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  • Cajas

    Cajas

    Raymond Carver / Traducido por Leandro Arellano

    Este cuento fue publicado por primera vez en The New Yorker, el 24 de febrero de 1984. En libro encabeza el conjunto de las siete piezas que forman Elelefante y otros relatos, editado por Collins Harvill, en Londres, en 1989.

    Mi madre ha empacado y está lista para mudarse. Pero el domingo por la tarde, a último minuto, llama y nos dice que vayamos a cenar con ella.

     – Mi hielera se está descongelando –dice-, debo freír este pollo antes de que se descomponga.

    Nos pide que llevemos platos y algunos tenedores y cuchillos. Empacó ya casi todos los trastos y útiles de la cocina.

    -Vengan a cenar por última vez conmigo, tú y Jill.

    Cuelgo el teléfono y permanezco todavía un momento en la ventana, buscando una salida. Pero no la encuentro. Así que al fin volteo hacia Jill y le digo:

    -Vamos a cenar de despedida con mi madre.

    Jill se halla en la mesa con un catálogo de Sears frente a ella, buscando unas cortinas. Pero ha escuchado. Frunce la cara y pregunta.

    -¿Tenemos que ir? -Dobla una esquina de la página y cierra el catálogo, suspirando. -Por dios, hemos ido a comer dos o tres veces tan sólo en el último mes. ¿De veras se irá?

    Jill siempre dice lo que piensa. Tiene treinta y cinco años, usa el pelo corto y vive de asear perros. Antes de dedicarse a eso, lo cual disfruta, era madre y ama de casa. Luego todo se desbarató: sus dos hijos fueron secuestrados por su primer esposo y los llevó a vivir a Australia. Su segundo esposo, un alcohólico, la abandonó con un tímpano roto antes de estrellar el auto contra un puente y caer al Río Elwha. No tenía seguro de vida y ni qué decir de un seguro contra terceros. Jill tuvo que endeudarse para enterrarlo y más tarde recibió –¿pueden creerlo?– la cuenta por las reparaciones del puente. Ella tenía, además, su propio adeudo con los médicos. Ahora lo puede contar, ya se ha restablecido. Mas la paciencia con mi madre se le agotó. A mí también, pero yo no tengo opción.

    -Se marchará pasado mañana –digo-. Mira, Jill, no tienes por qué hacer concesiones, ¿quieres acompañarme o no? No me importa una cosa o la otra, inventaré que te atacó una migraña. No será la primera mentira que digo.

    -Voy –dice, se levanta de inmediato y entra al baño, donde suele hacer sus rabietas.  

     Vivimos juntos desde agosto pasado, más o menos la misma fecha cuando mi madre eligió mudarse de California, acá a Longview. Jill se avino lo mejor que pudo, pero el arribo de mi madre a la ciudad justo cuando nosotros intentábamos acoplarnos, fue algo que ninguno de los dos había contemplado. Jill dijo que le recordaba la situación con la madre de su primer marido.

    -Era un pegoste, ¿me entiendes?, creí que me ahogaría- dijo Jill.

    Debo decir que mi madre considera a Jill una intrusa. Para ella, Jill es una más en la serie de mujeres que han aparecido en mi vida desde que mi esposa me abandonó. Es alguien, en su concepción, que puede robarle el afecto, la atención y quizás algún dinero que de otro modo iría a ella. ¿Pero una persona digna de respeto? Imposible. Me acuerdo -¿cómo olvidarlo?- que llamó puta a mi esposa antes de que nos casáramos y la llamó puta quince años después, cuando me abandonó por otro.

    Jill y mi madre se comportan amigablemente cuando se hallan juntas. Se abrazan al encontrarse y al despedirse. Conversan sobre las ofertas del día. Pero Jill teme todo momento que convive con mi madre. Asegura que mi madre la desespera. Dice que mi madre es negativa respecto a todo y a todos, que debería encontrar un desahogo como toda la gente de su edad. Tejer quizás, o jugar cartas en el Centro para las Personas Adultas, o ir a la iglesia siquiera, algo en fin para que nos deje en paz. Pero mi madre tiene su modo de arreglar las cosas. Nos avisó que regresaría a California. Al carajo con todo y todos en esta ciudad. ¡Vaya lugarcito éste! No podría vivir más en ella aunque se la regalaran junto con seis más.

    Uno o dos días después de que decidió mudarse empacó sus pertenencias en cajas. Eso ocurrió en enero último, o quizás en febrero. En alguna fecha del invierno pasado en todo caso. Ya estamos a fines de junio. Las cajas han estado regadas en su casa por meses ya. Hay que bordearlas o saltar sobre ellas para ir de un cuarto a otro. Ese no es modo de vida para la madre de cualquiera.

    Unos diez minutos después Jill sale del baño. Encontré una colilla y trato de fumarla mientras bebo gingerale y observo a uno de nuestros vecinos cambiar el aceite de su auto. Jill no me mira, se va directamente a la cocina y mete platos y otros utensilios en una bolsa de papel. Pero cuando vuelve por la sala yo me levanto y nos abrazamos.

     -Está bien -dice Jill, y me pregunto yo qué está bien. Por lo que veo nada está bien. Pero ella me mantiene abrazado y continúa palmeando mi hombro. Puedo oler el champú para perros. Vuelve a casa de su trabajo impregnada de ese olor. Se halla en todas partes, incluso cuando estamos juntos en cama. Me palmea por última vez. Luego vamos hacia el coche y cruzamos la ciudad rumbo a la casa de mi madre.

    Me gusta donde vivo. No era así al principio, cuando me mudé. No había nada qué hacer por la noche y yo estaba solo. Luego conocí a Jill. Al cabo de unas semanas trajo a casa sus cosas y empezó a vivir conmigo. No fijamos ninguna meta a largo plazo. Éramos felices y teníamos una vida en común. Comentábamos que al fin nos había alcanzado la suerte. Pero mi madre no tenía nada qué hacer con su vida. Así que me escribió para decir que había decidido mudarse acá. Le respondí que no me parecía muy buena idea. El clima es terrible en invierno, le decía, y están construyendo una prisión a unas cuantas millas de la ciudad. Además, el lugar se atasca de turistas durante el verano. Pero ella hizo como si nunca hubiera recibido mis cartas y se dejó venir. Luego, cuando aún no llevaba un mes en la ciudad, me dijo que la detestaba. Se comportaba como si fuese mi culpa el que ella se hubiera mudado acá y fuera yo responsable de todo lo que le disgustaba. Empezó a llamarme para decir qué miserable era aquel lugar. Quiere hacerte responsable, dijo Jill. El servicio de autobuses era pésimo, me dijo, y los choferes poco amables. Respecto a la gente del Centro de Personas Adultas, la verdad es que ella se rehusaba a jugar cartas. Se pueden ir al diablo junto con sus naipes, dijo. Los empleados del supermercado eran hoscos y a los tipos de la gasolinera les tenía sin cuidado ella y su coche. También había resuelto qué clase de individuo era Larry Hadlock, su casero. El Rey Larry, lo llamaba.

     -Se cree superior a todos nada más porque tiene algunas pocilgas que rentar y unos cuantos dólares. Ojalá nunca se hubiera cruzado en mi camino.

     El calor era muy fuerte a su llegada en agosto y en septiembre comenzó a llover. Llovió casi a diario por semanas. En octubre vino el frío y nevó en noviembre y diciembre. Pero mucho antes de eso ella comenzó a denigrar la ciudad y sus habitantes, al punto de que me rehusé a escucharla más y se lo dije. Se echó a llorar y la abracé, creyendo que ahí acababa todo. Pero a los pocos días comenzó de nuevo. Antes de Navidad llamó para preguntar cuándo le llevaría su regalo. No había puesto árbol y no lo iba hacer, dijo. Entonces agregó algo más. Dijo que si el clima no mejoraba se iba a suicidar.

    -No digas tonterías, la increpé.

    -Es verdad, hijo. No quiero ver más este sitio si no es desde mi ataúd. Detesto este maldito lugar. No sé cómo me pude venir acá. Ojalá me muriera para acabar de una vez.

    Recuerdo haber permanecido en el teléfono observando a un hombre en lo alto de un poste, mientras trabajaba en una línea eléctrica. La nieve remolineaba alrededor de su cabeza. Mientras yo miraba él se inclinó, sostenido únicamente por el cinturón de seguridad. Si cayera, pensé. No tenía idea de lo que iba a decir enseguida. Pero algo debía decir. Estaba abrumado por sentimientos impropios, de ideas a las que un hijo no debe dar cabida.

    -Eres mi madre -dije al fin- ¿Cómo puedo ayudarte?

    -No puedes hacer nada, cariño. El momento para hacerlo ha pasado. Ya es demasiado tarde. Quise avenirme a este sitio. Creí que saldríamos juntos de día de campo, a pasear. Pero nada de eso ha sucedido. Tú estás ocupado siempre. Siempre trabajando, tú y Jill. Nunca están en casa, y cuando están, se la pasan colgados al teléfono todo el día. Como sea, nunca los veo -dijo.

     -No es verdad -le dije, y no lo era. Pero continuó como si no me hubiese escuchado. Quizás no me escuchó.

    -Además –dijo- este clima me está matando. Hace demasiado frío aquí. ¿Por qué no me advertiste que esto era el Polo Norte? De haberlo sabido, jamás habría venido. Quiero volver a California, cariño. Allá puedo salir y andar. Aquí no sé adónde ir. En California hay gente. Allá tengo amistades que se preocupan por mí. Aquí a nadie le importa. Bueno, nada más espero llegar a junio. Si sobrevivo, si alcanzo a llegar a junio, me largaré de este lugar para siempre. Es el peor sitio en que he vivido.

    ¿Qué podía decir yo? No sabía qué. Ni siquiera sobre el clima podía decir algo. El clima es un tema penoso. Nos despedimos y colgamos.

    Otra gente vacaciona en verano, pero mi madre se muda. Comenzó a hacerlo hace años, luego de que mi padre perdió su empleo. Cuando eso sucedió, cuando despidieron a mi padre, vendieron su casa, como si eso fuera lo que había qué hacer, y se trasladaron a donde creyeron que la situación mejoraría. Pero allá tampoco mejoró. Volvieron a mudarse, y así continuaron. Vivían en casas rentadas, departamentos, casas móviles, e incluso en moteles. Continuaron así y a cada mudanza aligeraban su carga. Un par de veces aterrizaron en el pueblo en que yo vivía. Vinieron a vivir conmigo y con mi esposa por un tiempo y se cambiaron de nuevo. Parecían animales migratorios en ese sentido, sólo que sus movimientos no tenían un patrón. Por años continuaron mudándose y algunas veces llegaron a salir del Estado para probar fortuna. Mas permanecieron casi siempre en el Norte de California, allí se movían. Luego, al morir mi papá, pensé que mi madre se detendría, permaneciendo en algún sitio. Pero no lo hizo. Siguió mudándose. Alguna vez le sugerí que visitara al psiquiatra, que yo lo pagaría, incluso. Se negó a escuchar y en lugar de ello empacó y se fue de la ciudad. Yo estaba desesperado, creo, de otro modo no hubiera mencionado lo del psiquiatra.

    Siempre se hallaba en proceso de empacar o desempacar. Algunas veces cambió de casa dos o tres veces en un año. Se refería con amargura al lugar que iba a dejar y con optimismo al sitio que se dirigía. Su correo se enredó, los cheques de su pensión se extraviaron y tuvo que pasar horas escribiendo cartas para poner en orden las cosas. A veces se mudaba de un conjunto de departamentos a otro, ubicado sólo unas cuadras adelante, para un mes más tarde volver al conjunto del que había salido y rentar un departamento en un nivel diferente o en otra orientación  del edificio. Por eso cuando se mudó acá le renté una casa teniendo el cuidado de que estuviera amueblada a su gusto.

    -Mudarse la mantiene viva -dijo Jill-, la mantiene ocupada. Debe producirle algún placer curioso. Placer o no, Jill piensa que mi madre está perdiendo el juicio. Yo también lo creo. ¿Cómo decirle esto a la madre de uno? ¿Cómo lidiar con ella si ese es el caso? La demencia no le impide planear y llevar adelante su siguiente mudanza.

    Nos esperaba en la puerta trasera cuando llegamos. Tiene setenta años, el cabello entrecano, usa anteojos con armadura de fantasía y no se ha enfermado ni un sólo día en su vida. Abraza a Jill y luego a mí. Le brillan los ojos, como si hubiera bebido, pero no bebe. Dejó de hacerlo hace años, cuando a mi padre se lo llevó la carroza. Al acabar de abrazarnos, entramos. Son alrededor de las cinco de la tarde. Percibo el olor que emana de su cocina y me acuerdo que no he comido nada desde el desayuno. Ha desaparecido el zumbido que me aquejaba.

    – Me muero de hambre -digo yo.

    – Huele rico -dice Jill.

    – Confío en que les guste -dice mi madre-. Espero que el pollo esté listo-. Levanta la tapa de una cazuela y clava el tenedor en una pechuga-. Si hay algo que no puedo tolerar es pollo crudo. Creo que ya está. ¿Por qué no se sientan? Siéntense donde gusten. Aún no sé regular la estufa. Las hornillas calientan demasiado rápido. No me gustan y nunca me han gustado las estufas eléctricas. Quita ese trasto de la silla, Jill. Vivo aquí como si fuera una gitana, pero no por mucho tiempo, espero-. Me descubre buscando un cenicero y dice: -Detrás de ti, cariño, en el poyo de la ventana. Pero antes de que te sientes, por qué no nos sirves un poco de Pepsi. Tendrán que usar estos vasos de papel. Les debí pedir que trajeran vasos. ¿Está fría la Pepsi? No tengo hielo, la hielera no enfría, no sirve. El helado se convierte en sopa. Es la peor hielera que he tenido.

    Coloca el pollo sobre un plato y éste sobre la mesa, junto con frijoles, ensalada de col y pan blanco. Luego se queda mirando como si hubiera olvidado algo. ¡Sal y pimienta!

    – Siéntense -dice.

    Acercamos nuestras sillas. Jill extrae los platos de la bolsa y los pasa a través de la mesa.

    – ¿Dónde vas a vivir cuando regreses? -pregunta Jill-. ¿Tienes algún lugar adónde llegar?

    Mi madre pasa el pollo a Jill y dice:

    – Escribí a la señora a quien le rentaba antes. Me respondió que tiene un bonito sitio en el primer piso, con el que puedo contar. Queda cerca la parada del autobús y hay bastantes comercios en el área, un banco y un Safeway. En un sitio hermoso, no sé por qué salí de allí-. Dice eso y se sirve ensalada.

    – ¿Entonces por qué te fuiste? -pregunta Jill- si era hermoso y todo eso…?

     Y toma un muslo, lo observa y lo muerde.

    – Te diré por qué. Había una vieja alcohólica que vivía al lado mío. Bebía desde el amanecer hasta el anochecer. Las paredes eran tan delgadas que la podía escuchar mascando cubos de hielo todo el día. Tenía que usar una andadera para caminar, pero eso no la detenía. La oía rascar el piso de la mañana a la noche. Eso y su hielera al cerrarse. Sacude la cabeza por todo lo que tuvo que afrontar. -Tuve que irme. Rasca y rasca todo el día. No lo pude resistir, no podía vivir así. Esta vez le ha dicho a la gerente que no quiero alcohólicos de vecinos. Tampoco vivir en el segundo piso. El segundo piso da al estacionamiento. Nada se ve desde allí.

