Blog

  • Los despertares del Popocatépetl

    Los despertares del Popocatépetl

    Mario Alberto Serrano

    El 6 de diciembre de 1921 los regiomontanos quedaron de una pieza con el encabezado que El Porvenir “El periódico de la frontera”, tiraba a ocho columnas: “Después de un reposo de siglos el Popocatépetl tendrá pronto una fuerte y violenta erupción”.

    Dos años antes, en 1919 el segundo volcán más grande de México comenzó su actividad después de al menos un siglo de calma. La “tranquilidad” de un coloso que parece una montaña muerta es una de las razones por las cuales, durante el siglo XIX el Valle de México pudo desarrollar una industria variopinta en la que igual cabe la introducción del Ferrocarril Interoceánico y el inicio del comercio intensivo de helados en la ciudad de México. Desde luego, si en esos ayeres se hubieran dado explosiones grandilocuentes, lava salpicando la oscuridad y otro tipo de imágenes apocalípticas, quizá también hubiera prosperado la fotografía y la industria de la información, pero ya sabemos que todo y nada pudo suceder, pero eso nunca lo sabremos.

    Como sea, en 1919 el Popo “despertó” y en las comunidades que existen alrededor de su cono existe una tradición oral que se va repitiendo de vez en cuando, pero aumenta en épocas de crisis y cenizas. “En tiempos de la Revolución” un personaje que a veces es un rico, un avaro, un español o inclusive en pocas palabras un pendejo, colocó poco más de 150 cartuchos de dinamita en el cráter y los explotó con toda intención. Tras la horrible sacudida, es de comprender, el Popo despertó con furia, vomitando ceniza y fuego sobre pueblos y habitantes como una forma de castigo o ya francamente, de hacerse presente en su tierra y decir que estaba más vivo que nunca.  

    Para beneficio de esta crónica, la historia oral no es tan desacertada, incluso podemos ponerle nombre y fechas. Desde 1854 el general jalisciense Gaspar Sánchez Ochoa se ostentaba como “dueño” del Popocatépetl en virtud de una concesión que obtuvo de Santa Anna, “su alteza serenísima, general presidente” para explotar el azufre y nieves de la montaña en completa exclusividad. La historia de esta “propiedad” merece un capítulo entero por sus altibajos y obstinación, pero aquí cabe señalar que efectivamente, hacia 1919, Sánchez tuvo la mala idea de colocar dinamita en algunas partes de la pared del cráter para acelerar el próspero negocio de azufre que por otro lado, tras la 1 Guerra Mundial comenzaba a tener muchos competidores en otros países donde otros “dueños” de los volcanes hacían lo propio. Eventualmente, la explosión dañó al domo, una suerte de lava semi fría que bloquea el cráter, lo que aceleró la actividad después del plácido letargo que el coloso tuvo, como ya se dijo antes, durante el larguísimo siglo XIX.

    ¡El Popo en erupción! ¡El Popo ha despertado! Dar una noticia de ese calibre se trataba, cómo podemos imaginar, de una nota espectacular para un periódico de provincias, pero a la distancia, de un evento inimaginable para los lectores de hace cien años porque en su pasado inmediato no había ninguna referencia o recuerdo de algo parecido. Desde luego, en 1883 sucedió la mortífera erupción del volcán indonesio Krakatoa, pero en una época sin medios de comunicación globales la noticia apenas tuvo ligeras menciones en México.

    De manera que nuestro Popocatépetl “despertó” con una furia considerable a fines de 1919 dando paso a una serie de noticias y reportajes de tan sensacional acontecimiento. De principio se registraron las tremendas lluvias de ceniza y fumarolas grises como borbotones de piedra pulverizada que azotaron a los pueblos de la comarca. Pero en esa misma distancia noticiosa, no fueron los periódicos del centro del país los más preocupados sino los del interior. Al gobernador de Sinaloa, por ejemplo, se le comunicó en enero de 1920 en una ficha de alta urgencia que el Popocatépetl había arrojado tal cantidad de ceniza que su cono estaba deformado y “numerosos caminos han desaparecido quedando en su lugar barrancos y lodazales siendo imposible aventurarse por ellos”. Otros medios en cambio dieron por arrojar leña a la chacota. El Periódico Oficial del Estado de Morelos, por ejemplo, argumentaba lo ineludible que era acabar con Zapata y sus huestes, que probablemente se refugiaban en el mismo Popocatépetl provocando por esa presencia incomodísima la lluvia de lava y rugidos infernales.

