errores, poner al descubierto los afeites y trucos que simulan su belleza, en suma, denunciar que el pretendido cosmopolitismo y modernidad no son sino las máscaras de un pueblo raso donde aún llegan a verse cacas de mula.

    Cuatro

    Ariceaga fundó instituciones culturales como el suplemento Vitral y el Centro Toluqueño de Escritores, en su momento una si no es que la principal plataforma para impulsar la literatura capitalina. Su obra efectivamente es como el parteaguas entre la literatura empírica que se hacía en peñas y casas de personas ilustradas, y el momento donde una persona ya se puede asumir como escritor profesional. Solo que, si se observa atentamente, como en todo asunto cultural, lo que privó y en buena forma se mantiene es el centralismo. Escritoras y escritores del vasto territorio estatal, en los límites con Guerrero, Querétaro o Morelos, difícilmente pudieron acceder a estas plataformas ubicadas en la capital. Entonces, el mismo Ariceaga espolea contra dicho centralismo visto desde la pretensión aristocrática que Toluca sufre endémicamente.

    Antes de convertirse en capital, el estado de México tuvo tres: la ciudad de México (el primer gobernador, Melchor Múzquiz despachaba en el segundo piso del Palacio Nacional), Tlalpan y Texcoco. A partir de 1830 cuando los poderes se trasladan a Toluca, comienza la urgencia por erigirse en la Provincia por excelencia. Valga un símbolo absoluto: entrando al Paseo Tollocan, el viajero que proviene de la ciudad de México observa un arco suntuosamente decorado cuyo lema me ahorra explicaciones: “Toluca es la provincia y la provincia es la patria”

    Clima templado ubica sus acontecimientos en ese lugar que anhela ser la patria chica, en el año de 1951 como lo dice el mismo autor. Casi el momento de su nacimiento. El contexto son las administraciones de los gobernadores Alfredo del Mazo Vélez (1945-1951) y Salvador Sánchez Colín (1951-1957) que construyeron la metrópoli definitiva, la capital simbólica de un proyecto político de largo aliento. Una suerte de Leningrado en miniatura que congregó los torrentes de todos los órdenes de la vida y los dirigió monolíticamente durante más de medio siglo. La modernidad que impulsaron requería nombres, desde luego, pero no fue hasta 1985 cuando el gobernador Alfredo del Mazo, hijo, oficializó el gentilicio mexiquense que hasta hoy día se usa exhaustivamente en documentos y políticas públicas y privadas. Y no hay un anacronismo en lo anterior: hubo tres gobernadores Del Mazo, abuelo, padre e hijo.

    En medio del progreso, la cultura y el trabajo, emblemas literales de la Gran Capital moderna, Ariceaga nos hace ver que esa ciudad a la que por supuesto ama y por ende, puede criticar con cariño, está cimentada en lo rural y será complicado despojarla de sus pobres vestiduras. Así por ejemplo, el conglomerado que aspira a metrópoli moderna con sus nuevas avenidas, edificios restaurados y casonas como la vecindad-protagonista, que luego serán oficinas de gobierno, también es la suma de permanentes obras negras y muchos pequeños pueblos adheridos a ella como pólipos. [cfr p. 55]

    Para mayor ejemplo la Catedral, joya definitiva del Centro Histórico que comenzó en el papel, pues primero hubo diócesis y luego sede episcopal. Su conclusión se posterga desde 1867 y justo en el 1951 de la narración es cuando se supone, comenzará la etapa definitiva que sin embargo se dilatará en una serie de señalamientos y pretensiones que sabiamente, Ariceaga deja pasar de largo.

                Se detiene en cambio en lo ínfimo. Nos hace oír el trajín de las obras, el golpe de marro, el crujir de los andamios, su presencia a medias en el mismo primer cuadro de la ciudad que construye su propia mitología obcecadamente, tanto que ni siquiera para en la presencia del que debería ser su guardián natural, el Volcán.

    Ciudad nueva, vieja de golpe, Toluca queda definida no con monumentos ni obras espectaculares sino por la pertinaz lluvia de borra blanca que Ariceaga hace aparecer una y otra vez a lo largo del libro, una nieve sintética que convoca a los fantasmas de la modernidad, la transformación, en suma, a las quimeras.

    Cinco

    La Toluca de Clima templado es una ciudad que aún puede recorrerse caminando. De Guelatao, dice el novelista, al centro. Como en los viejos pueblos, aún se siente el peso de “los cuatro vientos” que marcan los caminos o minúsculas carreteras a los rumbos cardinales, Valle de Bravo, Ixtlahuaca, Morelia, la ciudad de México.

                Es en el centro donde sucederá gran parte de la novela, un espacio como ya se dijo antes, en construcción, donde se levantan las mínimas fábricas, las clases sociales, el tianguis, la vecindad; el inolvidable inglés Mr. Cartwright y las salvíficas cantinas.

    Vuelvo sobre las lecturas “regionalistas”. Más allá de la remembranza de los tiempos que se han ido, leemos una historia donde las tradiciones campean con sigilo y densidad que se antojan inmutables, pero sin que apenas se den cuenta de que están apareciendo los símbolos y templos de los nuevos tiempos. Entonces, la tradición no liga al lugar, la tradición se desliga y usualmente se adapta a los nuevos tiempos, olorosos y puede que sempiternos: el olor de la fábrica, el ruido del acero inoxidable, la gritería que sale de los cines y sobre todo, el inevitable invento que anuncia una época: los vasitos de plástico y los pantalones de mezclilla.

    Seis

    Más arriba digo que Alejandro Ariceaga me recuerda a Marco Antonio Carballo, pero por supuesto también tiene sus genealogías propias. Usualmente se le vincula con La Onda por afinidades electivas. Ariceaga de hecho sí fue amigo de José Agustín, pero su obra no solo está plegada a una corriente específica. También podría pertenecer al estilo de escritores como Armando Ramírez, J.M. Servín, Gerardo de la Torre o a su casi contemporáneo y paisano Eduardo Osorio, pero en lo inclasificable, como siempre, está también una buena señal de genio. La obra alejandrina, como también llamó a su trabajo, puede entrar en los terrenos de lo fantástico, de la crudeza, de la crítica social y el terruño. El fondo es, insisto, la capacidad de construir una historia potente, llena de vida, entrañable.

                Eso lo logra con toda la caracterización de La Madrina, pero alcanza su plenitud con Martín, el desengaño y la realidad. El caminante, el bebedor inveterado, el seductor pertinaz que, a pesar de sus esfuerzos, jamás alcanza sus deseos.

                Martín es por otro lado el pretexto para dar parte a la corriente profunda de la novela, la que ocupa todo el capítulo intermedio (cfr. p. 89 a la 93), el más vanguardista de la novela, movimiento polifónico que renuncia a cualquier forma de redención, incluyendo la política, la autoayuda de los Alcohólicos Anónimos sugerida con guiños, o la que llega por vía de la magia. Porque si hay clases sociales, comerciantes, inmigrantes, campesinos, la Madrina despachando en su cuarto a cuantos la requieran, también hay una huelga y un amor imposible. Todo en el mismo vértigo que provoca una caminata que quiere abarcar la ciudad completa, en el lenguaje que surge cuando uno va pensando en todo lo que fue, cuando el recuerdo convertido en estampa, a cada paso que damos mutan en un despliegue melancólico de los sentidos.

                Libro fundamental, Clima templado es esa invitación a no dejarnos llevar por las etiquetas y entrar al espacio entrañable entre el libro y la idea escrita, entre el narrador y nosotros sus lectores, a captar el fluir incesante de la vida. [ C ]


    Clima templado se puede descargar legal y gratuitamente en este enlace: https://foem.edomex.gob.mx/libro/clima-templado-ciudad-tan-bella-como-cualquiera

  • Reivindicación de un anatomista

    Reivindicación de un anatomista

    Una cierta historiografía de la Medicina mexicana, cuyo enfoque principal es el de destacar a los precursores y destacar sus hallazgos en el acontecer de esta disciplina, considera que la figura y la obra del doctor Daniel Vergara Lope “se han perdido en la historia”.

    Nació en el año de 1865 en la ciudad de Pachuca y en 1880 ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria; cuatro años después se incorporó a la Escuela Nacional de Medicina. Obtuvo su título profesional y se graduó con la tesis: “Refutación teórica y experimental de la teoría de la Anoxihemia del Doctor Jourdanet”. Poco después se publicó en forma de libro y “se trata de una ardiente defensa científica a los mexicanos del altiplano, que según el médico francés, padecían anemia intelectual que también afectaba en las esferas higiénica y moral. El medio geográfico los estigmatizaba, porque la baja presión (585 mmhg) y la altura elevada (2277 msnm) hacía que respiraran un aire enrarecido con una baja concentración de oxígeno”.[1]

    Vergara Lope alude directamente en el título de su trabajo al médico francés Denis Jourdanet, profesor de Medicina en Francia y en México; permaneció en el país cerca de diecinueve años y realizó sus investigaciones durante frecuentes viajes por el interior de la República. La refutación de Vergara Lope se efectuó varias décadas después de la aparición impresa de las obras del científico galo. [2]

    Su respuesta consistió en la descripción de varios mecanismos de adaptación a la altura que permitían a los habitantes del Altiplano protegerse contra la Anoxihemia Barométrica, y evitar así sus efectos mortíferos y mantener un funcionamiento intelectual dentro de la normalidad.

    El fisiólogo mexicano no escatimó conocimiento y elocuencia en su réplica a Jourdanet, asentando que para él era “un asunto de interés meramente nacional y de notables trascendencias para el progreso del porvenir, no solo científico, sino higiénico, práctico y social (…), los mexicanos no seremos una miserable raza, víctima fatal del medio cósmico en que se ha colocado, e incapaz de toda clase de progreso. Pónganse las cosas en su verdadero lugar, son mis deseos y los de todo aquel que busque la verdad”.[3]

    En una evaluación de carácter retrospectivo sobre las investigaciones y los métodos seguidos por Vergara Lope, se ha llegado a una valoración relativa: “A pesar de los mecanismos de aclimatación, se llegaría a una altura que produzca ya sea en el hombre o en animales con mejor adaptación, una hipoxemia grave o fatal. Jourdanet estuvo en lo correcto al proponer el síndrome que llama anoxihemia barométrica, pero Vergara Lope tuvo razón al considerarla poco relevante a la altura del Valle de México. Denis Jourdanet exagera en el impacto de la altura de 2200 metros y Daniel Vergara Lope en la perfección de los mecanismos de aclimatación”. [4]

    Importa decir que el autoctonismo científico de Vergara Lope no procedía solamente de una actitud personal, pues con el apoyo del doctor Fernando Altamirano – protector de los hermanos Velasco, José María e Ildefonso, entre otros jóvenes – Vergara Lope desarrolló la parte experimental de su Tesis en el Instituto Médico Nacional, y fue ahí que en 1889 se incorporó a trabajar como Médico Ayudante de la Tercera Sección, al tiempo que fue contratado como Demostrador de Fisiología en la Escuela Nacional de Medicina.

    Como lo advierte el historiador Armando Marcial Avendaño en un concienzudo artículo sobre ese Instituto, resulta “importante señalar que aunque este centro de investigación fue ideado para los médicos, pues incluso sus organizadores fueron directores de los diversos hospitales de la ciudad de México, no se excluyó a otros profesionales como químicos, naturalistas, veterinarios, etc. (…) El Instituto Médico Nacional fue creado el Primero de diciembre de 1888 por decreto del Congreso de la Unión, autorizando al Poder Ejecutivo la fundación de un Instituto Médico, cuyo objeto de investigación eran la flora, la fauna, la climatología y la geografía del país desde el punto de vista médico”.[5] Los mexicanos, pues, descubrían científicamente su propio país.

    Fue un proyecto de indudable valor para la modernización no solo de la medicina, sino en general de la investigación en ciencias biomédicas, farmacología, agricultura, medio ambiente, silvicultura, zootecnia y otras disciplinas más, por lo que en su primera etapa dependió del Ministerio de Fomento.

    El Instituto contaba con cinco secciones básicas: 1ª, Historia natural; 2ª, Química Analítica; 3ª, Fisiología Experimental; 4ª, Terapéutica Clínica y, 5ª, Climatología y Geografía Médica. En este contexto de investigación científica y de acuerdo con el planteamiento de sus fundadores de lograr una “ciencia mexicana”, es como se explica todavía más el trabajo de Daniel Vergara Lope sobre la adaptación fisiológica a las alturas y sus vindicaciones nacionalistas. Estuvo, bajo las órdenes de Eduardo Armendáriz, como ayudante de la citada 3ª Sección.

    Una pequeña digresión: en la 1ª Sección de Historia Natural, dirigida por el Dr. José Ramírez, el pintor Adolfo Tenorio, colega de Vergara Lope, ocupaba el cargo de Dibujante. Tenorio tuvo a su cargo la materia de Dibujo de ornato (plantas y animales), en la vieja Academia.

    Vergara Lope se repartía entre las tareas del Instituto, sus clases en la Escuela Nacional de Medicina y la cátedra de Anatomía en la Academia de San Carlos. Antes de ingresar formalmente como docente, era invitado a menudo como jurado en los exámenes de Anatomía, vale la pena señalarlo, porque su trayectoria se ha simplificado como una cuestión de favoritismos e influencias políticas. Ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes por una situación concreta: la enfermedad y posterior fallecimiento del doctor Gil Servín, profesor de Anatomía durante más de una década.

    Entre las varias circunstancias que suscitaron la renuncia de Antonio Rivas Mercado como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes en el mes de abril de 1912, se ha magnificado, según mi juicio, una causa considerada como la principal: la inconformidad de los estudiantes con la enseñanza de la materia de Anatomía por parte del médico Daniel Vergara Lope. Rivas Mercado lo consigna en el documento de separación:

    “El año pasado surgió un conflicto entre un grupo de alumnos de la Sección de pintura y esta Dirección, motivado en su origen por la actitud de esta última, quien en cumplimiento de su deber y por la justicia del caso, rechazó las pretensiones de dicho grupo, que pedía la separación del Dr. Daniel Vergara Lope, profesor de Anatomía, calificándolo de inepto en la materia, y la reforma del curso, practicando la disección sobre cadáver”.

    “Aunque en un principio la Dirección oyó las razones de los alumnos, en vista de la violenta conducta que asumieron más tarde, me vi obligado, autorizado por la Superioridad, a cerrarles temporalmente la entrada al Establecimiento, y más tarde, el C. Presidente dictó la expulsión definitiva de doce de los alumnos”.

    Muchos años después, éste episodio se convirtió en una explicación común para explicar no solamente las razones de la renuncia de Rivas Mercado a la conducción de la Escuela, sino también como un detonador de la huelga de estudiantes en el año de 191 y de la “liberación[6]

    [ C ]


    [1] Rodríguez, Ana Cecilia, “Daniel Vergara Lope Escobar, una vida y una obra que se perdieron en la historia”, Gaceta Médica de México, Vol. 140, Núm. 4. Julio-Agosto, 2004. p. 403

    [2] Denis Jourdanet publicó primero “Les altitudes de l’Amerique Tropicale, Francia: Balilliére, 1861, y posteriormente, “Le Mexique et L’Amerique Tropicale. Climats,Hygiene et Maladies”, Francia: Bailliére, 1864.

    [3]  Rodríguez, Ana Cecilia, Art., Cit, p.410.

    [4] Pérez-Padilla, José Rogelio, “III. La Fisiología de Daniel Vergara Lope Escobar. Reinterpretación de algunos de sus datos”, en Gaceta Médica de México, Vol. 140. Núm. 4, 2004. p. 420

    [5] Marcial-Avendaño, Armando, “Antecedentes del Instituto Médico Nacional y los primeros años de trabajo de la Sección 3ª de Fisiología”, Boletín Mexicano de Historia y Filosofía Médica, 10(I), 2007. p. 21-27

     

  • Cárdenas y la autoridad moral de México

    Cárdenas y la autoridad moral de México

    La política exterior es uno de los aspectos más relevantes de la presidencia de Lázaro Cárdenas. Desde el inicio de su gestión, en una breve mención a la política exterior de su gobierno, dejó claro que el derecho internacional sería la guía de sus relaciones con las demás naciones del mundo (Lázaro Cárdenas, Discurso de toma de posesión)  Y en su primer informe de gobierno aseguraba que mantener la autoridad moral de México en el ámbito de las relaciones internacionales requería que los representantes mexicanos en el exterior se apartaran de los asuntos internos de los países en los que se encontraban acreditados y, a mayor abundancia y en sentido inverso, agregaba que en función de las obligaciones de amistad y neutralidad, el territorio nacional no debía albergar actividades en contra de otros gobiernos. Para tal efecto, se había instruido a los diplomáticos mexicanos para que siguieran estrictamente a esta directriz, que solo aceptaba una excepción: la de continuar con la tradicional política mexicana para refugiados políticos, bajo determinadas circunstancias (Lázaro Cárdenas, Primer Informe de Gobierno).

    En tal sentido, el presidente Cárdenas no hacía más que retomar la ya larga tradición de manejo del principio de no intervención manejado por los distintos gobiernos mexicanos, desde el de Benito Juárez[1]. El Principio de no Intervención es parte de la política exterior de México desde la llamada Doctrina Juárez, que además comprende el derecho de autodeterminación de los pueblos; y la igualdad de los estados. Frente a la inminente invasión francesa Juárez había esbozado en su manifiesto del 12 de abril de 1862 el siguiente pronunciamiento: “tengamos fe en la justicia de nuestra causa tengamos fe en nuestros propios esfuerzos y unidos salvaremos a nuestra Patria” y en “los principios de respeto y de inviolabilidad de la soberanía de las naciones”.  En estas ideas está inspirado otro documento, que desarrolla propiamente la Doctrina que lleva el nombre del Benemeritito de las Américas. Se trata del mensaje que Juárez lee el 8 de diciembre de 1867 al reanudarse, con el IV Congreso, la vida constitucional del país, después de la salida de las tropas invasoras francesas y de la derrota de Maximiliano.