    Espera que Jill diga algo más, pero Jill no comenta nada. Mi madre voltea hacia mí.

    Yo sigo comiendo como un lobo y nada digo tampoco. De cualquier modo no hay nada que decir sobre el asunto. Sigo masticando mientras observo las cajas apiladas junto al refrigerador. Luego me sirvo más ensalada.

    Al acabar, echo mi silla hacia atrás. Larry Hadlock avanza por detrás de la casa, junto a  mi coche y baja una segadora de su camioneta. Lo observo desde la mesa a través de la ventana. Él no mira en nuestra dirección.

    – ¿Qué quiere? -dice mi madre y cesa de comer.

    – Va cortar el césped, al parecer -le digo.

    – No lo necesita -responde ella, lo cortó la semana pasada. ¿Qué tiene qué cortar?

    – Será para el nuevo inquilino- dice Jill-, quienquiera que resulte ser.

    Mi madre se traga lo dicho por Jill y vuelve a comer.

    Larry Hadlock enciende la segadora y comienza a podar el pasto. Lo conozco un poco. Bajó la renta a veinticinco al mes cuando le dije que se trataba de mi madre. Es viudo, corpulento y tiene sesenta y tantos años. Un hombre infeliz con sentido del humor. Sus brazos están cubiertos de pelo blanco y pelo blanco le cae debajo de la gorra. Parece agricultor de una revista ilustrada. Pero no es agricultor. Es un obrero de la construcción jubilado que ahorró algún dinero. Por un tiempo, al principio, divagué con la idea de que él y mi madre pudieran comer juntos algunas veces y convertirse en amigos.

    – Allí está el rey- dice mi madre-, el rey Larry. No cualquiera tiene tanto dinero como él y puede vivir en una casa grande, cobrando altas rentas a otra gente. En fin, espero no ver nunca más su arrugada cara una vez que me vaya. Cómete el resto del pollo -me dice. Me niego moviendo la cabeza y enciendo un cigarrillo. Larry impulsa la segadora cerca de la ventana.

    – No tendrás que verlo ya por mucho tiempo –dice Jill.

    – Eso me alegra, Jill, pero sé que no me devolverá el depósito.

    – ¿Cómo sabes eso? -le pregunto yo.

    – Lo sé -responde. He tratado antes con gente de esta clase. Andan detrás de todo lo que pueden obtener.

    – No será por mucho tiempo y ya no tendrás nada qué ver con él -dice Jill.

    – Eso me hará muy feliz.

    – Pero no faltará alguien más como él -dice Jill.

    – No quiero ni pensarlo, Jill- dice mi madre.

    Mi madre prepara café mientras Jill levanta la mesa. Yo enjuago las tazas y luego sirvo el café. Más tarde bordeamos una caja marcada como “Baratijas” y llevamos nuestras tazas a la sala.

    Larry Hadlock se halla junto a la casa. El tráfico se mueve lentamente en la calle y el sol ha comenzado a caer sobre los árboles. Se escucha el revuelo que produce la segadora. Unos cuervos bajan del cable telefónico y se posan sobre el césped recién cortado del patio delantero.

    – Te voy a extrañar, cariño – dice mi madre. -A ti también Jill. Los voy a echar de menos a los dos.

    Jill bebe un trago de café y asiente con la cabeza. Enseguida dice:

    – Espero que tengas buen viaje de regreso y encuentres por fin el lugar que buscas.

    – Cuando me asiente, y esta es mi última mudanza, Dios mediante, espero que me visiten -dice mi madre. Y observa aguardando mi confirmación.

    – Lo haremos -le digo, pero al decirlo sé que no es verdad. Mi vida se derrumbó allá y no he de volver.

    – Me hubiese gustado que disfrutaras un poco aquí -comenta Jill. -Me hubiese gustado que te aficionaras a algo, ¿sabes? Tu hijo está muy preocupado por ti.

    – ¡Jill! -le digo.

    Pero sólo sacude un poco la cabeza y sigue.

    – Algunas veces no puede dormir de tanto pensar. Despierta en la noche y dice que no puede dormir, pensando en su madre. Bueno- dice mirándome-, lo he dicho porque lo traía en la cabeza.

    – ¿Cómo crees que me debo sentir? -dice mi madre. -Otras mujeres de mi edad pueden ser felices, ¿por qué yo no puedo ser como otras mujeres? Todo lo que deseo es una casa y una ciudad para vivir que me haga feliz. Eso no es un crimen, ¿no es cierto? Confío en que no. Creo que no le pido mucho a la vida-. Pone su taza en el piso, junto a su silla, y espera que Jill confirme que no espera demasiado. Pero Jill nada dice y mi madre comienza a esbozar sus planes para ser feliz.

    A poco, Jill baja los ojos a su taza y bebe café. Sé que ha dejado de escuchar. De todos modos, mi madre continúa hablando. Los cuervos se acercan por el pasto del patio delantero. Escucho el rugido de la segadora y luego un golpe seco, como si hubiera cogido un nudo de pasto en la hoja y el motor de detiene. En un minuto, tras varios intentos, Larry la echa a andar de nuevo. Los cuervos elevan el vuelo, de vuelta a su cable. Jill se muerde una uña. Mi madre dice que el mercader de segunda mano vendrá por la mañana para llevarse los objetos que no enviará en el autobús ni llevará con ella en el coche. La mesa, las sillas, la televisión, el sofá y la cama se irán con el comerciante. Pero le ha dicho que la mesa de juego no le sirve por lo que mi madre la arrojará a la basura, a menos que nosotros la queramos.

    – Nos la llevaremos -le digo. Jill me observa y comienza a decir algo, pero cambia de opinión.

    Debo llevar las cajas a la terminal de la Greyhound mañana por la tarde, para enviarlas a California. Mamá pernoctará con nosotros la última noche, como lo acordamos, y al día siguiente, pasado mañana, se pondrá en marcha.

    No cesa de hablar. Habla y habla describiendo el viaje que está a punto de comenzar. Conducirá hasta las cuatro de la tarde y luego pasará la noche en un motel. Confía en llegar a Eugene al anochecer. Eugene es un poblado bonito, allí durmió ya una vez, cuando venía hacia acá. Saldrá al amanecer del hotel y, con la ayuda de Dios, arribará de tarde a California. Que Dios la ayuda, lo sabe. O ¿cómo  explicar que aún siga sobre la faz de la tierra? El tiene planes para ella. Ha orado mucho últimamente. También ha orado por mí.

    – ¿Por qué rezas por él? -quiere saber Jill.

    – Porque así lo siento, porque es mi hijo – responde mi madre. ¿Qué tiene de extraño? Todos necesitamos rezar alguna vez. Quizás alguna gente no, no lo sé. Ya no sé qué sé. Se lleva la mano a la frente y arregla su cabello, desprendido de la peineta.

    La podadora farfulla y pronto se ve a Larry rodear la casa tirando de la manguera. La conecta y luego se dirige despacio atrás de la casa a abrir el grifo. El aspersor comienza a girar.

    Mi madre comienza a pasar lista de los modos en que imagina que Larry la ha mortificado desde que está en esa casa. Pero ahora yo tampoco escucho. Pienso cómo se va a lanzar carretera abajo, sin nadie que pueda hacerla comprender o detenerla. ¿Qué puedo hacer yo? No puedo atarla u obligarla, bien que podría llegar a eso eventualmente. Me preocupo por ella, es una angustia para mí. Ella es toda la familia que me queda. Lamento que no le haya gustado esta ciudad y quiera irse. Pero yo jamás regresaré a California. Al asumir esto, me queda en claro también otra cosa. Comprendo que una vez que se marche probablemente nunca volveré a verla.

    La observo y ella cesa de hablar. Jill levanta la vista y ambas me miran.

    – ¿Qué pasa, cariño? -dice mi madre.

    – ¿Ocurre algo malo? -pregunta Jill.

    Me inclino sobre la silla y cubro mi cara con las manos. Permanezco así por un minuto, sintiéndome incómodo y bobo por lo que hago. Pero no lo puedo evitar. La mujer que me dio la vida y esta otra mujer a quien me uní hace menos de un año hacen una exclamación al mismo tiempo, se levantan y se acercan hasta donde me encuentro con la cabeza entre las manos como un tonto. No abro mis ojos. Escucho el aspersor rociando el pasto.

    – ¿Qué pasa?, ¿qué tienes? -preguntan.

    – Estoy bien – contesto, y enseguida lo estoy. Abro los ojos, levanto la cabeza y tomo un cigarrillo.

    ¿Comprendes ahora? –dice Jill. -Lo está trastornando su preocupación por ti-. Jill se halla a un lado de mi asiento. Mi madre está en el otro lado. Podrían destrozarme en un dos por tres.

    – Quisiera morirme para no estorbar a nadie – dice mi madre tranquilamente. -Ya no puedo más, que Dios me ampare.

    – ¿Qué tal un poco más de café? -pregunto. -Quizás deberíamos poner el noticiero…- Pero será mejor que Jill y yo vayamos a casa.

    Dos días después, muy de mañana, me despido de mi madre en la que puede ser la última vez. No he despertado a Jill. No dañará a nadie por una vez que llegue tarde al trabajo. Los perros pueden esperar por sus baños, sus cortes de pelo y esas cosas. Mi madre sujeta mi brazo mientras la acompaño escaleras abajo y abro la puerta del coche. Va vestida con pantalones blancos, una blusa blanca y sandalias blancas. Lleva el cabello recogido hacia atrás y atado con una pañoleta, blanca también. Será un hermoso día, el cielo está despejado y azul.

    En el asiento delantero del coche veo mapas y un termo de café. Mi madre mira esos objetos como si no recordara haberlos traído hace apenas unos minutos. Entonces voltea hacia mí y me dice:

    – Déjame abrazarte una vez más. Déjame acariciarte. Sé que no te veré en mucho tiempo-. Rodea mi cuello con un brazo, me atrae hacia ella y comienza a llorar. Pero se detiene de inmediato y retrocede, frotando la mano contra sus ojos.

    – Dije que no lo haría y no lo voy hacer. De todos modos, déjame mirarte una vez más. Te voy extrañar, hijo. Pero me sobrepondré, he sobrevivido a situaciones que creí imposibles, supongo que también me sobrepondré a ésta-. Sube al coche, enciende el motor, lo deja calentar un minuto y luego baja la ventanilla.

    – Te voy a extrañar – le digo. Y voy a extrañarla. Después de todo es mi madre. ¿Por qué no he de extrañarla. Pero, que Dios me perdone, también me alegra que haya llegado el momento de irse.

     – Adiós -me dice-. Dá las gracias a Jill por la cena de anoche, y despídeme de ella.

    – Así lo haré -le digo. Permanezco allí con deseos de decir algo más, pero no se me ocurre qué. Nos miramos fijamente, intentando sonreír y tranquilizarnos. Después algo asoma a sus ojos, creo que recuerda la carretera y la distancia que deberá recorrer ese día. Aparta la vista de mí y observa el camino. Enseguida sube la ventanilla, mete el embrague y se dirige al crucero, donde debe esperar a que cambie el semáforo. Cuando advierto que ha entrado en el tráfico y se dirige a la carretera, regreso a casa y me tomo un café. Por un rato me siento triste, mas luego desaparece la tristeza y comienzo a pensar en otras cosas.

    Algunos días después, al anochecer, llama mi madre para anunciar que se halla en su nueva casa. Se ocupa en acomodarla, como hace cada vez que llega a una nueva vivienda. Dice que me alegrará saber que está contenta de vuelta en la soleada California. Pero dice que hay algo en el aire donde vive, polen quizá, que la hace estornudar todo el tiempo. Y el tráfico es más pesado que antes, según recuerda. No se acuerda que haya habido tanto tráfico en su vecindario. Naturalmente, todos aquí conducen como locos.

    – Conductores de California –dice-, ¿qué se puede esperar de ellos? Hace calor para la época, dice luego. No cree que el aparato de aire acondicionado de su departamento funcione bien. Le recomiendo hablar con la gerente.

    – Nunca está aquí cuando se le necesita –dice mi madre. Espera no haber cometido un error al regresar a California, y hace una pausa.

    Yo me encuentro de pie junto a la ventana, con el teléfono pegado al oído, observando las luces de la ciudad y la iluminación de las casas del vecindario. Jill se halla en la mesa con el catálogo, escuchando.

    – ¿Sigues ahí? -pregunta mi madre. -Me gustaría que dijeras algo.

    No sé por qué pero entonces recordé el mote cariñoso que mi padre solía usar cuando hablaba gentilmente a mamá, o sea las ocasiones cuando no estaba ebrio. Fue hace mucho tiempo, cuando yo era niño, pero siempre al escucharlo me sentía mejor, más seguro, con esperanza en el futuro. Querida, le decía. La llamaba Querida, hermoso apodo. Querida, si vas a la tienda ¿me puedes traer unos cigarrillos? O, Querida, ¿mejora tu resfriado? Querida, ¿dónde está mi café?

    La palabra emana de mis labios antes de pensar lo que diría a continuación: Querida, y lo repito, querida. Querida, no debes temer. Le digo a mi madre que la quiero y que le escribiré, claro. Luego digo adiós y cuelgo.

    Permanezco un rato en la ventana. Me quedo allí, observando las casas iluminadas del vecindario. Mientras observo, un coche dobla en la calle y entra al estacionamiento de su casa. La luz del porche se enciende. A poco se abre la puerta de la casa, alguien sale y aguarda allí.

    Jill hojea el catálogo y luego se detiene.

    – Esto es lo que necesitamos – dice. -Esto se parece más a lo que yo tenía en mente. ¿Quieres mirar esto, por favor? Pero no veo, me importan un bledo las cortinas.

    – ¿Qué es lo que ves afuera, cariño? –pregunta Jill.

    ¿Qué puedo decirle? Las personas allá abajo se abrazan un instante y entran juntas a la casa. Dejan encendida la luz. Luego caen en cuenta y la apagan. ⌈⊂⌋

  • Grace y la otra realidad del COVID

    Grace y la otra realidad del COVID

    Felipe Sánchez Reyes

    ¡Para mis bravas guerreras: la doctora Reyna, la  masajista Victoria y la maga Grace, mis Gabys maternales y fraternas que con su alimento, arte y cariño, arrancaron mi cuerpo yerto de entre los escombros de un cajón!

     ¡Gracias por sacarme del otro mundo, por alimentarme y sanarme!

    Vamos a separar la realidad ordinaria de la extraordinaria. Abramos la cortina transparente que separa una realidad de la otra…

    A veces, la realidad que vivimos o el exceso de trabajo, nuestra autoexigencia o vida emocional, no resulta grata y nos olvidamos de nosotros. Entonces bajamos nuestras defensas mentales, emocionales, físicas y, sin esperarlo, se nos aparece la enfermedad o el “covicho” –covid-19- y nos vence, como me pasó a mí, que me aprisionó la realidad ordinaria y no pude o no supe escaparme de ella.

