Blog

  • NOX e ISHMAR

    NOX e ISHMAR

    (más…)
  • Hugo Gutiérrez Vega – Poemas

    Hugo Gutiérrez Vega – Poemas

    En esta nueva rigidez del aire
    se detienen los cuerpos y las horas.
    Nada transita y en la madrugada
    nada se escucha. Está desierto el día
    y no hay risas ni pájaros ni cantos.

    A lo lejos, las torres de un Bizancio
    que era y no era la ciudad de siempre,
    borraban sus perfiles
    en la niebla rojiza y enemiga.

    Pero nada se mueve, no se escuchan
    los gritos de soldados vencedores
    ni el estertor del afligido viento
    ni el lamento sin fin de la derrota.

    Las llamas arden pero no iluminan.
    La noche es turbia y en silencio pasan
    los hijos de un verano sin sonidos,
    de un principio de otoño acogotado.

    De lo que nos dijeron poco es cierto:
    una aurora del mar, la luz violácea,
    los besos en la tarde
    y las caricias que otorgó la vida.

    El fuego va acabando y no sentimos
    el prudente calor de su rescoldo.
    No agita el aire las banderas rotas.
    En el silencio de la nueva aurora
    sabemos que la apuesta está perdida.

    I
    La Abuela abría las puertas de la mañana;
    entraba el sol por el balcón cerrado
    y un rayo se pegaba a sus gafas solares.
    El día andaba ya por los corredores
    abrillantando las plumas del pájaro ciego,
    jugando un rato con los peces anhelantes
    en su marecito engañoso,
    y con el caracol de filos negros
    en su playa de cristal.
    La claridad giraba por los cuartos vacíos
    y se escondía entre las cortinas.
    De las gafas de la Abuela brotaba el día
    y bajo mi cama se enroscaban los vientos.
    Cerraba los ojos y regresaba al sueño.
    Las sábanas me daban una noche que sólo existía ahí
    y que se prolongaba por unas horas,
    mientras la mañana maduraba
    y se caía a pedazos en las calles de color naranja
    y en el cielo azul y tonto de los trabajos para vivir.

    II
    Un polvo limpísimo, casi más fino que el aire de esta mañana,
    se levantó cuando abrimos la tumba de la Abuela.
    La caja se deshizo, y el cráneo que tenía aún su blanca
    trenza
    cayó con tanta gracia, que la tierra se negó a entrar en él.
    ¡Quién lo dijera!; tú que tanto temías morirte sola
    has pasado diez años en la tumba hablando con tus ángeles,
    percibiendo las voces de tantas insolentes primaveras.
    “La muerte es grande” dices, y la vida se concentra en tu
    trenza.
    No hemos perdido nada. La mañana sigue entrando a la
    casa;
    entrando sin cesar.
    Si nada cesa tú nunca cesarás.
    La muerte grande te besó en las mejillas
    y nosotros lloramos y reímos.
    Estábamos contigo.
    Tu memoria no se detuvo nunca.


    Hugo Gutiérrez Vega (Jalisco, México, 20.FEB.1934 – Ciudad de México, 25.SEPT. 2015) fue agregado cultural en Roma; consejero cultural en Londres y España; ministro de asuntos culturales en Washington; cónsul general de México en Río de Janeiro y Puerto Rico, y embajador en Grecia. En 1976 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes. Su obra reunida fue publicada por el Fondo de Cultura Económica en 2001. Recibió numerosas condecoraciones y doctorados honoris causa, así como la Medalla de oro de Bellas Artes. Fue catedrático de la UNAM y maestro visitante en universidades de distintos países. También fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Su poesía ha sido traducida a doce idiomas. Dirigió La Jornada Semanal, suplemento cultural del periódico La Jornada.  Algunos de sus libros de poesía son Desde Inglaterra (1971), Resistencia de particulares y Samarcanda y otros poemas (1972), Cuando el placer termine y Cantos de Plascencia (1977), Poemas para el perro de la carnicería y algunos homenajes (1979), Meridiano 8-0 (1982), Cantos de Tomelloso y otros poemas (1984), Georgetown blues y otros poemas (1985) y Por favor su currículum (1986). Bazar de asombros (Tomos I y II, 2000 y 2001, respectivamente) reúne su extensa obra en prosa fundamentalmente conformada por ensayos de crítica literaria, conferencias, memorias, crónicas periodísticas, etcétera.

  • Beatriz Sarlo: Punto de Vista imperecedero

    Beatriz Sarlo: Punto de Vista imperecedero

    La madrugada del martes 17 de diciembre, a los 82 años de su edad, murió la escritora argentina Beatriz Sarlo. Había permanecido varias semanas internada en uno de los tradicionales nosocomios de Buenos Aires capital, el Hospital Otamendi, por lo que, para su entorno íntimo, el desenlace no fue una sorpresa. Con su partida, simbólicamente también termina por extinguirse un fenómeno y una época de su cultura que, desde fuera de Argentina, me parece no han sido suficientemente examinados ni comprendidos: el exilio interior al que debieron someterse aquellos quienes no optaron por la diáspora durante la más reciente dictadura cívico militar (1976-1983).

    Me explico. A diferencia de la pléyade de intelectuales, artistas, políticos, académicos, científicos y militantes que decidieron y pudieron huir de la feroz persecución represiva a países como Francia, España y, muy señaladamente, México, donde recibimos a un contingente de 9 mil personas, aproximadamente, Sarlo y muchos otros protagonistas de la cultura argentina permanecieron dentro de su país, librando una de las luchas más controvertidas y complejas que puedan imaginarse en un contexto social de pérdida de las garantías individuales y de estado de excepción. Ellos enfrentaron un orden de cosas en la vida pública y profesional, fuesen académicos, periodistas, editores, gestores culturales, científicos o ciudadanos de a pie, que recuerda mucho la situación por la que transitaron los intelectuales alemanes y austriacos durante el III Reich, der innere Widerstand, la resistencia civil interna al totalitarismo. Una lucha agobiante, en condiciones de completa asimetría en la correlación de fuerzas ante la capacidad de control del Estado, y en la que se vivía bajo muchas tensiones, bajo sospecha frente a los demás, con un margen limitado de confianza en las relaciones personales y siempre con la percepción de estar ante un peligro letal inminente. Es decir, en circunstancias de pánico.  Situación muy distinta a la que experimentaron quienes, al instalarse en países donde recibieron una acogida aquiescente, tenían libertades mayores para desplegar su oficios y capacidades críticas.

    Sarlo desarrolló parte muy estimable de sus aportaciones a la enseñanza de la literatura, el análisis literario y la historia cultural durante aquel periodo. No me resisto a evocar uno de sus aportes fundacionales: en 1978, cuando la represión de la dictadura militar tocó su punto más alto, la escritora, con su entonces pareja, el sociólogo Carlos Altamirano y el narrador Ricardo Piglia, fundaron la revista Punto de Vista, publicación clandestina que, a un tiempo, se dedicó a la revisión de la tradición crítica argentina y “naturalizó” para los lectores en nuestra lengua a los pensadores y teóricos internacionales que en esos momentos eran materia de lectura sólo de especialistas, como Walter Benjamin, Pierre Bourdieu y, muy destacadamente, Raymond Williams. A lo largo de casi tres décadas y durante 90 números, Punto de vista se convirtió en un verdadero “respiradero” para la inteligencia porteña, ensanchando el espectro de temas de las revistas literarias al uso, con la inclusión de ensayos y comentarios sobre psicoanálisis, estudios urbanos, filosofía política, música y cine. Fue una aventura más allá de cualquier osadía juvenil: un desmedido enfrentamiento de las ideas contra el aparato de control de un Estado implacable. Punto de Vista tiraba tres mil ejemplares, que la propia Sarlo iba entregando quiosco por quiosco a los vendedores de periódicos por las calles del centro de Buenos Aires, en momentos donde eso era prácticamente suicida, sin exageraciones. Basta saber que, cuando el tercer número de la revista estaba en imprenta (como lo relata Sofía Mercader en un libro recién editado por Siglo XXI este año, Punto de Vista. Historia de un proyecto intelectual que marcó tres décadas de la cultura argentina) los líderes de Vanguardia Comunista que habían accedido a financiar la publicación, Elías Semán y Rubén Kriscautzky, fueron secuestrados y asesinados por las fuerzas armadas junto a otros miembros de su organización.

    Independientemente de su excepcional coraje civil y de su indomable pasión crítica, Beatriz Sarlo fue una escritora dotada con facultades, para mí, deslumbrantes. Durante un reciente periplo por todo el norte de Argentina, que me llevó desde Misiones hasta Salta, Jujuy y Tucumán, me acompañó y me guió uno de sus libros, Viajes. De la Amazonia a Malvinas (Seix Barral, 2014). Aunque había leído otras de sus obras célebres, donde es muy evidente su enorme capacidad narrativa y la muy especial forma en que amalgama formas de escritura ensayística, no esperaba encontrarme a una autora con una habilidad poco común para convertir las memorias de sus viajes —sobre todo los realizados durante su más tierna infancia a Deán Funes, la árida región norte de la provincia de Córdoba, donde aprendió, entre muchas otras cosas, a montar y cuidar de un caballo— en un verosímil y bien documentado relato autobiográfico, muy, pero muy superior en cuanto a destreza narrativa se refiere, y a la forma en que estructura su composición, respecto a la basura infecta de los libros de autoficción que inundan hoy las librerías de los países de nuestra lengua, más cercanos a la “prosa” de los manuales de autoayuda que a los de una obra con mínima ambición literaria. Los Viajes de Sarlo es una obra envidiable, resuelta con una pluma magistral.

    Pude conversar en dos ocasiones con Sarlo. Una, después de una charla que sostuvo en el Centro Cultural Recoleta, a donde le llevé, para que me la autografiara y expresarle mi gratitud, la edición de 2022 de su magnífico ensayo sobre Eva Perón, Jorge Luis Borges y el asesinato del General Eugenio Aramburu: La excepción y la pasión (Siglo XXI), donde cita mi antología Carl Schmitt, Teólogo de la Política (FCE, 2001). La segunda, durante la presentación en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI), del libro de Mercader citado, cuando ya era notorio su vulnerable estado de salud. Fue ahí mismo, en la planta baja del CeDInCI, en la sala que lleva el nombre de un notable exiliado argentino en México, José Aricó, donde la comunidad cultural de su país fue a despedirla. Me desconcertó mucho presenciar la modestia y discreción del velatorio, completamente ajeno a los pomposos ritos mexicanos desplegados cuando muere una figura central de nuestra cultura. El ataúd de Sarlo estaba abierto, sobre una mesa, y la mayoría de los asistentes apenas se atrevía a asomarse para contemplarla durante unos segundos. Nada parecido a las apabullantes coronas de flores y las interminables guardias de honor que se rinden a nuestros próceres de las artes. Involuntariamente pensé en los homenajes de cuerpo presente a Fuentes (en el Palacio de Bellas Artes), Monsiváis (en el Museo de la Ciudad de México) y José Emilio (en El Colegio Nacional), donde estuve presente y a las que asistieron multitudes, comenzando por las autoridades culturales y políticas y todos los medios de comunicación. Recordé incluso que, antes de la incineración de Tomás Segovia, el Embajador de España había llegado raudamente a la agencia funeraria llevando una carta firmada de puño y letra por el Rey Juan Carlos, dirigida a la familia del poeta. Nada de eso percibí en un adiós que duele en lo profundo, no sólo por dejar tras de sí el sentimiento de pérdida propio de un suceso semejante, sino que, además, en un contexto de cambio de época global, nos restriega una impresión de desahucio. [ C ]

  • La utilidad de las Cumbres Internacionales

    La utilidad de las Cumbres Internacionales

    ¿Sirven para algo las reuniones internacionales de jefes de Estado, las llamadas “Cumbres”? La pregunta no es ociosa. Con frecuencia se la hacen algunos líderes estatales que no confían en estas reuniones, que piensan que significan una pérdida de tiempo y que sus resultados son nulos; pero muchas veces se la hacen también algunos sectores de la sociedad que no ven resultados concretos e inmediatos de los conclaves internacionales de este tipo.

    Sin embargo, aparte de la utilidad en los varios sentidos mencionados recientemente por el embajador, ahora en retiro, Jorge Lomonaco (darse a conocer y conocer a colegas, conversaciones en corto con otros colegas, preparación de acuerdos de largo aliento, ponerse de acuerdo en proyectos conjuntos, etc.) [1] las conferencias internacionales o “Cumbres”, dan resultados que no siempre son visibles a primera vista pero que al mediano o largo plazos se visibilizan no importa que sean magros, pues la suma de todos ellos van forjando un nuevo mundo.

    Desde luego, no siempre los resultados son los esperados; el contexto en el que se realizan y posteriormente en el que se debe trabajar a fin de conseguir lo planeado es fundamental. Puede ser que se hayan establecido metas muy ambiciosas y que alguna circunstancia extraordinaria impida conseguirlas, como sucedió, por ejemplo, con la pandemia de Coronavirus, que afectó todos los espacios de la vida nacional y de la internacional.

    Mencionamos lo anterior porque en 2024 el mundo atestiguó reuniones de la más disímil índole, de las que destacan, para fines de estas notas, tres: la Cumbre del Futuro, que se llevó a cabo en Nueva York bajo el patrocinio de la Organización de Naciones Unidas en septiembre; y las reuniones anuales del Grupo de los 20 y de la Conferencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP), en su versión 29, que tuvieron lugar, respectivamente en Río de Janeiro, Brasil, y en Qatar.

    Cumbre para un mejor Futuro

    En la primera de estas reuniones, la Asamblea General de  la ONU adoptó una resolución (A/79/L.2), que transpira optimismo pues se plantea una serie de acciones, que ponen particular esmero en el cumplimiento de la Agenda 2030, como igual se conoce a los Objetivos del Desarrollo Sostenible, dado su lento avance e incluso retroceso en alguno de ellos. La resolución manifiesta su confianza en el reforzamiento de la cooperación internacional y del derecho internacional, así como en el inicio de una nueva etapa del multilateralismo en el que la ONU y sus instituciones juegan y deberán jugar un papel que les permita seguir vigentes en un mundo que cambia continuamente, por lo que se requiere que sean idóneas “para el presente y el futuro: eficaces y capaces, preparadas para el futuro, justas, democráticas, equitativas y representativas del mundo actual, inclusivas, interconectadas y financieramente estables”.