    Como fuere, a finales de abril de 1921, el gobierno del presidente Obregón comenzó a tomar en sus manos el asunto y dispuso una constante observación del volcán desde la Estación Meteorológica de Tacubaya, pero en una época sin los dispositivos tecnológicos digitales, no había de otra que organizar ascensos al Popo para observar de viva mano lo que ahí sucedía.

    Francisco de León tuvo en su haber diversos trabajos que el gobierno porfirista y luego el revolucionario le encomendó para hacer mediciones y análisis. No era un tiempo de abundancia de geólogos y las facciones siguieron dándole su lugar como el primer especialista del ramo. A De León pues, le correspondió ascender al cráter en plena actividad para constatar que efectivamente arrojaba ceniza en grandes proporciones e inclusive piedras de gran tamaño, pero dictaminó que no había ninguna certeza de que eso significara una erupción inminente. De una y muchas maneras, lo mismo hoy que hace más de cien años, la idea que se tiene de la ciencia es como de una forma suprema de la predicción y los gobiernos pretenderían que un científico sea capaz de decir cuándo sucederán los fenómenos naturales.

    De León tranquilizó los ánimos en abril, pero entre mayo y septiembre de ese 1921, las cosas fueron cambiando con el volcán porque además de incrementar la cantidad de ceniza y gases, se reportaron “roncos truenos subterráneos”.

    El “viejo volcán” antes de 1921 representaba una maravilla imponente digna de ser dominada por el ser humano a través de expresiones culturales, deportivas o empresariales como el próspero negocio de Sánchez Ochoa, los poemas de José María Roa Bárcena o las fotografías de Hugo Brehme. La verdad es que al volcán se le menospreció según la idea imperante del progreso positivista como un objeto, impresionante desde luego, pero que por eso mismo debía ser puesto bajo las órdenes de la humanidad.

    Previo a su gran despertar al Popo se le rindió homenaje en un variado catálogo de poemas, rimas, crónicas y textos entre los que destaca por su fama el “Idilio de los Volcanes” de José Santos Chocano, poema que resucitó la leyenda de los volcanes convirtiéndose en un hit de fines de siglo que alimentó por no decir, educó, sentimentalmente a los mexicanos con el volcán. A partir de la famosa leyenda del guerrero prehispánico que es timado por el suegro odioso y que al regresar del combate tiene que soportar estoicamente ver a su amada muerta y terminan ambos convertidos en imponentes montañas, seguirá un verdadero torrente de alabanzas, elogios, semblanzas y malas copias de la leyenda. En todas las descripciones domina un estilo romántico y muchas veces cursi propio de la época. El gran periodista, escritor y editor católico don Victoriano Agüeros por ejemplo, no se cansó de escribir alabanzas a la “cándida nieve” del coloso, que en su pluma parece un dócil pastor de juguetonas nubecillas corriendo por los cielos.

    Los periódicos sobre todo le dieron flama a las grandilocuencias inaugurando una solución de mesa de redacción que hasta hoy funciona: si no hay nota, habla del Popo. Pero a veces con un dudoso estilo. El Popo decimonónico, por decir un par de perlas negras, es ni más ni menos una mutación del mismo don Porfirio, o bien Huitzilopochtli, Atlas, o como escribiera el licenciado Rafael López en pleno furor de las fiestas del Centenario en 1910: “las invencibles torres de Dios”, los “pilares que sostienen las espléndidas techumbres de los cielos”.

    Hasta 1921 pues, el Popo era como el venerable abuelo protector del Valle de México que había recibido a todo tipo de visitantes propios y extraños, pero de pronto, sin que nadie lo entendiera cabalmente, rompía su carácter bonachón para convertirse en un monstruo que salpicaba fuego, gases horribles y nubarrones de ceniza.