    Se me presentó como a todos los que terminamos asediados por los medios masivos y la nota roja, los vecinos o amigos cercanos. Primero, no tenía apetito y sudaba por las noches, perdí el olfato y el alimento carecía de sabor. Estaba devastada mi parte emocional y racional. Acudí al primer médico que hallé -no a la doctora que lleva treinta años de atendernos-, me auscultó, detectó el mal de moda y vende, el covid: todo es covid físico o psicológico a nivel mundial. Me dio mi receta, me llenó una bolsa de medicamentos, para aliviar mi malestar ¿físico, emocional, psicológico? y salí de su consultorio

    Además me recomendó que fuera al módulo del covid, frente al Monumento a la Madre, para saber si tenía o no el “covicho”. Pero, para mi mala suerte, llegué cuando los encargados recogían sus instrumentos y se marchaban: nos atenderían al día siguiente de 9 a.m. a 4 p. m.

    Torno a casa y me recibe la llamada de MIGaby: ya hice cita con Reyna, nuestra médica, y nos atiende en su consultorio en una hora. ¡Prepárate!, pasamos por ti en el coche para llevarte a la consulta. Llegamos con ella, nos recibe, le repito mis síntomas, me toma el pulso, la oxigenación y me receta el mismo medicamento que su primera colega.

    Esa noche de sábado, mi amiga Guille me pone la primera inyección de tres: una cada tercer día. Al día siguiente tomo las pastillas en la hora indicada. Al tercer día mis fuerzas físicas se debilitan. El medicamento hace sus primeros estragos: falta de apetito, alimento insípido, si tiene sal o picante, me resultan salados o irritantes. Mis encías internas y lengua anidan llagas que me impiden pasar alimento, mi mirada perdida, sin brillo, ya no me pertenece ni me reconozco frente al espejo lunar. Por la madrugada, surgen las altas fiebres, la boca tan reseca cual los granos del desierto en busca de agua, y mi falta de oxigenación.

    A la semana siguiente, al sonarme la nariz por la noche, aparece el primer síntoma: un hilo rojo de sangre fluye por mi fosa nasal. A las tres de la mañana comienza mi suplicio. Al recostarme de lado derecho, sale el primer combatiente, para darme batalla a través de un leve hilo de sangre por la nariz. MIGaby lo soluciona con paciencia, con un tapón de algodón lo asfixia y sofoca al instante, pero el enemigo no se deja amedrentar. A la madrugada siguiente, el adversario llega con un batallón para exterminarme: el hilo se convierte en manantial escarlata de sangre. Mi mujer lo sofoca con agua, entereza y toallas, en media hora. Yo me debilito cada vez más, me recuesto y dormito sobre la cabecera de la cama con un vaso de agua en el buró, para humedecer mi paladar reseco y no asfixiarme.  

    Llega el nuevo día por mi ventana y me encuentra débil, sin dormir. Ella, somnolienta y debilitada, hace a un lado sus cobijas cálidas, se para y prepara amorosamente el desayuno, la comida y la cena, para que me restablezcan la salud. Pero yo no tengo deseos de comer, o bien, si como algo, me lastiman las pústulas de mi boca y el paso del alimento por mi tráquea o mi estómago se siente lleno. Ella me reprende por comer poco y no querer mejorar mi salud.

    Por el día, como niño recién nacido, sólo como, duermo y me encierro sin ánimo en la recámara, como nunca en mi vida laboral lo había hecho. Ella insiste en que salga a caminar, mas me resisto porque las piernas ya no sostienen mi cuerpo esquelético y camino con el cuerpo semi doblado de un anciano. Sólo veo pasar la trayectoria del sol, el vuelo de las aves, la llegada de los colibríes a su abrevadero, los edificios de enfrente y la vida de los otros a través de mi ventana.

    Quizá es tiempo de estar conmigo y reflexionar sobre el aquí y ahora, pues aún desconozco mi futuro incierto. Entonces pensé como Alejandro Magno, en el lecho de su muerte: “Nunca estuve tan inactivo. ¿Qué es la felicidad?  Miras hacia atrás y descubres que ahí estaba la felicidad en el hacer, nunca en el pensar”.

    Durante dos madrugadas más, dos batallones enemigos redoblan su ataque y debilitan más mi cuerpo con hemorragia nasal. Llegan dispuestos a llevarme prisionero, encerrarme en un cajón y echarme encima la tierra negra. Ella también duplica su esfuerzo y coraje. Mitiga la sangre con tres toallas blancas que yo lleno de líquido rojo y ella lava, al mismo tiempo, en el lavabo del baño. Pasada una hora, ella elimina la hemorragia y nos acostamos: ella cansada y enojada contra el enemigo oculto; yo débil, pellejo y huesos.

    Al día siguiente nos espera otra sorpresa. A su pena por mi enfermedad, se suma otra realidad ordinaria y más letal que la mía. Su sobrina Alice le informa por correo de voz que su padre joven, Ernesto, tiene también el “covicho”. Luego por cel le avisa angustiada: “¡Gaby, se está muriendo mi papacito y no sé qué hacer! ¡Acabo de llegar a su casa y está muy mal! Ayer le hablé por la tarde a su cel y no me contestó, porque su actual mujer le escondió el celular y el niño de ella echó el medicamento a la basura! ¿Qué poca madre de esta asquerosa vieja puta, no crees? ¡Fueron doce horas en las que pude llevarlo al hospital y salvarlo! ¡No creo que salga de ésta! ¡Se está muriendo en los brazos de mi hermano! ¡Mi hermano le da respiración de boca a boca y lo resucita, para decirnos que ya lo dejemos ir!”. Se oyen gritos de dolor y suspende la llamada.

    MIGaby, por discreción y evitarme mayor dolor, va a la otra recámara, le marca al cel y recibe la triste noticia: ¡su querido primo Ernesto, melómano, festivo y dicharachero, que celebró con nosotros mi cumpleaños a inicios de febrero y le festejamos sus cincuenta y cinco años con un grupo de son cubano, acaba de morir en su casa! Su hija no sabe qué hacer, porque el llanto anega sus ojos, su mente y su vida, y le pide ayuda. A partir de ese momento, mi mujer se encarga de resolver por cel todos los trámites del sepelio con la funeraria.

    Cuando tratamos de cenar, porque la pena es más fuerte que el alimento, un empleado de la funeraria le consulta por cel todos los datos personales de su primo, mientras otros dos conducen la carroza para recoger el cuerpo en casa de él. Horas más tarde, ella y mi otra Gaby me dejan solo en casa –me llenan de recomendaciones y me encargan con los amigos vecinos-, acompañan a su sobrina Alice con sus dos hermanos a la funeraria y al crematorio. Al nacer el nuevo día radiante, le entregan la urna con las negras cenizas de su padre, está hecha un mar de lágrimas y llena de autoculpas que la matarían al instante. Una semana más tarde, Alice comunica a MIGaby que, en su sueño, aparecí con una delgadez cadavérica que le aterró, lo cual era real.

    Otra noche ambos sentimos algo extraño en la oscuridad. Yo vi sobre la pared una estela naranja de polvo que se esfumó sin dejar huella; y ella luchó fieramente contra un ser oscuro, descarnado, sin ojos, que venía por mí: “¡No te tengo miedo! ¡si vienes para llevártelo, antes tendrás que luchar y será bajo mis condiciones, no las tuyas!”. Cuando desperté, sentí su mano amorosa, entrañable, aferrada a la mía, me explicó algo inconcebible: que su primo Ernesto canjeó su vida por la mía, porque no quería llegar a verse viejo ni decrépito. Entonces supe que tenía otra oportunidad, otra vida para disfrutarla con ella.

    Mientras tanto mi oxigenación era de 75-80 y mis amigas, preocupadas por mi salud, insistían en que MIGaby ya me hospitalizara, porque no resistiría la batalla por la vida. Pero yo sabía que si me internaban, quizá obtendría mi salud, pero sería tratado como un objeto más del hospital, perdería mi identidad y la compañía de mi mujer, mi casa y amigos, recuerdos y todo lo que conforma mi vida. Sería como una planta tropical trasplantada, abandonada, en un lugar extraño, insensible e inhóspito, que no recibe los rayos del sol, la lluvia, el aire ni el trino de las aves que se posan en sus ramas, la arrullan y dan vida.

    Le enviamos un chat a nuestra doctora Reyna y una foto de mi estado actual, explicándole mi hemorragia nasal. Ella definiría el siguiente paso a seguir o mi hospitalización. Responde de inmediato. Me suspende un medicamento que adelgaza mi sangre y origina la hemorragia, me receta comer mucha carne roja. Entonces el enemigo huye y re refugia nuevamente en un rincón de mi cuerpo: era la primera conquista de MIGaby.

    A partir de ese momento entran a la ofensiva mis tres adoradas y divinas Cárites o Gracias helénicas, a sanar mi cuerpo y alma. La doctora Reyna, Basilea, de ojos verdes, con decisiones firmes, medicamentos y recomendaciones por cel. La masajista Niké o Doña Vicky, que cura con medicina tradicional los males de mi cuerpo y con la sabiduría de la yema de sus manos y yerbas, revela que atrás de la enfermedad se oculta otro mal oscuro que elimina con su fe, baños de yerbas y cruces.

    Enseguida entra Grace, la vidente maga celta de cabellera roja, que cura los males del espíritu, armoniza el alma y ofrece una realidad extraordinaria a sus amigos. Ella –me confesó en la primera vez que nos vimos y comimos en el restaurante yucateco- viajó con sus maestros sabios a rescatar mi cuerpo al lugar más recóndito del fondo de la tierra, fue el trabajo más difícil que se le ha presentado en la vida.  Ella y MiGaby, en su intercambio de experiencias, confirman mi rescate y renacimiento

    Las tres, cada una por su lado me confirman su cariño y preocupación, están al tanto y se informan, por chat o cel, de mi salud con Gaby. Además se integran al séquito de estas tres Gracias o la Santa Trinidad, mis queridas amigas amazonas adultas -Celia, Lolis, Norma y Chentito-, mis dos hermanas y las chicas de sangre joven: mis sobrinas y las sobrinas de la otra Gaby.

    Grace, desde su adorado Valle de Bravo y su Velo de Novia, comienza su estrategia, para sanarme las heridas del alma y la autoestima, el amor a mí mismo y a la vida, con sus velas lunares y flores de Bach, con sus gotas de amor materno-fraterno –cual leche materna- y su mirada inteligente, con su realidad extraordinaria y palabras sabias, prácticas: no camines con el cuerpo encorvado, como me pasó una vez cuando yo también me enfermé, porque transmites la idea de persona derrotada; te sugiero que camines erguido, porque das la sensación de seguridad y triunfador, ¿no crees? 

    Ahora vamos a separar la realidad ordinaria de la extraordinaria. Abramos la cortina transparente que separa una realidad de la otra…

    A partir de ese momento, a pesar de que yo no la veo por la distancia entre Valle de Bravo y la Ciudad de México, ella percibe mi deterioro físico, mi ánimo decaído y colabora con mi mejoría. Ella separa la realidad ordinaria de la extraordinaria, a través de la fe, la imaginación y la palabra apacible, mágica. Me ayuda a descubrir y abrir la cortina que separa una realidad de la otra, ¡un mundo fantástico, donde existen unicornios, hadas, duendes y dragones amigables! Al abrir la cortina me recibe una bocanada de aire en forma de inspiración que me ayuda a reinventar mi vida. ¡Nace mi pensamiento feliz y la alegría! ¡Empiezo a flotar en el aire acompañado de flores y mariposas, aves y estrellas mágicas!

    Surge la voz dulce, tranquila de Grace que, cual psicopompo o valquiria, nos guía, a través de la plataforma digital, todos los días a las nueve de la noche: Enamórate de ti ¿qué te gusta de ti? ¿qué te impide ser así siempre: ¿el dolor o el coraje, el tedio o tu falta de amor por ti? Siéntate a la sombra del tejo sagrado, árbol de la vida y la muerte, que te protege en esta primavera de tus saboteadores y origina tu renovación personal: el amor a ti y a los otros. Ahora párate, posa tus pies en el suelo, descubre la energía de la tierra en tus pies y la energía del cosmos que desciende sobre tu cabeza. Las dos energías te inundan y te renuevan

    Ahora celebra la primavera y la reconciliación de tu alma y tu cuerpo. ¡Mira cómo brillas todo! ¡Siente toda la armonía y la dulzura bajo la luz de la sabiduría! Ábrete a la inspiración de las Musas: la belleza, el arte y la escritura. Trasciende las limitaciones que te has impuesto y comparte tu amor con todos: con las almas de tu primo Ernesto y cuñado Eduardo que parten con velas y flores radiantes, y regresan a casa, brinda consuelo a tus deudos, amigos y familiares.

    ¡Gracias, por sacarme de otro mundo y alimentarme, por sanarme y mostrarme otra realidad extraordinaria! ¡Tu yo sabio te sigue sanando, logrando una salud perfecta que se funde con el amor universal! ¡Cuida que todos tus espacios se llenen con la energía positiva de la primavera, porque esta luna ensancha tu poder!

    Han transcurrido tres meses. Aun hoy guardo secuelas en mi oxigenación y en mis pasos ligeros, al caminar o subir las escaleras de los seis pisos de mi casa o de MIGaby. Así salí de la realidad ordinaria y cruel, y entré a la extraordinaria que nos propone Grace. Aunque a veces, lo confieso, vuelvo a la primera, porque la traigo arraigada a mi piel y a mi ser. ⌈⊂⌋

  • La Pluma Fuente

    La Pluma Fuente

    Vicente Francisco Torres (UAM-A)

    Hay personas que creen ser escritores y a menudo repiten un desplante: cuando les piden su número telefónico solicitan algo con qué escribir porque, dicen, como son escritores, nunca traen pluma en el bolsillo.

    Hay también  quienes ostentan en la bolsa de la camisa el símbolo de una pluma cara y robusta –casi siempre un punto blanco, o una flor blanca sobre una tapa negra o vino–, de ésas que han convertido en joyerías a las tiendas que venden  estilográficas. Ellos parecen decir que con esas plumas finiquitan en sus despachos jugosos negocios.

    Sin embargo, y a pesar del auge de las computadoras, muchos escritores y hasta simples ciudadanos mortales disfrutan del suave rasgueo de su pluma fuente que se desliza sobre gruesos y porosos pliegos de papel celeste o color durazno. Qué decir del placer que dan  las tintas color azul turquesa, burdeos o sepia, para no mencionar  las verdes y las moradas. En su diario,  Rudyard Kipling cuenta que él mandaba fabricar una tinta intensamente negra para disfrutar sus arduas horas de escritor.

    Vanidad aparte, hay quienes gustan de las estilográficas antiguas y se les ve los sábados en un tianguis de Avenida Cuauhtémoc y los domingos en el de la Lagunilla. Buscan plumas raras que estén en buen estado para agregar otro placer al de las tintas y los papeles especiales.