    Para tal efecto, entre las acciones propuestas se encuentran: emprender acciones audaces, ambiciosas, aceleradas y justas para implementar la Agenda 2030, y no dejar a nadie atrás; reducir el déficit de financiación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en los países en desarrollo; lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas como contribución decisiva para avanzar en todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus metas; reforzar las acciones para hacer frente al cambio climático; redoblar los nuestros esfuerzos por construir y mantener sociedades pacíficas, inclusivas y justas y abordar las causas profundas de los conflictos; cumplir con la obligación de acatar las decisiones de la Corte Internacional de Justicia y defender su mandato en cualquier causa en la que los Estados firmantes sean parte; prevenir y combatir la delincuencia organizada transnacional y los correspondientes flujos financieros ilícitos; promover el objetivo de un mundo libre de armas nucleares; proteger, aprovechar y complementar los conocimientos indígenas, tradicionales y locales; ayudar al Secretario General a reforzar el papel de las Naciones Unidas en el apoyo a la cooperación internacional en materia de ciencia, tecnología e innovación.

    Como se mencionó, el optimismo y los buenos deseos colorean estas acciones, que en total suman 56, la mayoría de las cuales giran alrededor de la ODS. No parece extraño que así sea¸ nos encontramos apenas a un lustro de que se cumpla el plazo para su cabal cumplimiento, lo que parece no se va a lograr dados los atrasos y retrocesos que varios de ellos muestran, como ya dijimos,  a causa de los nocivos efectos que tuvo la pandemia de COVID en todos los órdenes de la vida humana y de la oca atención que, para ser francos, algunos países empeñan en su  consecución De ahí los esfuerzos que se realizan en la ONU para avanzar lo más posible en ello.

    Desde luego no somos de la opinión de que se trata de un fracaso de la ONU en materia de cooperación para el desarrollo o de los esfuerzos para estimular los trabajos sobre el cumplimiento de las metas que cada país se impuso voluntariamente con el objetivo de lograr el alcance de cada uno de los 17 ODS. En realidad se trata de una especial forma de trabajo, aunque no se hable de ella abiertamente, en la que se plantean metas altas para conseguir algunos avances, no importa que vayan de modestos a medios; de cualquier manera todo logro va sumando. Con seguridad en 2030 se establecerá un nuevo proyecto y un nuevo plazo para continuar con la campaña de consecución del desarrollo, iniciada desde los Decenios para el Desarrollo.

    Lo que sí se ve complicado de alcanzar es el nuevo multilateralismo pues hay serías reticencias a este tipo de trabajo internacional, que proviene de gobiernos populistas o dictatoriales que prefieren los acuerdos bilaterales o, cuando mucho, un multilateralismo limitado a pequeños grupos que cuentan con afinidades en algunas áreas y que consideran a la ONU como un foro que sirve solamente para que funcionarios pierdan el tiempo en maquinaciones que en lugar de ayudar perjudican a sus integrantes. El ejemplo palpable de la anterior afirmación lo tenemos en la negativa de algunos de esos países a firmar el Pacto del Futuro. 

    La situación se complica aún más con las diferencias de opinión sobre cómo se debe dar las reformas para modernizar la ONU, el paradigma del multilateralismo. Algunos gobiernos consideran que es injusto el reparto del poder al interior del Consejo de Seguridad y que este debería abrir sus puertas a nuevos miembros con asiento permanente, bajo el argumento de que la representación geográfica debe ser más justa. Otros en cambio, como el gobierno mexicano, han considerado que el mejor camino para transformar y modernizar la ONU es democratizar sus órganos principales (con referencia también al Consejo de Seguridad), limitando el derecho de veto a fin de evitar la parálisis de la Organización en situaciones que afectan a la humanidad entera y no solamente a intereses particulares. Cualquiera que sea la estrategia que se tome es seguro que desatará inconformidades y el nuevo multilateralismo quedará trunco.

    Un rubro importante surgido de esta reunión fue el Pacto Digital Global, cuya aspiración primaria es cerrar las brechas que en el mundo existen al interior de las naciones y en el escenario internacional respecto de las tecnologías digitales, tanto de sus ventajas como de sus riesgos, lo mismo para las naciones que cuentan con los adelantos más modernos que para aquellos que corren a una velocidad más limitada. En lenguaje de la ONU, se aspira a “conseguir un futuro digital inclusivo, abierto, sostenible, justo y seguro para todos”. Así, se plantean como objetivos de este pacto: 1. eliminar todas las brechas digitales y acelerar los progresos en todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible; 2. ampliar la inclusión en la economía digital y sus beneficios para todos; 3. fomentar un espacio digital inclusivo, abierto y seguro que respete, proteja y promueva los derechos humanos; 4. promover enfoques de la gobernanza de datos que sean responsables, equitativos e interoperables;  y 5. mejorar la gobernanza internacional de la inteligencia artificial en beneficio de la humanidad.

    Al igual que con el Pacto del Futuro, los objetivos del Pacto Digital se enlazan con los ODS y los resultados de otras reuniones y conferencias mundiales como  la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, reflejados en la Declaración de Principios y el Plan de Acción de Ginebra y la Agenda de Túnez para la Sociedad de la Información. Los objetivos planteados tienen como plazo el mismo en el que termina la Agenda 2030 o los ODS, es decir el año 2030.

    No parece seguro que se cumplan ni todos los objetivos ni completos, pero al menos se refuerza la intención de que todos los seres humanos, en particular las mujeres y  las niñas tengan acceso a las ventajas educativas que supone la tecnología digital y la inteligencia artificial, de manera paralela a implementar mecanismos que protejan a la infancia de los peligros que entraña su uso.

    La aplicación de esta pacto y su adhesión será de manera voluntaria, no exclusivamente por cada uno de los países (con sus realidades, capacidades y niveles de desarrollo respectivos),  sino también del sector privado, el sector académicos y la sociedad civil, a los que se les asigna una responsabilidad específica según sus propias contribuciones a la sociedad digital que ya se encuentra entre nosotros.

    Finalmente, un acuerdo más producto de esta reunión fue una Declaración para las Generaciones Futuras, que consiste en construir sociedades pacíficas, incluyentes, sostenibles e igualitarias, mediante la implementación de políticas y programas orientadas a lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas, eliminar todas las formas de discriminación y violencia, acoso y abuso contra las mujeres y las niñas, incluida la violencia sexual y de género, y garantizar la participación plena, igualitaria y significativa de las mujeres y su igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en todas las esferas de la sociedad.

    Nadie podría oponerse a esta declaración, vis a vis los atractivos que resultan para los jóvenes –mujeres y hombres- la vida fácil que supone, por ejemplo, el crimen organizado con su oferta de ganar dinero fácil y rápido aunque se corra el riesgo de perder la vida a edad temprana bajo la consigna de que es mejor vivir bien unos pocos años, que mal toda una  vida de pobreza y penurias. O el atractivo que tiene para los jóvenes la ideología autoritaria de la derecha, y los populismos de derecha e izquierda en detrimento de la democracia.

    Debido a ellos es importante, que la Declaración subraye su confianza en “la ciencia, los datos, las estadísticas y la prospectiva estratégica” que permita “garantizar una reflexión y una planificación a largo plazo, formular y aplicar prácticas sostenibles y llevar a cabo las reformas institucionales necesarias para que las decisiones se adopten con base empírica, procurando al mismo tiempo que la gobernanza se anticipe, se adapte y responda mejor a las oportunidades, los riesgos y los problemas futuros“. Algo que muchos gobiernos no parecen entender haciendo exactamente lo contrario de lo que sostiene este párrafo.

    El G20 en Río de Janeiro

    El G20 se integra por las 20 economías más fuerte del planeta. En sus reuniones anuales participan los correspondientes jefes de Estado o sus representantes. Carece de una estructura permanente y la sede es rotativa. Amén de las reuniones plenarias en las que se discuten asuntos que preocupan al mundo entero, se realizan encuentros bilaterales en los que se abordan temáticas de interés particular para los dos líderes en cuestión. A diferencia de la Cumbre del Pacto del Futuro, las reuniones del G20 no son preparadas por la ONU. El país que tiene la sede es el principal organizador, con el apoyo del país sede anterior y del país sede siguiente. El primero es también el encargado de establecer los puntos principales de la agenda a discutir por los jefes de Estado.

    La más reciente reunión de este grupo fue en Río de Janeiro, Brasil, el 18 y 19 de noviembre pasados con el lema “Construyendo un mundo justo y un planeta sustentable”. A partir de aquí la agenda se dirigió a la preservación del medio ambiente, el combate al cambio climático, la inclusión social, a la lucha contra la pobreza y el cambio climático, la transición energética hacía energías limpias y . En la declaración final firmada por los participantes se plantea con claridad la conexión entre los propósitos del trabajo del G20 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como realmente se había anunciado desde que Brasil se postuló para ser la sede del cónclave del G20 en 2024.

    Hubo, sin embargo, algunas novedades y propuestas inéditas como al intención de establecer una Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza (estrechamente relacionada con los ODS) y el compromiso de cooperar, bajo el pauta de respeto a la soberanía fiscal nacional, para que las personas más ricas del planeta paguen un impuesto especial que se utilice en la reducción de “desigualdades internas, fortalecer la sostenibilidad fiscal, fomentar la consolidación presupuestaria, promover un crecimiento sólido, sostenible, equilibrado e inclusivo y facilitar el logro de los ODS.” En tal afán se espera contar, según la Declaración final de la reunión que comentamos, con el soporte de organizaciones internacionales, instituciones académicas y expertos. De manera semejante, la declaración sostiene el empeño de movilizar recursos que permitan sanear y acceder al agua potable y lidiar el racismo, de manera paralela a pugnar por la promoción de la igualdad racial, como parte importante del combate a las desigualdades.

    No están ausentes referencias a dos conflictos el de Medio Oriente y la Guerra en Ucrania, a pesar de que no existe ninguna condena explícita para nadie, aunque si hace referencia a la solución de dos Estados. Por su importancia, aunque lo más factible es que caiga en oídos sordos, reproducimos el punto siete de la Declaración final: “Al tiempo que expresamos nuestra profunda preocupación por la catastrófica situación humanitaria en la Franja de Gaza y la escalada en el Líbano, destacamos la urgente necesidad de ampliar el flujo de asistencia humanitaria y reforzar la protección de los civiles y exigimos que se levanten todas las barreras a la prestación de asistencia humanitaria a gran escala (esta es una clara referencia a Israel). Destacamos el sufrimiento humano y los efectos negativos de la guerra. Afirmando el derecho palestino a la libre determinación, reiteramos nuestro compromiso inquebrantable con la visión de la solución de dos Estados en la que Israel y un Estado palestino vivan uno al lado del otro en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas, de conformidad con el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas.[2] Estamos unidos en el apoyo a un alto el fuego integral en Gaza de conformidad con la Resolución n.° 2735 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en el Líbano que permita a los ciudadanos regresar de forma segura a sus hogares a ambos lados de la Línea Azul.”

    No se menciona a Israel debido a que el gobierno norteamericano encabezado por última vez en este reunión por Joe Biden se hubiera opuesto tajantemente, pero que una declaración de este tipo haya sido aprobada por todos los participantes es un punto importante en el conflicto que nadie duda en calificar de genocidio por parte de del Estado judío, aún bajo el reconocimiento del derecho de este país a defenderse de los ataques terroristas de Hamas.

    Sobre Ucrania, la declaración fue más bien cautelosa, como ya había pasado en la reunión celebrada en Nueva Delhi, lo cual resulta lógico si nos atenemos a la participación de Rusia, India y China (que se han negado a condenar a la primera) en la reunión, países que no hubieran aceptado una Declaración que incluyera una condena a Rusia o una solicitud del retiro de sus tropas de territorio ucraniano. Solamente se limitan a destacar el sufrimiento humano y  los efectos negativos a nivel mundial de la seguridad alimentaria y energética, las cadenas de suministro, la estabilidad financiera, el crecimiento y la inflación. Y de nuevo se recurre a los principios de la ONU en el sentido de alentar iniciativas constructivas para la paz (integral, justa y duradera). Es decir, en primer lugar las preocupaciones nacionales o individuales por los “daños colaterales” en las economías de los participantes, sobre todo los europeos.

    Se agregan las referencias de rigor: un mundo libre de armas nucleares, condena al terrorismo en todas sus formas, la solución pacífica de los conflictos y las crisis, así como el uso de la la diplomacia y el diálogo, como herramientas, toda vez que solamente a partir de la paz se puede lograr la sostenibilidad y la prosperidad.

    Importa decir que tal vez esta sea, por un buen tiempo, la última reunión del G 20 con una declaración como la anterior, si pensamos en que durante los próximos cuatro años el mundo estará baja la ominosa sombra de la segunda presidencia de Donald Trump, con todo lo que esto significa en términos negativos.

    Varios días antes de la Cumbre del G 20, por primera vez se dio una reunión alternativa llamada G20 Social, formada por movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales de todo tipo, de Brasil y del resto del mundo. En su declaración final, establecieron como cuestiones principales a tratar en el futuro inmediato la lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad, así como afanarse en lograr una transformación de la gobernanza global, la sostenibilidad y detener el cambio climático.

    La Cumbre del G20 en Brasil contó con un hecho importante, que es importante mencionar: la participación de la presidenta Claudia Sheinbaum, después de seis años de ausencia del jefe de Estado  no sólo en estas reuniones sino en general, en la escena internacional, salvo muy contadas excepciones. Lo que se espera es que la mandataria mexicana ente en su mira la importancia de estar presente como sujeto activo en los asuntos internacionales que son de relevancia para México.

    Encuentro 29 sobre cambio climático

    La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, mejor conocida como COP, tuvo lugar en su edición número 29, en Baku, la capital de Azerbaiyán, del 11 al 22 de noviembre, bajo el lema “Solidaridad por un mundo verde”, con la participación de más de 30 mil delegados de la mayor parte de los países del mundo, incluyendo jefes de Estado y de gobierno, funcionarios gubernamentales, representantes de organismos internacionales, líderes empresariales, académicos y representantes de la sociedad civil. Al igual que en otras reuniones de la COP, las discusiones fueron intensas y las negociaciones difíciles. No se consiguieron todas las metas, pero no se puede decir que fue un fracaso total, a pesar de la ausencia de varios líderes de las potencias industriales que más emanan gases dañinos para el medio ambiente y el clima.