    Más tarde, el principio de no intervención es reiterado con precisión por Venustiano Carranza en la doctrina que lleva su nombre. En ella se precisa con exactitud que todas las naciones son iguales ante el Derecho y deben respetar mutua y escrupulosamente sus instituciones, sus leyes y su soberanía, sometiéndose estrictamente y sin excepciones al principio universal de no intervención. (Rosa Isabel Gaytán, La Doctrina Carranza. Práctica internacional y legado doctrinario, 2018)

    Armado de este principio, junto con su correlativo, el de la autodeterminación de los pueblos, México ingresó (septiembre de 1931) a la Sociedad de Naciones, en donde se constituyó, como no podía ser de otra manera, en un férreo defensor del derecho y la justicia internacional

    La Delegación mexicana siempre expresó en este organismo[2] que el principio de la “No intervención” representaba la base de la convivencia pacífica y armoniosa de la Comunidad Internacional. Por eso, va a manifestar repetidamente su repudio a las continuas violaciones al derecho internacional que se presentaron por parte de los países nazi-fascistas (Japón, Italia y Alemania), en los casos de la invasión de Japón a China en 1933, de la invasión italiana de Abisinia en 1935, y de la anexión de Austria a Alemania en 1938 en el proceso del Anschluss. Pero la actuación más destacada en favor de la legalidad internacional y del principio de no intervención fue en la guerra civil española iniciada en julio de 1936, con apoyo de Alemania e Italia a los militares rebeldes. Es justamente con este episodio cuando el presidente Cárdenas dio una novedosa interpretación a ese principio. El cambio propuesto por Lázaro Cárdenas se inicia con la interpretación que a la “no intervención” la da Gran Bretaña, en el marco de su política de “apaciguamiento” de la Alemania nazi, a la que se suma el gobierno del “Frente Popular” de Francia, que sólo parecía contar con los británicos ante una posible agresión alemana. Pero no solamente esto, en el fondo, lo que más temían los británicos era que, de ganar los republicanos, se estableciera un gobierno imitador de la Unión Soviética, en una especie de “bolchevismo”, como se acostumbraba nombrar a los partidarios del socialismo. Fue el gobierno francés, encabezado por León Blum, el encargado de firmar un “Acuerdo de No Intervención en España”, aun dándose cuenta casi desde el primer momento de que la sublevación militar era reforzada por el gobierno de la Italia fascista y la Alemania nazi. Desde luego, los británicos se sumaron entusiastas al acuerdo de “no intervención”, haciendo caso omiso de que con él se ponía en el mismo plano al gobierno legítimo y a los alzados en armas.

    Ambos países pusieron manos a la obra a fin de sumar a otros gobiernos a su injusto acuerdo, para lo cual formaron o propiciaron la formación de un Comité de No Intervención, mejor conocido como Comité de Londres, instalado apenas un mes después de la insurrección, supuestamente con el fin de verificar el cumplimiento de la no intervención de fuerzas extranjeras en el conflicto “civil”.

    No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que lo que subyacía debajo del Comité era una política de disimulo ante la agresión de Alemania e Italia al gobierno legítimo republicano, al decretar un embargo de armas que iba en contra precisamente de este gobierno, a pesar de que se decía que era dirigido a las dos partes de la guerra. En lugar de la no intervención, lo que tenemos en realidad es la creación de un ambiente propicio para la intervención extranjera y el despojo del derecho del gobierno republicano a conseguir armas en el extranjero para su legítima defensa.

    En desacuerdo con la actitud convenenciera de Inglaterra y Francia, el 17 de febrero de 1937, Lázaro Cárdenas envía una carta a Isidro Fabela, recién nombrado delegado de México ante la Sociedad de Naciones, para ampliarle su concepción del principio de no intervención y cómo debía ser explicado en este organismo cuando México tuviera que manifestarse respecto del alzamiento de los militares en la España republicana.

    Previamente, en su entrevista con Cárdenas, antes de salir hacia Ginebra para cumplir con su encomienda, Fabela recibió la instrucción de seguir los siguientes postulados:

    “I. México es y deberá seguir siendo un Estado fiel a la Sociedad de Naciones.

    II. México cumplirá estricta y puntualmente el pacto de la Liga.

    III. México ha reconocido y reconoce como inalienable el principio de no intervención.

    IV. Como consecuencia de lo anterior, México se constituirá en todo momento que sea necesario, en defensor de cualquier país que sufra una agresión exterior de cualquier potencia.

    V. Específicamente en el conflicto español, el gobierno reconoce que España, Estado miembro de la Sociedad de Naciones, agredido por las potencias totalitarias, Alemania e Italia, tiene el derecho a la protección moral, política y diplomática, y a la ayuda material de los demás Estados miembros, de acuerdo con las disposiciones expresas del pacto.

    VI. El gobierno mexicano no reconoce, ni puede reconocer, otro representante legal del Estado español que el gobierno republicano que preside don Manuel Azaña.

    VII. En el caso de Etiopía, México reconoce que ese Estado ha sido víctima de una agresión a su autonomía interna y a su independencia de Estado soberano por parte de una potencia imperialista. En consecuencia, la delegación de México defenderá los derechos abisinios en cualesquiera circunstancias en que sean o pretendan ser conculcados.

    VIII. En términos generales, México ha sido y debe seguir siendo un país de principios cuya fuerza consiste en su derecho y en el respeto a los derechos ajenos. Consecuentemente, la representación de México en Ginebra deberá ser intransigente en el cumplimiento de los pactos suscritos, en el respeto a la moral y al Derecho Internacional y especificaciones en el puntual cumplimiento del Pacto de la Sociedad de naciones”. (1937 Instrucciones del Presidente Cárdenas a Isidro Fabela).

    En la mencionada carta, el general Cárdenas dice explícitamente que la actitud de México en relación con España no se encuentra en contradicción con el principio de “no intervención”. Y agrega que el principio o la frase como el mismo dice, ha sido muy utilizada en la actualidad por la diplomacia europea y ha recibido como consecuencia de las complicaciones internacionales suscitadas por la rebelión española un contenido ideológico muy diferente del que orientó, por ejemplo, a la delegación mexicana que había concurrido a Conferencia de Paz de Buenos Aires, al proponer a la aprobación unánime de las Repúblicas de nuestro continente el Protocolo Adicional a la Convención sobre Deberes y Derechos de los Estados firmada en Montevideo en 1933.

    El presidente mexicano aseguró además, que bajo los términos “no intervención” se escudaban determinadas naciones de Europa, para no ayudar al gobierno español legítimamente constituido. De este modo, México no podía hacer suyo semejante criterio, ya que la falta de colaboración con las autoridades constitucionales de un país amigo, era en la práctica, una ayuda indirecta –pero no por eso menos efectiva- para los rebeldes que ponían en peligro el régimen que tales autoridades representaban. Ello, por lo tanto, era en sí mismo uno de los modos más cautelosos de intervenir

    La carta termina diciendo que la ayuda concedida por nuestro gobierno al legítimo de la República española era el resultado lógico de una correcta interpretación de la doctrina de “no intervención” y de una observancia escrupulosa de los principios de moral internacional que constituían la base más sólida de la Sociedad de Naciones. A este respecto, continuaba Cárdenas en su carta, procedía recordar que la ayuda material a que aludía, consistía en poner a disposición del gobierno que presidía Manuel Azaña, armas y parque de fabricación nacional, además de aceptar servir de conducto para la adquisición, con destino a España, de material de guerra de procedencia extranjera en aquellos casos en que las autoridades del país de origen -conociendo la finalidad de la compra- manifestaban en forma clara su aquiescencia y dieran, de acuerdo con los procedimientos normales, los permisos reglamentarios.

    Cárdenas hizo parecidas reflexiones sobre el concepto de neutralidad, del que, aseguraba, debía haber una clara separación entre los Estados agredidos, a los que se proporcionaba todo el apoyo moral y material que las circunstancias hacían indispensable, y los Estados agresores, para los cuales se fijaba, al contrario, un régimen de sanciones económicas, financieras, etc. La justificación de esta diferencia, plausible en lo que concierne a los conflictos que puedan surgir entre dos Estados libres y soberanos, se ponía aún más de manifiesto en lo relativo a la lucha entre el poder constitucional de un Estado y los rebeldes de una fracción apoyada visiblemente, como en el caso de España, por elementos extraños a la vida y a las tradiciones políticas del país (Carta del Presidente Lázaro Cárdenas a isidro Fabela).

    Isidro Fabela responde en términos parecidos a la carta del Presidente Cárdenas, quien lo había nombrado personalmente representante mexicano en la Sociedad de Naciones y quien había aceptado con la condición de tener acceso directo a la figura presidencial, lo que fue consentido sin problemas por Lázaro Cárdenas. En su respuesta, Fabela coincide punto por punto con los postulados cardenistas: “La política de usted en el caso de España, me parece en todos sus puntos, apegada a la justicia y ética internacionales, al Derecho de Gentes y a la fe de los tratados. Esos puntos se refieren a la llamada “no intervención”, a la “neutralidad” y a la ayuda material al gobierno legítimo que preside el señor Azaña.”

    Después, critica al Comité de Londres en los términos que ya hemos expuesto líneas arriba, pero al mismo tiempo se duele de que, en un acto de ingenuidad el gobierno republicano haya admitido ese “absurdo estado de cosas” en  la l7a. Sesión Ordinaria de la Asamblea de la Sociedad de las Naciones, cuando “el representante español, Julio Álvarez Vayo (ex embajador en México), después de manifestar con justeza que la fórmula de no intervención era una monstruosidad jurídica, hizo enseguida esta no apropiada declaración contradictoria: “Nosotros aceptaríamos una política rigurosa de no intervención”; advertencia que se realizó en la sesión extraordinaria del Consejo de la Liga (12 de diciembre de 1936) al aceptar el proyecto de resolución que vino a reconocer oficialmente, por parte de dicho Consejo, al Comité de Londres” (Respuesta de Isidro Fabela a carta del Presidente Lázaro Cárdenas).

    Obviamente, con esta declaración la defensa de España ante la acomodaticia política de no intervención de Inglaterra y Francia se volvía mucho más complicada, aunque de cualquier manera México se mantuvo incólume, gracias a la política exterior instruida por Lázaro Cárdenas, al lado de la justicia y la legalidad, hasta que los republicanos fueron derrotados, momento en que México abrió sus puertas al exilio español y de otras partes del mundo, en uno de los episodios de más generosidad internacional habidos en nuestro país desde el propio gobierno mexicano.

    Lo anterior permite obtener varias conclusiones sobre la interpretación y el manejo que hace Lázaro Cárdenas del concepto de no intervención:

    El presidente mexicano tenía una muy clara concepción de los asuntos mundiales y de cómo se estaba conformando la política internacional de su época. Un buen ejemplo de lo anterior es su interpretación del Estatuto de la Sociedad de Naciones, pues ese documento obligaba a los miembros a apoyar al Estado agredido, que en este caso era un gobierno que legítimamente había llegado al poder con un apoyo abrumador en las urnas.

    Igualmente contaba con una percepción de cómo México debía participar en los asuntos mundiales, particularmente sobre el reposicionamiento del país y su gobierno en esos asuntos, por medio de la política exterior, como una extensión de la política interior.

    Los principios de la política exterior, como ya dijimos la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, no debían ser un motivo para la paralización de la política exterior, con el pretexto de no entrometerse en asuntos aparentemente ajenos en una perspectiva superficial, pero muy cercanos en otra perspectiva más global.

    Es, desde luego, una interpretación diferente a las contenidas en las Doctrinas Juárez y Carranza, , pues a mi juicio, mientras en estas tiene un contenido de defensivo vis a vis las agresiones e intervenciones externas padecidas por México durante todo el siglo XIX y parte del XX, en la concepción cardenista hay un contenido no ofensivo, pero si activo; es decir México ya no está preocupado por las intervenciones en su territorio sino por defender las causas de los países y gobiernos legítimos agredidos por fuerzas superiores y necesitados de apoyo en todos los sentidos. Se basa también en la historia nacional, muy probablemente pensando que si México hubiera sido apoyado desinteresadamente por otros países, otra sería la historia de nuestro país.

    Hay también diferencias con respecto a la Doctrina Estrada, pues contra lo que esta dice, el gobierno de Lázaro Cárdenas sí se pronunció sobre la legitimidad del gobierno republicano atacado por el levantamiento militar y sí mantuvo su reconocimiento a ese gobierno, incluso como sabemos hasta poco después de la muerte de Francisco Franco.

    La interpretación, basada más en una causa superior o en el pragmatismo principista, como lo llama Rafael Velázquez, que hace el general Lázaro Cárdenas del principio de no intervención servirá de base para actuaciones similares de posteriores gobiernos mexicanos, como la del presidente Echeverría en el caso del golpe de estado de Pinochet al legítimo presidente Salvador Allende y luego, cambiando los términos que deben ser cambiados, la del Presidente López Portillo en el caso de Nicaragua, sobre todo en el sentido de que el principio no debe ser un obstáculo para la paralización de la política exterior en caso de una situación de una evidente injusticia interior o internacional. Si queremos alargar la lista, encontramos que Miguel de la Madrid y su secretario de Relaciones Exteriores, Bernardo Sepúlveda, también practicaron el pragmatismo principista o el argumento de la causa superior en el caso de los conflictos internos en Centroamérica en la década de los 80 del siglo pasado, a partir del impulso al Grupo Contadora, que se formó para alentar las negociaciones y la solución a esos conflictos mediante acuerdos pacíficos.

    Debe añadirse que el presidente Cárdenas estuvo rodeado de una generación destacadísima de internacionalistas, surgida de la revolución mexicana y de sus elementos sociales más profundos, aquellos que fueron testigos de la desaparición de la Sociedad de las Naciones y del surgimiento, primero del “huevo de la serpiente” y, de inmediato, de la serpiente misma, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, los que diseñaron las estrategias diplomáticas en el período de entreguerras y fueron capaces de crear una doctrina por voz de uno de sus integrantes –la Estrada-, de afianzar los principios de política exterior provenientes de otras doctrinas -la Juárez y la Carranza-, y, al finalizar la segunda guerra mundial, contribuir a la creación de un nuevo organismo mundial con miras a garantizar la paz universal, por supuesto, representando a México con una dignidad igual a como lo habían hecho en la Sociedad de Naciones. (Leticia Bobadilla, 2013)

    Pero no solamente esto, fueron también en extremo inteligentes, honestos hasta el delirio y con una capacidad de adelantarse a los acontecimientos, lo que les permitió hacer un exacto pronostico del devenir de la realidad, que los llevaba a plantear propuestas mexicanas de solución a los problemas internacionales que ya se oteaban en el horizonte, como sucedió también con los planteamientos del gobierno de nuestro país frente a los reclamos por la expropiación petrolera, o con la construcción de reglas internacionales de convivencia pacífica en el marco de la división del mundo en dos grandes bloques de poder y del enfrentamiento con armas de destrucción masiva, que por muchos años puso al mundo al borde de la destrucción nuclear.

    Lázaro Cárdenas estuvo rodeado de esta pléyade de grandes diplomáticos e internacionalistas decíamos, pero él mismo debe ser considerado como parte de esta generación que tanto lustre le dio a la política exterior de México, terminando el proceso para sacar a México del ostracismo internacional en el que había estado a causa de la Revolución y que se había iniciado plenamente con su ingreso a la Sociedad de Naciones. Cárdenas y su grupo de internacionalistas fueron capaces de interpretar correctamente los signos de los tiempos sobre la catástrofe que se avecinaba y que significó para la humanidad la llegada de la Segunda Guerra Mundial, para así actuar en consecuencia. [ C ]


    [1] Incluso, es posible afirmar que el principio de no intervención se encuentra ya en Los Sentimientos de la Nación, de José María Morelos y Pavón, del 14 de septiembre de 1813. Hace poco en un diario nacional, hubo una especie de discusión sobre si los principios son de origen mexicano o no. La respuesta no es difícil de encontrar, pues en efecto no son de origen mexicano, el propio Juárez lo reconoce implícitamente en otra parte de su manifiesto del 12 de abril: “el gobierno de la República, recordando en qué siglo vivimos, qué principios defienden los pueblos civilizados, qué respeto se profesa a las nacionalidades, se complace en esperar que si hay sentido de justicia en los consejos del emperador de los franceses, este soberano, que ha procedido mal informado sobre la situación en México, reprenderá el abandono del camino de negociaciones en el que habían entrado sus plenipotenciarios y la agresión que atentan contra un pueblo tan libre, tan soberano, tan independiente. , como el más poderoso de la tierra”. Luego entonces, no son de origen mexicano, pero México le ha dado una notoria historicidad.

    [2]En donde fue admitido como si hubiera sido miembro fundador y sin aceptar la Doctrina Monroe como válida, como sí la había considerado el resto de los integrantes de la SDN.


    Fuentes Consultadas-.