     Como el que busca encuentra, en la Lagunilla pueden hallarse hermosas ediciones de libros  que hacen la historia de tan refinadas herramientas de escritura. Están llenos de fotos de tamaño natural que nos dicen que no hay nada nuevo bajo el sol: desde fines del siglo XIX, cuando se inventó la estilográfica, ésta se ha asociado al arte de la joyería porque, lo mismo que ahora, los fabricantes  han puesto caballos, amazonas y aves del paraíso decoradas  con pequeños diamantes sobre cilindros de oro y plata. Estas joyas de escritura que  lucían los caudillos neoliberales y sus amantes, antaño se usaron para firmar tratados y armisticios. Pero como los comerciantes nunca duermen, siempre se las ingeniaron para dotar de plumas a las clases medias. Se las hicieron a base de ese caucho cuya extracción inspiró varios cuentos y novelas de la literatura iberoamericana.

     Hoy las estilográficas con gruesos puntos de oro y clips con formas de cabezas de serpiente forman parte de las colecciones de los mafiosos. Son joyas que solo contemplan en fragantes expositores de piel, porque las miran pero no las usan. Nada necesitan rubricar. ⌈⊂⌋

  • Allons enfants, al grito de Guerra

    Allons enfants, al grito de Guerra

    Samuel Máynez Champion

    Al eximio hombre de cultura José Alfonso Suárez del Real y Aguilera

    Con frecuencia escuchamos que, antes que nosotros, son los extranjeros quienes más aprecian nuestras riquezas; desde las primigenias gramáticas de la lengua “mexicana” y los primeros trabajos de la arqueología nacional, por dar ejemplos someros, han sido forasteros los que han estudiado y difundido lo que nos tocaría a nosotros, por principio… En fin, no es nada nuevo en nuestra temblorosa cosmovisión, ni nada que nos perturbe; y para abonar a la tesis, esta columna se regocija por traer a cuento a un admirable ciudadano francés quien, apenas tocó suelo patrio, se dejó deslumbrar y acabó por mexicanizarse con toda la certidumbre de su ser.

    Personajes como él hay pocos, y allende su enamoramiento de lo mexicano, hemos de decir que fue un individuo con capacidades sobrehumanas. Fue médico, periodista, diplomático, poeta, maestro, científico, especialista en la evolución del teatro, músico en toda la extensión de la palabra –pianista, compositor, musicólogo y crítico musical‒y se desempeñó en diversos cargos públicos con acierto y honradez, incluso, llegó a ser portavoz del gobierno mexicano en su afán por validarse ante el mundo.  

    Hablamos de don Alfred Bablot D´Olbreuse, quien vio la luz en Burdeos en 1827 y desembarcó en México en 1849, con apenas veintidós años de edad, siendo ya dueño de una formación intelectual sorprendente. Mas vayamos con orden. De su infancia se sabe muy poco ‒es una tarea pendiente para los investigadores de ambos países‒, resaltando que su cuna fue noble, puesto que su padre ostentaba el título de Conde D´Olbreuse. Al parecer fue hijo único, acorde con los trabajos genealógicos hasta ahora realizados y de sus estudios se ignora todo. Puede intuirse que los comenzó a muy temprana edad, ya que, seguramente logró convertirse en músico antes de estudiar medicina. Lo que es cierto es que en su hogar se contaba con los medios para darle la mejor educación posible y que el talentoso Alfred debe haber poseído una sed de cultura fuera de serie. Sólo así se explica que haya sobresalido con tanto empuje en las disciplinas que lo apasionaron y en las que, ciertamente dejó huella.

    Su llegada a nuestra patria avino gracias a su relación, como secretario y médico, del arpista y falsario Nicholas-Charles Bochsa y de su pareja, la “desfachatada” cantante inglesa Anna Bishop, empero, se ignora la causa por la que Bablot decidió separarse, quedándose aquí para siempre. Quizá porque intuyó que el fin de Bochsa estaba cerca y porque debe haber percibido que en México se le abrían, pese a la primera experiencia negativa, muchas oportunidades inéditas. Con respecto a su temprana aparición en la prensa nacional y su contacto inicial con la justicia, es de referir un hecho que sacudió a la sociedad mexicana de entonces. Cual asistente de Bochsa y la Bishop, debía revisar las reseñas que se publicaban, encontrándose con que una nota anónima injuriaba sus conciertos. Por sus buenos oficios, Bablot pudo desenmascarar al pérfido periodista y lo retó a duelo. Pasaron varias semanas sin respuesta, hasta que se topó con él en el vestíbulo del Gran Teatro Nacional. En la gresca para aclarar la situación, resultó que el tipo iba armado y que le disparó varios tiros. La mala puntería y la agilidad de Bablot obraron a su favor salvándole la vida, no obstante, por esos absurdos de la justicia mexicana, el agresor quedó impune del intento de homicidio, pero a nuestro hombre lo encarcelaron por haber transgredido el veto contra los duelos armados. Hubo de intervenir el embajador francés para que Bablot saliera de prisión… 

    Y ya que hablamos de su relación con la prensa digamos, nada más, que con el correr de los años se afianzó casi hasta lo inverosímil. En 1850, apenas unos meses después de su arribo, funda el periódico El Daguerrotipo y para 1872 se convierte en director de El Federalista, ambos de neto corte liberal. Cabe destacar que Bablot introdujo la caricatura y los gráficos dentro de la crítica musical y que fue uno de los pioneros del periodismo mexicano de investigación. Sobre su labor Vicente Riva Palacio anotó: “no hay nadie entre nosotros que haya comprendido mejor ni desempeñado con más acierto el periodismo. Interés, oportunidad en las noticias, acierto en la elección de redactores, criterio sano para designar lo que debe reproducirse de ajenas publicaciones, pormenores minuciosos en lo que causa público interés, y sobre todo, caballerosidad y decencia al tratar de los hombres y las cosas. El grupo de redactores que para El Federalista supo atraerse, fue escogido y valioso. Justo y Santiago Sierra, Francisco Sosa y otros varios que hicieron extraordinaria la circulación de aquel diario que, cuando lo recibió como director, no contaba ni con cien suscriptores.”

    Antes de reseñar su descomunal actividad como músico y de dar la primicia de una composición suya apenas recuperada, apuntemos que Bablot tuvo la bonhomía para hacer amigos de todos los credos y que supo embonar con las corrientes políticas de la era. Tuvo tratos cordiales con Maximiliano y se convirtió en uno de los principales defensores de Juárez. En aquel reputado intento de asesinato donde Guillermo Prieto le salvó la vida al Benemérito, espetándole a los soldados que “los valientes no asesinan…” Bablot estaba presente y lo estuvo también en otra celada, donde estuvo a punto de ser ejecutado. Con la República restaurada recibió la encomienda de hacer publicidad liberal en Europa y en la gestión de Porfirio Díaz consolidó su prestigio, al grado que se le nombró director del Conservatorio Nacional de Música y Declamación ‒había sido uno de los fundadores en 1866 y ha sido el único extranjero de valía en dirigirlo[1]‒ y obtuvo la concesión para iluminar con gas al Distrito Federal.

    En cuanto a su vida afectiva, digamos que casó con una mexicana, la señorita Manuela Peña Nájera, y que procreó con ella, en el amor hacia sus dos costados sanguíneos, a siete hijos franco-mexicanos. Bablot supo asirse, asimismo, a sus raíces, pidiendo poco antes de su muerte, en abril de 1892, que lo dejaran volver a Burdeos para despedirse. Regresó agonizante para fallecer en su casa de Tacuba. 

    Como ya adelantamos, su preeminencia en el arte sonoro rebasó por mucho lo que se habría esperado de un sujeto que se escindía en tantas actividades. Su fulgurante paso por el Conservatorio se ha documentado en abundancia, mas vale la pena recalcar que, amén de haber sido uno de sus creadores, Bablot es recordado como un catedrático enamorado del arte y la cultura y que su gestión como director en la década de 1882 a 1892 ha sido la más fructífera de su historia. A él se debe una reforma fundamental en los planes de estudio, la adquisición de las grandes colecciones de partituras e instrumentos y la insólita propuesta de fundar un “museo instrumental mexicano” en el que se resguardaran y estudiaran los instrumentos musicales del México Antiguo.

    Ahora sí, amparado en la solidez de la argumentación presentada, este redactor admite su satisfacción por haber rescatado una partitura suya que permaneció encerrada y en silencio dentro de los fondos conservatorianos desde que fue compuesta. Es un hallazgo que ratifica la estatura artística de Bablot y que, incuestionablemente, tendrá la función de situarlo, por vez primera, como un compositor de mérito. La historia es esta: alrededor de 1869, Bablot compuso una marcha a la que intituló Libertad y se la dedicó a su famoso amigo y colega Melesio Morales, quien no manifestó ningún interés en ella. Transcurrieron de ahí dos décadas de olvido hasta que se presentó una oportunidad difícil de rechazar. Venía la Exposición Universelle de París de 1889 en la que Porfirio Díaz pretendía mandar lo más desgranado de nuestra cultura, de manera que Bablot se afilió presentado la misma obra, pues era perfecta para el cometido. Nada más le cambio el nombre, intitulándola esta vez Marche Franco-Mexicaine y eligió al presidente francés Sadi Carnot como dedicatario. Lamentablemente, tampoco hay constancia de que se haya ejecutado en la Ville Lumière… Habría sido un éxito inmenso que podría haber atenuado, con música, la otrora espinosa relación entre las dos naciones. Escuchándola habrían quedado atrás los estragos de las intervenciones… No en balde el doctor Bablot entrelazó magistral y terapéuticamente los temas de La Marsellaise, la Marcha Zaragoza de Aniceto Ortega ‒que llegó a fungir como marcha nacional por orden de Juárez‒ y el himno de Bocanegra y Nunó… Escúchela ahora en primicia,[2] dilecto lector, para quedarse con la fraternidad que sí sobrevive entre Francia y México. ⌈⊂⌋


    [1] El otro extranjero fue el español Simón Tapia Colman, pero su gestión estuvo empañada por sus malos manejos.

    [2] Audio: Alfred Bablot – Marche Franco-Mexicaine. (Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata. Gustavo Rivero-Weber, director. Grabación en vivo del 23/X/2017. Sala Nezahualcóyotl, CCU, UNAM Estreno mundial)

  • Rosario Castellanos y un sepulcro blanqueado

    Rosario Castellanos y un sepulcro blanqueado

    Graciela Itzayana Dorantes Martínez

    En la columna titulada “Génesis de una Embajadora”, publicada en el periódico Excélsior en febrero de 1971, Rosario Castellanos compartía con sus lectores cómo la escritura fue su manera de justificar su existencia, de definir su lugar en el mundo, de ser tomada en cuenta; y que, a partir de entonces, no hizo más que renacer en diferentes momentos y facetas, hasta llegar a su nombramiento como Embajadora de México en Israel en 1971[1].

    Reconocida como una de las poetisas mexicanas más importantes del siglo XX y una de las escritoras más destacadas en la literatura mexicana. Las aportaciones de Castellanos al feminismo nacional y su lucha por mejorar la calidad de vida de las comunidades indígenas son inherentes a sus obras literarias y al desempeño de los cargos públicos que ocupó. Su labor como académica y docente también es reconocida, aunque en menor medida que su faceta literaria.

    Por mencionar sólo un ejemplo, la Dra. Luz Elena Zamudio, quien escribió sobre la vida y obra de esta autora en su libro Rosario Castellanos: de Comitán a Jerusalén, y muy recientemente en la videoconferencia titulada “Perfiles de Rosario Castellanos”[2], identifica doce perfiles distintos de la figura que nos ocupa en este artículo: ensayista, funcionaria, crítica, narradora, dramaturga, poetisa, profesora, filósofa, traductora, escritora de cartas, lectora y todo un mundo privado.

    Sin embargo, no se ha hablado o escrito en la misma medida de su labor como embajadora de México en Israel de 1971 a 1974, a pesar de que este periodo coincide con algunos de sus mejores años como profesora, escritora y columnista.

    Mundo de cambios

    Aquí vamos todos, sólo como de viaje, como en sueños. Entre la llegada y la despedida y entre la despedida y el encuentro no hay lugar para la nostalgia.

    Tel Aviv, 28 de agosto 1973[3]

    Una de las épocas más complejas, con cambios más bruscos, con conflictos regionales que derivaron en crisis internacionales -económicas, políticas y sociales-, fue la transición de la década de 1960 a la siguiente. Bajo el contexto de la Guerra Fría, se dieron importantes transformaciones en el pensamiento, en las políticas económicas, en el desarrollo tecnológico fomentado por la carrera armamentística y también en los comportamientos demográficos, los cuales fueron definitorios en las siguientes décadas tanto para la dinámica internacional como para las naciones.

    Fue en este contexto de cambio y adversidad que Rosario Castellanos tomó posesión de su cargo de embajadora mexicana en Israel, época por demás convulsa en aquel país al estallar la guerra del Yom Kippur en 1973, la cual tuvo consecuencias económicas globales, pues al aumentar los precios internacionales del crudo, todas las economías se vieron afectadas de distintas maneras.

    A nivel nacional, el manejo de una constante crisis económica que indicaba el fin del llamado “desarrollo estabilizador”, la falta de legitimidad del régimen tras las represiones de 1968, los señalamientos de Estado antidemocrático derivado de un absolutismo político por parte de una élite, el incremento del 10% de la tasa de interés para todas las importaciones estadounidenses, entre otras, llevaron a un replanteamiento de las políticas ejecutadas hasta el momento, entre ellas, la exterior.

    En este contexto, el servicio diplomático también sirvió para colocar a personalidades destacadas que eran críticas al régimen, entre ellos no sólo personas del campo de la economía y del sector privado, sino también de la academia y de la literatura. Si bien el aspecto comercial tuvo un peso determinante en la diplomacia, llevando a la elección principalmente de economistas para los cargos de cónsules y embajadores, el Ejecutivo también fue cuidadoso en dejar espacio para figuras importantes del contexto cultural mexicano.

    De esta manera, durante la administración echeverrista, tres personajes de importante influencia pasaron a formar parte del servicio diplomático: Víctor Flores Olea como embajador ante la Unión Soviética, Carlos Fuentes como embajador en Francia y Rosario Castellanos como embajadora en Israel.

    Génesis de una embajadora

    Y de pronto ¡zas! Que me nombran embajadora. Otro oficio, otros horizontes, una vida nueva. Yo acepté porque me encanta estar naciendo. Y porque tengo confianza no tanto en mis propias habilidades como en la generosidad de los demás.

    20 de febrero, 1971[4]

    Rosario Castellanos nació el 25 de mayo de 1925, en la Ciudad de México, pero a los pocos meses su familia regresó al pueblo de donde eran originarios: Comitán, Chiapas. La familia Castellanos pertenecía a la clase alta de terratenientes chiapanecos y Rosario fue puesta al cuidado de una nana tzeltal, quien enseñaba a la niña algunas palabras en su lengua, sus leyendas, rituales, cosmovisión y problemas. Este hecho, junto con la muerte de su hermano menor, marcarían profundamente a Rosario Castellanos al ser víctima y testigo de la desigualdad y sumisión que vivían las mujeres y la población indígena como grupos oprimidos dentro de la sociedad mexicana.