    Una ganancia relativa es el acuerdo que se tomó para dotar de 300 mil millones de dólares anuales, llamado Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado sobre Financiación del Cambio Climático (NCQG), provenientes de los países desarrollados destinados al combate al cambio climático. Decimos relativo, porque los países del Sur Global, subdesarrollados, en vías al desarrollo y economías emergentes o como se quiera llamarlos solicitaban un billón de dólares. El Secretario general de la ONU consideró que no obstante no se había alcanzado la meta, la cantidad recibida era importante para empezar a construir sobre esa base.

    Otro elemento disruptivo en la COP 29 fue el discurso del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, pues en sentido contrario a los objetivos de la Conferencia hizo una defensa del uso de combustibles fósiles, a los que calificó como un “regalo de Dios” y criticó con rudeza a los países occidentales que cuestionan la industria petrolera y gasífera de su nación. En su discurso inaugural, Aliyev calificó a su nación como blanco de una “campaña de difamación y chantaje bien coordinada”.

    La respuesta del Secretario General, Antonio Guterres, dramática pero certera, no se hizo esperar calificando de absurda cualquier estrategia que implique duplicar el uso de combustibles fósiles. Recordó a los líderes mundiales en la COP29 que este año el planeta vivió temperaturas récord, calificándolas como “una clase magistral sobre destrucción climática. El sonido que se escucha es el tictac del reloj. Estamos en la cuenta regresiva final para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius y el tiempo no está de nuestra parte”.

    Otros discursos se dieron en el mismo tenor. El presidente  de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko se hizo presente con un reproche, en especial a Francia: “¿Qué eficacia tienen nuestras acciones en esta reunión, cuando el presidente de Francia, que fue el país responsable de París, ni siquiera está aquí y considera que no es relevante? No hay nada de qué enorgullecerse”; dijo además que se trataba de una gran hipocresía.

    El mandatario francés no fue el único en ausentarse de esta conferencia, tampoco hicieron lista de presentes los de China, Estados Unidos, India e Indonesia, lo que implica que los cuatro países más poblados del planeta, que juntos suman más del 42% de la población global y se encuentran entre los principales productores de gases que afectan el medio ambiente, no tuvieron en sus prioridades asistir a las conversaciones y negociaciones sobre el clima.

    No todo puede considerarse un fracaso de la COP 29. A pesar del error de haber escogido a un país que vive de la explotación de un combustible fósil, se consiguió un aumento en los fondos para combatir el cambio climático (falta clarificar con precisión las fuentes y las formas de administrar los fondos); el propio Secretario General de la ONU aseguró que la revolución de la energía limpia ya se encuentra en marcha y que ningún grupo, ninguna empresa, ningún gobierno puede detenerla. Es evidente que se trata de un discurso optimista, pues hay por lo menos, un nubarrón que empieza a oscurecer el horizonte.

    Por otra parte, en el lado positivo, se establecieron las normas para un mercado de carbono centralizado en el marco de la ONU, lo que podría generar nuevos flujos de financiación para proyectos climáticos en países en desarrollo.

    Falta mucho por hacer y por negociar, pero es preferible que se hagan las reuniones y compromisos a que no se haga nada y gobiernos de todos los países se queden con los brazos cruzados hasta que el cambio climático sea irreversible y que año con año, la temperatura sea cada vez mayor.
    Es un hecho que la presidencia de Donald Trump va a dificultar el nuevo multilateralismo, el fortalecimiento de la ONU y la reforma a la gobernanza mundial. Este es otro factor que debe hacer pensar en la necesidad de continuar con las reuniones internacionales, como una especie de barrera a un populista de derecha y con mucho poder, rodeado de otros extremistas de signo parecido, si no queremos atestiguar retrocesos aún en los pocos avances obtenidos. [ C ]


    [1] Lomonaco, Jorge. “Cumbres y Diplomacia Presidencial”. El Universal, México, 21 de noviembre de 2024.

    [2] G20 Rio de Janeiro Leaders’ Declaration. https://www.gov.br/planalto/pt-br/media/18-11-2024-declaracao-de-lideres-g20.pdf  Paréntesis y subrayado del autor del autor de estas notas.

  • Entre Muertos

    Entre Muertos

    Camino hacia la fosa común (Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco, 2023) es un conjunto de textos literarios que Memo Bautista escribió para ganarse la vida en el periodismo.

    En los aciagos días que vivimos, cuando no podemos arrojar de nuestras vidas la sangrienta herencia de Felipe Calderón y sus secuaces, han proliferado las crónicas que dan cuenta de los crímenes derivados del narcotráfico. Pienso en Marcela Turatti, Diego Enrique Osorno y Jesús Lemus, pero la lista es larga y los tres mencionados llegaron a mi mente  porque  son escritores que reportean; o reporteros que hacen literatura. La denuncia y el carácter combativo no les son ajenos.

    Al escribir estas líneas sobre Memo Bautista la figura de Emiliano Pérez Cruz no se apartó de mi mente. Él vivía de hacer crónicas que pronto brincaron de los diarios y revistas y se acomodaron en  libros. Hoy Emiliano es conocido como escritor, no como periodista. Me parece que éste será el destino de Memo.

    Sus crónicas que giran alrededor de la muerte señalan  la intención de hacer un volumen unitario y no un amontonadero de textos. La intensidad que las atraviesa como una corriente eléctrica quiere hacerlas material  literario. Y, naturalmente, lo consigue, porque Memo sabe crear tensión dramática. Cuando muestra las tribulaciones de sus protagonistas, el lector los siente como personajes literarios; y eso es terrible porque llegamos a ver como literatura el dolor muy real del prójimo.

    La muerte aparece en el oficio de un embalsamador, en el de una rezandera y en las tareas del rescatista que saca los cuerpos triturados  de las vías del metro, aunque también entrega ternura en el amor de una pareja de teporochos,  en los jóvenes que entierran mascotas y en la familia que hace calaveritas de azúcar.

    Para lograr una crónica, Memo se mete a una funeraria, se sienta con un teporocho en la banqueta, va a un panteón para compartir la comida con los sepultureros o viaja hasta la sierra de Guerrero para hablar, con la intuición de un antropólogo, de un desaparecido. Tiene estómago para buscar historias escalofriantes pero también para enaltecer al buscador de fosas clandestinas, que abandonó todo para encontrar el cuerpo de su hermano secuestrado.  Y tiene oído para consignar el coloquialismo de diferentes grupos: teporochos,  sepultureros y embalsamadores, aunque también acierta al elegir  fragmentos de canciones para apuntalar los textos.

    Memo sabe buscar la información en el corazón de Tepito y entre los mezcaleros de la sierra de Guerrero; persigue el drama humano pero también la revelación sorprendente. Quién imagina que, en la plancha del embalsamador, los párpados y labios quedan sellados con Kola Loka?

    Estas crónicas, que trazan puentes entre lo urbano y lo rural, tienen  lo que José Revueltas llamaba una chingamucita, esto es, un  señalamiento social que, sin ser el objetivo principal, las enriquece.

    La pandemia ha sido benévola con Memo, porque le abrió la puerta de la escritura literaria. [ C ]

  • Porque la vida va en serio

    Porque la vida va en serio

    Luis Miguel Estrada Orozco es escritor por vocación y lo ejerce disciplinada y devotamente. Es autor de Los tres días del gorrión, que fue distinguido con una mención honorífica en el XIX Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano 2022, junto con otro estupendo libro, Kolymá, de Mauro Barea, libro del cuál hablaremos en otra ocasión.

    En Los tres días del gorrión Estrada Orozco nos habla de cuando la vida comienza a propinarnos sus ganchos izquierdos muy propios de la edad adulta. Este libro, sabe transitar entre el trabajo minucioso y delicado de la escritura a las duras realidades que a veces ofrecen sus historias.

    Beto es el narrador de esta novela en cuatro partes, o de cuatro relatos entrelazados, como el lector quiera verlo, que giran alrededor de un episodio protagonizado por Rubén, el hermano del narrador. Un accidente, casi fatal, pero igual de funesto como lo es la imagen de un cuerpo suspendido por una soga, es el hilo conductor de este libro. No importan las razones, pero sí los motivos que se tejen al rededor.

    El primer cuento, que da título al volumen, el tema profundiza en la perspectiva de un hombre cuando su familia se desintegra. En el marco idílico de un domingo familiar, Rubén regresa a la casa de sus padres, pero no como visitante acompañado de sus hijas y su esposa, sino como un huésped incómodo que lo ha perdido todo. Culpable o no, podemos acompañar a esa sombra en la que se ha convertido Rubén, y explorar a medida que avanza el relato en lo difícil del momento vital que representa una separación, tanto emocional como material.

    “Plata” es el segundo relato. En él vemos el accidente desde la perspectiva de un tema que nadie quiere contar, y que sirve de marco para que Nadia indague en un episodio de la infancia de su hermano Beto, donde la duda del abuso se cierne aun en su vida de adultos. Ella, como trabajadora en una escuela, ve patrones de riesgo que le recuerdan a su hermano, los ve en un pequeño niño al que nadie defiende. Ni padres ni maestros son capaces de protegerlo de un mal, de un daño imposible de descifrar, quizá porque nadie dé cabida a que esa maldad viene de otros niños como él, de sus iguales, a quienes muchas veces etiquetamos simplemente por ser infantes como seres inocentes. Es en esa labor detectivesca, pero impotente, Nadia se abre de capa para contar sus propias experiencias. Narra cómo fue objeto de burlas por ser morena y delgada en sus tiempos de secundaria, donde la expectativa de la escuela privada mexicana que se precie de ser de élite es que todos sean de pieles blancas y posean ciertos estándares económicos. Ver cómo los prejuicios, la malicia y el daño lo ejercen sus compañeros, aunque pase el tiempo y venga el arrepentimiento, no cambia o lo hace muy poco.

    El tercer cuento, llamado “Los padres pródigos”, es un profundo y largo diálogo de un padre con su hijo sobre la adultez y todos los tropiezos que tienen que pasar en ese largo camino hacia la madurez. Este cuento, que alude a la parábola bíblica en donde el padre perdona al hijo imprudente, vemos cómo se desdobla la imagen del padre que trabajó toda su vida por su familia: un día también quiso abandonar, bajarse del barco de la paternidad. Pero como el hijo de la parábola, es el padre el que regresa a pedir perdón, y recompone su decisión para ver a sus hijos crecer. A medida que el narrador nos cuenta pasajes familiares, vemos que ese retorno no es precisamente venturoso: los padres se enfrentan a pesares y rebeldías de hijos en plena ebullición de las hormonas y uno comprende, hasta cierto punto, el deseo de marcharse para nunca enfrentar esas tormentas. Es también un cuento nostálgico de cómo lentamente la juventud, un día poderosa y robusta, se va enflaqueciendo para convertirse en canas y años. También nos narra cómo siempre es posible rectificar los errores y recomponer los caminos.

    En el último relato “Roca”, nos asomamos a la historia compartida de Bolos y Roca, que en sus años de juventud se miraban poderosos e invencibles. Fúricos y violentos, eran jóvenes que disfrutaban de la fuerza, pero, sobre todo, del miedo que infundían a los otros. En los campos desbordados de la juventud, hacen y deshacen a su antojo. Sus puños son el límite, pero también su condena. El cuento comienza desde el ocaso de esas juventudes: Bolos es un taxista sin futuro, y Roca, luego de salirse muchas veces con la suya, recibe los costos de su propia negligencia, al quedar incapacitado por un accidente que él mismo pudo haber evitado. Este relato explora con crudeza algunas de las decisiones de la vida que, como si de un tejido paciente e implacable se tratase, van conformando la edad adulta.

    Los tres días del gorrión es un libro complejo en su armado. Si bien se lee con tersura, la técnica de andamiaje es digna de resaltar. No sólo son las historias que Estrada Orozco nos cuenta, sino cómo las entrelaza para que se lean juntas o independientemente. Es también un libro que nos hace mirar a diversas etapas de nuestra existencia: la niñez con sus temores y debilidades; a la juventud con su fuerza y arrogancia; pero también a la adultez con aquella colección de errores o aciertos. Este libro mira a la familia y a sus laberintos desde una perspectiva masculina que admite la debilidad. No se engaña en construir castillos de naipes de triunfo para esos personajes, que, como muchos en la vida real, son hombres que deben aprender a vivir con sus errores, fracasos, tropiezos y sacar, si es posible, lo mejor de ellos. [ C ]

  • Tokio

    Tokio

    *

    Las atrajo la estación.
    Partieron luego,
    con ágil vuelo.

    **

    El vasto estío
    colma las calles.
    Ciudad cautiva.

    ***

    Vientos de otoño
    remolinean.
    ¡Ah, la esperanza!

    ****

    Copos de nieve
    abaten Tokio,
    ¡Tanto recuerdo!

    Haikus del autor que son parte del libro Ciudades de papel, en preparación. [ C ]

      

  • Tiempo de Corea

    Tiempo de Corea

    I

    Inmensa, iluminada, silenciosa, la librería Kyobo se llenaba cada día de jóvenes, sobre todo, especialmente los fines de semana. Nos convertimos en visitantes devotos apenas la descubrimos. La gigantesca librería se ubica en una de las principales avenidas del centro de la ciudad y muestra cómo el tiempo no pasa en vano. Era única en aquella época, hoy existen varias -nos informan- y forman una cadena.

    No es improbable que durante nuestra estancia en Seúl no haya habido fin de semana que no la visitáramos, ubicada como se hallaba rumbo a casa.

    La conformaban miles de estantes -colmados de libros que eran, también, objetos de adorno- adosados a las gigantescas paredes, o alineados concertadamente en un tropel de pasillos de variados diseños.

    En el corazón del pasillo central mantenían regularmente una amplia mesa con las obras en coreano de los diferentes Premios Nobel de literatura. Coronaba el centro de la mesa un llamativo banderín con la anhelante, solitaria y abrasadora inscripción: “Y nosotros ¿cuándo?” 

    Esa aspiración, ese anhelo nacional fue alcanzado recién el 24 de octubre con el anuncio de la concesión del Premio Nobel de Literatura a la novelista coreana Han Kang.