    De ahí que después de lo que podríamos considerar “la falla” predictiva de Francisco de León, en 1921 subió hasta el “abra” (cráter) del volcán, el italiano Imanuel Prielandael: “desde el cráter se nota a simple vista un notable fuego interior… y cuando los vapores coronan el cono se ven resplandores rojizos”, dictaminó; meses después el australiano George Hayde fue comisionado por el gobierno para hacer un estudio serio y científico de la reciente actividad.

    Hayde, por cierto, bajó al cráter en plena actividad usando una flamante máscara inspirada en las que recién se habían usado en la Primera Guerra Mundial, pero los densos vapores y la ceniza hicieron que se desmayara en pleno descenso y sus acompañantes, porteadores y guías indígenas de los pueblos bajo el volcán, apenas lograron sacarlo con vida. Eso sucedió el 13 de diciembre de 1921. Cuatro días después, la prensa satirizaba que el flamante australiano simplemente no acababa de enviar ningún reporte al gobierno.

    Fuera de ese malinchismo en cuanto a los científicos se refiere, las noticias de hace cien años nunca pararon en tomarle parecer a los pobladores, “los pelados”, “la indiada” o ya de perdida los “vecinos de la montaña” como los llama El Porvenir, nunca fueron entrevistados ni por asomo, lo cual es una desgracia para los que rascamos la memoria. Sin embargo, en los dos o tres casos que sí lo hicieron, los habitantes de la Región alzaban los hombros y decían que pues sí, en la noche se veía un resplandor rojo saliendo del volcán; que sí, echaba mucha humareda, que sí, pero sobre todo, qué cuál era el problema.

    Usaré ese testimonio único para ir cerrando esta memoria. Las personas que vivimos a la sombra del Popo, hemos heredado una convivencia con el volcán tan íntima y cotidiana que de algún modo nos ha inoculado contra las fantasías y fines del mundo que encienden las alarmas entre los que viven fuera. Puede ser desde luego una forma de consuelo, pero en lo personal siempre que me preguntan qué se siente vivir tan cerca del Popo, o cómo han sido los días llenos de ceniza, o si tenemos miedo, la verdad es que no tengo las respuestas que quisiera, ni siquiera para mí mismo.

    En 2001 cuando la actividad fue tan grande que se planteó la posibilidad de evacuar no solo a los pueblos más cercanos al cono (Santiago Xalixintla, Puebla, por antonomasia) sino los que están en el radio de veinte kilómetros del cráter como el pueblo de mi niñez, el tiempo fue de estupefacción. ¿Cómo?, ¿el Popo en serio va a tronar? Recuerdo una imagen. Era la feria del pueblo y se estaba organizando por primera vez un magno desfile de todos los estandartes, es decir, de todas las organizaciones que participan en la festividad. El día fijado, a las cuatro de la tarde, los grupos y su estandarte debían congregarse en la entrada del pueblo para comenzar el desfile y justo a esa hora vino una explosión que literalmente cimbró los suelos y puso por encima de dos mil metros una nube negra que parecía anunciar el fin del milenio. Los grupos dudaron, claro que dudaron. ¿Será prudente continuar?, ¿no será mejor ir a casa y alejarnos del monstruo? Pero luego muchos, casi todos, la mayoría aplastante, siguió a su punto de encuentro y el desfile se hizo efectivamente, grandilocuente y bello. Eso fue el día lunes. El jueves, el “castillo”, los fuegos pirotécnicos que tanto gustan por aquí, colocaron una novedad divertida, justa y a su modo inolvidable: en una estructura se veía la silueta cónica del Popo. A una indicación del maestro pirotécnico la mecha encendió un artilugio que hacía ver que “salpicaba” lava del pequeño volcán homenajeado. “Protege a tu pueblo” se invocó en la cabecera del “castillo” principal. Para febrero, ciertamente, el semáforo de alerta volcánica regresó al sempiterno color amarillo y su fase dos que para ser sinceros, por aquí no dice nada.