    Lázaro Cárdenas. Discurso de toma de posesión, 1 de diciembre de 1934. 500 años      de México en Documentos. En: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/ 1934_231/Discurso_de_Toma_de_Protesta_como_Presidente_de_L__1236.shtml

    Dirección de Servicios de Investigación y Análisis. Referencia Especializada Subdirección (2006), Informes presidenciales: Lázaro Cárdenas del Río (en línea), México, Cámara de Diputados / Centro de Documentación, Información y Análisis, p. 5, URL: http://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/re/RE-ISS-09-06-08.pdf [consulta: 25 de abril de 2019].

    Rosa Isabel Gaytán, La Doctrina Carranza. Práctica internacional y legado doctrinario, Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones Mexicanas, 2018, 583 pp.

    Dirección de Servicios de Investigación y Análisis. Referencia Especializada Subdirección (2006), Informes presidenciales: Venustiano Carranza (en línea), México, Cámara de Diputados / Centro de Documentación, Información y Análisis, p. 73, URL: http://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/re/RE-ISS-09-06-01.pdf [consulta: 18 de abril de 2019].

    Carta del presidente Cárdenas al Lic. Isidro Fabela, delegado ante la Sociedad de Naciones, sobre la posición de México respecto a la guerra de España, y respuesta de éste. 1937.  Memoria Política de México, https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1937CCE.html

    1937 Instrucciones del Presidente Cárdenas a Isidro Fabela. Memoria Política de México, En:   https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1937CCE.html

    Isidro Fabela. Cartas al Presidente Cárdenas; la política internacional del Presidente Cárdenas. Estudio preliminar de Fernando Serrano Migallón, Toluca, estado de México, Instituto Mexiquense de Cultura, 1994, 522 pp.

    Rafael Velázquez Flores. Principled Pragmatism in Mexico’s Foreign Policy. Variables and Assumptions, Suiza, Palgrave McMillan, 2022, 350 pp.

    Leticia Bobadilla, “Alfonso García Robles y su labor diplomática en el Tratado de Tlatelolco, 1963-1967”, en Alberto Enríquez Perea (coord.), Homenaje. Alfonso García Robles. Premio Nobel de la Paz, 1982, UNAM, FCPyS, 2013, 414 pp.

  • Un iceberg llamado poesía

    Un iceberg llamado poesía

    En la poesía peruana, Pablo Guevara ocupa un lugar muy especial. Aunque en una entrevista[1] él mismo haya declarado que era un poeta sin generación, la mayor parte de la crítica lo ubica en la generación del 50, junto a otros grandes poetas como Jorge Eduardo Eielson, Carlos Germán Belli, Javier Sologuren, Blanca Varela, Francisco Bendezú, Washington Delgado, Alejandro Romualdo, etc. A pesar que los frecuentaba y se considerase el hermano menor, se resistía a pertenecer a dicha generación y hasta se mostraba bastante crítico: “Yo creo que la generación del 50 enseñó a hacer poemas buenos, pero dejó de hacer los poemas que hicieron los poetas anteriores a ella. Es decir, dejó de hacer poemas como Adán, como Westphalen, como Moro o como Vallejo.”[2]  

    Nació en Lima en 1930. Además de poeta fue un destacado ensayista, profesor universitario y cineasta. Entre sus obras publicadas tenemos: Retorno a la creatura (1957), Los habitantes (1963), Crónica contra los bribones (1967), Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú (1971). Después de tres décadas aparece con La colisión, Ópera marítima en cinco actos (1999), conjunto de cinco libros (Un iceberg llamado poesía; En el bosque de hielos; A los ataúdes, a las ataúdes; Cariátides; y Quadernas, quadernas, quadernas), con el primero de ellos precisamente ganó la VIII Bienal de Poesía Premio Copé de 1997, aunque anteriormente ya había obtenido otras importantes distinciones como en 1954 cuando le otorgaron el Premio Nacional de Poesía o el Premio Internacional Ciclo de Ensayo en 1987.

    Con Un iceberg llamado poesía, Pablo Guevara emerge nuevamente en la poesía peruana y produce en ella una fuerte colisión. Para ello recurre a la metáfora del Titanic, que representa a la sociedad; y al iceberg que representa a la poesía, como una fuerza de choque que revela la precariedad y banalidad de nuestra existencia.

    El poemario está dividido en tres partes. Se inicia con una secuencia narrativa en la que se presenta al ostentoso Titanic que cruza las aguas frías del Atlántico dirigiéndose de Southampton a Nueva York, pero frente a las costas del mar de Terranova en Canadá se choca contra un iceberg y en menos de tres horas queda completamente hundido, ante el asombro y estupor de los pasajeros sobrevivientes que intentaban arribar al Nuevo Mundo.

    Antes del hundimiento, en la segunda parte, el poeta da cuenta de las grandes y lujosas fiestas que se hacían en el barco. Lo más selecto de la sociedad hacía gala de sus riquezas y echaba por la borda todo aquello que pudiera causarle aburrimiento. “Eran de los más histéricos consumidores de todos los placeres”[3]. En plena diversión nadie avizoraba que estaban llegando “por fin a su puerto final o hacia su perdición”[4].

    Mientras arriba del barco, en los grandes salones de baile, la gente se divertía a lo grande “¿Qué pasaba en las otras cubiertas? ¿Qué comían si comían? ¿Qué bebían si bebían?”[5], se pregunta el poeta. Y después del choque “¡Abajo! Fue tan grande el encontronazo / tan poco suave – sutil o considerado / al fondo todo fue tan bestial tan sin formas tan sin buenos modales” y “¡Arriba en cambio! Todo fue tan pronto disimulado.”[6]

    En la tercera parte, el poeta explora más detenidamente la metáfora del barco donde el agua entra inconteniblemente “como una hemorragia al revés”[7], es decir, “de afuera a adentro para no salir más”. Ese barco es la sociedad que va entrando en un proceso de descomposición. Es la Europa de las primeras décadas del siglo XX que se desangra a sí misma y ve en el Titanic a su Arca de Noé; es una sociedad que trata de “reunir lo mejor de un Viejo Mundo sin renovaciones / a un Nuevo Mundo que quería inventarlo todo de nuevo…”[8] Es una sociedad caótica que sólo vive un simulacro de felicidad. En torno a ese caos la literatura aparece como una edificación de mármol y cristal, desde donde “se podía vivir en libertad y contemplar la modernidad”.[9]

    Pablo Guevara llama al Titanic “el primer barco posmoderno”[10] y en esa medida en su libro también encontramos los rasgos típicos de la posmodernidad, o más bien una crítica a ella. Desde el punto de vista formal, por ejemplo, la característica posmoderna que salta a la vista en este poemario es la intertextualidad, en la medida que recurre a otros textos para lograr su armazón final. En ese sentido, los versos de Ezra Pound, César Moro, André Bretón, Eielson, Rilke, Westphalen, Vallejo, Rimbaud, Artaud, Mallarme, Joyce, no solo aparecen como epígrafes a sus poemas, sino que van de la mano con el sentido mismo del poemario. Además, hay una clara referencia al lenguaje cinematográfico sobre todo al de Luis Buñuel[11]. Igualmente, cuando se refiere a las ciudades latinoamericanas recurre a los datos proporcionados por el Instituto de Estudios Demográficos.[12]  Marco Martos anota que Guevara “trabaja sus poemas bajo el supuesto de que existen vasos comunicantes, corrientes secretas entre las distintas formas literarias que sólo muy aproximadamente podemos llamar géneros, aun cuando esa proteica masa literaria ostente todavía el pabellón de la lírica”.[13]

    La posmodernidad proviene del abordaje que hace del aspecto social, y lo más interesante es que hace la crítica desde la misma posmodernidad. En una entrevista precisamente declaró que “El problema es que siempre se habla tan poco de lo social que casi no existen referentes para hacerlo inteligible … cuando hablo de lo social me refiero a una constante social que está hirviendo y de repente meto ahí mi cucharón, saco algo, lo paladeo, y eso me parece que está bien y eso es lo que escribo.”[14]

    En el poemario de Pablo Guevara, el barco transporta un albedrío que colisiona con la poesía. Es el Titanic que como una stultifera navis “se desliza por un paisaje delicioso, donde todo se ofrece al deseo, una especie de Paraíso renovado, puesto que el hombre no conoce ya ni el sufrimiento ni la necesidad; y sin embargo, no ha recobrado la inocencia”, nos dice Foucault[15]. En su poema “¿Barco fantástico?”, Guevara escribe: “no lo olvidemos un barco es la sociedad / y el mar es un caos universal”[16], y luego en otro poema agrega: “Y de pronto apareció por ahí ese maldito iceberg / llamado Poesía o Literatura o Aburrimiento o lo que fuera / con la única condición precisa de no devenir en Aburrimiento / ni por un instante…”[17]. Se produce el choque fatal. [ C ]


    [1] Alonso Rabí do Carmo, “Poesía de choque. Entrevista a Pablo Guevara” en El dominical, 18 de julio de 1999.

    [2] Idem.

    [3] Pablo Guevara, Un iceberg llamado poesía. Lima, Ediciones COPÉ, 1999, p.55. Todas las referencias posteriores son a este libro.

    [4] idem. p. 69.

    [5]idem., p. 55.

    [6] idem., p. 33

    [7] idem, p. 95.

    [8] idem p.  86.

    [9] idem p. 92

    [10] idem p. 29

    [11] idem p. 101

    [12] idem p. 93

    [13] www.educared.edu.pe/estudiantes/literatura/pabloguevara

    [14] Enrique Hulerig, “Pablo Guevara: la partitura del caos”, en Quehacer p.113.

    [15] Michel Foucault,  p. 40

    [16] Pablo Guevara, p. 87

    [17] Pablo Guevara. 41

  • Omar Jayyam: la eternidad en un cuarteto

    Omar Jayyam: la eternidad en un cuarteto

    Omar Jayyam, uno de los grandes poetas persas, nació un 11 de mayo de 1048… ¡hace 977 años! ¡Se dice rápido! Aunque su poesía fue escrita en un lenguaje distante y poco común para el lector del siglo XXI, su voz sigue resonando con fuerza, recordándonos que la verdad poética trasciende el tiempo y las palabras.

    Sus famosos rubaiyat —breves cuartetos— no solo son joyas de la literatura persa, sino también ventanas a una visión del mundo marcada por la lucidez, la duda y el goce de lo efímero. Jayyam no temía cuestionar los dogmas de su tiempo; entre el vino, el amor y las estrellas escondía preguntas eternas, inherentes a la naturaleza humana: ¿qué sentido tiene la existencia?, ¿qué hay más allá de esta vida fugaz?, ¿es acaso la duda una forma más honesta de fe?

    Su obra es un puente entre la ciencia y la poesía, entre la razón y la emoción. Fue un matemático y astrónomo brillante, pero también un místico que encontró en el instante presente un universo entero. Tal vez por eso sus versos han sobrevivido siglos: porque hablan a lo más humano que hay en nosotros, a esa mezcla de asombro, miedo y deseo que nos habita desde siempre.

    En sus palabras persiste una invitación sencilla y profunda: vivir intensamente, amar sin medida y mirar el cielo con la misma curiosidad de quien sabe que todo es pasajero, y por eso, inmensamente valioso.

    Aquí algunos ejemplos tomados de Omar Jayyam. Robaiyyat. Ed. Hiperión.

    —

    Sobre el origen, la existencia y el misterio del ser

    Lo primero que hizo: crearme, ineludible.

    la vida no agregó nada, salvo mi asombro;

    Sin querer nos marchamos, sin saber el objeto

    del venir, del estar y, al final, del marchar.

    —

    Sobre la voluntad, el no haber nacido y el sinsentido

    Si de mi dependiera, yo no habría venido;

    Si de mi dependiera, yo no me marcharía.

    Y lo mejor seria que en este mundo ruin

    ni llegara, ni hubiera de partir, ni estuviera.

    —

    Sobre el destino y la libertad

    Si yo pudiera hacer la bóveda celeste,

    Quitaría de en medio la bóveda de ahora

    Para construir otra hecha de tal manera

    Que resultara fácil gozar con libertad”

    No culpes a las estrellas, al hado ni al destino,

    la vida no se escribe en un cielo divino.

    Sé tú quien traza el rumbo, aunque el viento no cese:

    que el alma es del que elige… no del que obedece

    —

    Sobre el determinismo y la aceptación del ser

    Desde que en cierto molde amasaron mi arcilla

    Se ha levantado mucho revuelo de esta tierra;

    Yo no podría ser mejor de lo que soy,

    pues soy tal como me han sacado del crisol.

    —

    Sobre el tiempo y la fugacidad

    ¡Qué pronto pasa el tiempo! ¡Qué rápido el instante!

    El vino se derrama, la copa ya es distante.

    No cuentes con mañana, ni esperes más promesas,

    que el hoy es lo que tienes… y se va, fulminante.

    Sobre el gozo y el presente

    Antes que el alma huya del cuerpo prisionero,

    antes que la voz calle y se enfríe el sendero,

    bebe el vino, ama fuerte, canta con los amigos,

    que todo lo demás… es humo y es ligero.

    —

    Sobre la muerte y el sentido de la vida

    Cuando yo ya no sea más que polvo en el viento,

    y en mi lugar no quede ni un solo pensamiento,

    tal vez un alfarero tome mi arcilla seca,

    y haga con ella un cuenco… para el vino y el cuento.

    —

    [ C ]

  • Octavio Paz y la Revolución islámica

    Octavio Paz y la Revolución islámica

    Irán representa un desafío para las relaciones internacionales desde hace algún tiempo. A partir del ascenso del ayatolá Ruholá M. Jomeini en 1979 este país ha sido cuestionado por su modelo político y en los últimos años ha afrontado ataques armados desde el exterior contra dirigentes, figuras políticas e instalaciones estratégicas a fin de contener su influencia regional, inducir una transformación interna y minar su potencial militar nuclear.

    Los acontecimientos recientes, obligan a comprender mejor esta república islámica para confirmar que el mundo en la actualidad trasciende la tradicional lógica del equilibrio de poder regional -evitando que un país sea el hegemónico en Medio Oriente- y que más bien estamos en una confrontación de identidades, narrativas y percepciones cuyo objetivo final aparente es lograr una legitimad ideológica que garantice un nuevo modelo político que sea reconocido por la mayoría de los actores internacionales.

    No hay duda de que el conflicto se alimenta de visiones opuestas sobre un aparente orden regional, de la relevancia de la religión en la política y de la memoria histórica de agresiones mutuas. Desde esta perspectiva, una revisión del texto que Octavio Paz escribió sobre el régimen teocrático que emergió de la revolución islámica resulta pertinente tanto por lo que representa desde una perspectiva meta histórica como por su validez en el momento actual en el Medio Oriente, donde dos visiones políticas se enfrentan evidenciando como baluartes la democracia de tipo occidental y el islam en una de sus variantes.

    1.

    Al conmemorarse el centenario de su nacimiento, la Nueva Revista Arte y Cultura publicó el artículo Antonio R. Rubio Pio titulado “Octavio Paz e Irán: el valor de la meta historia”,[1] en el cual lo reconoce como un buen conocedor de la realidad de su tiempo y como un analista perspicaz de los acontecimientos políticos que vivió, pero destaca que esto no fue resultado de sus experiencias diplomáticas sino más bien de su universalidad para reflexionar dejando al margen la minucia del acontecimiento político.

    Rubio Pio subraya que a Octavio Paz nunca le interesaron los detalles secundarios ya que prefería las esencias capaces de explicarlo todo. De ahí que el núcleo de su texto verse sobre un aspecto fundamental: afirmar que Paz trascendió cualquier acontecimiento político que atestiguó para centrarse en la meta historia o en la meta política.  Por eso, en diversas ocasiones, él se atrevió a decir que las facultades de ciencias políticas deberían estudiar más las tragedias de Esquilo y Shakespeare a fin de que los científicos sociales comprendieran el componente trágico de la política y traspasaran sus categorías empíricas de análisis.

    Con este parteaguas, el texto referido plantea un acercamiento que conjuga el estudio de las ideologías políticas y su relación con los totalitarismos del siglo XX. Y es aquí donde emerge la relevancia del mesianismo político religioso que, desde la perspectiva de Paz, se manifestó en la república islámica de Irán con el ascenso al poder del ayatolá Jomeini en ese país en 1979.

    2.

    Existe un ensayo específico en el que Paz analiza la primera revolución islámica de la época moderna: “La rebelión de los particularismos”, incluido en la primera edición de Tiempo Nublado (1983). Aquí repasa sus planteamientos previos respecto a las diferencias entre revolución y revuelta y reitera su postura respecto a las revoluciones rusa y cubana. Pero lo fundamental es que plantea su asombro por el retorno de las creencias, las ideas y los movimientos que él suponía desaparecidos ante el fracaso de su práctica sustentada en estructuras opresivas y burocratizadas.

    En el caso de Irán, le resultaba manifiesto que el mundo estaba ante una revuelta más que ante una revolución. Ello porque estábamos ante un acontecimiento que conllevaba disturbios y mudanzas violentas en un statu quo específico; inevitablemente se trataba de un cambio determinado por un regreso a los orígenes. Sólo como parangón, revolución para Paz conlleva el advenimiento de un mundo nuevo, algo que no ocurría precisamente en Irán en ese momento.