    Además de la gracia, la anécdota revela el espíritu, los ideales y la determinación del pueblo coreano, no sólo para crear autos o televisores. A partir del anuncio y hasta el momento de la redacción de la presente nota -una docena de días más tarde-, más de un millón de ejemplares de las obras de la autora han sido adquiridos en el país, informaron los medios.

    La distinción a la escritora Han Kang con la concesión del Premio Nobel 2024 es sin duda un reconocimiento a su obra, pero es asimismo una muestra del registro universal sobre la riqueza y madurez que han alcanzado las letras coreanas, luego de muchos años de trabajo, estudio y dedicación.

    En la actualidad una media docena de escritores de ese país poseen las cualidades y los méritos para merecer dicho premio. Dos entre ellos -en opinión de quien esto escribe- destacan sobradamente: el poeta Ko Un y el novelista Yi Munyol.

    Todos los indicadores de la economía sudcoreana son testimonio de la voluntad y la determinación del país por afirmarse como nación desarrollada, hazaña alcanzada en el curso de sólo dos generaciones. Sus conquistas en los sectores económico y social han sido de tal magnitud que a menudo parece olvidarse que la vitalidad de la cultura y la sociedad coreanas son los pilares en que se sustenta aquélla. 

    Es claro que los frutos que hoy atestiguamos en las obras de un creciente número de autores coreanos revelan ser el producto sazonado de un largo cultivo.

    II

    A diferencia de otras literaturas, la coreana carece de libros fundacionales. Sin embargo, desde los albores de su historia los coreanos han poseído una lengua y un carácter propios.

    La influencia de la vasta cultura china abarcó casi todos los aspectos de la vida de Corea -y de otros pueblos vecinos-, al punto de que probablemente la inhibió de alentar cualidades propias. Corea se mantuvo cerrada al mundo exterior por milenios.

    De modo que la historia literaria coreana es una larga contienda entre el evolucionado caudal chino y el primitivo anhelo coreano. Por siglos, los coreanos hicieron uso de los ideogramas chinos su forma de escritura, hasta que en 1443 crearon su propio alfabeto, el Hangul.

    Sin embargo, el peso de la tradición continuó y no fue sino hasta la caída de la dinastía Chosún, en 1897, cuando se abolió el uso del chino en los documentos oficiales.

    Despierta al mundo exterior sólo hasta la segunda parte del siglo diecinueve, bajo la presión de fuerzas externas. Sólo entonces abrió las puertas a la modernización: del país y de la sociedad.

    La modernidad de la literatura coreana comienza con la apertura de Corea a Occidente. La influencia inmediata provino de la literatura japonesa –que se había expuesto en años previos a las corrientes europeas y estadounidenses-, pero experimentó sobre todo la influencia de la poesía francesa moderna.

    Tanto la narrativa como la poesía tuvieron una renovación inusitada una vez que Corea se abrió a dichas influencias; y con el arribo del siglo veinte redondeó su actualización.

    III

    Lo mismo que la poesía, la narrativa coreana moderna se desarrolló a partir de principios del siglo veinte. En el siglo diecinueve hubo un auge de la novela de folletín (novela de a seis, le llamaban los coreanos) siendo favorita de las mujeres. Igual, a fines del diecinueve y en los albores del veinte, proliferó la novela de tipo realista, en seguimiento de la europea.    

    Artistas, intelectuales y estudiosos coreanos se mantuvieron atentos a las distintas corrientes artísticas y culturales que florecieron durante la larga etapa que se extiende, por décadas, desde los albores de siglo veinte.

    Corrientes y conceptos como Expresionismo,  Constructivismo, Cubismo Dadaismo, Bauhaus, Surrealismo, Muralismo, Art decó, Arte pop, Arte conceptual, Minimalismo, Arte urbano, etcétera, fueron reconocidos, apreciados y estudiados, bien que las circunstancias económicas y sociales imponían otras prioridades.

    Hay que señalar, en este contexto, que hasta tiempos muy recientes la literatura coreana, tanto la narrativa como la poesía, tuvieron una fuerte carga ideológica en consonancia con las distintas circunstancias que vivía el país.

    La literatura coreana posee múltiples voces, estilos, temas y visiones diversas. Ello no obstante, todavía es insuficientemente conocida en el exterior. Son varias las causas que podemos anotar. En primer lugar, la secular reticencia del país por mantenerse apartado del mundo, abastado sólo de la influencia china. Luego, ya en la etapa moderna, el rudo coloniaje japonés la mantuvo sometida y clausurada por treinta y cinco años (1910–1945) y no bien se liberó de ese yugo, tuvo lugar la Guerra de Corea, con las consecuencias conocidas por todos. 

    La península sigue dividida, como vestigio ruinoso de la Guerra fría. El Norte adoptó una ruta propia y singular y no se tiene acceso siquiera a su literatura, en tanto que en el Sur se impusieron sucesivas dictaduras militares que se prolongaron hasta las postrimerías del siglo veinte. Pero hoy, el país ejerce una de las democracias más funcionales del orbe y una prolija actividad artística y cultural.   

      Sobre todo a partir de la liberación del país, al fin de la Segunda Guerra Mundial, el cultivo de la poesía y el desarrollo de la narrativa han sido incesantes, crecen cada día en volumen y opciones.

    IV

    Sólo puede sernos ajeno lo que ignoramos, escribió Alfonso Reyes. La literatura coreana del siglo veinte excede en volumen a toda la literatura autóctona desde la invención del alfabeto coreano.

    A diferencia de las literaturas china y japonesa, buena parte de la literatura coreana no ha sido traducida todavía a lenguas occidentales, el español entre ellas. Sólo en lustros recientes se ha hecho un esfuerzo en ese sentido.       

    Los poetas chinos de la dinastía Tang (Li Po, Tu Fu, Wang Wei, Po Chu-i y otros) igual que los maestros del haikú (Basho, Issa, Buson…) han sido recreados en lenguas occidentales por poetas cercanos como Ezra Pound, Williams Carlos Williams, Octavio Paz, José Emilio Pacheco y muchos otros. No es el caso del coreano. La laguna que provoca ese fenómeno demanda llenar ese hueco cuanto antes.  

    La literatura coreana que leemos en español ha sido -sobre todo- obra del meritorio y loable esfuerzo de hispanistas coreanos que traducen de su propio idioma al español, con el apoyo de lingüistas o escritores de nuestra lengua. Confiemos en que sea sólo cuestión de tiempo. Sunme Yoon, la traductora al español de “La vegetariana” -nos informan- es plenamente bilingüe.

    En todo caso, durante nuestra estancia en Corea fuimos testigos de la labor extraordinaria que realizaba el Instituto de Traducción de Literatura Coreana en apoyo y promoción de las letras coreanas y sus creadores.

    La poesía coreana comparte con la china y la japonesa la brevedad, la sencillez y cierta visión del mundo. Confiemos en que la afición mexicana -y del orbe de habla hispana- a la poesía de esas dos naciones, también se extienda a las letras coreanas. [ C ]

    San Miguel de Allende, diciembre de 2024.

  • Homenaje lírico a don Francisco de Quevedo

    Homenaje lírico a don Francisco de Quevedo

    Te leo, maestro, con esos anteojos de cristal montado dieran fama a tu apellido. Aunque en asuntos de fama, no la tuviste más en vida que en la eternidad. Y en dado caso, no tuvieras otra que la hecha

    por ti mismo

    por tus versos hirientes

    por tu poesía jocosa, y aún por la de amores y religión.

    Pero, sobre todo, por tus libros festivos a salvo de pestilentes redondillas.

    Hiciste, maestro, fama de retórico, pero no te vayan a confundir ahora con Góngora.

    De tu verso emergen poemas sables, poemas lanzamierda, poemas llenos de ácido y prosas engalanadas más allá de los fustes barrocos,

    novelas revestidas con la belleza del lenguaje

    porque tu palabra, maestro, se desgarró para desollar la tierra de

    malditos, aduladores, poetastros y un tal don Luis Pacheco, maestro de esgrima.

    Famoso fuiste en tu época creo haberlo dicho antes. Hoy, la verdad no lo sabría de cierto. Pesan sobre ti el extremo racismo, así le decimos ahora, que blandes sobre los judíos, los necios, potentados, bellacos, presuntuosos, lacras, ignorantes y habrá que decirlo, contra los hijos de puta.

    No obstante, que nadie diga nada al respecto, la moral existe desde la eternidad y nunca se ha cumplido.

    Por eso, te leo desde aquí y ahora, con la libertad que nuestro tiempo ha esgrimido a favor, al menos, de los lectores.

    Para ver en tus quevedos el pretérito siglo, lenguaje exquisito que abrevó lo mismo de germanías que de sindicatos no existentes.

    Con o sin tus quevedos, mientras te leo vuelven a la vida:

    El desfile de muertos vivientes que se adelantan a la moda. Malicientos y desdentados que roen la dignidad de pisar la tierra del imperio más grande del mundo. La tierra de los Austrias que gobierna sobre el Nuevo y Viejo Mundo, aunque en éste dejen hordas de pobres y pícaros y en el otro de esclavos y disminuidos. Desfila ante mí el Imperio de hebenes, güeros, chirles y capones.

    Te leo para buscar entre tu sonrisa y tu descaro el siglo, el siglo conceptuado por mundo.

    Aunque tu mundo esté trasnochado y ebrio, acabado y en crisis. Pero eso solo tu lo supiste escribir con grandeza, que en pleno fervor económico, en la era de los grandes recetarios, de los mejores artistas, de los quintales de plata saliendo de México y los buques de cacao de Venezuela; en el nacimiento del modernismo político, diplomático, bancario, empresarial

    los pobres sean más pobres que hambrientos

    pero aún así logren perdonar al hambre aguda, canina, que los lacera y echa por los campos de Segovia, las goteras de Madrid, las puertas de Alcalá de Henares o la entrada de Sevilla

    para mendigar un pan, o mejor

    para hurtarlo, de puro pícaro

    Y yo maestro, qué más quisiera encarnar al Pícaro don Pablos, aunque tenga que perdonar al enjuto e inmor(t)al licenciado Cabra, con su pragmática de perdonar la vida a capones y gallinas, de no romper la vigilia nunca, aunque no sea Semana Santa.

    Aunque para ello tenga que hurtar a las amas, a los huéspedes, a las autoridades del corregimiento y a mi propio amo

    Aunque tenga que convivir con trúhanes y más diablos que el diablo, con los infernales estudiantes de sotana larga

    Y luego mientras camine contigo haga vibrar el lenguaje y con las palabras la vida, porque la segunda cada día será nefasta y el primero seguirá evolucionando. O se quedará como lo forjaste, sintagmas cortos tan pulidos que no describen acciones sino risas.

    Hombres volcándose sobre platos, escudillas, ollas y tinajas. Comensales zainos y zambos, mulatos, pedigüeños, licenciados, malandrines, verdugos, tinteros, médicos, poetas y sacristanes

    A los que hundes, maestro, en la peor sentina

    Pero los colocas sin problema en tu mesa para disculpe usted, empinar el codo

    abrir las fauces, atragantarse como lobos, robar un mendrugo y manchar los greguescos en una salsa rancia que, por cierto, escasea.

    Te leo don Francisco y sé que no en balde pisaste la cárcel, que si ahora vivieras pesara sobre ti una sentencia de muerte por blasfemo, racista, políticamente incorrecto y tuvieras que vivir protegido por terribles y odiados corchetes.

    Pero te leo y sigo riendo, ahora y siempre, a ojos llenos. [ C ]

  • Argelia y el embate de las Letras

    Argelia y el embate de las Letras

    Al margen de los conflictos internacionales más acuciantes en la palestra internacional, Argelia captó atención recientemente, tanto por el resultado de las elecciones de septiembre pasado, que ratificaron el mandato del actual presidente Abdelmayid Tebún, como por el embate que sufrieron algunos escritores oriundos del país más extenso de África debido a la temática de sus obras, lo cual ha generado una gran polémica literaria y política, además de un giro revisionista a episodios de la historia argelina reciente.

    1. Un secuestro

    El primer caso ocurrió en España, específicamente en Barcelona, donde el escritor Hicham Aboud (Argel, 1955) fue secuestrado el 17 de octubre y liberado 5 días después en Sevilla después de una pesquisa que les llevó un recorrido de 900 kilómetros a los Mossos d´Esquadra. Aparentemente, el plan consistía en sacar de España al escritor exiliado en Francia desde 1997 y entregarlo posteriormente a las autoridades en Argelia.

    La Asamblea Mundial Amazigh (AMA), organización del pueblo berebere o amazige, fue la primera en dar la voz de alarma de los hechos y externó su inquietud por el secuestro de Aboud, quien después de haber sido liberado aseguró que sus atacantes eran un grupo de sicarios a sueldo de los servicios de inteligencia argelina, en alianza con una organización terrorista internacional operando en España.

    Aboud, además de autor de libros críticos contra las autoridades argelinas, como La mafia de los Generales, es una figura prominente en redes sociales e internet. Así ha denunciado la corrupción sistemática de los cuerpos militares argelinos, los obstáculos a la libertad de expresión y el trabajo periodístico, además de las falencias en las instituciones y los procesos electorales del régimen argelino.

    Aunque Aboud se encuentra a salvo y recibió tratamiento médico tras su experiencia, las autoridades españolas consideraron el incidente como un supuesto “acto terrorista” y un “ataque a la soberanía de España”, lo cual se suma a la disidencia en las relaciones de España con Argelia, país que rompió relaciones diplomáticas con España a principios de este año después de que el presidente Pedro Sánchez respaldara el plan de autonomía de Marruecos para el Sahara.

    2. Un premio y una polémica

     A principios de noviembre el escritor argelino Kamel Daoud (Mesra, Argelia, 1970) ganó el Premio Goncourt, el más prestigioso de las letras en francés, por su novela Houris, un relato sobre las secuelas en la vida de una mujer sobreviviente de la guerra civil en Argelia en los años noventa.

    La obra, que también ganó este año el Premio Landerneau del Lector, está narrada desde el punto de vista de Aube, una joven argelina muda que es superviviente de una masacre perpetrada por los islamistas en 1999. Con esta novela, el autor argelino afincado en Francia denuncia el silencio impuesto en su país natal sobre la llamada década oscura, así como contra la suerte de las mujeres condenadas a “morir en cada momento” por razones inconcebibles. Por esas razones, ha generado problemas y censuras en Argelia, donde se veta cualquier obra que evoque este período de la guerra civil.