    Esta convivencia es más larga y anecdótica de lo que quisiera. A la postre, la modernidad también tendrá que dar paso a su peculiar manera de neo costumbrismo. Quisiera cerrar con otra frase muy típica de estos pueblos, aceptando que la primera frase es que, si nos preguntan algo sobre el miedo no diremos nada. La frase en cuestión es “mejor que eche humo, que respire a que se tape”. Entonces, ¿no le da miedo que eche ceniza? Miedo lo que se dice miedo, no, además, es mejor que respire, malo cuando ya no saque nada. Me dice una señora que vende fruta en la plaza de Amecameca. Quizá ya nos hemos acostumbrado efectivamente. Quizá solo nos engañamos para hacer de tripas corazón. Mientras tanto, puedo confesarlo, tengo lista la cámara para que dentro de cien años nuestros bisnietos tengan mucho material con que seguir documentando los despertares del gran Popocatépetl. ⌈⊂⌋

  • Crónica de un corazón excelso

    Crónica de un corazón excelso

    Rosa Núñez Pacheco

    A la memoria de mi padre

    El 14 de julio de 2020, la mitad de mi mundo se paralizó. Del lado derecho, las cosas seguían funcionando casi con normalidad; pero del lado izquierdo nada se movía, excepto el corazón de mi padre, que no dejaba de palpitar. Lo encontré postrado sobre el piso con el llanto incesante de mi madre y los vanos intentos de mi hermano por reanimarlo. Sus vitales ochentaiocho años se desvanecieron en segundos a causa de un ictus. De inmediato lo trasladamos al hospital del seguro social más cercano. Cuando llegamos encontramos mucha gente habiendo cola a la espera que les hagan el descarte del corona virus. Hasta ese momento, la pandemia había significado para mí casi lo mismo que para la mayoría de la gente: una mascarilla que no solo encubría más de la mitad del rostro, sino un largo silencio que se alimentaba de ansiedad.

     El personal de salud había acondicionado dos carpas fuera del edificio principal.  Por la emergencia en que nos encontramos nos facilitaron una silla de ruedas, pero nada más. Había que esperar la atención del médico de turno. Uno de ellos, el más joven, al ver la situación crítica de mi padre me aconsejó que lo llevara directamente a otro hospital del seguro, uno que tuviera los servicios completos de neurología. Lo que más bien no podían proporcionarnos era una ambulancia, porque estas estaban destinadas exclusivamente para el traslado de pacientes Covid-19, y mi padre no lo era a menos que la prueba dijera lo contrario. Desde marzo que fue decretada la emergencia sanitaria en Perú, el virus ya había cobrado miles de vidas de mis compatriotas, pero mi familia estaba intacta, acatando todas las recomendaciones para evitar el contagio, más aún cuando ya para ese entonces Arequipa se estaba convirtiendo en el epicentro nacional de la pandemia.

    “Saldrá negativo”, les dije confiada a los médicos; pero igual consentí que le hicieran la prueba solo para que así pudieran trasladarlo a otro hospital en la ambulancia.  El resultado salió casi de inmediato. Era positivo.  “No puede ser, nunca ha tenido síntomas”, les increpé en medio de mi angustia mientras sentí que el metro y medio de distancia obligatoria se acrecentó a cien metros cuando me hablaban mientras yo seguía aferrada a su silla de ruedas. Insistí mucho para que lo trasladaron al hospital de Yanahuara, y solo a mí, al final, me permitieron que lo acompañara. El trayecto fue desolador. Tenía a mi padre metido en una cápsula de polietileno transparente que funcionaba como una burbuja protectora. Por las ventanillas de la ambulancia vi las calles desiertas de la ciudad, parecía que la gente desde sus casas también se alejaban de nosotros.

    Al llegar al hospital de referencia no ingresamos por la puerta de emergencia, sino por otra, paradójicamente llamada la de no emergencia, que nos condujo hasta el llamado módulo Covid. Vi el letrero estremecedor a la entrada. Alrededor había muchos ancianos conectados a balones verdes de oxígeno como un bosque con árboles podados del futuro. En mi pecho sentí que todos esos balones me habían robado el aire que esos momentos necesitaba para respirar como antes. Luego de media hora recién abrieron la puerta del vehículo y el técnico me dijo que lo iban a trasladar a otro hospital mayor, el que estaba destinado exclusivamente para la enfermedad. Me opuse de inmediato. Había escuchado que quienes ingresaban ahí tenían pocas posibilidades de salir con vida. Otra vez me enfrenté con los médicos, y otra vez un médico joven consintió en que mi padre se quedara. Los consultorios de ese módulo estaban con pacientes en el pasillo y ahí teníamos que esperar.