    Lo que él vio fue la restauración de un pasado glorioso, hasta cierto punto mitificado, que se reivindicó a través de un nacionalismo religioso; en suma, desde su punto de vista, estábamos ante la emergencia de un particularismo que buscaba la asunción al poder político. Esta mezcla de planteamientos, empero, no implicaba un mero retorno al orden antiguo ya que se evidenciaba un cambio original (particular) que intentaba regresar a los orígenes de una cultura o civilización: el islamismo.[2]

    Desde este constructo, la caída del Sha Mohammed Reza Pahlevi no sorprendió a Paz ya que había sucumbido por la fuerza de una fe (chiita), a la que él considera “una religión de combatientes y de mártires”. La caída del Sha era algo previsible ya que no logró hacer mella alguna en una teocracia militante sustentada en una ideología a prueba de cualquier revolución.

    El chiismo se convirtió paulatinamente en una creencia pasiva en la mayoría de la población, adquiriendo un papel activo en la vida política de Irán. El poder del clero chiita no se desvaneció con la ola de progreso que motivó Reza Pahlevi y sus países aliados, principalmente los Estados Unidos. En un contexto más amplio o supra ideológico, la “revuelta” iraní de 1979 exhibió un desdén por las peculiaridades históricas y culturales internas, lo cual motivo un error táctico de acercamiento, y con ello la transformación hacia el momento que perdura casi medio siglo después de su imposición.

    Otro aspecto fundamental señalado por Paz fue que en el movimiento que derrocó al Sha Reza Pahlevi nunca se vislumbró alguna connotación o aproximación a una revolución liberal o marxista sustentada en algún determinismo histórico. En este movimiento participaron tanto grupos de clase media ilustrada como el partido Tudeh (comunista, en la clandestinidad), a los cuales la fracción religiosa traspasó para imponer su propio régimen. Al respecto Paz señala que los partidarios de Jomeini estaban unidos por una ideología tradicional, simple y poderosa identificada en esencia con la nación; ni liberales ni marxistas percibieron el empuje de la poderosa combinación nacionalismo-religión.

    3.

    La distancia temporal permite revalorar la lectura que hizo Paz del inicio del régimen aún vigente en Irán. Lo que él señala respecto al regreso de creencias, ideas y movimientos que consideraba desaparecidos de la superficie histórica, es relativo ya que en realidad nunca se desvanecieron y, con diversos matices, están presentes en diversas entidades nacionales del Medio Oriente y más allá.

    En el caso del chiismo, que Paz define por su puritanismo, su intolerancia y por la institución de su guía espiritual (Imán), conviene remarcar su culto al martirio, manifiesto a través de una fe de vencidos y de mártires.[3] Además, es visible un clero organizado que actúa como custodio de las tradiciones religiosas y nacionales. En suma, sigue vigente una ideología tradicional, simple y poderosa sustentada en la religión, el nacionalismo y una fusión de lo militar y lo ideológico.

    Algo también visible, después de casi medio siglo de su asunción al poder, es que los dirigentes iraníes no han concebido, ni en totalidad ni con matices, un nuevo proyecto que esté en armonía tanto con la evolución de su sociedad como con el momento actual del orbe y que al mismo tiempo siga siendo congruente con sus propias tradiciones.

    Frente a la palestra internacional la fórmula originaria perdura: identificar un enemigo exterior y catalogarlo como amenaza. Esta estrategia ha sido fundamental para asegurar la unidad interior y el respaldo al líder religioso y político. El conflicto con Occidente o con otras visiones teocráticas ha funcionado como estrategia ideológica y como cruzada religiosa, sin embargo, si algo caracteriza al siglo XXI es la interdependencia sobre la diversidad ideológica. El momento actual es contrario a la triada religión-política-guerra y por ello reconocer una modernización política, económica y social, sin amenazas a valores religiosos y culturales, sería una forma de poner fin a un estado endémico de guerra.

    Sobre todas las cosas hay un aspecto fundamental para comprender a Irán: trascender la imposibilidad de diálogo entre diferentes. La incapacidad para comprender lo que tanto Irán como los países occidentales refieren a través de sus planteamientos políticos, jurídicos o diplomáticos sigue vigente. Como dijera Paz, pareciera que el lenguaje de Irán es de otros siglos y el de Occidente es moderno. Hoy, más que nunca, es necesario aprender a oír el otro lenguaje, el lenguaje enterrado, que para algunos resulta arcaico, aunque su permanencia le provea modernidad. Aceptar ese lenguaje conlleva un redescubrimiento (resurrección le llama Paz) de una sabiduría (afluente de ideas) que se resisten a reconocer las democracias modernas, lo cual ha impedido la plena comprensión de quien siguen considerando adversario ideológico. [ C ]


    [1] https://www.nuevarevista.net/octavio-paz-e-iran-el-valor-de-la-metahistoria/

    [2] Zbigniew Brzezinnski se refirió al despertar político global de ese momento como un tiempo de particularismos, nacionalismos e individualismos.

    [3] Conviene recordar que al interior de Irán se han desarrollado otros sistemas religiosos, entre ellos el sufismo, que es la contrapartida espiritual de chiismo con una amplia variedad de exponentes místicos.

  • Tras las elusivas huellas de México en Portugal

    Tras las elusivas huellas de México en Portugal

    A fines del siglo XIX, la República Francesa decidió obsequiar a Estados Unidos una gigantesca escultura que representaba a la libertad para sellar la amistad centenaria entre ambas naciones. Dicha estatua, de 46 metros, es hoy el símbolo más conspicuo de Estados Unidos y la manifestación más indeleble de la hermandad entre los dos países.

    Así, a lo largo de la historia, un pueblo va dejando en otro huellas, a veces profundas y duraderas, y en otras ocasiones apenas perceptibles. Unas las conciben los poderes políticos, pero las más de las veces estas huellas las dejan migrantes a su paso sin proponérselo. Lo que ha sobrevivido del Imperio romano en la mitad de Europa y alrededor del Mediterráneo son templos, teatros y circos, mosaicos y caminos. De él ha quedado también el gusto por el vino y el aceite de oliva, y hasta una manera de impartir justicia, basado en el ius romanum.

    En la era de la globalización todos los pueblos están presentes en todos lados, aunque no es igual la permanente e ineludible presencia mexicana en California o Texas que, digamos, la de Nepal en Europa.

    Un embajador mexicano, tan pronto llega a otro país, por instinto busca a su alrededor la huella de su gente y de su cultura. Una de sus funciones es hacerla crecer, que se conozcan, que brillen y se multipliquen sus tradiciones, sus artistas y sus productos. Por ello, desde enero de 2023 emprendí la tarea de recorrer Portugal y anotar los rastros y los variados rostros de la mexicanidad en tierra lusitana. Esta es, estimado lector, la historia de un viajero en el interior de la aventura que hizo, tal como advirtió José Saramago en el prólogo de su Viaje a Portugal: una historia de paciencia, de sorpresas, pero también de algunas frustraciones y muchas emociones.

    1) La Avenida México en Lisboa y la misteriosa desaparición de la plaza de mismo nombre

    Los topónimos son las presencias extranjeras más evidentes: basta con buscar una palabra en un mapa. De esta forma, encontramos una avenida que lleva el nombre de la capital mexicana en la zona céntrica de Lisboa. En 1932, dos años después de establecido el primer consulado portugués en suelo mexicano, un decreto del municipio nombraba la Avenida México en el barrio nuevo de São João de Deus. A semejanza de lo que sucede en la Colonia Juárez de la Ciudad de México, las calles vecinas honran a otras ciudades ilustres: Madrid, París, Río de Janeiro. A diferencia del barrio porfiriano y afrancesado de México, el de São João de Deus es Art Déco. 

    La avenida es curva, ancha y elegante, flanqueada por el Instituto Nacional de Estadística y por amplias villas de arquitectura geométrica. No es larga –tiene unos escasos doscientos metros– pero en su centro la recorre un camellón que bordean altos y frondosos árboles. Debajo de estos, un objeto rojo de lejos asemeja a un frijol de colorín abierto. Es una escultura de metal de dos metros de largo por uno de alto, sobre una base rectangular negra, una especie de S recostada y pixeleada.

    En una esquina de la base, una modesta placa oxidada explica:

    No está ahí consignado, pero se trata de una escultura de Sebastián, célebre artista mexicano presente en el mundo a través de esculturas mucho más grandes que ésta.  El embajador de México en Lisboa, en 1991, era el jurista Carlos del Río Rodríguez. Seguramente en algún archivo permanecen guardadas las imágenes de la solemne develación de la escultura en presencia del alcalde del momento, en una fecha tan simbólica como el 16 de septiembre.

    Termina la corta Avenida México en la Plaza de Londres, donde se encuentra un restaurante icónico de la ciudad: la Pastelaria Mexicana, fundada en 1946, como orgullosamente señala el rótulo. El nombre Mexicana, en azul, recuerda a la tipografía de los Juegos Olímpicos Mexicanos de 1968, ya que cada letra contiene tres trazos paralelos que son luces de neón. En el establecimiento se encuentra una obra catalogada de interés cultural por el Gobierno portugués, dos paneles de azulejo llamados Sol mexicano, del célebre artista plástico Querubim Lapa.

    En este momento el lector se preguntará: ¿hay alguna coincidencia de nombre con la avenida cercana? Descubrí que, de 1932 a 1948, la plaza era “vulgarmente” (lo que significa, en portugués, “comúnmente”) conocida como Plaza de México. Un edicto de la ciudad se decidió por el nombre de Londres en 1948. ¿Qué sucedió? Transcribo un interesante comentario, sobre el restaurante: “Todo esto con vista privilegiada a la amplia plaza de nombre londinense, que se iba a llamar Plaza de México – de ahí el nombre Mexicana–, y que después no lo fue por razones diplomáticas hoy difíciles de clarificar. Por suerte, el negocio no cambió también su nombre, pues sería hoy La Londinense, y difícilmente tendríamos el magnífico sol mexicano de Querubim Lapa, en lo que hoy es el comedor. Solo por este panel vale la pena la visita”.  

    “¿Razones diplomáticas?”. El autor de estas líneas buscó a un amigo, el secretario general de la Alcaldía de Lisboa, y le preguntó cuáles fueron esas razones. No lo sabía, y no fueron encontradas. Pueden emitirse algunas conjeturas: sin duda alguna el Reino Unido era un país mucho más cercano a Portugal que México, en todos los sentidos. Un informe de los años ochenta de la Secretaría de Relaciones Exteriores resumía, en términos sobrios y diplomáticos, la situación política entre los dos países en los lejanos años cuarenta: “Hasta el 25 de abril de 1974, las relaciones a nivel oficial, basadas en la cortesía y el respeto mutuo, no alcanzaron nunca cordialidad”.

    Quizás un urbanista encargado de la ampliación de Lisboa había considerado que la Plaza  México era una continuación natural de la tan corta Avenida  México. Sin embargo, quizá el poder político prefirió honrar a la capital inglesa más que a la lejana capital mexicana que, por lo visto, despertaba entonces solo una vaga cortesía. 

    2) La Virgen de Guadalupe, de ida y vuelta

    En la provincia del Alentejo, más cercana a Badajoz (Extremadura) que a Lisboa, Évora sorprende por el número de monumentos históricos que merecen una visita sin apresuramientos. Por ello es conocida como ciudad museo, y fue declarada patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco.  Por si fuera poco, a 13 kilómetros al oeste, en la cima de una pequeña montaña cubierta de árboles, se encuentra un conjunto de 95 monolitos del Megalítico, uno de los más importantes de Europa. Para llegar a Cromeleque dos Almendres, uno pasa frente a una modesta parroquia que lleva el nombre de Guadalupe. Fue inevitable detenerse. La iglesia estaba cerrada –y lo estuvo las dos veces siguientes que pasé a visitarla– pero una placa explica que es “de estilo manierista con características rurales”, y que fue consagrada en 1608.

    ¿Pero de qué advocación mariana se trata? ¿De la Virgen de Guadalupe extremeña, aparecida en el siglo xiii a la orilla del río Guadalupejo, o de la mexicana, que data del siglo xvi? El doctor Juan Manuel Falcão, erudito a quien conocí al término de una tertulia literaria en la embajada de Italia, me dio la respuesta: durante la ocupación española de Portugal (1580 – 1640), los portugueses fueron autorizados a hacer negocios en la América española y a enrolarse en su ejército, y de esta manera algunos comerciantes y aventureros lograron hacer fortuna en la Nueva España y volvieron a tierra lusitana con oro e imágenes de la virgen morena mexicana. El culto a la virgen original, vinculado sobre todo a la protección del ganado, había prácticamente desaparecido en Portugal. Quedan algunos vestigios, por ejemplo, una Capela de Nossa Senhora de Guadalupe del siglo xiv en el Algarve, casi en la punta sudoccidental de Portugal.

    Por el doctor Falcão supe que, al menos una docena de iglesias, parroquias y freguesías (unidad administrativa más pequeña que el municipio) llevaron como nombre, en ese particular momento histórico de Portugal, bajo la Casa de Austria y de la Contrarreforma, el de la Virgen mexicana. Hasta en las Islas Azores, cuna de numerosos emigrantes, encontré interesantes testimonios. En la isla de Santa Cruz da Graciosa, el capitán Domingos Pires da Covilhã volvió de América a mediados del siglo xvi y construyó una primera ermita para albergar la imagen de la Virgen traída de México. Esta ermita fue elevada a parroquia en 1602. Espero poder viajar algún día a ese remoto punto del Atlántico para verificar si subsiste el objeto de veneración, o si desapareció en algún terremoto.

    La ermita de Nossa Senhora de Guadalupe de Serpa (Alentejo) alberga un exvoto de finales del siglo xix que relata el milagro siguiente: una mujer falleció al dar a luz, y su madre –la abuela del recién nacido– rogó a la Virgen de Guadalupe que le prestara socorro. Y ocurrió el milagro: pudo amamantar a la criatura. ¿Quién hubiera dicho que la virgen mexicana sería también la patrona de los casos desesperados?

    ****

    Terminada la investigación de toponimias, ¿se habían agotado los contenidos mexicanos de Portugal? Pensé que ya había yo recorrido todas las rutas y que no había ya nada más que descubrir. Entonces sucedió: 

    3) La sorpresa de la montaña

    Tras un rostro amable, Portugal oculta una tierra dura, pedregosa, difícil para la agricultura. “Tierra sin sombra”, como reza un dicho popular, las polvosas llanuras del Alentejo se asemejan al altiplano mexicano algunos meses al año. Más al norte, las montañas que bordean el Douro, el lado portugués del Duero español, también son áridas y solo los olivos y las vides extraen de estas tierras casi yermas frutos que son hoy motivo de orgullo y de gran reputación para esta región.

    En el verano de 2023, un grupo de diplomáticos fue invitado a escuchar un concierto en la pequeña iglesia de Sao Joao da Pesqueira, una aldea de la región del Douro, justo en la montaña aledaña al río, 150 kilómetros al este de Oporto. Olvidada por los circuitos turísticos, fuera de algunos edificios de la era barroca, el lugar parecía no presentar gran interés. El alcalde nos alcanzó al término del concierto y nos llevó a cenar a un restaurante en los linderos de la localidad. Casi me caigo de sorpresa al leer su nombre: “Cantiflas”. Sí, se trataba del nombre del cómico mexicano, cuyo retrato se multiplicaba en paredes, servilletas, manteles de papel y platos de cerámica. Hasta dos platillos llevan su nombre: una “posta especial Cantiflas” y “escalopes a Cantiflas”. “Aquí –reza el lema del restaurante– el Douro sabe bien!” Mi asombro era mayúsculo: ¿cómo había llegado nuestro ídolo nacional a un lugar tan remoto de un país lejano cuyo idioma no es el español?

    “Mi padre –me explicó el dueño del restaurante– era un gran admirador de las películas de Cantinflas, y decidió poner el nombre del famoso actor a su negocio”. A la manera portuguesa, que es comerse al menos una letra de casi cada palabra castellana, terminó por llamarse “Cantiflas”. Comprobé, una vez más, la veracidad de aquella frase atribuida incluso al propio Cervantes y a Miguel de Unamuno que dice que el portugués “es un español son huesos”.

    Comprendí en ese momento que no sería por lugares o monumentos, sino de personas y de momentos, en donde encontraría yo a México en el país lusitano. Y así fue, a través de biografías, de relaciones, en ocasiones íntimas, de admiraciones y hasta de pasiones. El paisaje se fue poblando de mexicanos, como Cantinflas, algunos con itinerarios insólitos. Comencé a jalar diversos hilos, algunos de ellos me llevaron a otros, y de esta trama comparto al lector un original tapiz.

    4) Colosos de bronce vestidos de luces

    Los primeros portugueses llegaron a lo que hoy es México con Hernán Cortés, nos explica el erudito Miguel León-Portilla. Y ¿quiénes habrán sido los primeros mexicanos en tocar tierra lusitana? Sin tener pruebas, arriesgo que no fueron mexicanos, sino mexicanas: jóvenes desposadas que llegaron a Portugal del brazo de militares, de aventureros y marineros, de comerciantes que se instalaron en ciudades o aldeas, y tuvieron descendencia luso-mexicana. Todavía hoy, doncellas de Veracruz, Mazatlán o Acapulco se embarcan, sin miedo, rumbo a Singapur o Vladivostok para no regresar.

    De lo que sí tenemos certeza es que los primeros mexicanos en ganar celebridad en Portugal provenían de una estirpe singular de hombres: los matadores de toros. La tauromaquia, pasión ibérica, la heredamos los mexicanos de los conquistadores. En Portugal domina el rejoneo, o lidia a caballo; aún así, los toreros “de a pie”, que torean “a la española”, siempre han sido bien valorados. Antes, el toreo aglomeraba a la gente los domingos, y sus héroes eran admirados y adulados como lo son hoy los futbolistas.