    Por varias semanas después de la obtención del galardón, Daoud atestiguo la creciente demanda de su obra, tanto en Francia como en otras partes del mundo. Asimismo, como suele ocurrir con los ganadores de este galardón, su agenda estuvo plagada de entrevistas. Sin embargo, Saada Arbane, superviviente de una matanza terrorista lo denunció ante la justicia en Argel, acusándole de “desvelar su historial médico” en la novela.

    La gravedad de la acusación hizo que la esposa de Daoud, de profesión psiquiatra, reconociera que atendió a Arbane, quien cuando era niña estuvo a punto de ser degollada en un atentado integrista en el que perdieron la vida todos sus familiares. Por estas declaraciones, Arbane les acusa ahora a ambos de violar el “secreto médico”, al describir en la novela detalles personales, como la máquina que utiliza para respirar y un tatuaje, que la identifican.

    Aunque la editorial Gallimard negó los cargos al asegurar que los personajes de la obra de Daoud son fruto de la ficción y resumen las vivencias de cientos de víctimas de la guerra civil argelina, lo cierto es que la obra y la decisión del jurado han sido cuestionados de forma creciente desde entonces.

    3. Una detención

    Sólo semanas después de lo ocurrido a Hicham Aboud, el escritor Boulaem Sansal (Theniet El Had, Argelia, 1949) fue detenido en el aeropuerto de Argel procedente de Paris, apenas días después de obtener su nacionalidad francesa.

    Sansal es un autor ampliamente conocido en Europa por su voz crítica con el integrismo islámico y el régimen autocrático de Argelia, lo cual hasta antes de su detención parecía ser tolerado en su país natal y de residencia habitual, ello no obstante que algunas de sus obras siguen estando prohibidas: La Aldea del Alemán, El Fin de Mundo, El Juramento de los Bárbaros,  entre otras.

    Antes de dedicarse de lleno a la escritura, Sansal fue servidor público en el Ministerio de Industria y es uno de los primeros autores en romper el tabú de la prohibición, en aras de la “reconciliación nacional”. En sus libros está plasmada la guerra civil argelina y el decenio negro (1992-2002) que enfrentó al Ejército con grupos integristas armados, cobrando más de cien mil muertes y miles de desapariciones forzosas. A pesar de las limitaciones a la distribución de sus obras, ha seguido viviendo en la región metropolitana de Argel, y no ha elegido algún tipo de exilio.

    Al ser detenido, la Fiscalía argelina le acusó de haber “atentado contra la integridad nacional”, delito incluido bajo un apartado legal de terrorismo, que incluso podría derivar en pena de muerte, que en el país magrebí es permutada por condena a perpetuidad desde hace tres décadas.

    Las autoridades argelinas solo confirmaron indirectamente su arresto hasta una semana después, cuando el clamor para exigir su liberación ya se extendía en varios países además de Francia, tanto por lo difundido en los medios como en las oficinas de Gallimard, su editorial. Así, quince días después de su detención se supo que, tras haber permanecido internado en una prisión de Argel, Sansal fue ingresado en un hospital y que se encuentra en buen estado de salud.

    4. Letras con sentido

    En conjunto, estas historias reflejan intransigencia política, lo mismo que necedad para aceptar develaciones de la historia reciente de un país desde ópticas divergentes. En rededor está un asunto internacional pendiente de solución que comprende a Argelia, lo mismo que a Marruecos y España. A lo cual se suma la tensión entre Argel y París tras el giro del presidente Emmanuel Macron sobre el Sáhara Occidental, oficializado en una visita oficial de Marruecos a finales de octubre, todo lo cual ha tenido repercusión en el mal momento que atraviesa la narrativa franco-argelina.

    Aunque el esclarecimiento de la retención de Hicham Aboud en Barcelona se desvaneció con el paso de los días, lo cierto es que ese acontecimiento involucra su activismo respecto al reconocimiento de los derechos y expresiones culturales bereberes o amaziges, así como su aparente involucramiento con grupos políticos internos, cuyas reminiscencias llevan al movimiento popular Hirak, que en 2019 forzó la salida del presidente Abdelaziz Buteflika cuando aspiraba a un quinto mandato después de dos décadas en el cargo.

    El caso de Kamel Daoud es paradigmático en dos direcciones. Primero, en lo que representan sus obras para develar una interpretación renovada de un episodio histórico de su país. Aunque recalcitrantes, sus obras exhiben aspectos poco divulgados de la denominada década negra en Argelia, lo cual es válido ya que escuchar otras voces sobre episodios del pasado constata que en el forjamiento de la historia de cualquier país siempre transitaran villanos y héroes. Por otra parte, la acusación de Saada Arbane respecto a la trama de Horus, es tanto un llamado de atención respecto al viejo dilema de los linderos entre la ficción y la realidad como una alerta de los riesgos que emergen cuando los profesionales de la salud no protegen adecuadamente los datos personales de sus pacientes.

    Por último, el caso de Boulaem Sansal, confirma una tendencia de varios escritores árabes respecto a su potencial creativo. Él, como Abdul Rahman Munif en Arabia Saudita, fueron servidores públicos antes de escritores de ficción a cabalidad. Ese detalle, enriquecedor al proveerles una veta creativa desde otras realidades, representa un costo alto cuando desde la literatura se reproducen personajes, episodios nacionales o decisiones asumidas por los gobernantes. Parecería que la persecución a la que son sometidos es el precio a pagar por conocer la entrañas del ejercicio público y atreverse a registrarlo, aunque con matices, en sus obras. [ C ]

  • OtOñO 2024

    Torres Bodet y la revista Nouvelles du Mexique

    Rosa Isabel Gaytán

    Interesante recorrido por la evolución de una publicación confeccionada con extremo cuidado, procurando que su contenido motivara interés en sus lectores pero sobre todo una profundización del conocimiento de nuestro país en Francia. Todo ocurrió en la medianía del siglo pasado y fue concebido por Jaime Torres Bodet, diplomático y servidor público ejemplar. [ LEER ]

    Bitácora de un trajín internacional reciente

    Pedro González Olvera

    La culminación de cualquier ciclo de gobierno en México lleva a la reflexión y conlleva tanto reconocimiento a lo logrado como extrañamiento por los compromisos no cumplidos. El caso de la política exterior es singular ya que su devenir depende tanto de la estrategia diseñada al interior del país como del cambiante contexto internacional. Lograr un balance siempre será un desafío y por ello el resultado siempre estará pleno de claroscuros. [ LEER ]

    Nabokovia Peruviana: un libro contra el olvido

    Rosa Núñez Pacheco

    En la labor literaria es inevitable la aproximación entre congéneres para conocer sus particulares universos creativos. Otra variante es acercarse a ellos desde una mirada crítica y rescatarlos del olvido que el tiempo siempre augura. Este texto describe el homenaje que Fernando Iwasaki hace de escritores peruanos olvidados, transterrados y desleídos. Todo ello con el propósito de rescatar la obra de autores que se establecieron en España y Francia durante la primera mitad del siglo XX. [ LEER ]

    Elias Khoury y el sino palestino

    Guillermo Gutiérrez Nieto

    En la pléyade universal de escritores son pocos los que adicionalmente son intelectuales y críticos respecto a la realidad que los circunda, sea nacional o internacional. Esta situación es más acuciante en los exponentes de la literatura árabe, donde germinan prolíficamente historias teñidas de historia reciente y antigua. Por ello es lamentable la muerte de Elias Khoury, autor libanés que dedicó su vida a plasmar la historia viva de Palestina en su narrativa, planteando que la Nakba (catástrofe) de 1948 no fue un acontecimiento sino parte de un proceso que sigue vigente para los palestinos. [ LEER ]

    MCC, 11 años de Acción Cultural

    Una verdad irrebatible es que las instituciones son forjadas con una visión y una misión, pero el trabajo de quienes las encabezan definitivamente es lo que les da su sentido de existencia. Tal es el caso del Mexican Cultural Centre (MCC), fundado en la ciudad de Nottingham el 16 de septiembre de 2013 por Eduardo Estala Rojas y Lidia Ángeles García González. [ LEER ]

    Expresión Musical & Visual:

    Atmósfera e intimidad de la MBP

    Mario Serrano Avelar

    La época de internacionalismo para la música brasileña sucedió a finales de los años 50´s del siglo pasado. No como un producto cultural en solitario sino como una propuesta de toda la explosión artística del enorme país amazónico. [ LEER ]

    En los feudos de Eros

    Samuel Maynez Champion

    Dejando los mitos de lado y soslayando los prejuicios y el escarnio que la homosexualidad ha despertado en la historia, hemos de preguntarnos qué tan extendida ha sido su huella en la música de concierto. Hay tela de donde cortar para deducciones y que cada quien elija conclusiones que le sean satisfactorias… [ LEER ]

    Diario argentino: otra novela y otra película de Belgrano

    Héctor Orestes Aguilar

    En las obras literarias que suceden (así sea parcialmente) en Belgrano, destaca La larga noche de Francisco Sanctis, de Humberto Constantini, publicada en 1984 . Los documentalistas Andrea Testa y Francisco Márquez redescubrieron esta obra para los lectores de este siglo y la convirtieron en su ópera prima de ficción logrando reconocimiento en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). [ LEER ]

    En Voz Propia:

    ¿Me pasas la sal?

    Alejandro Estivill

    QUESO

    Gilbert K. Chesterton

    Traducción y Texto introductorio de Leandro Arellano

    Un programa de inmersión compartida

    Itzayana Dorantes Martínez

  • Diario argentino: otra novela y otra película de Belgrano

    Diario argentino: otra novela y otra película de Belgrano

    En mi colaboración anterior para cambiavías mencioné que la Embajada de México en Argentina está en Belgrano, uno de los barrios del norte de Buenos Aires. Antes de convertirse en tal, fue una ciudad propiamente dicha: el partido de Belgrano (de acuerdo a la nomenclatura topográfica rioplatense), que incluso en 1880 llegó a ser asiento del gobierno federal. A esta importancia política se le suma una gran impronta cultural, entre otras cosas porque el célebre José Hernández, autor del poema épico nacional Martín Fierro, vivió y murió en la Quinta San José, sita en Avenida Cabildo, eje muy conocido y transitado de aquella parte de la ciudad.

    De todas las obras literarias modernas que suceden (así sea parcialmente) en Belgrano, la más inquietante es La larga noche de Francisco Sanctis, de Humberto Constantini, publicada en 1984 por la Editorial Bruguera Argentina en su serie “Narradores Argentinos de hoy”. A pesar de no haber tenido la celebridad de otros autores de su generación, “Cacho” Constantini fue un miembro muy destacado de la diáspora que llegó a nuestro país huyendo de la dictadura cívico militar más reciente, y la novela que refiero es prueba irrefutable de ello, pues fue imaginada, planeada y redactada durante su exilio en México (1977-1983).

    Ordenada en diecisiete capítulos que abren, con excepción del último, con una descripción sumaria de lo que tratará cada uno, como en muchas novelas escritas entre los siglos XVII y XIX, La larga noche… está relatada por un narrador muy entrometido con sus personajes; demasiado hablador, indiscreto y, por momentos, fastidioso, pues –ya desde los resúmenes antes referidos— deja caer gracejadas discordantes con el pulso argumental, correspondiente, como va descubriéndose, al de un thriller y no al de una azarosa historia de enredos y confusiones, como insiste en hacerle creer a los lectores la voz omnisciente. Si a esto se añade la insistencia en explorar las pulsiones psicológicas de los personajes y en aplazar calculadamente el punto de inflexión del relato, cursar esas páginas es un ejercicio que pasa por tramos laboriosos; hasta que, al aproximarse uno a la parte final de la obra, constata que el autor despliega los mejores recursos de su gran oficio para darle la fuerza épica necesaria a un final inolvidable.

    No son muchos los personajes que emplea Constantini para tejer su narración. Francisco de Sanctis es un contador cuarentón, anodino, casado con una mujer que integró a su familia los dos hijos de un primer matrimonio antes de procrear con él un tercero, y que no espera mucho de la vida más que un ascenso en la empresa mayorista que lo explota a destajo y le escamotea cualquier atisbo de mejora salarial premiándolo, de vez en cuando, con una caja de víveres, por ser el mejor trabajador del mes. Lo más interesante de sus antecedentes es  haber sido seminarista y pasar por la Universidad con un discretísimo interés por la vida estudiantil de los años sesenta, hechos completamente anecdóticos, sin mayor repercusión en una existencia a todas luces ordinaria, estéril y empantanada en la grisura de un empleado de medio pelo.  

    Este orden de cosas se ve interrumpido una tarde por la inopinada llamada telefónica de una tal Elena Vaccaro, vieja amistad juvenil, quien pretextando una historia muy absurda le pide a Sanctis encontrarse, sí o sí, esa misma noche, la noche del 14 de noviembre de 1977. Ella quiere pedirle autorización para publicar, en una revista venezolana, un poema que Francisco publicó bajo pseudónimo en sus años estudiantiles en un pasquín universitario, y, para explicarle de qué se trata todo, lo cita en uno de los cruceros cardinales de Belgrano, a la puerta de la por entonces muy conocida confitería Mignon, en la esquina de Cabildo y Juramento, donde ahora se encuentra una sucursal de las librerías El Ateneo.

    La forma tan manida de Constantini para introducir el desorden en una cotidianidad rutinaria condenada a cadena perpetua toma, sin embargo, un giro espectacular cuando Vaccaro, después de un prolongado retraso, llega a la cita y hace subir a su auto a Sanctis para comenzar un periplo alucinado por Belgrano, Núñez, Saavedra y Colegiales: los barrios del norte de la capital porteña próximos a la Provincia de Buenos Aires. Para empezar, el contador apenas puede reconocer a su amiga, a la que siempre recordaba como una figura regordeta, agradable pero bastante paranoica, y que ahora se ha convertido en una muy atractiva mujer en su temprana madurez, quien lleva sus años con la prestancia de una “deportista, ayunadora, viajera, militante de peluquerías y salones de belleza, probablemente trampa y seguramente loca”, de acuerdo al narrador. Una “tilinga burguesa”, ahora casada con un oficial de la aviación militar argentina, que le pide, sin dar mayores explicaciones, memorizar los nombres y las direcciones de dos personas –perfectos desconocidos para ella— y avisarles de inmediato que esa noche, o mejor dicho, a la madrugada siguiente, van a ir por ellos.