    A mi padre lo destinaron adonde enviaban a los pacientes más graves. Lo postraron en otra camilla. Cuántos cuerpos habían estado ahí antes, me preguntaba dándome apenas cuenta que yo solo llevaba una simple mascarilla quirúrgica y que no tenía ningún traje protector más que el buzo con que salí volando cuando recibí la llamada de mi hermano. Las enfermeras lo conectaron de inmediato al monitor de signos vitales. Su temperatura, ritmo cardíaco y saturación de oxígeno eran normales. Eso me dio cierto alivio en medio de la incertidumbre, pero había que esperar al médico especialista. Al cabo de media hora se acercó un técnico y al ver la saturación constante de mi padre me dijo que no podía seguir ahí, que debía estar sentado en esas sillas del pasillo. “Pero si no puede moverse, tiene ACV”, le increpé. Me miró desconcertado. “Es que aquí ponemos a los que están a punto de morir”, me dijo bajando la vista. Comprendí que era su trabajo. Por fortuna, la otra camilla contigua a la del consultorio donde nos encontrábamos estaba vacía. Le pregunté si podía usarla, asintió y me ayudó a trasladarlo. Luego se fue. Yo seguía pegada al borde de la nueva camilla de mi padre creyendo insulsamente que de pronto la mitad de su cuerpo recuperaría sus movimientos. A los quince minutos fue ingresado otro paciente de unos cincuenta años. Nunca en mi vida había escuchado respirar a alguien así. Era un ahogo terrible. Lo postraron boca abajo y a él sí de inmediato le pusieron oxígeno. Su esposa y su hija estaban a su lado y no dejaban de llorar; solo lo hicieron en la madrugada cuando el hombre fue bajando el ritmo de esa respiración. El hombre había muerto frente a ellas, y quizá ellas pensaban que más bien ya estaba respirando mejor. Cuando se percataron que no era así comenzaron a gritar viendo cómo los sanitarios cubrían el cuerpo. Lo retiraron de inmediato. A cinco metros de ahí fui testigo de esa muerte tan cerca de mí, y horas más tarde y días después fui testigo de otros cuerpos envueltos en bolsas negras que sacaban del hospital.

    Doce horas después, recién vino la neuróloga, quien al ver la tomografía confirmó un accidente cerebro vascular isquémico. Dado que no presentaba algún problema respiratorio dijo que podía hacer el tratamiento en casa a partir del día siguiente, y la terapia física le podrían hacer cuando acabe la cuarentena. Para ellos ninguna enfermedad era peor que la covid-19. ¿Por qué la llamaron así y no covid-20, que correspondía a este 2020, el año de la rata? ¿Vendrá otra peor? ¿Saldremos de esta guerra? Para no caer rendida de sueño, me conecté mentalmente a mi respirador artificial que era la literatura y así pasé cavilando la segunda noche en ese módulo. En la madrugada pregunté si a mí también me podrían descartar el virus. Me dijeron que no había pruebas suficientes, que era para los casos de emergencia. No bastaron esas dos noches rodeada de pacientes con la enfermedad respirando su mismo aire, su miedo a empeorar y ser parte de la cifra oficial de muertos. A lo sumo me dieron una medicina preventiva.

    Han transcurrido tres meses desde que ingresamos con mi padre por esa puerta de no emergencia y salimos tres días después. Ahora lo sigo viendo ahí en la silla de ruedas frente a la ventana que da a la calle mientras escribo este fin de semana, que es cuando vengo a cuidarlo desde mi otra casa. El silencio se impone y me invaden las palabras. Intento canalizarlas para impedir que se vayan al orden imaginario lacaniano, que es como un paso a la locura. Por eso escribo esta historia desde el confinamiento familiar. Cuando recuerdo esos días, pienso que estuve en el corazón de la guerra. Los cuervos varias veces picotearon mis sueños. La muerte tan cerca de mí.