    ¿Cuándo llegaron los mexicanos? El registro más antiguo data de 1889, año en que Ponciano Díaz maravilló a Lisboa con sus descomunales bigotes, su vestimenta charra y sus habilidades sin par a caballo y a pie. Un erudito de la historia del toreo narra que fue de los primeros rejoneadores en clavar dos banderillas de un golpe. En ese acto lo retrata Guadalupe Posada en un folleto taurino de la época. Este incluía décimas dedicadas al “Glorioso éxito de Ponciano Díaz y de sus valientes charros” en Europa, recordando que:

    En la Plaza de Lisboa

    tuvo gran aceptación,

    y a París irá a las fiestas

    de la Gran Exposición.

    Después de Díaz, triunfaron los más grandes en las plazas portuguesas: Rodolfo Gaona, “El califa de León”; Fermín Espinoza, “Armillita”; Carlos Arruza; Gregorio García; Silverio Pérez, “El faraón de Texcoco”; Carlos Vera Muñoz, “Cañitas”; José González, “Carnicerito de México”; Luis Castro, “El soldado”, para mencionar solo algunos de la primera mitad del siglo xx. En el verano, cuando es tiempo de aguas en México, en las carteleras de Campo Pequeno, en Portugal, llegaron a figurar hasta dos mexicanos en una sola corrida, en los años treinta y cuarenta. 

    ¿Qué admiraban los portugueses en estos mexicanos? El experto taurino Jaime Duarte de Almeida dedicó un libro a los toreros mexicanos a finales de los años cuarenta, Os Mexicanos em Portugal, obra aderezada con numerosas fotografías. Transcribo a continuación una muestra de su entusiasmo:

    Estos ‘artistas de cara de bronce, mirada viva, perspicaz, y con pecho de acero’ ofrecían amor patrio, valentía desmedida; sensibilidad artística que los vuelve estilistas del toreo; generosidad que los hace jugar el todo por el todo para que el público se lleve siempre de la plaza la certeza de que, si no hicieron más, fue porque más no les fue posible. […] Aun cuando caen en la arena, en esa lucha de victoria tan dudosa, saben caer con garbo, recordando al magnífico Cuauhtemotzin –el hombre que personifica a México–’.

    Estos “artistas de las arenas” dejaron sus nombres e improntas en revistas, carteles y una numerosa parafernalia coleccionada por los fanáticos de la tauromaquia, como el señor Marco Gomes, de la población de Alter do Chao, en la provincia de Ribatejo. Entre los miles de objetos y materiales impresos que llenan su casa y también la vecina, la cual compró y habilitó como museo, México está presente en cada rincón: trajes de luces, capotes, carteles, libros y fotografías. México es parte de la historia de la tauromaquia de Portugal.

    Grandes toreros portugueses también triunfaron en México, como Manuel “Manolo” dos Santos, y Diamantino Viseu. El primero tomó la alternativa en 1947, siendo “Armillita” su padrino y Carlos Arruza su testigo. Deslumbró en la Plaza México en 1950: cortó orejas y rabos y se ganó el supremo trofeo, la Rosa Guadalupana de Oro.

    Viseu, un año mayor, también triunfó en la plaza más grande del mundo. Dejó imágenes para la eternidad al estelarizar una cinta cinematográfica con la “Diosa del fado”, Amália Rodrigues, en 1958: Sangre torera. Años atrás, en 1949, dos Santos ya había protagonizado a un torero en la película Sol y toros. Tanto dos Santos como Viseu tuvieron esposas mexicanas. En 1947 Viseu se casó con Yolanda López, nieta del general chihuahuense Manuel Narciso López. En 1954 dos Santos se casó con la moreliana Gloria Elena Diez, a quien conoció en Sevilla.

    Dos Santos se volvió un próspero empresario taurino, y compró una quinta antigua en la pequeña ciudad de Golegã, de donde era oriundo, que llamó como la madre de su esposa: Guadalupe. En febrero de 2025, don Manuel dos Santos hijo abrió al público un museo sobre la vida y la obra de su padre.  Hay numerosos testimonios de México, como las imponentes cabezas de los toros Vanidoso, que casi lo mata al cortarle la arteria femoral de una cornada, y Lusitano, que lidió el día de su despedida de México, y por supuesto la Rosa Guadalupana.

    Dos Santos y Viseu fueron amigos muchos años, y su presencia en un cartel bastaba para llenar las plazas. Un día, sin embargo, pelearon. Regresaré más adelante sobre el especial momento de su reconciliación. Las esposas mexicanas mantuvieron una gran amistad. Siempre orgullosas de sus raíces, cuando les ganaba la nostalgia, me contó Mario Coelho, nieto de Yolanda, estas dos mujeres de fuerte carácter se refugiaban en un bar de Lisboa y, acompañadas por un pianista, cantaban boleros mexicanos. Mario, siguiendo la tradición familiar, es torero “de a pie” y pasa temporadas en México.

    No a todos los toreros les fue bien en Portugal. El “Carnicerito de México” tuvo un final trágico en la plaza de Vila Viçosa, una histórica población a 50 kilómetros de Badajoz. El 14 de septiembre de 1947, apenas unos cuántos días después de que cayera Manolete en la plaza de Linares, fue herido de gravedad por un toro en el interior de la pierna. Lo acompañaba la legendaria Conchita Cintrón, rejoneadora y matadora peruana. “¡Conchita, este me mató! ¡Este me mató!”, gritó. La hemorragia no pudo ser contenida en la humilde enfermería de Vila Viçosa, y falleció al día siguiente. Era el tercer torero mexicano que moría ante los ojos de Conchita.

    Hoy el toreo a la española ya no interesa y una nueva generación de rejoneadores mexicanos prueba su suerte en las plazas de Portugal. He acompañado en diversas ocasiones a Emiliano Gamero, quien, con sus largos bigotes y vestimenta charra de otra época, es la reencarnación de su tocayo Zapata. Es el nuevo coloso de bronce que llena plazas y arrebata aplausos delirantes. Vi alborotadas muchachas levantar carteles desplegando su admiración por Emiliano, algo que no acontece con los otros.

    5) Las últimas voluntades de Francisco Cervantes y de Antonio Sarabia

    Cuenta Jorge Luis Borges que, al cumplir 22 años, visitó Portugal con la ilusión de conocer a sus “mayores”, a la “gente errante” de su sangre.  Su bisabuelo Francisco, a comienzos del siglo xix, había abandonado su pueblo natal para fundar una familia muy lejos, en Buenos Aires. Con emoción, prosigue el escritor, abrió el directorio telefónico en Lisboa y dio con cinco páginas de Borges. Fue un momento amargo: era imposible llamar a cada uno de ellos y preguntar si recordaban a algún antepasado capitán que habría navegado a Brasil y luego a Río de la Plata. “El infinito o cero –concluyó con la conocida filosofía borgiana– es lo mismo”. El escritor argentino solo regresaría una vez a Lisboa, ciego y con 85 años a cuestas.

    La falta de raíces lusitanas no fue obstáculo para que dos escritores mexicanos se sintieran portugueses: Francisco Cervantes y Antonio Sarabia. Poeta que no desdeñó la prosa el primero, novelista que incursionó en la poesía el segundo. Para ambos, Portugal fue morada y musa, vida y destino. También objeto de sus últimas voluntades. Ambos, indiferentes a la modernidad que les tocó vivir, fueron voces independientes de la literatura mexicana, excéntricas porque fuera de cánones, únicas y deslumbrantes.

    El joven queretano Francisco Cervantes se enamoró de Portugal, de su historia, de sus poetas. El más venerado fue Fernando Pessoa, y su traducción de la “Oda Marítima” fue la primera al español. Llegaron a decir –sin duda un halago– que Cervantes era un heterónimo más del genio portugués. Pero su voz íntima era la de los juglares medievales, las leyendas de los cruzados y el hechizo de Lisboa:

    Su gran lamento fue no haber vivido en Portugal más que por períodos cortos. Al morir, en enero de 2005, pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el río Tajo, entre el Monumento a los Descubridores y la Torre de Belem.

    El 7 de julio del mismo año, tras una vigilia frente al túmulo de Fernando Pessoa, en el Monasterio de los Jerónimos, como en la cinta E la nave va de Federico Fellini, un pequeño grupo de personalidades embarcó en la corbeta “Antonio Enes” para rendir un último tributo al poeta: algunos familiares, un vicealmirante, la presidenta del Instituto Camoes, la directora de la Casa Fernando Pessoa, y el embajador de México, Mauricio Toussaint.

    El representante diplomático, con emoción, declamó que el poeta quiso formar parte de la sal del mar, de aquellas lágrimas de Portugal descritas por Pessoa, y leyó las coplas del que quiso volver a Lisboa, del propio Cervantes.

    El recuerdo de ese luminoso día de verano se irá borrando conforme se apague la vida de cada uno de sus testigos, pero permanecerán algunos testimonios escritos, como el presente.

    *****

    El capitalino Antonio Sarabía (el apellido, lusitanismo en portugués, se pronunciaba con vocal tónica en la i) se fue a Europa a los 37 años y, escritor errante, alternaba residencia entre París, Guadalajara y Lisboa. Los últimos lustros de su vida transcurrieron en esta última ciudad, rodeado de amigos entrañables, intelectuales de talla, lusos y de otras nacionalidades, enamorados de Lisboa como él.

    La magnífica creación literaria de Sarabia abrevó de numerosas fuentes y épocas culturales: Amarilis sumerge al lector en el Siglo de Oro español, a través de los últimos años de Lope de Vega; El retorno del paladín se sitúa en la Granada musulmana en lucha contra el reino de Castilla; El cielo a dentelladas reconstruye la Sevilla de la era del descubrimiento de América, a comienzos del siglo xvi; Troya al atardecer está ambientada en la Grecia clásica, dando nuevamente vida a Helena, París, Héctor y Aquiles. México no quedó fuera, con grandes novelas como Los convidados del volcán y No tienes perdón de Dios (obra póstuma).

    Le encantaban las tertulias y solía acudir regularmente a Pistola y Corazón, restaurante-bar mexicano donde oficiaba Gonzalo, de espesos bigotes dignos de Pancho Villa, con su hermano. Sarabia compartía bromas y novedades literarias con sus amigos escritores, entre ellos Karla Suárez (Cuba), José Manuel Fajardo (España), Luis “Lucho” Sepúlveda (Chile), cuando este último pasaba por Lisboa, como antes intimaba con Antonio Tabucchi, autor del magnífico Sostiene Pereira.

    Una noche a Sarabia se le ocurrió decir que, al morir, deseaba que la mitad de sus cenizas fueran esparcidas en el Tajo, y la otra mitad en el Corte Inglés, su tienda de predilección. Falleció repentinamente el 3 de junio de 2017, y sus hijos buscaron para él un espacio en el cementerio más bello de Portugal, el de Prazeres (Placeres), desde el cual se domina el Tajo. En ese momento de la historia intervino una pareja de portugueses ejemplares, el fino poeta Nuno Júdice y su esposa Manuela, en ese entonces secretaria general de la Casa de América Latina de Lisboa: ¿por qué no depositar sus cenizas en el sepulcro de los escritores portugueses? Si ya descansaba ahí un extranjero famoso, su amigo Tabucchi, ¿por qué no podría descansar él a su lado? Se apuraron los trámites, y se abrió la puerta del sepulcro. Con el consentimiento de la viuda de Tabucchi, se colocó entre las dos urnas un testimonio fotográfico de la amistad que los unió. 

    Tenía yo que ver ese sepulcro con mis propios ojos. Y, ¿por qué no? vislumbrar por la puerta la urna de Sarabia y la fotografía de los amigos. Una mañana de invierno me dirigí al cementerio de Prazeres.  En la entrada me dieron indicaciones para llegar a los sepulcros de los escritores ilustres. Encontré fácilmente el primero, donde yacen doce escritores, fallecidos entre 1883 y 1998. No se encuentran las glorias portentosas de las letras portuguesas, un Eça de Queiroz, un Antero de Quental, un Alexander Herculano, tampoco Fernando Pessoa. Con mi escaso conocimiento de las letras portuguesas, solo reconocí a la activista y poetisa Natalia Correia. Tuve que dar un par de vueltas para dar con un sepulcro de estilo neogótico que de frente dice “Jazigo da familia de G.S.G.” y a un costado, sobriamente con letras de oficina pública, se lee: “ESCRITORES PORTUGUESES ii”. Sin más. En ese sepulcro confiscado, no vi nombres por ningún lado, no entendí el por qué tanta discreción con la segunda ronda de escritores portugueses (y algunos no portugueses). Los reflejos de la puerta de vidrio me impidieron ver el interior.  Desanimado, emprendí el camino de regreso, pero por si acaso pregunté en la entrada por qué no se nombraban esos escritores. Obtuve una respuesta administrativamente lógica: el poeta Nuno Júdice falleció en marzo de 2024 y había sido el último ingresado al sepulcro. Habían retirado la placa con los nombres para poder agregar el suyo. Todo devagarinho, como se dice en portugués, es decir despacito, sin prisas.

    Regresaré algún día con la esperanza de que la placa, actualizada, haya regresado a su lugar, y pasaré un dedo sobre las letras que dirán:

    ANTONIO SARABIA

    N. 10-10-1944          F. 03.10.2017

    Karla Suárez y José Manuel Fajardo me contaron la historia de su amistad con Sarabia, y generosos me enviaron la fotografía de los dos Antonios, uno italiano y otro mexicano, quienes compartieron su pasión por Portugal y hoy, comparten un placentero reposo eterno.

    6) El triunfo de Cantinflas

    Dicen que las jornadas de Cantinflas duraban más de 24 horas, tal era su energía. En su único viaje a Portugal, en septiembre de 1961, cada día valió por dos. Incansable, desde su llegada triunfal hasta su salida, participó en actos públicos, dio innumerables entrevistas, recibió docenas de cartas y de regalos, prodigó atenciones, sonrisas, autógrafos, y en un momento dado, ante incesantes preguntas de periodistas, fingió aventarse por una ventana – motivo de muchas risas y más fotografías.

    Centenares de personas lo ovacionaron desde el momento en que bajaba las escalerillas del avión, y la policía tuvo dificultad en abrir paso al vehículo del embajador mexicano que lo llevó a su hotel. A pesar de la apretada seguridad, una muchacha aventurera logró llegar hasta su habitación una mañana. Comenta Platea, un semanario dedicado a la pantalla grande: “El cómico, delicadamente, la llevó al corredor”. Todos querían ver al artista mexicano, porque no solo el pueblo gusta de Cantinflas, anota la misma revista. 

    Portugal recibió con los brazos abiertos a Mario Moreno, elegantemente vestido y muchas veces serio, y a Cantinflas, el cómico que en Campo Pequeno, la plaza de toros de Lisboa, ofreció un espectáculo taurino que hizo reír hasta las lágrimas a miles de personas. Entre múltiples peripecias, leyó el periódico sostenido por los cuernos de un novillo, se recostó a su lado como tomando el sol, y hasta se le cayeron los pantalones al correr. El animal se prestó a todo, hasta a bailar al son de Marina, canción italiana entonces de moda. Cantinflas también mostró sus dones de torero, plantando dos banderillas con una sola mano. Ministros, embajadores, artistas, la gente importante estaba presente. Más tarde, fue en la residencia del embajador de México que Cantinflas, acompañado de Amália Rodrigues, “La Reina del Fado”, con quien el actor mexicano había entablado una gran amistad en México, logró que se reconciliaran los dos toreros más famosos de Portugal, ya referidos anteriormente: Manuel dos Santos y Diamantino Viseu. Los dos amigos portugueses más cercanos de Cantinflas, Amália y Manuel dos Santos, aparecen en innumerables fotografías a su lado a lo largo de su estancia portuguesa.

    Mario Moreno “Cantinflas” también viajó a Portugal para promover su última película, Pepe. En la sala de espectáculos Politeama, tras la proyección de la cinta, develó una placa que marcaría el evento. ¿Subsiste la placa? Quise confirmarlo. Las salas de cine poco a poco desaparecen por el mundo, y me imaginaba un edificio del centro de Lisboa cerrado, condenado a la demolición. Pues el Politeama, nacido en 1890 como teatro dramático, es hoy escenario de musicales, y su director, productor y exitoso escritor, Filipe La Féria, me recibió con mucho entusiasmo y me llevó al vestíbulo para mostrarme la placa. Esta se encuentra en el mismo lugar, hoy flanqueada por una dedicada a las 100 representaciones del espectáculo María Callas, y por otra que celebra Maldita cocaína, exitoso musical con el que se estrenó el Politeama después de una extensa remodelación, en 1993. El teatro mantiene todo su esplendor y el Sr. La Féria cuida con esmero los testimonios de su gloria pasada, de la cual Cantinflas ya forma parte.

    También hubo una gala de beneficencia en el Casino de Estoril, en la que la alta sociedad lisboeta no podía faltar, protagonizada por Mario Moreno y por Amália Rodrigues, para la creación de un banco de ojos. En el casino Amália cantó y Mario Moreno, espectador, la aplaudió a rabiar y solo subió unos momentos al escenario invitado por ella, para dirigir unas palabras al público.

    La última noche, Mario Moreno acudió a una cena en casa de Amália, a reventar de invitados y de algunos fotógrafos, gracias a quienes quedan recuerdos precisos de esa velada extraordinaria. De la mesa, guarnecida de los mejores mariscos locales, pasaron a la sala donde se formó una tertulia plena de música, anécdotas graciosas y mucha alegría, que se prolongó hasta las seis de la mañana. De casa de Amália el actor mexicano partió directamente al aeropuerto para volver a su país.