    Con el sexenio de Lázaro Cárdenas y la enajenación de tierras a latifundistas para su redistribución a indígenas y campesinos, la familia Castellanos se traslada a la capital del país, donde Rosario estudia la preparatoria y la licenciatura de Filosofía en la UNAM, de 1946 a 1950.

    A la muerte de sus padres, Rosario hereda las pocas tierras que quedaban a los Castellanos en Chiapas a los indígenas de Comitán y se dedica por completo a escribir poesía, lo que en 1950 le permite obtener una beca del Instituto de Cultura Hispánica para estudiar un curso de Estética, Estilística e Historia de las Religiones en la Universidad Complutense de Madrid, emprendiendo un viaje por diversas ciudades europeas que amplió su panorama literario.

    Rosario regresó a México en 1952 y tres años después, comenzaría a colaborar con el Instituto Nacional Indigenista en el estado de Chiapas. La misión de la que ella formó parte se instaló en San Cristóbal de las Casas con el cometido de implementar programas de agricultura, educación y salud. De 1955 a 1957, Castellanos permaneció en dicha misión, y toda la experiencia adquirida constituyó la materia prima de muchas de sus obras de distintos géneros: Lívida Luz en la poesía, Oficio de Tinieblas, novela que relata la rebelión de los tzotziles ocurrida en los años del gobierno de Benito Juárez; así como los cuentos compilados en Ciudad Real, que era el antiguo nombre de San Cristóbal de las Casas.

    En 1961, el Rector de la UNAM, Dr. Ignacio Chávez, nombró a Rosario Directora General de Información y Prensa (ahora Dirección General de Comunicación Social). En dicho cargo, Castellanos adquirió la atribución de coordinar toda la información que la UNAM compartía a los medios de comunicación y de difundir la imagen y el quehacer de la Universidad en el contexto nacional e internacional.

    Posteriormente, Rosario obtuvo becas de programas educativos de las Universidades de Wisconsin, Colorado e Indiana, partiendo a los Estados Unidos a impartir en todas ellas materias de literatura mexicana, iberoamericana, francesa, inglesa, española y hasta estadounidense. Además, representó a México en foros y coloquios internacionales de escritoras y escritores en distintos países del mundo como Chile, Alemania y Finlandia.

    Para finales de la década de 1960, Rosario Castellanos ya era una figura influyente y consolidada en el panorama intelectual mexicano y latinoamericano. Tenía importantes relaciones con otros literatos y pensadores de importancia, mientras crecían también sus relaciones políticas. Para 1972, había obtenido cinco premios literarios, entre los que destaca el Premio Xavier Villaurrutia en 1961 por Ciudad Real.

    Gracias a esta influencia creciente, en 1970, Emilio Rabasa, quien era Secretario de Relaciones Exteriores, le sugirió al Presidente nombrar a Rosario Castellanos embajadora en Israel, aprovechando la coyuntura del nombramiento de nuevos cargos diplomáticos que se haría en 1971. Cabe mencionar que el único nombre femenino que figuró en los 17 nuevos nombramientos diplomáticos de ese año fue el de Rosario.

    Es importante mencionar que muchos de sus éxitos literarios se concretaron cuando ella ya ocupaba el cargo de Embajadora; por ejemplo, la compilación de ensayos Mujer que sabe latín, publicada en 1972, fue su libro con mayor tiraje, la compilación de su obra poética completa, Poesía no eres tú también se publicó en ese año, y durante esa época incursionó en un nuevo género al escribir su pieza teatral El eterno femenino. Después de su muerte, se publicó la compilación de todos sus artículos publicados en Excelsior de 1961 a 1974, bajo el título El uso de la palabra.

    La diplomacia al desnudo

    Aureola de misterio, bailes de disfraces, tentativa de literatura que desdeñosamente se deja en un cuaderno porque hay cosas mucho más importantes que resolver.

    Tel Aviv, 6 de agosto 1974[5].

    Rosario Castellanos se hizo cargo de la Embajada mexicana en Israel el 30 de marzo de 1971. Ella refirió que su objetivo principal como Embajadora sería el estrechamiento de la relación con Israel, la cual se caracterizó por tener breves momentos de acercamiento con avances importantes, pero largos periodos de enfriamiento. Así consta en el siguiente fragmento de su discurso al presentar sus cartas credenciales:

    “El Primer Magistrado de los Estados Unidos Mexicanos, señor licenciado don Luis Echeverría, […] me encomendó de una manera muy especial, una tarea que me apresto a cumplir con el mayor de mis entusiasmos y con la suma entera de mis capacidades y de mi sentido del deber. […] La tarea a la que me refiero es la de estrechar los nexos que unen a Israel y a México, dos pueblos que han luchado, a lo largo de su historia, por sobrevivir con dignidad; que han creído en la justicia más que en la fuerza; que han mantenido y siguen manteniendo incólumes los ideales de autodeterminación política, de independencias económica y de autonomía cultural.”[6]

    Para ese entonces, la relación bilateral estaba dominada por el aspecto comercial y de inversiones, sin que las mercancías ni las inversiones mexicanas tuvieran relevancia en el mercado israelí. La primera área de oportunidad con la que ella contaba para cumplir con sus objetivos consistía en difundir una imagen positiva de México en Israel (y viceversa), y para ello, podía basar su actuar en el ámbito que más conocía y en el que destacaba: la cultura.

    A su disposición tenía sus columnas publicadas semanalmente en Excélsior, una amplia actividad cultural y académica en Israel, la oportunidad de acercarse a la comunidad mexicana en el país e incluso a la latinoamericana, así como tres convenios bilaterales firmados con anterioridad (comercio, intercambio cultural y cooperación técnica).

    A propósito de las columnas en Excélsior, Rosario supo utilizarlas para transmitir a sus lectores aspectos cotidianos de su labor como embajadora, sin comprometer información sensible o confidencial, promoviendo un conocimiento de lo que implicaba el ejercicio de la diplomacia, con su característico tono irónico, su pasión por la literatura, así como su condición de mujer y madre:

    “[…] ¿qué imágenes suscitaba en usted la palabra diplomacia? Como usted no puede darme, sino la callada por respuesta, que de eso me cuido muy bien, paso a decirle las imágenes que suscitaba en mí: Mountolive descendiendo la escalera principal de su palacio en El Cairo, con uniforme y condecoraciones, para ir al encuentro de la aventura. Que asumía diferentes apariencias: la de Justine que ocultaba, detrás de su frivolidad, una complicada intriga de espionaje; la de Baltasar que había fundado un círculo de estudiosos de la cábala para no despertar sospechas en cuanto a otras actividades menos inofensivas, la del funcionario inglés que, puesto en la coyuntura de delatar a sus amigos y de ser fiel a su patria elige un inesperado desenlace que es el suicidio. [7] […] Las embajadas no son sino sepulcros blanqueados. Detrás de la elegancia está la decadencia y detrás de la impecable forma, la vulgaridad.”[8]

    Con Castellanos al frente de la Embajada, se impulsó el acercamiento cultural y el conocimiento mutuo a través del apoyo a las artes, la educación y la cooperación técnica. De este modo, la diplomacia cultural fungiría como un primer paso para fortalecer la relación bilateral y ampliar los lazos de cooperación entre ambos países en distintas temáticas, incluyendo la comercial y la económica.

    Como ejemplos podemos mencionar que, durante su gestión, México tuvo representación en el Festival de Primavera de Tel Aviv de 1972 y el Festival Cinematográfico de Tel Aviv en 1973, además de que se coordinaron exposiciones multidisciplinarias de arte mexicano, que fueron exhibidas en Tel Aviv y otras ciudades israelíes.

    Por otro lado, con respecto a la cooperación técnica, hay que mencionar que Israel se veía como una alternativa que podría reducir los proyectos de cooperación condicionados de los Estados Unidos de América u otros países. En estos años era frecuente la presencia de investigadoras e investigadores mexicanos en las universidades israelíes y, entre 1972 y 1973, se llevó a cabo el Programa Especial de Intercambio de Jóvenes Técnicos, con el cual 30 técnicos mexicanos visitaron Israel y 30 israelíes acudieron a México.

    Castellanos también enfrentaba retos muy grandes, entre los que destacan la falta de aplicación que habían tenido los ya mencionados convenios de colaboración, y las carencias de materiales y de recursos humanos que había en la Embajada, lo cual inevitablemente traía complicaciones para la realización del trabajo diario. A estas dificultades, después se sumaría el incremento de la tensión en Israel hasta el estallido de la Guerra del Yom Kippur el 6 de octubre de 1973, lo cual implicó modificaciones en las prioridades de la política exterior israelí y complicó todas sus relaciones bilaterales, supeditándolas, muchas veces, a las posturas que los países tomaran en los foros multilaterales con respecto al conflicto árabe-israelí.

    La Guerra del Yom Kippur pasaría así a ocupar un lugar central en la labor de Rosario Castellanos en la Embajada, ya que no solo tendría que estar alerta de cualquier ayuda consular que las y los connacionales mexicanos en Israel pudieran necesitar, sino que debía mantener informado al gobierno mexicano sobre el desarrollo de los acontecimientos y sus posibles desenlaces y consecuencias internacionales, tanto para la región como para México.

    Si bien la información que contenían los informes políticos que ella enviaba a México era clasificada, como mujer de letras, Castellanos imprimió en ellos su propia visión, análisis y la calidad de su escritura. En palabras del Embajador Pedro González Rubio, quien trabajó con Castellanos en la Embajada en esos años, los informes políticos que entregaba a la Cancillería mexicana tenían mucho de narrativos, era la manera en que ella podía entender y explicar lo que estaba sucediendo.

    En 1974, Rosario concedió una última entrevista sobre su labor en la Embajada, misma que da mucha luz sobre lo que significó para ella esa responsabilidad. Ahí describe en sus propias palabras algunas de las actividades que realizaba:

    “A partir de entonces aquí sí que es el reino de lo impredecible desde el momento en que se entra hasta el momento en que se sale. Algunas cosas sí están en la agenda, como la visita de un embajador. Se puede anticipar si vendrá, que va a durar de 20 a 30 minutos y que se va a hablar de tales o cuales temas a un nivel muy superficial; pero eso es todo. Todo lo demás puede ocurrir o no; visitas, problemas, discusiones, descomposturas de toda índole, telefonemas a todos los lugares del planeta para que nos arreglen lo que no funciona.

    “Cuando no es día de clase en Jerusalén, puede ser día de fiesta nacional en cualquiera de los países aquí representados y es obligatorio asistir. Se encuentra uno ahí con todos los otros embajadores; se habla con ellos, o con gentes del ministerio con las cuales hay que arreglar algún asunto.”[9]

    A la pregunta de qué era lo que más disfrutaba de su puesto diplomático, Rosario respondió lo siguiente:

    “[…] mi contacto con los becarios mexicanos. En general, hablar con ellos, oír sus apreciaciones tanto de los cursos que les dan como de la forma en que los reciben, saber de su procedencia, cuál es su nivel intelectual en México; discutir sobre cómo se encuentran aquí y qué es lo que más les llama la atención. Esto me gusta mucho en el plano de contacto personal. Ahora, en el plano más privado una de las cosas que me apasionan es escribir los informes políticos. Cuando yo llegué no tenía la menor idea de cómo se hacía uno, pero por fortuna tuve un colaborador […] quien tenía una especial aptitud para esto. Entonces nos reuníamos cada mañana, veíamos lo que nos parecía más importante de lo que estaba ocurriendo, lo apuntábamos y al final del mes hacíamos una revisión de lo que había tenido consecuencias y lo que realmente era irrelevante. Redactábamos un informe para enviar a México en relación con lo acontecido. Para mí fue como descubrir un nuevo género literario. Por desgracia es un género que no va a llegar nunca a la publicidad, pero donde yo no puedo dejar de hacer literatura.”[10]

    Como se mencionó, Rosario aceptó la cátedra de literatura mexicana e hispanoamericana que le ofreció la Universidad Hebrea de Jerusalén (UHJ). Esto fue fundamental para su labor diplomática porque dicha Universidad siempre fue un centro importante de atracción para intelectuales, académicos y políticos extranjeros e israelíes, por ello, al formar parte de la planta docente, Castellanos multiplicaba las oportunidades de entrar en contacto con dichas figuras y líderes. Por otro lado, la UHJ era una fuente de información actualizada y confiable sobre lo que acontecía en Israel, era un lugar donde se podía acceder a distintos enfoques y análisis del acontecer político, económico y social de Israel, incluyendo su política exterior hacia América Latina. Finalmente, era un espacio con alto potencial para promover y difundir la cultura mexicana, no sólo con respecto a la literatura.

    Rosario aprovechó sus clases para dar a conocer otros aspectos de México a sus alumnos y otros docentes, como la economía mexicana, su historia, su riqueza como país natural y culturalmente diverso. Las y los jóvenes que asistían a sus clases se convertían en potenciales promotores de la cultura mexicana en su entorno.

    Tras su muerte, la UHJ y la Embajada mexicana en Israel colaboraron para crear mecanismos que garantizaran la continuidad de la labor cultural y académica iniciada por Castellanos. Uno de ellos fue la creación del Fondo Literario Rosario Castellanos, en febrero de 1975. Su objetivo era promover la labor literaria mexicana en Israel y llevar a lectores mexicanos parte del acervo cultural de Israel para mejorar el intercambio cultural entre ambos países.

    Años después, en 1997, el gobierno mexicano y la Asociación Mexicana de Amigos de la Universidad Hebrea de Jerusalén (AMUHJ) fundaron la Cátedra Rosario Castellanos, la cual consiste en el financiamiento para que un destacado intelectual mexicano imparta cada año cátedra sobre temas de actualidad y cultura mexicana en la UHJ.

    A modo de conclusión: Un árbol crece en Tel Aviv

    Caro lector (lectora): usted me conoce bien. Porque no me conoce al través de mis actos, que son siempre ambiguos; ni de mis palabras, que son muy frecuentemente confusas, sino de mis escritos que son el medio gracias al cual alcanzo el grado – máximo para mí – de coherencia y orden.

    Tel Aviv, 4 de marzo, 1972[11]

    Rosario solía decir que su nacimiento había sido un error geográfico. 49 años después, su muerte también lo fue. Castellanos falleció el 7 de agosto de 1974 en su casa de Tel Aviv. A sus homenajes en Israel asistieron los líderes políticos más importantes, como la Primera Ministra, Golda Meir, quien comentó que “la señora Castellanos fue una mujer muy culta e inteligente que llegó a mejorar y estrechar las relaciones de los dos países”[12].