    Mi padre afortunadamente sigue respirando, pero la mitad de su cuerpo sigue inmovilizado. A veces también su memoria se nubla y no me reconoce. Sigue una rutina diaria con pocas variaciones, de la camilla hospitalaria a la silla de ruedas y de ahí otra vez a su lecho; en medio de todo ello recibe la terapia física que le hacen en casa y las consultas remotas a los médicos y enfermeras. En su habitación hay un pequeño cuadro de un barco de guerra. Mi padre es el capitán. Él sigue ahí combatiendo día a día, atravesando los mares tumultuosos de Neptuno, saliendo victorioso de zozobras y tormentas, conduciendo con valentía su barco sin dar tregua al enemigo. ⌈⊂⌋

  • El primer amor

    El primer amor

    Felipe Sánchez Reyes

    El primer amor se cruza en tu camino y no te percatas de ello, sino hasta más tarde, después de otras experiencias amorosas. El primer amor jamás pasa al olvido, permanece grabado en una parte minúscula de tu corazón y de tu memoria. El primer amor resulta imborrable.

    Ese año yo tenía ocho años, cursaba el tercer grado y me situaba en el segundo salón de la única primaria de mi pueblo. A ella acudían niños descalzos o con huaraches de las poblaciones aledañas, cuyo trayecto duraba una hora de camino para asistir a clases y otra de regreso. La antigua escuela, vista por la calle de afuera, era una pared larga con dos ventanales para filtrar la luz y el aire matinal; al centro, el portón de madera por la que todos ingresábamos antes de las ocho de la mañana para formarnos en hileras, por grupos en el patio; luego continuaba la pared con cuatro ventanales hasta colindar con los terrenos de caña de tía María.

    Vista por dentro, desde el patio escolar, estaba compuesta por una puerta de madera rústica, de mezquite sin pintar; un portón por donde ingresábamos y salíamos, donde se filtraba la luz del día y nos resguardaba del intenso sol; y dos puertas más. En total, tres grandes puertas con seis ventanales que resguardaban tres salones contiguos de adobe, cubiertos con cal.

    En todos ellos se colocaban al frente, al costado izquierdo, la mesa del profesor junto a la puerta y enseguida el pizarrón de cemento fino, pintado de negro; y al centro, tres filas, cada una con diez pupitres o mesabancos para dos personas: arriba con una ranura en la parte externa, para colocar el lápiz; y, abajo, una cavidad para introducir nuestros útiles escolares. En el primer salón se impartían los cursos de primero y segundo grados; en el otro, los de tercero y cuarto; y en el último, los de quinto y sexto.

    La escuela tenía un enorme patio, donde todos los niños jugábamos durante el recreo. Éste colindaba, por fuera, con una calle larga, aplanada, donde se efectuaban las carreras de caballo en las festividades: una punta llevaba hasta la casa de Pablo Cariño y la otra, al río y al Barrio de San Rafael; y, por dentro, con los terrenos de caña de tío Chote Cordero y tía María Reyes. Junto al de ésta había un mezquite enorme, viejo, cuyas ramas llegaban a la azotea de la escuela, por las cuales subíamos, bajábamos y recibíamos regaños de maestros y familiares: “¡Bájate, escuincle, que te vas a caer! ¡Si te caes, te rompes la madre! ¡Vas a ver, te voy a acusar con la María!”. En ese patio, los lunes por la mañana, antes de ingresar al salón, hacíamos los honores a la bandera y cantábamos el himno nacional; y en las festividades escolares: concursos de declamación y oratoria, los ensayos y bailes de niños.

    En tercer grado yo me sentaba con mi primo Cheo en la tercera banca, de la fila de en medio del salón, frente al maestro. Estábamos concentrados, realizando en las hojas rayadas de nuestro cuaderno, los ejercicios de multiplicación que anotó el profesor en el pizarrón. Cuando de repente empezó a rodar de mano en mano entre los compañeros de nuestra hilera una pequeña nota doblada, a la que no di importancia, pues ya antes habían circulado otras solicitando la difícil tarea.