    7) Amália también cantaba rancheras 

    Amália Rodrigues encarnaba a Portugal en el mundo, como Cantinflas a México. Ambos, artistas de talento innegable en sus respectivas artes, conquistaron por el mundo la condición de estrellas. Un rasgo más, y no menor, los unía: ambos reconocían con orgullo sus orígenes populares. Recuerda Amália en una entrevista que cuando fue a México por primera vez, a inicios de 1953, tenía la ilusión de conocer al cómico, pero no se atrevió a buscarlo. Fue él, el año siguiente, que en el famoso salón Tropicana le envió al camerino al final de un espectáculo un gran arreglo de flores con su tarjeta. Así inició una gran amistad que perduró hasta la muerte de Cantinflas, en 1993. Quizás se vieron una última vez en 1991, año de la última actuación de Amália en México, durante la primera Cumbre Iberoamericana de Guadalajara. Es así que Amália cantó por su país en un espectáculo dirigido a los jefes de Estados y de Gobierno de América Latina, España y Portugal. El productor Filipe La Féria me comunicó una confidencia de Amália, ya mayor, con quien tenía amistad: que Cantinflas “era bien aventado” y un día quiso seducirla y llevarla a la cama, pero que ella no se dejó. 

    Amália sedujo al público mexicano. Aprendió, en sus primeros viajes a México, algunas canciones rancheras, como Fallaste corazón; Por un amor; Grítenme piedras del campo; Gorrioncillo pecho amarillo. Con su luminoso timbre de voz y el acompañamiento metálico de la guitarra portuguesa, les daba una nueva vida a esas canciones, que dejaban de ser enteramente mexicanas. Llegó a quejarse de la insistencia con la que, en México, le pedían canción ranchera, cuando ella quería interpretar fados muy portugueses. 

    La morada lisboeta de Amália, hoy sede de la fundación que lleva su nombre, quedó tal como la ocupaba la cantante al morir, y está abierta al público. Increíblemente, todavía resuenan hoy por la casa las palabras y los silbidos del último loro gris africano que Amália amaestró, ya que estos pájaros pueden vivir hasta 90 años. Sigue donde siempre ha estado, en la cocina, y sigue llamando a gritos a su antigua dueña en todo momento: “¡Amália! Amália!” México está presente en la casa, pero de manera más discreta de lo que me imaginé cuando la visité. Por ejemplo, se expone una fotografía en la planta baja, donde ella aparece rodeada del Trío Calaveras. Es mi deseo que el personal de la fundación pudiera rescatar y destacar algunos de los recuerdos que Amália llevó de México, quizás alguno de los regalos de su generoso amigo Mario Moreno “Cantinflas”.

    Las rancheras de Amália ya no se consiguen por ningún lado. Un proyecto en curso de la embajada mexicana en Lisboa busca rescatarlas con la ayuda de contrapartes portuguesas, y editar un pequeño libro que contextualice y acompañe las canciones mexicanas que ella cantó con tanta pasión, grabadas en un disco compacto. Será, sin duda, de gran interés para los amantes tanto de la música popular mexicana como del fado. Así, los dos países quedarán unidos a través de la música.

    8) Las huellas mexicanas en Portugal, presente y futuro

    Cambia lo superficial

    Cambia también lo profundo

    Cambia el modo de pensar

    Cambia todo en este mundo.

    (Mercedes Sosa, Todo cambia, 1984)

    Estimado lector, espero haber logrado captar tu interés con estas pequeñas viñetas sobre algunos lazos e historias que han unido a México y Portugal a lo largo del tiempo. Todo cambia… A Cantinflas las nuevas generaciones no lo reconocen y la música de Amália Rodrigues encontró refugio en la estación de radio… Amália. ¿Cuáles serán las nuevas huellas que los mexicanos dejarán en Portugal?

    Lo mexicano ha comenzado a proliferar por el mundo de manera abigarrada y folclórica, a veces tristemente de mal gusto y hasta vulgar, a través de restaurantes, taquerías, birrierías y otras mezcalerías. Hace unos cien años Alfonso Reyes, siendo ministro plenipotenciario –en ese entonces así se designaba a los embajadores– podía jactarse de ofrecer en su residencia la única comida mexicana existente en las capitales donde sirvió (Río de Janeiro, Buenos Aires, París). Hoy, cada semana en algún lugar del mundo se abre una de estas nuevas embajadas culinarias mexicanas. Portugal no es la excepción, y ya en Lisboa no menos de una docena de restaurantes compiten por una clientela cada vez más exigente. Hasta en pequeños poblados de provincia uno va encontrando vitrinas con alguna interpretación local de lo mexicano, que auguran un lugar de comida mexicana unas veces más, otras veces menos auténtica.

    Los muros de Lisboa también se van poblando de arte urbano internacional y han dado cabida a artistas de México. La embajada mexicana ya amplió su espacio de influencia cultural más allá de sus propios muros: del otro lado de la calle de Monsanto, durante la pandemia por COVID-19 la artista @sofiacastellanosart plasmó un mural de unos veinte metros de largo, de nombre La caravana de la vida. En 2024 y en 2025, el festival Juntas podemos + coordinado por jóvenes mexicanas y apoyado por la embajada, atrajo a numerosas mujeres artistas provenientes de más de veinte países, quienes han cubierto decenas de metros cuadrados de la capital portuguesa con poderosas imágenes y expresiones del poder de la mujer y un nuevo sentido de la feminidad. 

    Portugal sucumbe poco a poco ante la atracción de la catrina mexicana y del Día de Muertos. En 2025, para el carnaval, unos sesenta habitantes de Covilhã, población al pie de la montaña Serra da Estrela, decidieron maquillarse y vestirse de catrinas siguiendo modelos mexicanos, y con esa novedad se ganaron los aplausos del público. A finales de cada mes de octubre, escaparates de los centros comerciales – los nuevos templos paganos –se van vistiendo de los colores y atuendos ya no de Halloween, sino del mexicano Día de Muertos.

    Podemos imaginar un cronista futuro de Lisboa describiendo un gran desfile de catrinas, alebrijes y otros seres imaginados en México, que cada primero de noviembre recorrerá la Avenida de la Libertad, de la rotonda del Marqués de Pombal a la Plaza del Rossio, rivalizando en público y en entusiasmo con las Fiestas Populares de Santo António.

    La gran mudanza que se vive ahora es la llegada cada vez más numerosa de mexicanos al bello país lusitano: jóvenes nómadas digitales, familias enteras, inversionistas, pensionados, la mayoría atraídos por un clima benévolo, un pueblo cercano, distinto pero casi familiar, pacífico y encantador. Más empresas mexicanas tienen presencia aquí, qué mejor prueba que las camionetas de la panificadora Bimbo circulando por las carreteras del país, de Braganza a Lagos. Van surgiendo necesidades de lo nuestro, de lo auténtico, que poco a poco amplían nuestra huella. Supremo lujo, el chirriar de una tortillería ya se escucha en la zona de Marvila, en Lisboa, ese dulce sonido de nuestra infancia.

    México está más presente que nunca en Portugal. [ C ]


    Este texto es parte de un libro para conmemorar los160 años de relaciones diplomáticas entre México y Portugal de próxima aparición. Agradecemos al autor la primicia de su contenido.

  • Iluminaciones

    Iluminaciones

    Jorge Valdés Díaz-Vélez, hace una selección de 3 autores cuya obra confirma la relevancia de la poética en el universo literario mexicano. Aunque con diferencias en generación y estilo, todos exhiben en su lírica universos singulares, las conectividades de su creatividad son sutiles y siempre disfrutables. Las fotos y las fichas biográficas que acompañan a los poemas también fueron seleccionadas por Díaz-Vélez.

  • 90 Años de Fernando del Paso

    90 Años de Fernando del Paso

    Para conmemorar los 90 años del nacimiento de Fernando del Paso, el Colegio Nacional organizó una mesa redonda el pasado 27 de mayo. Juan Villoro coordinó el encuentro en la sede del Colegio; participaron Carmen Villoro, Carlos Mariscal de Gante, Alejandro Espinosa Fuentes y Élmer Mendoza, quienes abordaron algún aspecto de la vida o de la obra del “escritor de los colores vibrantes”.

    Con diversos matices de profundidad en sus disertaciones, los participantes hablaron del novelista, poeta, ensayista y artista plástico Fernando del Paso, quien consolidó su lugar en la literatura hispanoamericana con obras como José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987). Se confirmó lo que alguna vez dijera Christopher Domínguez Michael del conjunto creativo de quien también fuera representante diplomático de México en el Reino Unido: “el canto del cisne del realismo mágico latinoamericano que exploró desde los conflictos sociales de México hasta los laberintos del cuerpo humano y la memoria colectiva, siempre con un humor irreverente y una prosa eléctrica”.

    En la mesa redonda, Carmen Villoro refirió a quien recibió el Premio Cervantes en 2015 como una celebración de vida. Para ella, conmemorar el nacimiento del literato era un ejemplo destacado del homo ludens, del hombre que juega. Así, destacó su entusiasmo por el disfrute de las cosas, empezando por su ropa y refirió los colores característicos que él disfrutaba: verde, amarillo, morado, entre los más vistosos.

    Para Carmen Villoro, él representaba un “body artist” ya que utilizaba su ropa y los colores para expresarse ante el mundo. De carácter siempre gozoso, era mitad hombre y mitad ave que se inventaba a sí mismo con sus creaciones, afirmó.

    También destacó su gusto por los colores en su obra pictórica. Un talento que, según Carmen, fue relegado por años a un plano secundario. Su mano izquierda habló por esas expresiones. Escribió derecho, pintó izquierdo, logrando un equilibrio en esa construcción poética y pictórica de sus propios castillos en el aire. Algo también tangible durante toda su vida es que le pinta la rayita a la muerte, celebrando siempre la vida.

    De su vida en Londres, donde entre otras cosas escribió un libro de cocina con su esposa Socorro, Carmen Villoro rescató la anécdota de la camisa del poeta José Carlos Becerra, quien se hospedaba en su casa cuando tuvo su fatal accidente automovilístico durante un viaje por Italia. Fernando del Paso halló la prenda en la recamara donde Becerra dormía y la usó en diversas ocasiones como un homenaje, como un recuerdo de su amistad.

    Como detalle final de sus recuerdos, Villoro destacó algo que no revelan sus escritos: su curiosidad insaciable por todas las cosas, que lo llevaba a enumerar profesiones que él pudiera practicar para acercarse a los universos de la vida y del universo.

    La ponencia de Carlos Mariscal de Gante fluyó por otros rumbos, comenzando con algunos detalles de Palinuro de México, que, desde su punto de vista, trascendió géneros, aproximaciones y voces literarias.

    Dijo que inició la lectura de esta obra antes de la muerte del autor (2018) y que la consideró una obra desaforadamente divertida a través de las andanzas de Palinuro y su prima Estefanía por algunas de las cantinas que circundan la plaza de santo domingo. Sin duda, comentó, es una valiosa impronta narrativa que incluye momentos y episodios de 1968.

    En otro momento, mencionó aspectos de José Trigo y de cómo Del Paso y otros escritores latinoamericanos reconocieron el efecto que tuvo en su creatividad la lectura fecunda de las obras de James Joyce. En el caso de José Trigo su composición asemeja la arquitectura de una pirámide azteca debido a los momentos y al estilo estético que aplicó, rasgo que lo aproxima a la reinvención de Joyce con su Ulises. Destacó las similitudes constructivas en las obras de Joyce y Del Paso y subrayó que ambos comparten la técnica narrativa del llamado flujo de conciencia, que permite conocer los aspectos más recónditos de los personajes.

    Otro aspecto que aproxima a ambos es la asunción simultanea de tradiciones literarias antiguas y modernas un modo único de leer su propio tiempo. En ese ámbito, la mirada de Fernando del Paso hacia México y hacia el mundo desde Londres lo aproxima y confirma sus similitudes con Joyce, afirmó.

    Y al referir a Joyce y su alma cosmopolita, la inevitable referencia fue Cyril Conolly, quien realiza una autopsia del mundo literario de su tiempo en su fundamental The Quiet Grave (La tumba inquieta o La tumba sin sosiego). Mariscal de Gante explicó que Del Paso leyó esta obra mientras estaba convaleciente del cáncer que adoleció, lo cual motivó que se volcará con ahínco en la confección de su famosa obra ya que consideraba que sería la última.

    Como sobrevivió a este enfermedad, decidió aplicar la máxima de Conolly de escribir otra obra para convertirla en una obra maestra y así se volcó a la creación de Palinuro de México, que se puede considerar una reinterpretación del mito virgiliano homónimo Palinuro, el timonel que cae al mar y muere llevándose consigo el timón y parte de la popa del barco.

    Concluyó reivindicando el alma cosmopolita de Del Paso, constatado por su tránsito en momentos y en urbes diversas. Al respecto, señaló que el mismo escritor así lo reconocía y como ejemplo mencionó su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, cuando compartió su amor por Cervantes y refirió a los sefaradíes como los diletantes que salieron de la península ibérica. Esto, aseguró Mariscal de Gante, confirma los rasgos característicos de las obras de Del Paso: el pensamiento tragicómico de la vida, cubismos en el contenido de sus obras que asemejan un puñado de imágenes rotas y su sentido del humor como primicia. Sobre este último rasgo, rememoró lo que del Paso dijo alguna vez sobre su formación: “me casé con la literatura, pero mi amante es la historia. Fue como no saber distinguir el día de la noche”.

    El tercer orador de la mesa fue Alejandro Espinosa Fuentes, quien inició mencionando aspectos que asemejan a Del Paso con Joyce en José Trigo, subrayando el desafío que representa traducir esta obra, que entre otros elementos incluye aspectos particulares de la historia de ciertos lugares de México. Lo cierto, dijo, es que destila una gran generosidad humorística describiendo al país como juego del lenguaje.

    Al mismo tiempo que Espinosa compartió la forma en que se sumergió en la lectura de esta obra, que ocurrió en el marco de un paro estudiantil del cual él fue partícipe, destacó algunos aspectos que Del Paso utilizó como elementos en la confección de su obra: una matemática poética, un abecedario poético, tiernas paradojas e incluso matices de su época como publicista (“Holanda la crema de los helados”) Coincidió en que se trata de un estilo piramidal de lectura, que lo mismo incluye intensidades que treguas. Y de ahí su constante cuestionamiento de qué tiene que ver la paja con el trigo, confirmando que no hay paja (considerada relleno), sólo trigo para deglutir. Espinosa afirmó que la explicación más válida sobre esta obra es que Del Paso no pintaba libros, más bien los esculpía, recurriendo a la albañilería verbal, al cincel del lenguaje, a texturas multiformes del lenguaje, que al final es el protagonista fundamental de la obra.

     La pregunta que merodeó a Espinosa desde que inició la lectura de esta novela fue ¿Quién es José Trigo?, pregunta fundacional de la obra y que la hace distinta de otra ya que ninguna novela empieza con una pregunta. Al respecto, señaló que su comprensión también tiene que ver con la novela total en América Latina, aspecto que vislumbraron Julio Cortázar y Carlos Fuentes. Y para entenderlo mejor aventuró la hipótesis de que, según Del Paso, José Trigo había recogido la colilla que Gladys García, personaje de Fuentes en La Región más Transparente, había lanzado desde el puente de Nonoalco.

    Espinosa concluyó diciendo que estamos ante una obra donde florece el diálogo entre la historia y la cosmogonía de la comunidad; una novela que restriega la conciencia entre historia y política, aun cuando estemos estancados en un país que no parece moverse a ningún lado pero que sueña que se enamora y se aniquila mientras una locomotora en su tránsito nos dice adiós con toda prosopopeya.

    El último disertante de la mesa fue Élmer Mendoza, quien se refirió a la obra noir de Fernando del Paso: Linda 67. Con gran sentido del humor compartió elementos y personajes de la obra – San Francisco los años 90, el equipo de futbol americano 49s y Joe Montana, el Golden Gate, entre otros- pero sobre todo su connotación literaria y su sentido cartográfico ya que para él representó un mapa citadino platicado.

    Comentó que José Emilio Pacheco dijo que Del Paso era un universo narrativo y por ello esta obra no tenía por qué tener otro sentido que no fuera la potencia imaginativa y creativa del maestro. Según Mendoza, cada línea narrativa mantiene su peso absoluto y en todo momento corren temáticas paralelas, incluso multitemáticas como en el capítulo 22, donde utiliza el guión de televisión como estilo.

    Un detalle singular eran la matrícula del auto de Linda, que correspondía al año 1967, cuando la canción de Scott McKenzie se convirtió en un éxito: “If You’re Going to San Francisco, Be Sure To Wear Flowers In Your Hair”… y en un himno de la generación hippie, vigente todavía, pero con el apelativo de homeless, comentó jocosamente Mendoza.

    Lo cierto, aseguró, es que la novela responde a preguntas fundamentales mientras discurre: cómo, dónde, porqué, cuándo, qué, todas las cuales se responden en las interlíneas, dando a la obra un ritmo y un trasfondo singular, algo característico de las novelas negras. Sin duda se trata de una historia policiaca velada, en la cual también sobresalen los perfiles de los personajes, concluyó Mendoza.