    En México, Emilio Rabasa expresó “que cuando Castellanos tuvo la oportunidad, por la naturaleza de su rango diplomático, de asomarse al escenario internacional, de estar presente en latitudes y hechos que ya son parte de la historia universal, otra vez eleva su protesta por la existencia de un mundo de dominadores y dominados, cualesquiera que fueren los unos y los otros”[13]. En palabras del Embajador israelí en México, Shlomo Argov:

    “La pena del Pueblo de Israel es exactamente la misma que la del Pueblo mexicano, pues en estos tres años y medio que la Embajadora Castellanos representó a México ante el Gobierno y el Pueblo israelí, se convirtió ella en una personalidad querida y amada por todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerla, y son muchos los corazones a los cuales llegó Rosario Castellanos […] La Embajadora Castellanos, […] fue […] una sobresaliente Embajadora, pues logró -de una forma excepcional- materializar la función primordial del Embajador, que es transmitir al país donde funge, todo el espíritu y el alma de su pueblo […] Son muchos los lazos que unen a nuestros dos pueblos a pesar de las distancias que nos separan, y desde ahora nos une también la memoria de una mujer encantadora, Rosario Castellanos.”[14]

    La lamentable la falta de información de la gestión de Castellanos como embajadora provoca que se desconozca casi por completo esta faceta suya y, en gran medida, este desconocimiento se debe a la falta de los informes políticos de Rosario en el Archivo Histórico Diplomático Genaro Estrada; sin embargo, a través de los expedientes personales disponibles y de una amplia investigación en fuentes secundarias, es posible conocer que Rosario Castellanos realizó una labor diplomática extraordinaria, al acercar a dos comunidades muy distintas mediante la literatura, las artes y la cooperación cultural, elementos que son fundamentales para relaciones diplomáticas y políticas exteriores más humanas, equitativas e incluyentes. ⌈⊂⌋


    REFERENCIAS-.

    • Castellanos, Rosario, El Uso de la Palabra, Ediciones de Excélsior – Crónicas, México, 1ª edición, diciembre 1974, 313 pp.
    • Cepeda, Ana Lilia (ed.), Poesía fuiste tú. A 90 años de Rosario Castellanos, Sextil Editores, México, 2015, 255 pp.
    • Dorantes Martínez, Graciela Itzayana, La labor diplomática de Rosario Castellanos en Israel, 1971 – 1974, tesis que para obtener el título de Licenciada en Relaciones Internacionales, presenta Graciela Itzayana Dorantes Martínez ; asesora Rosa Isabel Gaytán Guzmán, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2019, 187. Disponible aquí.
    • Expediente personal de la Embajadora Rosario Castellanos, Archivo Histórico Diplomático Genaro Estrada, Secretaría de Relaciones Exteriores, Exp. XI-42-I, XI-42-II y XI-42-I(1).
    • Zamudio, Luz Elena, “Perfiles de Rosario Castellanos”, Seminario Introducción a la Literatura Moderna y Contemporánea de México, Unidad III. Renovación y diversidad de la literatura, Fundación para las Letras Mexicanas – Casa Estudio Cien Años de Soledad, 23 de octubre 2021. Disponible aquí.

    NOTAS-.

    [1] Véase Rosario Castellanos, “Génesis de una Embajadora”, El Uso de la Palabra, Ediciones de Excélsior – Crónicas, México, diciembre 1974, pp. 219-222.

    [2] Véase Luz Elena Zamudio, “Perfiles de Rosario Castellanos”, Seminario Introducción a la Literatura Moderna y Contemporánea de México, Unidad III. Renovación y diversidad de la literatura, Fundación para las Letras Mexicanas – Casa Estudio Cien Años de Soledad, 23 de octubre 2021. Disponible aquí.

    [3] Rosario Castellanos, “Mundo de cambios”, El Uso de la Palabra, Op. Cit., p. 268

    [4] Rosario Castellanos, “Génesis de una Embajadora”, El Uso de la Palabra, Op. Cit., p. 222.

    [5] Rosario Castellanos, “La diplomacia al desnudo”, El Uso de la Palabra, Op. Cit., p. 278.

    [6] Rosario Castellanos, “Discurso durante la presentación de Cartas Credenciales ante el presidente de Israel”, Expediente personal de la Embajadora Rosario Castellanos, AHDGESRE, Exp. XI-42-1, fajo 3, f. 68-69

    [7] Castellanos hace referencia a tres de las novelas que componen la tetralogía El cuarteto de Alejandría, del británico Lawrencce Durrell. En su conjunto, las obras narran la cotidianeidad de cuatro personajes que se relacionan en Egipto en los años previos y posteriores a la Segunda Guerra Mundial. La primera entrega corresponde a Justine (1957), seguida de Balthazar (1958), Mountolive (1959) y cierra con Clea (1960).

    [8] Rosario Castellanos, “La diplomacia al desnudo”, El Uso de la Palabra, Op. Cit., pp. 277-278.

    [9] Última entrevista a Castellanos, Expediente personal de la Embajadora Rosario Castellanos, AHDGESRE, Exp. XI-42-1, fajo 2, f. 21.

    [10] Ídem.

    [11] Rosario Castellanos, “Un árbol crece en Tel Aviv”, El Uso de la Palabra, Op. Cit., p. 236.

    [12] Palabras de Golda Meir en Guadalupe Loaeza, “Galardonados Medalla Rosario Castellanos”, Cepeda, Ana Lilia (ed.), Poesía fuiste tú. A 90 años de Rosario Castellanos, Sextil Editores, México, 2015, p. 16

    [13] Expediente personal de la Embajadora Rosario Castellanos Figueroa, AHDGESRE, Exp. XI-42-1, fajo 2, f. 26

    [14] “Palabras del ex-embajador de Israel en México, Excmo. Sr. Shlomo Argov, pronunciadas en la ceremonia de homenaje a la memoria de la escritora Rosario Castellanos, Embajadora de México en Israel, que tuvo lugar hoy en esta dependencia., Tlatelolco, D.F. a 9 de agosto de 1974”, Expediente personal de la Embajadora Rosario Castellanos Figueroa, AHDGESRE, Exp. XI-42-1, fajo 1, f. 183-184

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    Dramaturgia para reuniones virtuales

    Luis Ayhllón

    VII

    Sra. Roldán

    M:  ¿Qué hace ella aquí?

    L:    Mira/

    M:  ¿Qué hace aquí?

    SRA. ROLDÁN: Yo/

    L:   ¿Me escuchas?

    M:  No.

    L:    Sólo déjame explicarte…

    Moisés sale de la reunión.

    S:    ¿Y ahora?

    L:    Espéreme…

    S:    ¿Se salió?

    L:    No sé.

    S:    Se salió…

    L:    Sí, creo que sí.

    S:    Qué ca-bron-ci-to.

    L:    Perdónelo. No es fácil para él.

    S:    Pues sí.

    L:    No es fácil.

    S:     No entiendo por qué.

    L:    Se va a conectar, no se preocupe.

    S:    No estoy preocupada, Lucas.

    L:    Sí, bueno. Sí… ¿Cómo pasa la cuarentena?

    S:    ¿Por qué no le dijiste?

    L:    ¿A Moi? ¿Decirle qué?

    S:     Que me iba a conectar.

    L:     No sé, es muy temperamental.

    S:     Es muy descortés de su parte.

    L:     Lo sé.

    S:     Es inadmisible.

    L:     Lo sé. Creo que ya regresó. ¿Moi, Moi?

    Moi está en negros.

    L:    Ahí está. Prende tu cámara. Prende tu cámara. Señora, háblele por favor.

    S:    Hola, Moi. Si no quieres poner la cámara está bien.

    L:    Moisés, levanta la mano si estás escuchando.

    Moi levanta la mano.

    L:    Ahí está, señora Roldán. Ahí está mi hermano. Levantó la mano.

    S:    Ah, mira. Levantó la mano. Qué bonito. Levantó la mano.

           Un hombre tenía dos hijos. Al primero le dijo: hijo, ve a trabajar en la viña…

    Moi aparece a cuadro con los ojos vidriosos.

    M:   ¿Por qué me andaba toqueteando cuando yo era un niño?

    S:     ¿Qué?

    M:   ¿Por qué?

    L:     Moi…

    S:     No escuché bien.

    Moi pronuncia más lento.

    M:   ¿Por qué me andaba toqueteando cuando yo era un niño?

    S:     No se escucha. La señal de internet no es muy buena.

    M:    No se haga, conteste.

    L:      Moi…

    M:    Conteste…

    S:      Mira, hijo. Quiero que sepas algo. No tengo internet de fibra óptica.

    M:    ¿Fibra óptica?

    S:      La fibra óptica es más rápida. En esta colonia no hay instalación de fibra óptica.

    M:    ¡Conteste!

    L:      ¿No escuchas, Moi? Es una cuestión de fibra óptica.

    M:    ¿Qué?

    S:      Mira, hijo. Cuando decidí salvar a tu hermano, sí lo sabes, ¿verdad? Antes de tirarse del puente, sólo escúchame. Tu hermano te quiere mucho. Cuando decidí salvarlo, me hice responsable de él. Cuando salvas la vida de una persona, te conviertes en el ángel de esa persona para siempre. Y yo me acerqué a ti porque tu hermano te necesitaba.

    M:    Yo era un niño.

    S:      Dios habla a través de mí.

    M:    Usted le lavó el cerebro a mi hermano.

    L:      No me lavó el cerebro.

    S:      Lucas, cierra la boca.

    L:      Perdón, señora.

    S:      Hay veces que hago cosas que no recuerdo. Yo sólo soy un instrumento de Dios. Dios se manifiesta de muchas maneras a través de mi cuerpo. Un hombre tenía dos hijos. Al primero le dijo: hijo, ve a trabajar en la viña/

    M:    ¿Por qué está aquí?

    S:      Es un acto de piedad.

    L:      Yo se lo pedí.

    M:    Te está manipulando.

    M:    ¿Hasta cuándo vas a tener que soportarla?

    S:   Quiero que sepas algo. Una vez caminaba por la calle, paseaba con mi jauría de perros, antes de que desaparecieran los perros de las calles. Antes de este nuevo Estado de pets frendlis, donde la gente los ha domado y les pone gorritos y calcetines. Es ridículo, pero bueno, en realidad… Mira… caminaba con ellos, alegremente, por la ciudad, cuando vi un árbol en llamas.

    L:   ¿Por qué estaba en llamas?

    S:   Me acerqué, lo que vi en el árbol ardiente, fue la figura de tu madre devorando a sus hijos. Y fue cuando Dios me guió hasta tu hermano.

    L:   No me había contado eso. ¿Cómo se manifestó Dios para guiarla?

    S:    A través de los perros, hijo. Ellos me guiaron hasta ti, en ese puente, a punto de besarte con la muerte.

    L:   Exactamente, señora Roldán, ¿qué vio en el árbol que ardía?

    S:    Vi a tu gorda madre, comiéndoselos, a los dos.

    L:    En las figuraciones, ¿mi madre tenía colmillos?

    S:    No, no tenía colmillos. Sólo era una masa amorfa de carne que los deglutía, como las gaviotas cuando se tragan una enorme rata.

    L:    ¿Nosotros éramos las ratas?

    S:     Es poesía, Lucas.

    L:    Ah, perdón. Nunca he sido… seeee… ¿qué lo hizo quedarse con nosotros en casa?

    S:    Mi compromiso con Dios y con ustedes.

    L:    ¿Usted quemó a nuestra madre?

    S:     No, hijo. ¿Cómo crees? Eso lo hizo ella por su cuenta.

    M:   ¿Por qué salió usted primero del departamento?

    S:     ¿Qué? No te escuché, hijito.

    M:    ¿Por qué salió usted primero?

    S:     ¿Salí yo primero?

    M:    Sí, Lucas me dijo que usted salió primero.

    S:     Ah, caray. ¿Eso le dijiste?

    L:      …

    S:    Lo importante es que ella fue la que decidió inmolarse.

    L:    Como aquél monje tibetano.

    S:    No. Lucas. Es importante que te diga algo: no hay relación posible entre ese monje tibetano y tu madre. No. ¿Me puedes decir qué madres tiene que ver? ¿Cómo es posible siquiera que compares la muerte de aquel hombre en busca de un ideal y tu triste madre?

    L:    Era poesía.

    S:    No, Lucas. Eso no es poesía. Eso es una reverenda pendejada.

    L:    Perdón, señora.

    La señora Roldán se contiene y sonríe hacia Moisés. Suaviza su voz.

    S:    Un hombre tenía dos hijos. Al primero le dijo: hijo, ve a trabajar en la viña…

    Moisés abandona la reunión.

    S:    ¿Ya se fue otra vez?

    L:    No sé. Sí. Creo que sí.

    La señora Roldán dice con una voz suave y tierna:

    S:    Qué cabroncito. No ha cambiado nada.

    L:    Perdónelo.

    S:    ¿Por qué madres le dijiste que yo salí primero del departamento?

    L:    No sé.

    S:    Vales para pura madre, Lucas.

    L:    Perdón, señora.

    La señora Roldán sale de la reunión.

    L:    Señora, señora… Levante la mano si está ahí.

    VIII

    Lucas se queda solo

    • Gracias por aceptar la invitación.
    • ¿Sabes por qué la acepté?
    • No.
    • Porque no hablo con nadie, Lucas. No tengo con quién hablar.
    • Ah. Bueno. Como sea, lo agradezco.
    • ¿Estás borracho?
    • Borracho, borracho. Na.
    • Oye, ¿y ese traje?
    • …
    • ¿Lucas?
    • …
    • ¿Qué te pasa?
    • Murió…
    • ¿Quién?
    • La señora Roldán…

    Pausa.

    • ¿Qué?
    • Sí.
    • ¿Se murió?
    • Sí.
    • ¿En sentido figurado?
    • No. En sentido del carajo.
    • No mames. ¿De qué?
    • Corona.
    • No mames.
    • Sí.
    • ¿Colgó los tenis por el corona?
    • Sí.
    • Chale.
    • Sí.
    • Lo siento por ti.
    • Gracias.
    • Está cabrón.
    • Sí.
    • Qué cosa.
    • Sí.
    • Pero, ¿no guardaba su sana distancia?
    • No sé.
    • ¿No hacía la cuarentena?
    • Según yo, sí.
    • ¿No seguía las instrucciones de ese doctor agradable?
    • …
    • El corona no hace distinciones.
    • No.
    • No importa que seas rico.
    • Ajá.
    • Presidente de un país.
    • Sí.
    • O una santa.
    • ¿Qué?
    • Porque tú dices…
    • A ver, Moi. ¿No me escuchaste?
    • Sí.
    • Se murió la Señora Roldán. No estoy para tu puta mala leche.
    • No es mala leche.
    • Sí lo es.
    • Sólo digo que del virus no se salvan ni las santas.
    • Ahora que lo mencionas.
    • Sí.
    • ¿Por qué madres no sales?
    • ¿Adónde?
    • Si eres inmortal, ¿por qué no sales al parque? A ti el corona te hace los mandados. ¿O no?
    • ¿A qué salgo? Ya te dije que no tengo a nadie.
    • Sí.
    • No me gusta la gente.
    • Sí.
    • Prefiero estar aquí.
    • Eso me queda claro. Pero, ¿por qué no sales a dar la vuelta?
    • Voy al laboratorio para recoger mis plaquetas.
    • Ajá.
    • Salgo a cobrar la renta de un cuarto que tengo.
    • Ajá.
    • Sí salgo. ¿Por qué no se salvó a sí misma?
    • Ella hacia milagros para los demás.
    • Hija de su…
    • Respeto, Lucas. Estoy de duelo. No voy a tolerar/
    • Ya, ya, ya. Está bien.
    • Salud.
    • Estoy jurado.
    • ¿Qué?
    • Lo que oyes.
    • No seas mamón.
    • Juré que dejaría esa madre.
    • Esas son mamadas, Moi. Nadie en su sano juicio jura pendejadas.
    • Estaba pedo.
    • ¿Cuándo?
    • Cuando lo juré.
    • ¿Lo ves? ¡No cuenta, entonces! Dios sabe que no cuenta.
    • Sí cuenta. Yo tengo palabra.
    • La palabra de los borrachos es volátil. Salud.