    La enorme tensión que genera esta brutal ruptura de la calma chicha en la que transcurre Sanctis es el mayor logro de la novela, pues a partir de ese momento comienza para el protagonista una deriva múltiple. Primero, es reflexiva: vale decir, demanda al personaje una serie de cuestionamientos acerca de lo que debe o no hacer, y por qué ha sido elegido para llevar a cabo una tarea de alto riesgo en la que estará absolutamente expuesto, sin saber bien a bien cómo realizarla. En segundo plano, y esto es parte fundamental del encanto de la obra, después de haber recibido y aceptado su misión, al no poder reaccionar negativamente, Sanctis comienza a vagabundear por la noche porteña en busca de una salida para la encrucijada que el destino, o la historia, la historia de su país, le ha impuesto. Constantini debe haber trabajado más con su memoria que con mapas de Buenos Aires al trazar todo ese flaneo noctívago, porque, como sucede en otras novelas –un ejemplo mayor es Los detectives salvajes, tanto en sus reconstrucciones de trayectos por el antaño DF como por los pasadizos de Viena, imposibles de realizar— la evocación realista de ciertos periplos por los recovecos del norte y noroeste de Buenos Aires termina siendo astillada por imprecisiones. Las últimas horas de La larga noche…, en sus tres capítulos conclusivos, son un angustioso zigzagueo por avenidas y calles despobladas que corresponde, más que a un acto heroico, a la búsqueda de una salida, cualquier salida, a una realidad oscura, fría y agobiante, ante la cual no parece haber salvación.

    Los jóvenes documentalistas argentinos Andrea Testa y Francisco Márquez redescubrieron para los lectores de este siglo la novela de Constantini, al adaptarla como su ópera prima de ficción, un estupendo largometraje que les ganó el premio a la mejor película y al mejor actor (Diego Velázquez, en el papel de Sanctis) en la competencia del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), en 2016, para después ser el único film latinoamericano proyectado en la selección “Un certain regard”, del Festival de Cannes de ese año. Es una obra de gran calado. No exagero al decir que es la más kafkiana de las películas del nuevo cine argentino; la que mejor transmite el miedo y la paranoia omnipresentes de quienes viven bajo una feroz dictadura militar. Si bien prescinde de la mayor parte de las referencias urbanas explícitas en el libro –en la película no se ve Belgrano, por ejemplo, no hay nada que nos permita reconocer a las claras alguno de sus rincones característicos— logra crear atmósferas muy contundentes desde la primera toma, en la que se ve el multifamiliar de clase media baja donde vive Sanctis (algo no descrito por Constantini), hasta el clima de pesadumbre y desasosiego de quien vaga por callejones oscuros que no conducen a ninguna parte. Una y otra vez, Sanctis busca la manera de llegar hasta la pareja bajo amenaza, y siempre se topa con un laberinto inquebrantable. A diferencia de la novela, el desenlace en la película es muy imprevisible.  Con muy escasos recursos de producción, y un empleo refinado de los tiempos muertos, la iluminación nocturna y el silencio ante la cámara, Testa y Márquez le dieron una dimensión audiovisual magnífica a una obra literaria que merece ser leída como testimonio de una época donde la indiferencia, el desgano y el mutismo de considerables sectores de la sociedad argentina contribuyeron, voluntariamente o no, al terror. [ C ]


    La película La larga noche de Francisco Sanctis puede verse de manera gratuita en la plataforma del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina), en la página https://play.cine.ar/INCAA/produccion/4001

  • ¿Me pasas la sal?

    ¿Me pasas la sal?

    Apenas una semana antes de su aniversario número 60, le diagnosticaron cáncer. El primer cáncer de lo que sería, más pronto que tarde, una secuela de muchos e invasivos males tumorosos. Desde un inicio, las temibles metástasis acechaban. Vendrían 20 años de lucha. Ella no lo sabía aún. Esa tarde, el doctor se limitó a lo que los más toscos en la profesión siempre se limitan: “señora, la biopsia arroja resultados negativos”, le sentenció. “Tiene usted una irrupción concatenada de tumoraciones con diagnóstico dañino en el riñón derecho. Tenemos que hacer más estudios… Lo que sí, es que lo más probable es que tengamos que operar. Mucha gente vive con un solo riñón. La van llevando. Así que, de momento, no hay de qué alarmarse”. La verdad es que el pronóstico médico era malo, muy malo.

    Ella no se alarmó; para nada. Era fuerte, estaba llena de fe en su Dios y en todas sus representaciones sin excepción posible: desde la estampita de Santa Catalina de Siena, supuestamente traída desde la misma Siena, aunque se notaba que era de un taller local, hasta una cruz ferrosa, rara y antigua, venida de la iglesia tewahedo de Etiopía, cuya presencia en su bolso, luego averiguó, podía ser ilegal… Pero “Dios lo quiso así”.

    Apenas cuando salió de aquella consulta, saboreó extensa la compañía de sus dos hijas que sí parecían demolidas por las palabras del doctor y otras pesquisas que habían escuchado aparte. Ellas eran Edna y Esther… Ambas casadas, ambas profesionistas exitosas. Mujeres logradas en su juventud. Perfectas. De las que las amigas llamarían: “triunfantes campeonas en sus respectivas familias”. Entre ambas, le habían dado a mamá cuatro nietos. Era un número par repetido en generaciones: una proporción ideal al conformar una pirámide equilátera para la preservación de la especie, tal y como los organismos internacionales lo hubieran recomendado. Juntas caminaron silenciosas codo con codo. La tomaron a diestra y siniestra. Sostenían sus brazos convirtiéndose en muletas y queriendo hacerla flotar. Creían, quizá, que alguien muy arriba les había instruido que, a partir de ese momento, mamá requería de su más invariable y dedicado apoyo.

    Ella les pidió que la soltaran por un momento. No era para tanto, aún podía sola y podría por mucho tiempo más. Se detuvo y las miró de frente. Las miró como se miran las manos abiertas, húmedas y achocolatadas a la hora de preparar una gran masa para el pastel familiar. Les aclaró que, a ambas, a sus dos hijas, las amaba por igual. Sin quererlo, sin embargo, pensó en sus riñones y en que uno entre ellos la habría de abandonar. No quería más a un riñón que al otro. Así se quiere a las manos y a los dedos, sin preferencias. ¿Por qué le tocaba a ese riñón morir y no al otro? Es como con los hijos… que no nos pongan a decidir a cuál sacrificar, jamás.

    Lo siguiente en su vida fue la brega espeluznante y durísima de los enfermos que se empeñan en ganar: las operaciones se encadenaron una tras otra en periodos de entre 3 o cuatro años: después del riñón extirpado, le sacaron unos nódulos en el pulmón junto con varios ganglios; luego un tumor que se extendía muy petulante, como para crecer a ritmo de un champiñón fertilizado, en su estómago, y un cáncer negruzco de mala calaña en la nariz que a pesar de ser bastante externo fue una de las operaciones más dolorosas. Finalmente, de nuevo, una operación en el otro pulmón. Parecía nunca terminar.

    Todo ello estuvo acompañado de estudios complicados, medicamentos repletos de contraindicaciones, inyecciones, oxígeno, radiaciones y quimioterapias: la quimio agresiva que le arrancaba el pelo en los “pre” y los “post” operatorios y la quimio blanca, constante, que se prescribía administrada de manera perene para acompañarla en los meses de recuperación. Así la iba llevando hasta la llegada maldita de un nuevo mal diagnóstico y la necesidad de otra intervención de los bisturíes y las pinzas quirúrgicas. Desde esa primera cita, los vómitos y las diarreas serían su tema infalible, preferido, en largas conversaciones con las amigas y las hijas; ¿Cuántas, dónde, de qué color, con qué agresividad… todo sobre la mierda con lujo de detalle? Añadía a su sufrimiento una presión alta, totalmente inusual, afecta a los vaivenes más tropicales. Y para culminar el cuadro: una diabetes melitos de las que no sientes, que son más fantasmales que la macroeconomía explicada en los diarios, pero que te la recuerdan los doctores y los pinchazos diarios en los dedos y en los brazos como un regaño severísimo de un sargento en el cuartel.

    En los primeros años, la lista de sus especialistas creció hasta lucir más amplia que un directorio de hospital. Ella la podía presumir en un calendario grandote de pared, con citas apuntadas con tinta roja: revisiones semanales, mensuales y trimestrales,  con internista, oncólogo, nefrólogo, anestesiólogo, endocrinólogo, geriatra, dermatóloga, terapista, nutrióloga, hematólogo, neumóloga, cardiólogo, psiquiatra, psicóloga, cirujano torácico, especialista en rehabilitación… y cabe añadir que por causa de la sapiencia y el nervio de una de sus hijas, también visitó una sola vez a una tanatóloga que no le dijo nada de utilidad. Ella se adaptó. Lo supo manejar. Tenía la fe enorme de una beata de convento en el Amazonas y siempre afirmó: “Dios es el que decide cuándo; por lo demás, yo sigo las indicaciones y la voy llevando”.

    Y la fue llevando por encima de todo augurio. Lo más difícil no estuvo en esos 20 años de enfermedades acechando. Estuvo en el manejo que sus hijas tuvieron del sufrimiento: ellas habían recibido desde un inicio el pronóstico fatal. Tenían que irse haciendo a la idea de que un cuadro de cáncer extendido, diabetes y pésima situación cardiovascular no daba para esperar que su mamá, ya sin un riñón, las acompañara por encima de unos tres años… cinco a lo sumo. Cumpliendo 20 años de tratamientos, estaba claro que mamá ganaba la partida, incluso la ganaba al Señor. Pero no hay mal que dure 100 años, ni enfermo que lo aguante… Peor aún, no hay pariente de enfermo que aguante tanta saga en la feroz batalla contra el cáncer.

    El primer pleito entre las hijas fue, por su puesto, detonado por las 28 cuartillas que conformaban la cuenta de honorarios médicos y servicios hospitalarios de esa primera “nefrectomía compleja con tecnología de Cella”. La lista traía vericuetos inesperados: cobraron doble hasta por las cajas de pañuelos desechables y tres sondas que más parecían equipo para tratar un cáncer de próstata. Dividir los gastos y las reacciones enfurruñadas de los respectivos maridos, un tanto resentidos por la dolorosa reducción de sus ahorros, pusieron los nervios de punta en cada esquina de la familia perfecta. Luego vinieron reclamos por las horas de atención: ¿qué es más jodido, cuidar a la enferma de mañana cuando molestan los repartidores y las visitas inesperadas de la tía X o la concuña Y, o de noche cuando mamá duerme serena y se despierta apenas una o quizá dos veces para pedir la medicina de las 3:30 am?

    Las siguientes querellas que llevaron a Edna y Esther a esgrimir sus espolones fueron por la repartición de las vacaciones. Y también surgieron querellas por mostrarse como la más apegada a la enferma, la campeona, la más sacrificada; por revelar quien llora más, quien entre ellas exsuda desasosiego y dolor mejor que la hermana. También por el tamaño del refrigerador que habrían de comprar y donde deberían guardarse los alimentos especialísimos y las ampolletas de insulina. Sus ladridos fueron incluso en razón de la dureza del colchón de la cama donde se convalece mejor de lado o boca abajo después de una operación de pulmón; o por las dimensiones recomendables de la gaza que cubre la herida, por la técnica para limpiar las infecciones que la diabetes detona aletargando el tiempo de cicatrización. Peleaban por todo.

    Pronto, con la ayuda de amigos y otros parientes, se logró que mamá ingresara al sistema médico público y los gastos aminoraron como para enfrentar las siguientes operaciones… Pero el mal estaba sembrado. Las hermanas necesitaban impetuosamente reprocharse algo entre sí. Salieron a colación los agravios de la primera infancia. Una muñeca de trapo rota que Edna valoraba sobre cualquier otra cosa en su niñez y que murió descabezada en un sacrificio supuestamente organizado por Esther, más aficionada a jugar a soldados, excursiones en la selva y cosas de niños. Esther no recordaba la muñeca ni el ritual de decapitación. Pelearon por libros prestados que nunca habían leído y que no habrían de leer. Aludieron a comidas asquerosas puestas en el plato ajeno cuando tenían siete, quizá nueva años; heridas crueles, físicas y mentales, supuestos robos de novios, ocultamiento de llamadas para invitar a una fiesta o cuando una de ellas manchó con pintura indeleble para uñas el vestido favorito de la hermana que había resguardado para unos 15 años, donde Ulises, “el más guapo”, estaría presente.

    Con la madre enferma y las obligaciones de atenderla, los años pasaban infectando más cada entraña de Edna y Esther…, lo suficiente para sacar a flote hasta el último detalle, real o inventado, y mostrar que la familia equilátera perfecta era, por el contrario, cacariza como un queso roído por los ratones de la memoria que se niega a desaparecer. Sus respectivos maridos comenzaron a jugar su parte: uno se sentía molesto, no por haber pagado más gastos extra (muchos extras que le rogó Esther cubrir), sino porque nadie se lo agradecía. El otro se manifestaba igualmente asqueado de la situación porque, en su filosofía del matrimonio, las hermanas y sus respectivos salarios tenían que ser únicos responsables del pago de doctores y hospitales. Uno de ellos cambió de equipo de futbol para marcar una diferencia: adoptó otros colores con rallas rojas y blancas en todos los objetos de su vida y ¡a la chingada el color amarillo! El otro renegó de la vulgaridad del deporte de masas, inició lecciones de ajedrez y compró libros de misticismo y filosofía. El primero se apropió una dieta tórrida en sabores picantes, mantecas sazonadas y varios drinks fuertes y cervezas para bajarla a su intestino. El otro, sin llegar a vegetariano, dejó la bebida y llenó el refrigerador de yogurt natural, oleaginosas de cultivo orgánico. Repudió fanático las conservas y adoptó una suspicaz afición por el extracto de jengibre, cada mañana, preparado “from the scrach”.      