    La mesa redonda 90 años de Fernando del Paso fue, sin duda un gran evento conmemorativo. Reconocimiento y agradecimiento al Colegio Nacional, pero sobre todo a Juan Villoro por la conducción y los apuntes durante su desarrollo, todo lo cual enriqueció esta breve aproximación a la obra de Del Paso.  [ C ]

  • verano 2025

    Año 9. Junio 2025. Número 33

    # Miradas

    TRAS LAS ELUSIVAS HUELLAS DE MEXICO EN PORTUGAL

    Bruno Figueroa Fischer

    Una de las misiones que comparten los representantes de México en el exterior es descubrir las improntas de la tierra madre en el país que temporalmente los acoge. Esta ardua tarea, que puede o no rendir resultados, es de la mayor relevancia ya que también permite la identificación de rutas de amistad pretéritas aunque siempre perdurables. [ LEER ]

    SOR AZUCENA EN ETIOPIA

    Alejandro Estivill Castro

    Ahora que es tan recurrente el termino humanismo, es pertinente conocer las actividades que realizan ciertas misiones religiosas en el mundo. Aunque poco documentadas, se trata de actividades que, más allá de su sentido religioso, exhiben una fraternidad irrestricta hacia nuestros semejantes. En este caso, el autor relata la cotidianidad de una misionera mexicana en la capital etíope. [ LEER ]

    NOTA SOBRE EL JOVEN CIORAN

    Leandro Arellano

    La obra del escritor rumano Emil Cioran tiene gran vigencia, especialmente en un mundo marcado por la incertidumbre, el desencanto político y la saturación de discursos vacuos. Aunque algunos consideran su pensamiento una reliquia pesimista, su estilo aforístico, irónico y fragmentario se adapta perfectamente a una era de sobreinformación y escepticismo. [ LEER ]

    CARDENAS Y LA AUTORIDAD MORAL DE MEXICO

    Pedro González Olvera

    Un postulado universal aplicado por los Estados e incluido en las cartas fundacionales de algunos organismos internacionales es la no intervención. Considerado una máxima del Derecho Internacional, motivó varias doctrinas latinoamericanas y en México, como lo exhibe el autor, es una norma que ha permitido salvaguardar la soberanía nacional. [ LEER ]

    REIVINDICACION DE UN ANATOMISTA

    Miguel Ángel Echegaray

    En el innegable devaneo que existe entre la Ciencia y el Arte hay una multitud de expresiones en las cuales sus autores, pertenezcan a una u otra de esas esferas, conjugan saber y percepción y emergen como rara avis exhibiendo una destreza tanto científica como artística: Así fue el caso de Daniel Vergara Lope. [ LEER ]

    ILUMINACIONES

    Jorge Valdés Díaz-Vélez

    Esta ocasión, Valdés Díaz-Vélez hace una selección de 3 autores cuya obra confirma la relevancia de la poética en el universo literario mexicano. Las diferencias en composición y temática, hacen que exhiban universos singulares en su lírica; las conectividades de su creatividad son sutiles y siempre disfrutables.  [ LEER ]

    # Dossier: Irán, otras miradas

    OCTAVIO PAZ Y LA REVOLUCION ISLAMICA

    Guillermo Gutiérrez Nieto

    El álgido momento actual motiva una relectura de los planteamientos del premio nobel mexicano sobre el primer movimiento teocrático de la modernidad. [ LEER ]

    IRAN: MAGIA E HISTORIA IMPERECEDEROS

    Inés Ortíz

    Recorrido sensorial y turístico motivado por un elemento natural a veces no valorado: las flores. Cada escala de esta narración emana olores y sentires de la antigua Persia. [ LEER ]

    OMAR JAYYAM: LA ETERNIDAD EN UN CUARTETO

    Los rubaiyat —breves cuartetos— de uno de los grandes poetas persas siguen resonando con fuerza hoy, recordándonos que la verdad poética trasciende el tiempo y las palabras. [ LEER ]

    # Revisiones y Recreaciones

  • Dos perfiles, solo un oficio

    Dos perfiles, solo un oficio

    La expresión escrita es sin duda la herramienta más utilizada por los diplomáticos mexicanos. Por ello, una de las partes más relevantes en el examen de admisión del servicio exterior mexicano es el dominio del idioma español, tanto gramaticalmente como con la elaboración de un texto escrito sobre un tema de actualidad. Ya como parte del servicio, sin dejo de duda, cualquier diplomático acumula kilómetros de líneas escritas a lo largo de su carrera profesional.

    Esta actividad, que con el tiempo genera resignación o gusto, deriva en ciertos casos en la inmersión en ámbitos creativos lejanos a los escritos o informes institucionales. La diplomacia mexicana está plena de representantes que han explorado campos literarios basados tanto en la realidad como en la ficción, o en la suma de ambos.

    Todo esto a colación de la reciente aparición de dos obras: una biografía de la embajadora Carmen Moreno Toscano, denominada “El gusto de resolver los problemas” (Instituto Matías Romero, SRE, colección Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, 2025) y la novela “Los Rodríguez”, del embajador Ernesto Campos Tenorio (Akasha Ediciones, 2025).

    “El gusto de resolver los problemas” es resultado de una serie amplia de entrevistas a la embajadora Moreno Toscana realizada por las académicas Graciela de Garay, Laura Muñoz y Mónica Toussaint, conocedoras del devenir de la diplomacia mexicana gracias a la realización de trabajos similares en los últimos años, en colaboración con la cancillería mexicana.

    Se trata de una obra extensa (527 páginas), resultado de 25 entrevistas realizadas entre 2021 y 2023, las cuales en el libro dan forma a 4 partes en las cuales ella refiere su entorno familiar, su formación profesional -específicamente en el ámbito multilateral y dentro de éste en lo relacionado con los temas de género- así como su desempeño en diversos países de Centroamérica y en la subsecretaría de Relaciones Exteriores.

    Son varios los aciertos de esta obra, pero el principal es que prepondera el rescate de la experiencia y de las vivencias de quienes eligieron como opción profesional la ejecución de la política exterior. La colección de Historia Oral de la Diplomacia representa un hito en el conjunto de las publicaciones de la cancillería mexicana por ser una fuente primaria o un testimonio directo de quienes tomaron decisiones en nombre de México. Aunque ha incluido a los embajadores Gilberto Bosques, Manuel Tello, Alfonso Castro Valle, Antonio de Icaza, la elección de Carmen Moreno Toscano es trascendente por ser la primera mujer incluida en la serie y por los detalles que ella comparte sobre momentos trascendentes de la política exterior de nuestro país. Con este número, la colección confirma su valía y lo necesario de su continuidad.

    Un aspecto singular en la trayectoria de la embajadora Moreno Toscano, subrayado por ella misma, es haber sido la “primera mujer” en diversos episodios de la diplomacia mexicana: directora general de relaciones económicas multilaterales; embajadora eminente (1994) y emérita (2020), lo cual constata la evolución de la equidad de género al interior de la cancillería. Esto ha permitido que varias generaciones del servicio exterior mexicano consideren a esta diplomática como adalid de los temas de género, tanto en la secretaría de Relaciones Exteriores como en los algunos organismos multilaterales.

    El testimonio de la embajadora Moreno Toscano confirma que el desarrollo profesional al interior del servicio exterior mexicano está sustentado en los méritos y en la apertura para aprehender nuevo conocimiento, tanto fáctico como intelectual, el cual proviene tanto de la academia como de colegas y jefes en la cancillería mexicana. Desde otra óptica, reivindica la necesidad de conservar el “esprit de corps” entre los miembros de carrera de la cancillería, que en ocasiones parece desvanecerse, debido a que los haceres y saberes de este reducido grupo son un bien intangible de necesaria comunión en el relacionamiento de México con el mundo. 

    El caso de “Los Rodríguez”, del embajador Campos Tenorio es diferente. Estamos ante la primera obra literaria de un autor que dice que se trata de “una historia basada en hechos reales, aunque muchas de las situaciones y de los personajes solo sucedieron en su cabeza”. Lo cierto es que refiere un tiempo, un lugar y un tema específicos: El Salvador en los años ochenta y los andares de algunos integrantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

    La voz cantante en la obra es Ana Guadalupe Martínez, a quien él conoció a finales de los años ochenta en la ciudad de México durante las negociaciones de paz que las partes beligerantes salvadoreñas sostuvieron en la capital mexicana. En otro encuentro fortuito que ellos tuvieron en 1992, esta vez en Caracas, ella le confió la historia de sus suegros y cuñados, simpatizantes del FMLN, y parece ser que entonces germinó la idea de “Los Rodriguez”, la cual terminó de confeccionarse a través de encuentros en San Salvador, en 2020 y 2023, ocasiones en que Ana Guadalupe profundizó sobre ciertos episodios narrados con anterioridad. El libro cobró vida recientemente, después de varias lecturas y recomendaciones, entre ellas las de Rubén Aguilar Valenzuela, miembro activo del FMLN.

    El resultado es una obra sobria, de gran minuciosidad narrativa que sumerge al lector en las vivencias de Chepe, Fermín (el comandante Mateo), Ana María (la bicha) y Margarita, entre otros personajes que develan alimón sus sueños y sus temores. Además de un estilo bien cuidado y sostenido, el autor mantiene un ritmo que gira en torno del Departamento de Morazán y las acciones de los muchachos, como eran llamados los guerrilleros. Es una obra que equilibra acontecimientos y personajes verídicos con una ficción sutil que es difícil delimitar.

    Aunque lo más sencillo es clasificar la obra de Campos Tenorio dentro de la narrativa histórica, es necesario contextualizarla en otros ámbitos para catalogarla en su justa dimensión. Es conocida la vinculación de México con los movimientos armados que emergieron en Centroamérica durante los años ochenta del siglo pasado. Además de coadyuvar en los procesos de negociación de la paz en esos países, fue sede de esos diálogos y logró reconocimiento internacional tanto de forma individual como colectiva a través del Grupo Contadora. El caso de El Salvador es paradigmático ya que en nuestro país se firmaron los históricos Acuerdos de Paz de Chapultepec (1992), con los cuales concluyó una guerra civil que se prologó 12 años y dejó alrededor de 75 mil muertos y desaparecidos.

    Adicionalmente es conveniente recordar que este conflicto fue abordado previamente, desde otra perspectiva y con diferente estilo, por el embajador Gustavo Iruegas con su obra “Diplomacia en tiempos de Guerra” (Instituto José María Luis Mora, 2016), un testimonio excepcional para el conocimiento de las relaciones México-Centroamérica durante ese período. Lo anterior confirma que los países del istmo han representado un interés sustantivo para la política exterior de México y han dejado impronta en quienes han sido representantes diplomáticos de nuestro país en los mismos.

    Aunque diferentes en temática y estilo, es conveniente destacar un aspecto de las obras de los Embajadores Carmen Moreno Toscano y Ernesto Campos Tenorio que las hace próximas: el rescate de lo oral como una fuente primordial para registrar acontecimientos históricos y entretejer el paso del tiempo en cualquier latitud del orbe. Es cierto, como se comento al inicio, que la escritura es la inseparable herramienta de los diplomáticos, pero para darle fondo son fundamentales el diálogo y el contacto directo con los habitantes de los países donde son asignados los diplomáticos a lo largo de su carrera. Es claro que escribir es solo una parte de la ecuación; la otra es escuchar y narrar a fin de lograr una descripción fehaciente de la marcha de la historia. [ C ]

  • primavera 2025

    Año 9. Marzo 2025. Número32

    # Opinión

    DISRUPCION DE UNA REPÚBLICA LITERARIA

    Alejandro Estivill

    Una república de letras donde todos escriben sin preocuparse si alguien los leerá es más que un sueño ante el embate de las nuevas tecnologías. Por ello la reivindicación de la lectura para imaginar, viajar y, porque no, contener absolutismos políticos de todo tipo. En todo ello el escritor, su expresión, los libros y las editoriales conjugan sus quehaceres para hacer posible una vida sin letargo.  [ LEER ]

    BRASILIA, UNA UTOPIA EN MOVIMIENTO

    Alejandro Ramos Cardoso

    Brasilia, la capital del país más grande de América Latina, cumplirá 65 años en breve. Su composición arquitectónica y urbanística ha sido desde su gestación un modelo de ciudad capital. Su formación remite al santo decimonónico Juan Bosco, quien se considera haberla concebido en un sueño, pero su contemporaneidad confirma el acierto de estar erigida el corazón de la terra brasilis, como lo refiere su autor en este viaje lo mismo histórico que cultural.  [ LEER ]

    MONTEZUMA EN ESTADOS UNIDOS

    Samuel Maynez Champión

    En la actual reivindicación de episodios y de personajes prehispánicos en México, es acertado ampliar la perspectiva y revisar la geografía y la historia del vecino de norte a fin de identificar si el legado azteca ha tenido alguna impronta en esas latitudes. Maynez Champión identifica lugares y nomenclaturas cercanas a ese pasado, así como episodios de la historia musical estadounidense que por su conexión con ese pasado remoto ameritan una reivindicación actual.  [ LEER ]

    EL GOLFO DE MEXICO

    Cecilia Gutiérrez Nieto

    Un capítulo reciente de la relación de México con los Estados Unidos fue la decisión de ese país de renombrar esa abertura geográfica costera que va del océano atlántico hacia la masa terrestre del continente y comparte con México y Cuba. Renombrar un sitio geográfico conlleva un proceso complejo y dilatado y es responsabilidad de autoridades internacionales, sin embargo Estados Unidos ha comenzado a denominarlo de América, aunque en la normatividad y el imaginario colectivo internacional siga siendo de México.  [ LEER ]

    LOS RUMBOS Y EL SENTIDO DE LA DIPLOMACIA

    Pedro González Olvera

    A primera vista, los conflictos actuales en el mundo exhiben un fracaso de la diplomacia, sino de todas sus herramientas, por lo menos de la fundamental: la negociación. A partir de este supuesto se hace un recorrido histórico, con escala en México, que exhibe variaciones en su aplicación y un sentido universal que permanece y gira en torno al diálogo y el compromiso.  [ LEER ]

    # Recreación

    LA CASA DE AL LADO

    Tobías Wolff / Traducción Leandro Arellano

    EL OSCURO HERMANO GEMELO

    Héctor Orestes Aguilar

    Magnifico recorrido sobre historias de investigadores, críticos y periodistas que hablan sobre escritores de diversos géneros. Una historia que comienza en Budapest, transita por Tijuana y Veracruz, concluyendo en Varsovia para referir dos autores fundamentales de la cultura mexicana: el escritor Sergio Pitol y el escritor-cineasta Juan Manuel Torres. En este texto atestiguamos la difuminación de fronteras entre la realidad y la literatura. [ LEER ]

    LITERATURA POLICIACA EN MEXICO: 2 VISIONES

    Iván Farías y Héctor Fernando Vizcarra

    Un género literario de gran arraigo en Latinoamérica es abordado en el número más reciente de la Revue L’autre Amérique, publicada en Francia. Con la autorización de sus editores, se presentan las colaboraciones originales en español de Farías y Vizcarra, cuyos textos refieren autores, editoriales y festivales de un estilo en el cual México ocupa un sitio de relevancia internacional.  [ LEER ]

    ILUMINACIONES

    Jorge Valdés Díaz-Vélez

    Inicia con este número sección poética permanente que incluirá una selección de autores de diversas épocas y estilos, conjugando tanto ideas como conceptos que emanan de su creatividad. Esta ocasión incluye obras de diplomáticos de épocas y estilos disimiles, aunque interconectados por su lírica.  [ LEER ]

    # Revisiones & Creaciones

    Miguel Ángel Echegaray

    Mario Alberto Serrano Avelar

    Andrea Mejía Fals

    Guillermo Gutiérrez Nieto

  • La Casa de al Lado

    La Casa de al Lado

    Tobías Wolff / Traducción Leandro Arellano


    Despierto atemorizado. Mi esposa se halla sentada al borde de la cama, removiéndome. Allí están de nuevo, dice.

    Me dirijo a la ventana. Todas sus luces están encendidas, arriba y abajo, como si tuviesen dinero para quemarlo. Él grita, ella vocea algo de vuelta, y el perro ladra. Transcurre un corto silencio, luego llora el bebé. Pobre criatura.

    Es mejor que no sigas allí, dice mi esposa. Pueden verte.

    Llamaré a la policía, le digo, a sabiendas de que ella me lo impedirá.

    No, dice ella.

    Teme que envenenen a nuestro gato si nos quejamos.

    En la casa de al lado el hombre continúa gritando, pero no me queda claro lo que dice sobre el bebé y el perro.  La mujer ríe fingidamente -ja ja ja- y de repente da un agudo gritito. Todo queda en silencio.

    La golpeó, dice mi esposa. Lo sentí como si me hubiera golpeado a mí.

    En la casa de al lado el bebé da un fuerte alarido y el perro comienza de nuevo. El hombre se encamina a la entrada de la casa y azota la puerta.

    Ten cuidado, dice mi esposa, quien regresa a su cama, entra en ella y sube el cobertor hasta el cuello.

    El hombre murmura algo y se afloja la bragueta. La abre al fin y camina hacia nuestra cerca. Es una cerca de estacas, decorativa más que nada. No puede impedir que la traspasen. La instalé yo mismo y planté madreselva y buganvilias a lo largo.

    Pregunta mi esposa, ¿qué hace?

    Shhh, respondo.

    El hombre se apoya en la cerca con una mano y con la otra se ocupa de regar las flores. Así camina a lo largo de la cerca, sin omitir ninguna. Cuando termina se sacude la Florida, cierra la bragueta e inicia la vuelta por la entrada. Casi se resbala en la grava, pero se controla, maldice y va a casa, donde azota la puerta de nuevo.

    Cuando me vuelvo, mi esposa está inclinada, observándome. Levanta las cejas y dice: Otra vez.

    Yo asiento.