    Silencio.

    • Te doy mi pésame. Que Dios la tenga en su santa gloria.
    • Gracias, Moi.
    • Lo siento. Sé que la querías.
    • Era un amor transparente.
    • Sí.
    • Un amor, un amor…
    • Sí, me imagino.
    • Hasta le escribí una canción.
    • ¿Qué?
    • Le escribí una canción.
    • ¿En serio?
    • Sí.
    • Órale.
    • ¿Quieres escucharla?
    • Sí, Lucas.

    Lucas se acaba su trago y se sirve otro.

    • “Fue usted una santa

    Una fuente de sabiduría

    No como la suripanta

    de la bruja que nos dio la vida…”

    • A ver, Lucas.
    • Espera.
    • No. Ya no quiero escuchar.
    • ¿Qué pasa?
    • ¿Quién es la suripanta?
    • ¿Quién va a ser?
    • Mira, pongamos las cosas claras. Hagamos un convenio.
    • Es un himno, déjame terminarlo. El réquiem para la Señora Roldán.
    • No. No. Pongamos las cosas claras.
    • …
    • Se murió la señora Roldán. Tu santa. Mamá se inmoló a sí misma. Ya. Cefiní. Se acabó. La vida sigue.
    • Hoy la enterraron, pendejo. Es muy reciente. Debo vivir mi luto.
    • Pues vívelo tu solito, a mí no me metas. Si quieres hablar otra vez conmigo, se acabó. No quiero que la vuelvas a mencionar, mucho menos faltarle el respeto a mamá.
    • Lárgate, pues. Déjame solo con esto.

    Moisés sale de la reunión. Lucas se acaba su trago se sirve otro. Mira hacia cámara.

    • Yo sé que usted sí me ve, porque usted es omnipresente, como Dios.

    Pinche corona.

    Señora, yo la amo.

    La amé siempre.

    Gracias por todo.

    Por salvarme la vida.

    Por entrar en mi vida.

    ¿Por qué no me habló?

    Digo, yo, yo, yo habría, habría…

    estado con usted,

    La hubiera acompañado.

    Vi a su hermana.

    Con todo respeto.

    Qué hija de…

    Me dio la cajita…

    Gracias por la cajita…

    Pero no entiendo…

    ¿Por qué me dejo esta cajita?

    No hay nada en ella.

    No entiendo.

    No sé que voy a hacer sin usted.

    A lo mejor lo que dejé pendiente.

    A lo mejor regreso a ese puente.

    ¿Qué significa la cajita?

    ¿Qué putas significa?

    Señora Roldán,

    ¿y si me lleva con usted?

    De seguro tiene un buen asiento en ese teatro…

    de seguro está rodeada de ángeles…

    Puta madre…

    Bueno, la dejo descansar…

    Lucas sale de reunión.

  • Alejandría: Ptolomeos y primacía fémina

    Alejandría: Ptolomeos y primacía fémina

    Felipe Sánchez Reyes

    Alejandría es una ciudad cosmopolita, moderna e intelectual de la antigüedad, cuyo legado se asocia al origen de los libros, la erudición y el humanismo. En este texto, se exploran las aportaciones y el papel que desempeñaron filosofas y pensadoras en el desarrollo de la urbe, así como su influencia en los círculos del poder. 

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  • Fisonomía Londinense

    Fisonomía Londinense

    Leandro Arellano

    Londres se dispersa actualmente en calles, callejones, avenidas, calzadas y paseos: reales, burguesas, de medio pelo y una parte de ellas, sin estirpe. No predomina en la ciudad ningún estilo de arquitectura, conviven varios en apacible  tolerancia.

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  • Crónica de un despliegue internacional [*]

    Crónica de un despliegue internacional [*]

    Pedro González Olvera[2]

    Desde el de Porfirio Díaz, los gobiernos mexicanos se han mostrado interesados en los organismos internacionales, en tener presencia y estar en condiciones de hacer valer sus posiciones apegadas al derecho internacional.  Primero fue la integración de México a la Unión Postal Universal (UPI) en 1878. Luego vino la participación de los delegados mexicanos en las conferencias de paz de La Haya de 1899 y 1907[3]. Los dos eventos representan las primeras incursiones mexicanas en el ámbito multilateral.

    Posteriormente, fue en la Sociedad de Naciones en donde se explayó ya con toda claridad la relevancia que México daría a los organismos multilaterales como mecanismos de cooperación y mantenimiento de la paz, así como de desarrollo, difusión y aplicación del derecho internacional.

    Recuérdese que México no estuvo en la lista de países fundadores de la Sociedad de Naciones en 1919, por la abierta negativa de algunas potencias, en particular Estados Unidos e Inglaterra[4]. El argumento usado en la exclusión fue que México carecía de la suficiente gobernabilidad debido a la reciente revolución armada acaecida en el territorio nacional en el periodo 1910-1919, que afectó el desarrollo normal de los procesos democráticos nacionales. Tal vez no les faltaba razón a esas potencias respecto de la situación interna mexicana; pero tampoco hay que olvidar su resentimiento por la actitud del gobierno de Carranza desde que se encontraba al frente del ejército constitucionalistas debido a varios actos contrarios a los intereses del vecino del norte: la decidida exigencia de que las tropas estadunidenses salieran del puerto de Veracruz, invadido en 1914 sin razón válida alguna (atribuida por los invasores a una agresión a marinos norteamericanos por la policía del puerto de Tampico); la declaración de neutralidad mexicana en  la primera guerra mundial, la exigencia de que no se aplicara retroactivamente la Constitución de 1917 y, finalmente, la supuesta germanofilia mexicana durante este conflicto.[5] Lo que sí les hacía falta a estas potencias era autoridad moral en sus censuras, cuando ellas habían estado involucradas en la terrible conflagración de 1914-1918.

    Sea como sea, el hecho real fue la ausencia de México en los trabajos iniciales de ese gran experimento multilateral destinado, decían sus promotores, a garantizar la paz y evitar la repetición de la gran guerra mundial.[6]  Fue hasta el 9 de septiembre de 1931 cuando -a instancias de países como Alemania, Japón, Italia, Francia, Inglaterra y España- se adoptó una resolución invitando a México al Pacto a aportar su colaboración a la Sociedad , teniendo como privilegio que lo hiciera como si hubiese sido invitado desde su origen. [7]

    A partir de entonces, el gobierno mexicano desplegó una gran actividad en el seno de la Sociedad de Naciones, manifestando su gran confianza en ese organismo internacional como el garante adecuado de la paz bajo el uso del derecho. De ahí, su protesta por la invasión japonesa a China, origen de la efímera Manchuria, la invasión italiana a Abisinia (Etiopía) y la anexión de Austria por el régimen nazi de Hitler; y la férrea defensa de la República española,.

    Ulteriormente, obligado por las circunstancias externas a participar en la Segunda Guerra Mundial, México participó con los Aliados y en esta condición intervino activamente en la formación de la nueva organización internacional, antes de la finalización del conflicto. En 1945 presentó iniciativas de conformación de la Organización de Naciones Unidas, como un Proyecto de Constitución de una Unión Permanente de Naciones (en septiembre de 1944, un año previo a la creación de la ONU) y promovió la realización de la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz, conocida como Conferencia de Chapultepec de 1945. 

    Sobre esta última, don Alfonso García Robles señaló que:

    la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz, celebrada en el histórico Castillo de Chapultepec del 21 de febrero al 8 de marzo de 1945, ocupará un lugar destacado en los anales de las Asambleas de los Estados de América, principalmente por los trascendentales instrumentos en ella adoptados para perfeccionar la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas, entre los que merecen sin duda ocupar los dos primeros lugares la Resolución IX sobre ‘Reorganización, Consolidación y Fortalecimiento del Sistema Interamericano’ y el ‘Acuerdo Regional acerca de la Asistencia Recíproca y Solidaridad Americana´ conocido con el nombre de Acta de Chapultepec…la Conferencia de México aportó también una contribución de considerable importancia en lo que se refiere a la organización mundial al aprobar la Resolución XXX ´Sobre Establecimiento de una Organización Internacional General´ basada en las observaciones que le fueron sometidas por quince de las Repúblicas americanas participantes…respecto a las Propuestas de Dumbarton Oaks que posteriormente sirvieron de base a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, efectuada en San Francisco del 25 de abril al 26 de junio de 1945, para la elaboración de la Carta de las Naciones Unidas.[8]

    Desde la fundación de la ONU, México ha estado intensamente preocupado por la codificación del derecho internacional, en especial en torno al desarme, al derecho del mar, la solución pacífica de las controversias, la abstención del uso de la fuerza. Asimismo, otros temas de importante actividad mexicana en las discusiones de la ONU fueron el de la descolonización de las naciones que después de la segunda guerra mundial continuaban con un status de colonias, el del establecimiento de un nuevo orden internacional y la promoción del desarrollo (recuérdese la Carta de Deberes y Deberes de los Estados y la búsqueda del Diálogo Norte Sur), y la fijación e impulso a los derechos humanos[9], entre otros muchos.

    El impulso de México al multilateralismo ha sido continuo, así lo muestra con toda claridad el decidido apoyo, y liderazgo, en la discusión en el foro de Naciones Unidas de cuestiones como el ya mencionado desarme, el cambio climático o las migraciones internacionales. Solo basta recordar los esfuerzos orientados a eliminar del planeta y América Latina las armas nucleares, culminando con el Tratado de Tlatelolco y el Premio Nobel de la Paz a Alfonso García Robles en 1982; el trabajo realizado alrededor del cambio climático queda demostrado plenamente con la realización de la  Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 16) en Cancún, en diciembre de 2010. De ella emanaron los  denominados “Acuerdos de Cancún”[10], un programa de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero legalmente vinculante y un Fondo Verde, integrado con 100 mil millones de dólares anuales, a partir de 2020, como medidas de adaptación y mitigación en países en desarrollo del efecto invernadero, y le ha dado continuidad a sus trabajos intensificando los esfuerzos que lleven al desarrollo mediante un decidido apoyo a la Agenda 2030 u Objetivos de Desarrollo Sustentable.

    El gobierno mexicano fue también un actor interesado y promotor del Pacto Mundial para Una Migración Ordenada, Regular y Segura, aprobado en julio de 2018, con 23 objetivos de una mejor gestión de la migración a nivel local, nacional, regional y global, y de los derechos humanos de los migrantes. El regreso a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP)[11] se suma a esta lista de medidas favorecedoras del multilateralismo mexicano.

    No pasamos por alto hablar del decidido impulso que se le ha dado a la cooperación en el seno de las Naciones Unidas, esfuerzo dirigido a que la comunidad internacional enfrente de manera conjunta y solidaria la catástrofe mundial adjunta a la pandemia del COVID 19. Es uno de los proyectos principales incluidos en la agenda de México, en su nueva aparición en el Consejo de Seguridad como miembro no permanente en el bienio 2021-2022 y en su elección como integrante del ECOSOC durante el trienio 2021-2023.

    En el mismo marco de la ONU, pero en una especie de multilateralismo reducido el Estado mexicano se ha interesado en grupos originados en la ONU pero no dependientes del organismo, que como el MITKA, (México, Indonesia, Turquía, Corea y Australia), encarnan “un espacio informal en el que México participa con tres objetivos fundamentales: fortalecer las relaciones bilaterales y el diálogo político; fomentar proyectos conjuntos de intercambio y cooperación, y llevar a cabo consultas y promover la coordinación en programas globales de interés común —incluidos foros como las Naciones Unidas  y el Grupo de los Veinte (G20)— para contribuir mediante soluciones constructivas a atender los desafíos globales y mejorar la gobernanza mundial.”[12]  O el grupo de Amigos de la ONU dirigido a promover la reforma igualitaria y democrática de la organización.

    En la actualidad, además de sus tareas cotidianas en los distintos órganos de la ONU[13], México es parte del Consejo de Seguridad hasta fines de 2022, en donde empezó a desplegar sus esfuerzos hacia la cooperación que permita intensificar  la ya mencionada lucha en contra la pandemia del coronavirus y la distribución equitativa de las vacunas y medicamentos, incluyendo a los países de escasos recursos. La Misión Permanente de México ante Naciones Unidas enfrenta como retos, además y según la analista Guadalupe González y González, otras seis prioridades en su agenda propia sobre las cuales ya trabaja:

    “velar por el apego de las acciones del Consejo de Seguridad al derecho internacional humanitario y los derechos humanos, revisar los regímenes de sanciones y las acciones contra el terrorismo para dar prioridad al acceso seguro y eficiente a la asistencia humanitaria, promover un enfoque de género en todos los temas del Consejo (y en especial en la protección de los grupos más vulnerables), fortalecer los mecanismos de prevención y solución pacífica de controversias a través de sistemas de alerta temprana y de diplomacia preventiva con participación de organizaciones regionales y sociedad civil, fomentar el desarme nuclear y el control estricto del flujo de armas pequeñas y ligeras, y mejorar la transparencia, la rendición de cuentas y la participación equitativa en los trabajos del Consejo.”[14]

    En opinión de Olga Pellicer (presentada hace cinco años, pero de una vital actualidad), México puede cumplir con sus objetivos en esta nueva participación en el Consejo de Seguridad  si se cumplen un par de requisitos: “aprovechar las oportunidades, variadas y coyunturales que se ofrecen a la acción de los miembros no permanentes durante los dos años que dura su membrecía; se requiere, pues, profesionalismo, imaginación y audacia de quienes tanto desde Nueva York para incidir en la actividad del Consejo.”[15] A nuestro juicio, esas condiciones se cumplen bien por parte de los integrantes de la Misión Permanente de México en la ONU.

    El multilateralismo regional

    Al tiempo que el gobierno de México participaba en la conformación de la Organización de Naciones Unidas, era un activo promotor de la unidad y de faenas multilaterales conjuntas de la Repúblicas americanas, traducidas pocos años después en la creación de la Organización de Estados Americanos (30 de abril de 1948), en donde la presencia mexicana también ha sido permanente y muy activa; incluso,  varias de esas faenas han ido en contra de la voz mayoritaria encabezada desde Estados Unidos.

    No puede pasarse por alto, a pesar del interés de México en la creación de la OEA y de su participación permanente que, como sostiene Olga Pellicer, la política mexicana hacia este organismo regional casi siempre ha sido marcada por la cautela y la desconfianza, de distancia, acorazada en los principios de su política exterior, en posiciones aferradas a cuestiones jurídicas, antes que a los asuntos políticos regionales y mundiales. No podía ser de otro modo. En la OEA es donde más se han dado las discrepancias entre México y Estados Unidos, en su seno se ha probado el derecho a disentir de la política del vecino del norte, manteniendo posiciones firmes en contra de la intervención en asuntos internos de los integrantes de la OEA, acompañado solamente de la soledad o e unos cuantos socios.