    Ya en los años más avanzados de la enfermedad de mamá, cerca de la operación de cara, la misma filiación política motivó insultos y agravios entre las familias de Edna y Esther: una se tornó oficialista y fervorosa en sus apoyos al gobierno en las redes sociales; la otra crítica intransigente y asqueada por tantas estupideces del gobierno. Ambas hijas, a solas, se lo reclamaban a mamá: “ya viste lo que publicó Edna… sólo falta que vaya mañana y le lama las patas al pendejo del presidente…, si no es que otra parte”. Incluso, confabuladas con sus respectivos maridos, se afiliaron a partidos opuestos, comenzaron a vestirse en las antípodas: la de negro y la de blanco. La que nunca se maquilla contra la que remarca las horas departiendo nimiedades en el salón de belleza. Una engordó mórbida… la otra languideció anoréxica. Los nietos perplejos se comunicaban entre sí evadiendo, ante todo, el tema de la enfermedad —las enfermedades, cabía aclarar— de la abuela. Esquivaban a toda costa los asuntos de política y futbol.  Todo era peligro; todo era bomba a punto de estallar. Bien sabían que sus familias caminaban hacia las antípodas como en esos duelos a pistola donde los rivales cuentan 20 pasos para voltear y ejecutar la obligada limpieza de su honor. Pero aguantaban por el bien de la abuela.

    Finalmente encontraron el silencio; quizá lograron un paraje más severo y misterioso que el mismísimo silencio total. Después de la operación de nariz de mamá, las hijas ya solo se transmitían mensajes de texto con contenido escueto, objetivo, fáctico y orientado a sobreentendidos. Evitaban a toda costa cualquier uso de pronombres: ya nunca más usarían el “tú” o el “yo”. Jamás un verbo conjugado en primera o segunda persona: “Mamá tiene fiebre; 39 y medio”. “Mamá siente dolor en el costado izquierdo; tres centímetros debajo de la costilla. El lugar exacto está marcado con una equis con plumón azul”. “El doctor ordenó Demerol, costó $2000 pesos la caja de 10 ampolletas”. Así dirimían las cosas, mientras las envolvía un mutismo pegostioso como las nubes al filo de la tormenta. Ni una palabra con sentido humano, ya nunca: total ausencia de un gesto; nunca más un guiño que denote debilidad. Si cruzaban en la puerta, lograban al unísono ese rostro, tan hosco como impávido, que tienen los boxeadores cuando el réferi les canta las reglas antes de la pelea.

    Edna fue la que alguna vez, tiempo antes, había afirmado aparte ante su mamá: “ya no hablo con Esther, lo único que nos mantiene como hermanas, eres tú, mamá. No queda nada más entre nosotras. El día que te mueras, Esther no volverá a saber nada de mí”. Eso no elimina que, en aquel silencio total, Esther también haya dicho en corto lo propio: “No sé, má, pero cuando tú ya no estés, te aseguro que cambio todos los teléfonos, todas las direcciones y mi hermana desaparece de mi vida”.

    Mamá era muy consciente de todo aquello. Le dolía más que el cáncer, más que los vómitos, el cansancio y la diarrea. Sabía muy bien que no podía morir, porque eso haría que la bomba estallara. Su ausencia significaba la caída de un machete enorme al medio de sus hijas, al medio de su familia. Su mayor deseo era que nada de aquello hubiera pasado y que la estampita de la Virgen de Siena y el fierro etíope, ese raro indumento con forma de cruz que había llegado a su bolsa, no le hubieran dado tantos años y tanta fuerza para luchar contra el cáncer y las quimioterapias. ¿No hubiera sido mil veces mejor haber muerto a la primera señal de un riñón enquistado? ¿No hubiera sido lo correcto desfallecer esa misma tarde en que salió del médico y con las hijas, aun amigas, encaramadas a sus costados como queriéndola cargar? ¿Mejor hubiera tropezado y cruzado a media avenida para que un camión le volara la cabeza como muñeca de trapo? ¿Quién le mando tener tanta fuerza? Todo para ver a sus hijas pelear como gatas de arrabal y no tener fecha posible para verlas quererse otra vez.

    En el cumpleaños 80 de mamá las familias tuvieron que llevar comida y pastel para celebrarla. Por cierto, fueron dos pasteles: de chocolate negro y de vainilla. Llevaron vestidos negó y blanco como las caracterizaba y los maridos con camisetas a rallas, uno, y amarilla —un poco afeminada— el otro. A un lado de la mesa, hubo comida casi vegana, sin aditivos de ninguna clase, rica en oleaginosas orgánicas y con harta ensalada de lechuga, brócoli y nueces; aceite ultra virgen y vinagre balsámico en aceitera y vinagrera de cristal. También, al otro extremo de la mesa, extendieron unas bolsas con huarachas rojas y verdes, adobadas también con chile guajillo que picaban como los mil demonios, unas coca-colas tamaño familiar destapadas, así no más, con todo y botella en la mesa, sopesitos de los que venden en el tianguis y una mezcla muy surtida de tacos de barbacoa presentada en bolsa sudosa de plástico: de maciza, de relleno y de víscera.

    Mamá, muy serena y dominando la escena desde su cabecera, comió de todo, a pesar de su enfermedad. Quizá exageró.

    Esther fue la primera que se distrajo al ver aquel acomodo de la mesa. Le hizo gracia. Lo mismo pudo haber pasado en la mente de Edna. Los unos y los otros a cada lado de mamá terminaban por combinar. La sonrisa de Esther fue el primer gesto diferente de aquella tarde y lo que más la motivaba era, sin duda, el cuadro que formaban los cuatro nietos allá al fondo: hablaban bajito entre ellos después de haberse colocado todos juntos al lado norte, en la otra cabecera, distantes del estratégico y silencioso acomodó familiar. Esther vio a su hermana: creyó que sonreía. Su decisión fue rápida, sin pensar.            

    “Edna, ¿me pasas la sal?”…

    Mamá murió rápido. Con una sola convulsión. Como que quiso hablar. No pudo. Como que levantó las manos por igual, simétricas, porque algo iba a cantar sonriendo de oreja a oreja. Su cabeza calló de golpe, con la frente muy centrada en la mesa. Quizá feliz.  [ C ]

  • En los feudos de Eros

    En los feudos de Eros

    Según el mito de los antiguos griegos, Eros era el responsable de promover las relaciones amorosas de los hombres y, en este sentido, de manera literal, era quien suscitaba la cópula entre varones. Diversos pensadores de entonces confirman que el numen, a diferencia de Afrodita que tutelaba el interés del hombre por la mujer, era el patrón de las prácticas amatorias hoy llamadas “gay”. En su Antología Palatina Meleagro refiere: “Afrodita y la reina Cipria avivan el fuego que enloquece a los hombres por las mujeres, pero Eros desata la pasión de los hombres por los hombres.”

    La intensa devoción por el dios que los romanos convertirían en Cupido, quedó manifiesta en la gran cantidad de estatuas que, en reveladora proporción, estuvieron ubicadas en las palestras, o gimnasios, por ser los principales lugares de reunión entre los hombres y sus amantes. Asimismo, la pederastia fue una forma idealizada por el griego para dejar fluir su admiración por el cuerpo de los jóvenes atletas. De ese modo, el mito de Narciso se entrevera con las corrientes de pensamiento que se afirmarían en los siglos por venir: el cuerpo del hombre, en la integridad de su estructura, debe alcanzar la perfección que le es propia, mientras que el de la mujer, por un desprecio y temor milenarios, está sujeto a las deformaciones de la maternidad y la ascosidad del menstruo.

    Dejando los mitos de lado y soslayando los prejuicios y el escarnio que la homosexualidad ha despertado en la historia, hemos de preguntarnos qué tan extendida ha sido su huella en la música de concierto. Con unos cuantos ejemplos tendremos tela de donde cortar para hacer deducciones y llegar, cada quien desde su óptica y preferencia, a las conclusiones que le sean más satisfactorias. Hagamos acopio, pues, de la tradición cultural griega ‒incluida la bisexualidad‒ para presentar, sin resabios de morbo, a los siguientes personajes. Quedará implícito que no hay intención de desvelar intimidades que no sean de dominio público y que la consignación de algunos secretos resguardados por la oralidad tampoco pretenderá emitir condenas morales.

    Preferible el arsénico. Durante largo tiempo, la musicología soviética trató de ocultar la homosexualidad de Piotr Ilyich Tchaikovsky (1840-1893) pues era, de acuerdo con la praxis de los zares, un delito que se castigaba con cinco años de reclusión en Siberia, amén de conllevar un imborrable estigma. Por ende, el músico consentido por las multitudes había de presentarse como un ser con una personalidad conflictiva que había sobrellevado sus crisis volcándose en su labor creativa. El hecho de que hubiera contraído matrimonio con una mujer era una prueba que salvaguardaba su hombría de las malas lenguas, empero, en el epistolario y en los diarios del compositor ‒son recientes sus traducciones a otras lenguas y sus ediciones soviéticas estuvieron vetadas‒ están las claves para aseverar sus preferencias sexuales y las penas que le depararon. Durante una de sus crisis le escribió a su hermano Modest, también homosexual aunque con menos problemas para asumirlo: “Estoy pasando por un periodo muy crítico. Los detalles te los contaré después, pero por ahora te diré que he decidido casarme. Es inevitable. Debo hacerlo no sólo por mí, sino por ti y por aquellos que quiero. Creo que para ambos, nuestras inclinaciones son el mayor obstáculo contra la felicidad, y que debemos combatir nuestras naturalezas lo mejor que podamos. Si me llegara a faltar el coraje para casarme, de cualquier modo abandonaré mis hábitos para siempre. […] En breve, busco en el matrimonio una suerte de involucramiento público con una mujer, para acallar la maledicencia…” Huelga decir que la boda con Antonina Milyukova acabó en fracaso y que Tchaikovsky nunca pudo refrenar su naturaleza. Entre los receptores de su erotismo se cuentan dos condiscípulos del Conservatorio de Moscú, su alumno Eduard Zak, quien se suicidó después del affaire con el músico, su mayordomo, su sobrino Vladimir Davidov, a quien le dedicó la Sinfonía Patética[1]y, para su desgracia, el sobrino del duque Stenbock-Fermor, quien no tuvo reparos en denunciar el entuerto ante el Zar Alejandro III. Con la perspectiva de perder sus derechos civiles y de ser exiliado en Siberia Tchaikovsky optó por una salida más digna: envenenarse. La versión oficial del deceso encubrió el suicidio bajo el membrete del cólera. 

    El poder del dinero. En la primera mitad del Siglo XX destacó en París una cofradía de músicos autodenominado grupo de Les Six. Entre sus miembros resaltan los nombres de Milhaud, Honegger y Poulenc, este último dueño de una inmensa fortuna gracias a la heredad familiar de los Laboratorios Rhône-Poulenc. Como podemos deducir, de los seis camaradas, aquel que pudo darse el lujo de vivir su sexualidad con toda la desinhibición que la riqueza le consintió fue Francis Poulenc (1899-1963), quien aceptó de buen grado el epíteto del crítico Claude Rostand de ser un individuo “mitad monje y mitad hereje”. Para los investigadores, el caso del acaudalado compositor constituye, dentro de la historia de la música, el primer ejemplo de una homosexualidad enteramente abierta, aunque no exenta de episodios heterosexuales. A diferencia de Tchaikovsky, jamás escondió a su legión de amados, entre los que se enumeraron el pintor Richard Chanlaire, el novelista Raymond Radiguet, también amasio de Jean Cocteau, el bisexual Raymond Destouches, y los intelectuales Loucien Roubert y Louis Gautier. En cambio, en sintonía con el ejemplo del genial suicida ruso, Poulenc también contrajo un matrimonio de conveniencia que, para su pesar, se disolvió por la muerte de ella en 1930. Es importante anotar que como producto de una breve relación con una mujer llamada Frédérique nació una hija en 1946 a la que Poulenc convirtió en su heredera. Como hecho ulterior, debemos enfatizar que el 95 % de su producción musical tuvo como dedicatarios a sus amantes hombres.[2]

    En las garras del imperio británico. Tampoco en la patria de Shakespeare se toleró aquello que muchos denominan una desviación contro natura y dentro de este clima represivo ‒hasta los sesentas del siglo pasado era una felonía que se castigaba con cárcel‒ aparece el ejemplo de Benjamin Britten (1913-1976). Igual que Tchaikovsky, Britten se vio en la necesidad de contraer nupcias con una mujer, mas su verdadero y único amor fue el cantante Peter Peers (1910-1986). Es interesante señalar que la fidelidad de Britten por su amado se acabó con la muerte ‒están enterrados juntos‒ y que nadie supo de otros amantes masculinos con los que hubiera habido alguna relación seria. El musicólogo John Bridcut publicó en 2006 el libro “Los jóvenes de Britten”, sin embargo, lo único que puede colegirse es que algunas veces antes de relacionarse con Peers, se encaprichó con varios adolescentes sin que, necesariamente, hubiera una trascendencia carnal. Los melómanos de todo el mundo recuerdan los fabulosos conciertos donde Britten acompañaba al piano a Peers,[3] mientras que la dama que pasaba las hojas de las partituras era la mujer oficial del compositor.

    En la tierra de cananas, tequilas y mariachis. Los secretos a voces forman densas masas corales que ululan por doquier. La endémica homofobia del mexicano salta de su escondite en cada recodo de nuestra historia patria dificultando cualquier labor de esclarecimiento. Oímos, propagamos, inferimos, mas la realidad se cela en los arcones de la secrecía. ¿Puede ser cierto que en México, tan adicto a las bravuconadas y el alarde mujeril, no hayan compositores con una sexualidad fuera de la norma “oficial”, “católica” y “apostólica”?… Hurgamos en balde y, sin medrar en la decepción de lo aportado, lo único que podemos ofrecer son los retazos de aquellas sospechas que están avaladas por testigos innombrables. Aquel que ofrece mayores indicios, no obstante haber tenido hijos y llevado un matrimonio duradero, fue creador de una clase de composición en el Conservatorio, de donde algún discípulo asegura haber salido huyendo por el acoso reiterado. Asimismo, se habla de su afición, después de sus conciertos como director de la Sinfónica de México, para vestirse de china poblana, participando como tal en las fiestas de sus mentores políticos. De sus amigos íntimos sobrevuelan los nombres de Salvador Novo, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Roberto Montenegro, Aaron Copland y un largo etcétera, tan largo que debe interrumpirse porque desde los arcanos de nuestro inconsciente surgen escozores. Retumba el vocerío diciendo que en México somos muy machos…[ C ]


    [1] Se recomienda la audición de su tercer movimiento por ser la obra donde quedó plasmada con mayor claridad la desesperación acarreada por su homosexualidad.