    Entre el perro y él, sorprende que algo pueda crecer allí…

    Prefiero hablar de otro asunto. Me deprime pensar en las flores. En la casa de al lado la mujer grita, Escucha eso, le digo.

    Yo solía compadecerla, dice mi esposa. No más, desde lo del mes pasado.

    Tú lo has dicho…respondo, tratando de recordar lo que ocurrió el mes pasado. Yo tampoco siento pena por ella, nunca la he sentido. Da un grito al bebe y, perdón, no voy a compadecer a alguien que trata así a un bebé. Grita cosas tales como: Creo haberte dicho que permanecieras en tu habitación, cuando el bebé ni siquiera puede hablar todavía.

    En cuanto a su físico, habría que decir que es hermosa. Pero no durará. No posee buena estructura ósea. Hay algo flojo en su aspecto, como si nunca hubiese comido ms que donas y batidos. Su piel es blanca. El bebé se parece a ella, bien que no había que esperar que se pareciera a él, moreno y peludo. Incluso con camisa, te das cuenta que tiene bello en toda su espalda y sus hombros, espeso y mullido, como el de un foxterrier.  

    Luego todos ellos hacen ruido, además de mantener el estéreo a todo volumen. Una de esas bandas.  Es por el bebé por quien lo siento, digo.

     Mi esposa pone las manos sobre sus oídos. No puedo soportarlo un minuto más, dice. Baja sus manos. A lo mejor hay algo en la televisión, dice y se sienta. Veamos a quién tiene Johny Carson.

    Enciendo la televisión. Se hallaba en la sala de estar, pero la subí acá hace unos años, cuando mi esposa enfermó. Yo me hice cargo de cuidarla, preparar los alimentos y todo lo demás.  Llegué al punto de poder cambiarle las sábanas sin que ella saliera de la cama. Mantuve la intención de volver la televisión abajo, cuando mi esposa sanara, pero nunca ocurrió. Se encuentra en medio de nuestras camas, sobre una mesita que acomodé. Johny dice algo a Sammy Davis Junior y Ed McMahon se dobla de risa. Siempre tan animado. Si uno tuviese que hacer un largo viaje, nada mejor que llevarse a McMahon.

    Mi esposa quiere saber qué más hay. El Dorado, leo. Agil historia de aventuras acerca de un grupo de ciudadanos en busca de la legendaria ciudad de oro. Tiene al lado dos y media estrellas.

    ¿Ciudadanos de dónde?, pregunta mi esposa.

    No lo dice. . .

    Acabamos mirando la película. Un ciego llega a un pequeño poblado. Dice que ha estado en El Dorado y que encabezará una expedición hacia allá, por una cuota de los gastos. El no ve, pero les indicará los puntos sobresalientes mientras cabalgan. Al principio la gente se mofa de él. Pero eventualmente los ciudadanos con influencia se reúnen y deciden darle una oportunidad. De inmediato son atacados por apaches y algunos de ellos quieren regresar, pero cada vez que lo intentan el ciego les muestra otra referencia y vuelven a cabalgar.

    En la casa de al lado la mujer se vuelve loca. Le dice al hombre cosas que ninguna persona debería decir a otra. Eso inquieta a mi esposa. Me mira y pregunta. ¿Puedo ir? Sólo una visita.

    Tiro de las sábanas y ella se mete en cama. La cama me viene bien, pero no cabemos los dos. Reposamos de costado, conmigo a su espalda. No había sido mi intención que ocurriera, pero pronto mi vieja Florida comenzó a endurecerse. Abrazo a mi esposa. Subo mis manos hasta las Rocallosas, luego las bajo lentamente sobre las planicies, con rumbo al sur.

    Oye, dice ella. Nada de geografía, no esta noche.

    Lo siento, le respondo.

    ¿Sólo una visita?

    Olvídalo. Dije que lo sentía.

     Los ciudadanos cruzan el desierto. Se les agota el agua y tienen los labios agrietados. Aunque el ciego les ha advertido, alguno bebe de un pozo envenenado y muere de modo terrible. Esa noche, alrededor de la fogata los demás comienzan a reñir. La mayoría quiere ir a casa.  Este no es un sitio para blancos, dice uno, y si me preguntan, nadie ha estado aquí antes. Pero el ciego describe una pieza de oro tan grande y pura que te quema los ojos si la miras directamente. Bien que lo sé, dice.  Cuando termina, los ciudadanos guardan silencio; se van retirando uno por uno y se tienden sobre sus colchonetas. Ponen sus manos bajo la nuca y contemplan las estrellas. Un coyote aúlla.

    Escuchar al coyote me hace recordar porqué mi esposa dejó de sentir pena por la mujer de la casa de al lado. Era un lunes de tarde, hace cosa de un mes, justo cuando había vuelto a casa del trabajo. El hombre de la casa de al lado comenzó a azotar al perro; no uno o dos zapes, no. Lo azotó hasta que el animal ya no pudo lamentarse; podía escucharse cómo se apagaban los quejidos del pobre animal. Al fin se detuvo. Luego, minutos después, escuché a mi esposa decir ¡Oh!, y me dirigí a la cocina a averiguar qué ocurría. Se hallaba junto a la ventana que mira a la cocina de la casa de al lado. El hombre sujetaba a su esposa contra el refrigerador. Mantenía su rodilla entre las piernas de ella y ella a su vez su rodilla en la entrepierna de él y se besaban con fuerza. Ante eso, mi esposa apenas si habló durante un par de horas. Más tarde dijo que nunca volvería a malgastar su compasión en esa mujer.

    Todo está en calma ya, al lado. Mi esposa se ha quedado dormida lo mismo que mi brazo que se halla bajo su cabeza. Lo retiro suavemente y cierro y abro mis dedos, mientras cavilo en despertarla. Me gusta dormir en mi propia cama, la cual no tiene espacio para los dos. Al final decido que no hará daño cambiar lugares por una noche.

    Me levanto y me entretengo con las plantas, las riego y coloco algunas en la ventana y otras las remuevo. Podo el cóleo, que ha crecido demasiado y pongo los recortes en un vaso con agua en el alféizar. Todas las luces de la casa de al lado están apagadas salvo la de la ventana de su dormitorio. Pienso en la vida que llevan y cómo se prolonga, hasta parece la vida que querían vivir. Todos dicen siempre que es grandioso que los seres humanos sean tan adaptables, pero no sé.  En Estambul un amigo mío vio a un hombre caminar por la calle cargando en su espalda un gran piano. Todo mundo le daba la vuelta y continuaba su marcha. Es horrible a lo que nos acostumbramos.         

    Apago el televisor y entro en la cama de mi esposa.  Su aroma, dulce e intenso, se eleva entre las sábanas. Me marea un poco, pero me gusta. Me recuerda a las gardenias.

    La razón por la que no veo lo que falta de la película, es que preveo ya cuál será el fin. Los ciudadanos se matarán unos a otros, probablemente a unos diez pies de la legendaria ciudad de oro y el ciego tropezará, sin saber que ha regresado a El Dorado.

    Podría escribir una película mejor que ésa. Mi película sería sobre un grupo de exploradores, mujeres y hombres, quienes abandonan sus hogares, sus empleos, sus familias. Todo lo que han conocido. Cruzan el mar y naufragan en la costa de un país que no figura en sus mapas. Uno de ellos se ahoga, otro es atacado y devorado por un animal salvaje. Pero los demás quieren continuar. Vadean ríos y cruzan un enorme glaciar en trineos tirados por perros. Les lleva meses. En el glaciar se quedan sin comida y por un momento parece que unos se lanzarán sobre otros, pero no. Al final resuelven el problema comiéndose los perros. Esa es la parte triste de la película.

    Al final vemos a los exploradores durmiendo en un prado colmado de flores blancas. Los retoños están húmedos de rocío y se les adhieren al cuerpo; pétalos de aguileñas, clemátides, liatris, gipsófilas, espuelas de caballero, iris y rudas los cubren por completo, poniéndolos tan blancos que no se puede distinguir uno de otro, hombre de mujer, mujer de hombre. Aparece el sol. Se levantan y alzan los brazos, como árboles blancos en un territorio en el que nunca nadie ha estado. [ C ]

                                                                                    

  • El oscuro hermano gemelo

    El oscuro hermano gemelo

    A la memoria de la Embajadora Isabel Téllez

    Hace casi diez años, el martes 5 de mayo de 2015, ofrecí una conferencia en el Instituto Cervantes de Budapest acerca de las “Nuevas tendencias de la literatura mexicana contemporánea”. Me presentaron la querida Embajadora Isabel Téllez, que en paz descanse, y Doña Rosa Sánchez-Cascado, directora del Instituto por aquel entonces. Yo estaba sorprendido por la cantidad de asistentes, a quienes, entre otras muchas cosas, les relaté algo no demasiado conocido para ellos ni entre nosotros: las periódicas visitas a Tijuana que rindió el excepcional escritor húngaro Sándor Márai mientras vivió exiliado en San Diego. Como las crónicas de esas incursiones no han sido recogidas en libro en Hungría, sino que sólo se conocen a través de una compilación publicada en Alemania por la editorial Piper, Der Wind kommt vom Westen. Amerikanische Reisebilder (El viento viene de Occidente. Impresiones americanas de viaje), me pareció interesante hablar de algunas de esas improntas capturadas por uno de los grandes narradores modernos de mi país anfitrión. No me resisto a reproducir acá un párrafo de aquel libro, pues, como antiguo estudiante de la Universidad de Texas en El Paso, doy fe de las suspicacias hacia el mexicano de a pie que registra:

    “A un lado de la caseta de la frontera está la aduana de portal abovedado y un letrero tímido, inofensivo, que informa con letras mayúsculas: México. Esta puerta es el acceso a una tierra extranjera. Los vigilantes de la frontera de México son invisibles; la inscripción y la puerta, provincianas: una pequeña puerta a un inmenso imperio. En la calle que lleva a la cercana ciudad fronteriza de Tijuana caminan los mexicanos con sus enormes sombreros. Por todas partes se ven grupos de peatones. Esta imagen es desconocida en el espacio norteamericano; el peatón es allí, incluso, sospechoso. Por las calles de Tijuana, en medio del desorden ruidoso, polvoriento, trepidante, en el calor pegajoso que huele a alcantarilla, siento que estar aquí es un instante especial de mi vida: se ha cumplido algo en lo que había pensado con frecuencia. No puedo decir por qué, pero siempre había querido venir alguna vez a México, como si aquí hubiera algo muy personal para mí”.

    Quien vertió al español estas líneas de la versión alemana de una crónica de Márai fue el mexicano Rafael Muñoz Saldaña, un erudito editor, periodista, buen lector de Nietzsche y traductor de poesía, fallecido en 2013, que aparece como personaje de la novela Negra espalda del tiempo de Javier Marías, por lo que Juan Villoro pensó durante mucho tiempo, que se trataba de un personaje de ficción (idea que compartíamos varios). Pero no era así, o lo era de manera especial, entrando y saliendo de los libros hacia los quehaceres mundanos, de una manera tan insólita y persistente, que durante su vida difuminó para sí mismo las fronteras entre la realidad aparente y la literaria.

    Evoco todo esto, porque al concluir la conferencia comenzó, también para mí, uno más de los deslizamientos periódicos que me han llevado hacia zonas de la experiencia literaria que aún no dejan de sorprenderme. No bien había terminado de exponer, cuando una de las personas del público se me abalanzó para que le autografiara un libro mío, algo ya de por sí extraño estando en Budapest (no estoy traducido al húngaro) y todavía más porque se trataba de El asesino de la palabra vacía en la edición de la Universidad Veracruzana, libro de ensayos con un tiraje muy corto y que, hasta donde sabía, no se había distribuido más allá de México.

    Mi lector en busca de firma era José Luis Nogales Baena, investigador literario de la Universidad de Sevilla, quien escribía por entonces una tesis de doctorado sobre la intertextualidad en la narrativa breve de Sergio Pitol, donde cita dos de mis escritos sobre nuestro querido hombre de letras y diplomático veracruzano: “La herida secreta de los excéntricos” (1994) y “Pedroso y Pitol: dónde, cuándo y cómo empezó todo” (2012). Atónito, me acordé de aquello que se le atribuye a Rulfo cuando le preguntaron qué pensaba del realismo mágico, y Don Juan simplemente contestó: el realismo es la friega que se pone uno al escribir. Lo mágico son los lectores.

    Toparme con el lector andaluz de un libro veracruzano mío, en el país centroeuropeo de lengua no eslava con la menor capacidad de expansión fue, efectivamente, un pequeño acto de magia. Con muchas consecuencias desde entonces.

    La más feliz de todas es que Nogales Baena –o “Pepelú”, como le decimos sus amigos—, no contento con haberse impuesto la tarea de explorar la obra de Sergio de una forma hasta cierto punto novedosa y con rigor admirable (pues además de su tesis de posgrado preparó una compilación crítica de los cuentos Pitol para las bellas ediciones de bolsillo de Cátedra), comenzó a dar luz sobre varios temas que habían sido completamente olvidados en las investigaciones sobre el autor de El desfile del amor.

    El más importante de ellos es la relación entre Pitol con otro escritor veracruzano más joven, Juan Manuel Torres, nacido en la tórrida Minatitlán en 1938, aunque desde los dos años vivió en Coatzacoalcos, y quien fue conocido más como cineasta que como autor de dos breves libros, hoy muy olvidados: el conjunto de relatos El viaje (1969) y la novela experimental Didascalias (1970). Es mucho menos recordado como pionero en la traducción de dos autores fundamentales de la narrativa polaca moderna, Bruno Schulz y Witold Gombrowicz.

    No me cabe duda de que el mito alrededor de Torres nació, en primera instancia, de su vínculo con el cine. Después de haber estudiado episódicamente psicología en la UNAM, a los 24 años obtuvo una beca para estudiar en la prestigiosa escuela nacional de cine, televisión y teatro “Leon Schiller”, de Łódź, Polonia, donde tuvo como maestro a Andrzej Wajda y como condiscípulos a Roman Polanski y Krzysztof Kieślowski. A su regreso a México, a fines de 1968, se dedicó primero a trabajar en el ámbito publicitario, para emprender después, con el correr de los años setenta, su breve pero productiva trayectoria como director cinematográfico. Filmó cinco largometrajes entre 1971 y 1977, siendo los más famosos La otra virginidad (1974), por la que Torres recibió el premio Ariel a mejor director al año siguiente, con la participación de su segunda esposa, la muy transgresora Meche Carreño; y El mar (1976), basado en uno de sus cuentos incluidos en El viaje.

    Sin embargo, siempre consideré que recuperar la discreta obra literaria de Torres era imprescindible para fundamentar una forma transversal de acercarse a la literatura de Sergio Pitol, con el fin de entender y aceptar algo que a los investigadores y críticos literarios les cuesta mucho trabajo asimilar y que tácitamente han negado o explícitamente han omitido en la mayor parte de sus trabajos. A saber, que la primera etapa como escritor de Pitol, sobre todo la que va de El tañido de una flauta (1972) hasta Vals de Mefisto (1984), se corresponde de manera directa con el último de sus periodos creativos, cuando fue recopilando los textos dispersos que dieron lugar a la así llamada “Trilogía de la memoria”, integrada por El arte de la fuga (1996), El viaje (2000) y El mago de Viena (2005).

    Lo explico con toda la claridad posible: tanto en su época de escritor para escritores, cuando era más bien un exquisito narrador de culto, como en su fase más abierta hacia el público en general, Pitol echó mano de la autoficción como recurso fundamental en sus tramas y argumentos. Al ir desenhebrando el vínculo creativo con Torres, esto es mucho más evidente, pues éste último fue quien contagió a Sergio la fascinación por la cultura polaca, en especial por los narradores mencionados líneas arriba. Además, a través de las experiencias compartidas en Polonia con Juan Manuel –entre otras cosas—, Pitol fue refinando su aguda mirada acerca de la experiencia del mexicano viviendo en un contexto cultural extranjero, completamente ajeno e inaprensible; algo que nutrió de materia crucial a su escritura.   

    Las investigaciones de Nogales Baena le han permitido llevar a cabo uno de los proyectos editoriales más ambiciosos de los últimos tiempos, en lo que respecta al rescate del corpus creativo de algún escritor de nuestro país caído en el total abandono: la recopilación en tres tomos de la obra literaria completa, las cartas, las traducciones del polaco al español y los guiones de Juan Manuel Torres, amén de importantes piezas de literatura secundaria sobre el autor, que ha venido publicando la editorial Nieve de Chamoy. Esta enloquecida empresa, porque no puedo calificarla de otra manera, ha sido fruto de varios azares y de empeños de todo tipo. Pero lo que más me alucina de toda su gestación es haberla iniciado sin querer, pues, durante una visita de Nogales Baena a México, en la que lo invité a dar una charla en un centro de creación literaria que dirigía por entonces, lo presenté con la editora y poeta Mónica Braun, quien llevaba cierto tiempo rumiando la idea de desenterrar los libros de Torres. Nunca imaginé que un plan tan descabellado pudiese cobrar las dimensiones que ahora tiene, pues se sumaron a la tentativa el gobierno del estado de Veracruz, la Universidad Veracruzana y autores, traductores, investigadores y archivistas de al menos cuatro países. Mientras pergeño estas líneas, redacto también, con toda la intensidad posible, un ensayo sobre la ya mencionada película El mar, en la que su realizador rindió homenaje a sus amigos generacionales, incluyendo, por supuesto, a Sergio Pitol, de quien fue, sin duda, su primer “oscuro hermano gemelo”.  [ C ]