    Desde la Revolución cubana ha sido de esta manera, México usando la legalidad internacional, buscando evitar que Estados Unidos y sus acompañantes usasen a la OEA como ariete golpeador de la democracia, como sucedió en la peor época de los golpes de Estado en América Latina, cuando hizo poco o nada para evitarlos y regresar a los militares a sus cuarteles, toda vez que sucedían con la anuencia norteamericana. En el presente, la nueva parcialidad de la OEA significa una organización dividida, ineficiente y carente de legitimidad. Y, por enésima vez, México ha marcado su distancia con la OEA.[16]

    En los días que corren, México de nuevo se encuentra frente a la disyuntiva de cómo enfrentar su presencia en la OEA. Después de las elecciones en Bolivia que culminaron con el golpe de estado en contra de Evo Morales, el gobierno mexicano manifestó su disgusto por el papel poco imparcial del secretario de la OEA, Luis Almagro, quien tuvo un protagonismo excesivo (algo que ya había hecho respecto de la situación en Venezuela), por llamarlo de alguna manera. Estamos ahora ante un franco enfrentamiento entre las dos partes, al grado que nos encontramos con la posición mexicana no sólo de pedir la renuncia del Secretario General sino hasta de pedir la desaparición del organismo regional, o al menos su transformación a fin de  que no sirva más de ariete golpeador a alguna de las naciones americanas. Sin embargo, No hay en el horizonte político muchas posibilidades de que la nueva postura mexicana vaya a tener éxito, pero si es fiel reflejo de lo que señala Olga Pellicer.

    Lo anterior quedó claramente manifiesto con la celebración en México de la VI Cumbre de Jefas y jefes de Estado  y de Gobierno de Gobierno de la CELAC, la cual si bien demostró una buena capacidad de convocatoria del administración del presidente López Obrador, esta no fue suficiente para armar acuerdos políticos importantes (ni siquiera se pudo plantear el tema de la desaparición o la reforma de la OEA), en tanto si fue el foro para que manifestaran una vez más las contradicciones entre la izquierda y la derecha en América Latina.

    La pregunta que queda en el aire es si en verdad México se ha ubicado al frente de un liderazgo latinoamericano o es solamente una situación pasajera, de coyuntura, que desaparecerá con velocidad por las resistencias levantadas por otros gobiernos, no muy conformes por la política mexicana de invitar a los mandatarios de Cuba y Venezuela, ambos criticados por las violaciones a los derechos humanos de los grupos de oposición al interior de sus respectivos países.

    Pero más allá de estas actuales controversias, México, con todos sus bemoles respecto de la OEA, no solamente ha sido sujeto de la actividad multilateral a escala mundial, sino la ha impulsado a escala continental tanto en el organismo americano como y fuera de América, en foros con objetivos menores. Podemos en este campo evocar la Conferencia de Estados Iberoamericanos integrada a partir de una iniciativa de los gobiernos de México y España como

    un mecanismo que no pretende presentar una solución unificada frente a (la) nueva agenda mundial. Iberoamérica no es la instancia donde habrán de solucionarse los problemas mundiales. Sin embargo, si es un espacio regional que cuenta con la capacidad y el derecho de participar en el debate y en la configuración de un nuevo orden, con una voz conjunta que podría perderse si cada uno de los países lo hiciera en forma individual. De esta manera, la Conferencia Iberoamericana viene a complementar las expresiones que se están logrando en otros foros y en otros niveles políticos.[17] 

    En tal sentido, la política multilateral ha sido uno de los más socorridos instrumentos de política exterior en la política exterior de México hacia Latinoamérica. El gobierno mexicano se ha destacado,

    por ser el constructor de una serie de esquemas multilaterales de geometría variable, distinto grado de institucionalidad y variedad temática…De hecho, en las etapas en las que México ha demostrado mayor interés por el escenario latinoamericano, la construcción de mecanismos de concertación multilateral –más o menos exitosos– ha sido una pieza clave. Dicho de otra manera: aunque en el arco del tiempo México ha proyectado un liderazgo errático en América Latina, en general los puntos altos del mismo han estado asociados a la gestación de formaciones multilaterales para la coordinación y la cooperación entre Estados.[18]

    Un paradigma de esta naturaleza, aludido en atención al peso político adquirido en un momento histórico, es el Grupo Contadora, muy eficaz contribuyente a conseguir la paz en Centroamérica en los años convulsos y revolucionarios de las décadas 80 y 90 del siglo XX. El Grupo Contadora derivó en el Grupo de Río, origen, a su vez, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).[19] 

     La idea subyacente en la propuesta mexicana era dar nacimiento a un foro multilateral basado en los principios constitucionales de la política exterior de México y fundar un nuevo modelo de organismo multilateral latinoamericano, sin una secretaría general permanente, ni burocracia, en el que pudieran discutirse ideas sin la presencia e influencia de los Estados Unidos. Lo trascendente era resaltar su plena voluntad política de discutir y actuar de manera conjunta, de frente a la agenda internacional.

    En suma,

    Por sus características, los foros internacionales han sido el escenario ideal para presentar nuestras iniciativas y defender los intereses de México en los más variados campos: el mantenimiento de la paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos. No cabe duda de que México tiene una importante tradición multilateral y su historia es un buen punto de partida para entender esta vocación. México es miembro fundador de los principales foros multilaterales y un país que cree profundamente en sus virtudes.[20]

    No es gratuito que una de las líneas principales de la actividad del actual gobierno mexicano en el campo de la política exterior sea justamente la del multilateralismo. ⌈⊂⌋


    Notas-.

    * Estas notas constituyen una versión ampliada y actualizada de la parte correspondiente contenida en el artículo “Factores fundamentales de la actual política exterior de México”, aparecido en la Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM número 139, enero-abril de 2021. Pp. 69-99.

    [2]Profesor Investigador de la Universidad del Mar, campus Huatulco.

    [3]Sobre este tema vale la pena consultar el libro de Alberto Quiroz Ávila, Los inicios de una política exterior multilateral. México en las Conferencias de Paz de La Haya de 1899-1907, Dirección General del Acervo Histórico Diplomático, SRE, México, 2014, 294 pp.

    [4]Aunque el primer país finalmente no formó parte de la nueva organización internacional

    [5] Sobre este tema puede verse el libro clásico de Friedrich Katz. La guerra secreta en México (Tomo II) México, Ed. Era, 1983, pp. 211-226.

    [6] Hay que señalar, por parte de México, la reticencia del gobierno de don Venustiano Carranza a participar en la Sociedad de Naciones, particularmente por su rechazo al reconocimiento de la Doctrina Monroe dentro de la nueva organización. En su informe de gobierno presentado ante el Congreso el 1 de septiembre de 1919 decía lo siguiente: “Al finalizar la contienda, los Gobiernos de los países aliados se agruparon para construir la Liga de las Naciones, a la que se dijo tendrían acceso, bajo ciertas condiciones, casi todos los Estados, invitándoseles, con exclusión, entre otros, el de México, cuyo Gobierno por su parte no ha hecho ni hará gestión alguna para ingresar en esa Sociedad Internacional, toda vez que las bases que la sustentan no establecen ni en cuanto a su organización, ni en cuanto a su funcionamiento, una perfecta igualdad para todas las naciones y todas las razas, y el Gobierno Mexicano ha proclamado como principios capitales de su política internacional, que todos los Estados del Globo deben tener los mismos derechos y las mismas obligaciones, así como que ningún individuo, dentro del Estado, puede invocar situación o protección privilegiada a título de extranjería o cualquier otro. Como en la Conferencia de Paz de París se trató sobre la aceptación de la Doctrina de Monroe, el Gobierno de México se vio en el caso de declarar públicamente y de notificar oficialmente a los Gobiernos amigos, que México no había reconocido ni reconocía esa doctrina, puesto que ella establece, sin la voluntad de todos los pueblos de América, un criterio y una situación que no se les ha consultado y por los mismo esa doctrina ataca a la soberanía e independencia de México y constituirá sobre todas las naciones de América una tutela forzosa.” Venustiano Carranza, Tercer Informe de Gobierno, 1 de septiembre de 1919, Cámara de Diputados, México, 2006, pp. 136-137. En: http://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/re/RE-ISS-09-06-01.pdf. No es un rechazo a la organización multilateral per. Está su negativa a reconocer como válidas la Doctrina Monroe y la conformación interna de la Sociedad de Naciones que, tal cual lo preveía Carranza, no impidió un nuevo enfrentamiento de las grandes potencias, empeñadas en imponer sus intereses en el nuevo organismo internacional. Véase Fabián Herrera León, “La Sociedad de Naciones y el problema del distanciamiento mexicano: la misión internacional de Julián Nogueira en México, agosto-diciembre de 1923”, en Tzintzun No. 5, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo/Instituto de Investigaciones Históricas, Morelia, ene/jun-dic 2013, pp. 125-153.

    [7]Con lo que no contaban esos países era que la acción de México iba a ser, recurrentemente, en su contra por las continuas violaciones cometidas al derecho internacional.

    [8]Alfonso García Robles, Obras 3. Parte 1. El mundo de la postguerra, El Colegio Nacional, México, 2014, p.175. Los países firmantes de las observaciones contenidas en la Resolución XXX fueron Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

    [9]Véase Claude Heller. Las Relaciones Multilaterales de México, México, El Colegio de México, 2021, Versión electrónica, pp. 20-40. Este libro, de reciente aparición, contiene un excelente compendio de las actividades multilaterales de México desde que empezó a participar en estos organismos.

    [10] Un resumen de la COP 16 celebrada en Cancún y de los Acuerdos de Cancún se encuentra en Socorro Flores Liera, “La cooperación internacional contra el cambio climático. El papel de México en el marco de la COP 16 de Cancún”, Revista Española de Desarrollo y Cooperación No 28, Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, primavera –verano 2011, pp. 145-156

    [11]Anteriormente México había participado en la Comisión de Investigación de la ONU en los Balcanes (ONUSB) 1947-1950, el Grupo de Observadores Militares de las Naciones Unidas en Cachemira (UNMOGIP, 1949),  Ejército y Fuerza Aérea, en la Misión de Observadores de Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL), de febrero de 1992 a marzo de 1993. Y mediante asistencia electoral en Timor Leste en 1999 y en Haití en 2004.

    [12]Héctor Ortega Nieto y Luis Ángel Castañeda Flores, ” MIKTA: ampliar los alcances de la política exterior mexicana”, Revista Mexicana de Política Exterior No. 108, SRE/Instituto Matías Romero, México, septiembre-diciembre de 2016, p. 212

    [13] En la página electrónica de la Misión permanente de México ante la ONU se destacan los siguientes temas prioritarios en su trabajo actual: “Desarme, Paz y Seguridad Internacionales, Paz Sostenible. (En junio de 2016, México creó el Grupo de Amigos de la Paz Sostenible, en el que participan unos 30 estados en Nueva York.  Este nuevo concepto, el de “Paz Sostenible”, vinculación al desarrollo y la paz y seguridad internacionales, desde una perspectiva integral, y no únicamente, en sociedades post conflicto, puede representar un cambio de paradigma para el trabajo de la ONU, porque además de requerir mayor coherencia del sistema, implica enfocarse en la prevención, y no únicamente en la administración de conflictos; Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Combate a la Delincuencia, Derechos Humanos, Minorías y grupos vulnerables, Desarrollo Sostenible, Desarrollo Económico y Social, Derecho Internacional”. En https://mision.sre.gob.mx/onu/index.php/meo/temas-prioritarios

    [14]Guadalupe González González, “¿Qué esperar del rol de México en el Consejo de Seguridad de la ONU?”, Nueva Sociedad, Noviembre de 2020, en https://nuso.org/articulo/que-esperar-del-rol-de-mexico-en-el-consejo-de-seguridad-de-la-onu/

    [15] Olga Pellicer, “La pertenencia de México en al Consejo de Seguridad, ¿Una meta relevante?”, Guadalupe González G. Olga Pellicer, Natalia Saltalamachia (Editoras), México y el multilateralismo del siglo XXI,  México, ITAM, Siglo XXI Ed,, Senado de la República,  2016, p. 50

    [16] Véase Olga Pellicer, “La OEA a los 50 años; ¿hacia su fortalecimiento?”, Revista Mexicana de Política Exterior, junio-septiembre de 1998, Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos, SRE, pp. 19-36.

    [17] Jorge Chen, “La Conferencia Iberoamericana: retos y perspectivas” en Lilia Bermúdez y Guadalupe González (Editoras), La Primera Cumbre Iberoamericana. Balance y Perspectivas. CIDE, México, 1993, p.237.

    [18] Natalia Zaltalamachia, ” Las virtudes de jugar en equipo: El multilateralismo latinoamericano y hemisférico en la política exterior de México”, Pensamiento Propio 33. Coordinadora de Regional de Investigaciones Económicas y Sociales, Nicaragua, junio de 2011, p. 68 En: http://www.cries.org/wp-content/uploads/2013/07/PP33-web-25-061.pdf

    [19] “En el año 2008, el Gobierno de México expresó su interés por conformar una Unión Latinoamericana y del Caribe (ULC) y lo ratificó en el año 2009. Dicha propuesta parte de que el Grupo de Río sirva de base para la constitución de la nueva organización regional. Los principios que orientarían las acciones de la ULC, siguiendo lo establecido en la Declaración de Salvador de Bahía son: solidaridad, flexibilidad, pluralidad, diversidad, complementariedad de acciones, participación voluntaria en las iniciativas. Además, se enmarcaría en la búsqueda de un desarrollo regional integrado, no excluyente y equitativo. De igual manera, en la formación de un orden internacional más justo, equitativo y armónico; así como del aseguramiento de la igualdad soberana de los Estados, del respeto a la integridad territorial y a la no intervención. Todo esto englobado en la promoción de la democracia, los derechos humanos, la transparencia y la representatividad. Como premisas generales de la Unión Latinoamericana y Caribeña proponían que la nueva instancia: a) no genere burocracias adicionales; b) defina una agenda propia; c) no duplique esfuerzos; d) no se conciba como un mecanismo excluyente sino complementario de otros foros; e) alta flexibilidad; f) bajo las reglas del consenso (no objeción); y, g) autonomía e independencia.” Francisco Rojas Aravena, “Potencialidades y desafíos de la CELAC en el contexto de un nuevo regionalismo”, Pensamiento Propio 33, Coordinadora de Regional de Investigaciones Económicas y Sociales, Nicaragua, j junio de 2011, pp. 217-236. En: http://www.cries.org/wp-content/uploads/2013/07/PP33-web-25-061.pdf.

    [20] Miguel Ruiz Cabañas Izquierdo y María Paulina Rivera Chávez, “En defensa del multilateralismo”. Revista Mexicana de Política Exterior, No. 110, SRE/Instituto Matías Romero, México, mayo-agosto 2017, p. 10.

  • La aureola de Souto Albarce

    La aureola de Souto Albarce

    Vicente Francisco Torres (UAM-A)

    Sentida remembranza del académico universitario Arturo Souto Alabarce (Madrid, 1930-Ciudad de México, 2013), de quien el autor exhibe tanto sus métodos de trabajo como su calidad humana.

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    La colección Vindictas de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM es el tema de esta reseña sobre poetas latinoamericanas con referentes remotos, pero vigentes hoy entre la creciente exigencia de una equidad de Género.

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