    [2] Se sugiere la escucha de algún movimiento de su Stabat Mater, obra compuesta para su amante Christian Bérard, quien moriría poco después. 

    [3] Se recomienda la escucha del primer movimiento de su Serenata para tenor, obra que Britten le ofrendó a su amado. Pastoral de la Serenade for Tenor, Horns & Strings op 31.

  • Torres Bodet y la revista Nouvelles du Mexique

    Torres Bodet y la revista Nouvelles du Mexique

    Los siguientes fragmentos forman parte del ensayo “Torres Bodet y la imagen de México en la revista Nouvelles du Mexique“, publicado en el Anuario Mexicano de Asuntos Globales (AMAG) 2023. Se publica con la autorización de su autora. La versión completa puede consultarse en este sitio.

    La aparición de las revistas como un producto diferente a los diarios fue tomando forma conforme estos últimos fueron incrementando sus lectores y los temas tratados debieron también enriquecerse. La proliferación y difusión de diarios durante el siglo XIX vio aparecer otros productos impresos. Los periódicos ilustrados y los llamados gacetines, fueron el antecedente remoto, a mediados de ese siglo, de las revistas que se conocerán en el siglo XX.

    Las revistas culturales tuvieron gran auge a mediados del siglo XX, justamente en la época en que aparecía Nouvelles du Mexique. Las revistas fueron un medio para la expresión, la circulación y discusión de las ideas de distintos temas en los que estaban interesados, principalmente, diversos círculos intelectuales alrededor del mundo. La publicación de Nouvelles du Mexique se sumó a una práctica muy bien arraigada del mundo intelectual y que aprovechó la misma con propósitos específicos y con una manufactura también particular y de alta calidad.

    En el mundo mexicano de la edición de revistas se pueden apuntar otros títulos como las revistas El Maestro, (1921-1923), Contemporáneos (1928-1932), Futuro (1933-1946), por citar una muestra mínima. Se destaca que las revistas en la primera mitad del siglo XX en México estuvieron vinculadas a intelectuales y grupos de intelectuales, que fueron un espacio para exponer, debatir y crear opinión. En el caso de Nouvelles du Mexique, el papel director de Torres Bodet es total y su objetivo muy preciso.

    Faltaría investigar en el mundo de la diplomacia cultural qué países, como México, hicieron también este tipo de tareas y cuáles fueron sus resultados. Esta será una línea de investigación que habrá que continuar.

    Este ensayo revisa la publicación ideada, impulsada y realizada por Jaime Torres Bodet desde la embajada de México en Francia: Nouvelles du Mexique, que apareció, en una primera etapa, entre 1955 y 1958, cuando él fue embajador de México en dicho país.

    Fueron 14 números de aparición trimestral entre esos años. La revista, de manufactura limpia y muy refinada tanto por los materiales como por su contenido, se enmarca en una serie de actividades de promoción de la imagen de México, no sólo en Francia, sino en toda Europa.

    (…)

    La revista nació en ese mundo de 1955 en plena confrontación bipolar, de Guerra Fría, que vio nacer también el Movimiento de Países No Alineados (MPNA) en la conferencia de Bandung en la que participaba México, diez años después de terminada la Segunda Guerra Mundial y en plena reconstrucción de Europa. Un mundo que vio nacer el sistema de acuerdos post bélicos enmarcados en las conferencias de San Francisco y la conversión de la Sociedad de Naciones en la Organización de las Naciones Unidas.

    El continente americano, en ese contexto, pasaba por la transición entre un sistema interamericano sostenido por el panamericanismo institucionalizado desde 1889, a su renovación marcada por la Conferencia de Bogotá de 1948 y la creación de la Organización de Estados Americanos. Era éste, el marco de la política continental de Estados Unidos para establecer instituciones que regirían la vida internacional en cuestiones económicas, políticas, sociales y militares tanto en lo global como en el espacio americano.

    México por su parte, desde 1917, por lo menos, realizaba una persistente diplomacia que llevaba a los foros mundiales la visión, legada por el constitucionalismo, de lo que se deseaba fueran las nuevas reglas de la convivencia internacional.

    Si bien México no había sido miembro original de la Sociedad de Naciones, desde 1931 participaba activamente en la diplomacia de dicho organismo internacional. El trabajo de Gabriela Mistral, Alfonso Reyes y Torres Bodet en el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual (IICI) impulsó, por ejemplo, la Colección Iberoamericana bajo la dirección del Comité de Letras y Artes de dicho Instituto de la citada Sociedad. De este modo, principalmente a través de la traducción de la obra literaria más considerada en América Latina se conducía al conocimiento del trabajo intelectual de esta región en Europa. Esta colección publicó a autores que se habían destacado en sus países en diversas tareas, justo como aquellos hombres públicos del siglo XIX: abogados, militares, literatos, etc. (Pita González, 2019). Gracias a las gestiones de Alfonso Reyes México participaba en el IICI, desde antes de que formara parte de la Sociedad de Naciones (Herrera León, 2009).

    En esas redes de intelectuales y de trabajo de difusión de la cultura en América latina participó Torres Bodet. Fue nombrado suplente del director de la Colección Iberoamericana cuando éste debió salir de París y Alfonso Reyes ya era embajador en Brasil. Alfonso Reyes y Torres Bodet impulsaron, aunque sin éxito, la publicación de un libro sobre el folclore mexicano y otro de algún escritor destacado del siglo XIX como Fernández de Lizardi.

    Puede apreciarse el largo camino que Torres Bodet recorrió en las tareas diplomáticas en temas relativos a la cultura. Esta experiencia en particular puede considerarse como una que le permitió ver los alcances de la cultura en el campo diplomático, una tarea en la que la presencia de América en Europa le permitía a la primera mostrar los alcances del refinamiento y la autonomía alcanzada por los autores americanos.

    (…)

    El primer número de la revista incluye palabras introductorias del Embajador Torres Bodet; la portada muestra la carretera de Durango a Mazatlán señalando que desde 1925 se habían construido más de 27 000 km de estas vías. Se aprecia un camino en construcción en una zona montañosa y agreste. La modernización del país mediante la construcción de carreteras era una empresa en plena ejecución.

    La primera página incluye un extracto del informe del presidente A. Ruiz Cortínez ante el Congreso de la Unión. Una selección en la que se expresa la alineación de la política mexicana con la paz internacional. (…)

    En las palabras introductorias Torres Bodet habla de la amistad que une a México y Francia a través de numerosos intereses y mecanismos para el intercambio y el conocimiento mutuos. Menciona que hay un vivo interés de los mexicanos por Francia y de los franceses por conocer nuestro país. Que son materia de interés los monumentos arqueológicos mexicanos y que la Alianza Francesa tiene en México una presencia importante. Habla de la exposición de arte mexicano en París de 1952 y la inauguración, unos meses después, de la Casa de México en la Ciudad Universitaria bajo la administración de Manuel Cabrera. Señala que varios miembros de El Colegio Nacional de México habían dado recientemente diversas conferencias en la Sorbona y que se había instituido la beca Hidalgo para financiar el estudio de la historia mexicana entre los investigadores franceses.  Anuncia la próxima exposición del Libro Mexicano Moderno en La Sorbona que sería acompañada de valiosos ejemplares de la Biblioteca Nacional como manifestación de la amistad entre los pueblos. Asimismo, señala que la revista Nouvelles du Mexique busca sellar dicha amistad y aspira a asegurar a sus lectores un mejor conocimiento de lo que es y de lo que hace México.

    (…)

    Los números aparecidos entre 1955 y 1958 muestran un México pujante, con grandes recursos materiales y humanos, y enfilado a una modernización indudable. El México soñado por los revolucionarios cuya visión se hacía realidad en el país. El México envuelto en la lucha revolucionaria y su etapa destructiva había quedado atrás.

    Los ejemplares de la revista, del número 1 al 12, fueron editados por el propio Torres Bodet, “… archivadas y mandadas a encuadernar en elegante cuero rojo por el Embajador después de 1958 y podemos leerlas en el Fondo Jaime Torres Bodet.” (Orozco Pozos, 2018)

    “Hubo noventa colaboradores para los primeros doce números. Estos contribuían gratuitamente con uno o más artículos. Se trataba de una forma de darse a conocer entre un público culto francés y europeo interesado por nuestro país. Era una manera también de contribuir patrióticamente con la promoción de la cultura mexicana y la imagen del país en ese entonces.

    En su mayoría (80%) los colaboradores escribieron para la revista un artículo. 17 colaboradores (20%) escribieron dos o más veces. Dos veces publicaron: Manuel Toussaint, Ignacio Bernal, Antonio Carrillo Flores, Manuel Cabrera, Germán Fernández del Castillo, Manuel Tello, José María González de Mendoza, Paul Westheim, Víctor Alba y Mario de la Cueva. Publicaron tres veces: Silvio Zavala, Alfonso Reyes, Alfonso Caso e Ignacio Chávez. Escribieron cuatro artículos Salvador Novo y René Espinosa Olvera. Justino Fernández publicó más artículos que todos: seis.” (Orozco Pozos, 2018, pág. p. 140)

    (…)

    La pormenorización y comprobación de gastos del subsidio (otorgado por el Banco de México) para la edición de la revista eran entregadas de manera rigurosa tanto al Banco de México como a la Secretaría de Relaciones Exteriores (Torres Bodet, J., 1958).

    Al respecto, en oficio dirigido al director del Banco de México, Rodrigo Gómez, Torres Bodet informa sobre el uso del subsidio otorgado a la revista Nouvelles du Mexique. Señala que durante 1957, la citada asignación se utilizó para hacer un sobretiro de 3 000 ejemplares para los números 9, 10 y 11, así como un suplemento para éste último. También se usó el subsidio para remitir los ejemplares por envío postal. Ese sobretiro “…se distribuye por conducto de las Embajadas, Legaciones o Consulados Generales de México en: Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Checoslovaquia, Dinamarca, Filipinas, Gran Bretaña, Holanda, India, Italia, Japón, Líbano, Noruega, Polonia, Portugal, Suecia, Suiza, Turquía, la URSS y Yugoslavia, así como a diversos destinatarios en México[1] , y a otros muchos en Francia. (Torres Bodet, J., Carta a Rodrigo Gómez, Director del Banco de México, 1958) En este mismo oficio se informa que en esos gastos se contemplaron los producidos por el envío del libro L’Economie du Mexique d’aujourd’hui y de los textos en francés sobre México que se envían a Universidades e instituciones de educación superior.

    Aduce que era visible el impacto de la utilización del subsidio puesto que se había proporcionado a las Misiones diplomáticas de México, también en otros países, material informativo sobre México contenido en la propia revista, y además, se proporcionaron resúmenes de especialistas mexicanos a profesores universitarios de Francia para conferencias públicas. Para Torres Bodet era claro que había crecido el interés por México. Ello hacía que se buscaran libros y publicaciones por parte de instituciones como la Fundación Nacional de Ciencias Políticas de Francia. Así, la promoción se traducía en “un más amplio y exacto conocimiento de México en Francia y en otros países, y en una mejor comprensión de nuestro pasado y de nuestra realidad nacional.” (Torres Bodet, J. , 1958)

    (…)

    Estamos a casi setenta años de que apareciera la revista Nouvelles du Mexique, mostrando al México de esa época, en plena construcción posrevolucionaria, un México que ya incubaba, junto a estos logros, los cuestionamientos sociales que en breve se manifestarían a través de diversos movimientos sociales que desembocaron en el estudiantil de 1968, que cerró las puertas a las vías revisionistas, por lo menos, y dio lugar a la guerrilla como vía para el cambio social y político.

    Esta publicación fue un gran logro de Torres Bodet, quien la imaginó y la hizo realidad utilizando todos los recursos que tuvo a la mano: su puesto en el Servicio Exterior Mexicano, sus contactos en diversas instancias del gobierno de su país, su preparación en los temas culturales y la negociación internacional, su capacidad para obtener recursos para realizar el proyecto y la colaboración de las mejores plumas de la intelectualidad de ese momento mexicano. Nouvelles du Mexique resume su formación como intelectual del siglo XX, su formación diplomática y como educador, como administrador público, como hombre de letras. Sin duda, el papel del equipo del cuál se rodeó, así como el de aquellos que influyeron en su formación en el México de la posrevolución fueron definitivos para ver convertido en realidad el proyecto inicial.

    La diplomacia cultural, la cooperación intelectual y la llamada diplomacia pública son herramientas de las cuáles México ha echado mano para promover su lugar en el mundo y para construir un sistema internacional con paz y desarrollo para todos los países.

    Y lo ha hecho de manera sustantiva y con grandes vuelos. La revisión que hemos hecho de la revista nos permite apreciar una tarea específica, con actores precisos, del quehacer de México en esta materia.

    Hoy, otros esfuerzos se hacen para lograr una imagen de México en el mundo, proponiendo hacer visibles su cultura, su gastronomía, sus paisajes (Villanueva, César, 2022), pero difieren del esfuerzo de Torres Bodet y la Embajada de México en Francia entre 1954 y 1958. Casi setenta años nos separan de aquella hermosa publicación que se sustentaba en un México hoy muy distante. Uno que podía presumir de su desarrollo material y de su labor diplomática tan apreciada en el mundo.

    Quedan por revisar otros intentos como el de la revista estudiada en distintos momentos del México del siglo XX, explorar si hay otras experiencias en países similares a México y el impacto de la propia revista en su momento, entre otras tareas. Sirva este ensayo como provocación para recuperar críticamente las acciones de la diplomacia mexicana y las tareas de quienes las han impulsado. Es éste un trabajo que necesita una atención constante para los retos que México enfrenta en la actualidad, no como una experiencia histórica vacua sino como herramienta práctica de las acciones diplomáticas en la construcción de una realidad internacional que a todos compete. [ C ]


    [1] En una lista de comprobantes de envíos se encuentran como destinatarios, entre otros, Carlos María Ojeda, José Gorostiza, Ignacio Chávez, Luis Padilla Nervo, Bernardo Reyes, Antonio Carrillo Flores, Salvador Olmos, Mario de la Cueva, Alfonso Reyes, Jorge Juan Crespo, Pedro de Alba, Jean Chollet, Roberto Casas Alatriste,

    María Félix y Marte R. Gómez.  JTB a Rodrigo Gómez, director del Banco de México, París, 14 de enero de 1958, AHSRE, FJTB. Serie Gastos de la Embajada, expediente (44-0)/123.26, p. 176.