    De pronto, sentí el golpe ligero del codo de mi primo en mi costado izquierdo: “Te envían esto”. Lo tomé, guardé y seguí concentrado en los ejercicios, bajo la mirada escrutadora del maestro, amigo de mi abuelita, la maestra. Luego sentí otro codazo en el mismo sitio y su cuchicheo: -“¡Que lo abras y lo leas!”. –“¿Qué dices? –“Me dijeron las dos chicas de la fila junto a la ventana que lo abras y lo leas”. –“Ah, ya te entendí”. Abrí la hoja doblada con nueve palabras escritas sobre unas líneas con errores de ortografía, sin mostrársela a mi primo, la leí y me la guardé en el bolso trasero del pantalón: “¿Nos vemos en el recreo? Quiero platicar contigo. Adela”. –“Qué dice, mano”. –“Que les pase las respuestas de matemáticas”.

                Al salir al recreo, me fui con mis amigos a jugar, nos divertimos y me olvidé de la cita. Regresamos al aula pero, como pasó otro primo a resolver el problema de matemáticas en el pizarrón y su respuesta no coincidió con el resultado correcto, el maestro se molestó con todo el grupo, nos puso nueva tarea y nos acechaba con su férrea mirada. Nuevamente sentí otro golpe, bajé la mirada y, sin ser visto, debajo de la mesa me entregó en mano mi primo el segundo mensaje: “Me gustas mucho. ¿Quieres ser mi novio? ¡Tu enamorada!”.

    Volteé a mirar hacia el lugar de las dos que cuchicheaban, se reían, mientras ella me miraba con sus ojos radiantes, el profesor interceptó su mirada y la castigó por distraerse y no avanzar en su tarea. Por la tarea y concentración con que la realizábamos, el tiempo se fugó por el ventanal, se fue a pasear a la calle, a mirar las faldas y piernas de las chicas y regresó cuando sonó el silbato, para terminar la clase. Anotamos la tarea del pizarrón, cerramos los cuadernos, tomamos nuestras cosas y salimos corriendo por el portón abierto a la calle, para jugar canicas.

    Cuando estaba tirando mi canica contra la del otro, pasó ella con su hermana. La miré de reojo, me detuve mirándola y me hice el tonto: -“Qué tanto la miras, te toca tirar la canica”, me dijo el otro. Ella siguió caminando con su hermana mayor -iba en quinto y era novia de mi primo Guillermo-, mirando hacia atrás, mientras la otra la jalaba del brazo para que no se detuviera y caminara más aprisa.

                Al otro día, mis compañeros me empezaron a bromear, a burlarse de mí y a apodarme como a ella: “la Chicharrita”. Antes de salir nuevamente al descanso, me envió otro mensaje con mi primo: “Te espero en el mezquite. Te traje un dulce para que nos lo comamos juntos. Tu novia”. Al salir, los otros andaban conmigo y en cuanto la vieron sola en el árbol, me empujaron entre bromas y risas, me llevaron y me plantaron frente a ella.

    Entonces sus amigas, al verla rodeada de nosotros, llegaron, se apostaron a su lado para defenderla y enterarse del chisme. Yo me concreté a estirar mi mano, saludarla sin mirarla a los ojos y a marcharme corriendo, bajo las frases y risas burlonas de mis compañeros: “¡collón, le tienes miedo!, ¡no seas marica!, ¡si no está tan fea!, ¡si no te gusta, préstamela un ratito!”. Atrás quedaron sus voces y burlas, me escabullí como alma que lleva el diablo entre los grupos de chicos que jugaban y me fui a esconder a otro salón, para que no dieran conmigo. Mientras, ella se quedó triste entre sus compañeras que la elogiaban por enfrentar de una vez a su chico.

    Terminó el descanso, tornamos al salón, yo seguía cohibido con ella y Cheo, con su experiencia de noviazgos, me aconsejaba y consolaba. Regresó el maestro, anotó en el pizarrón el ejercicio de caligrafía que repetiríamos en nuestros cuadernos. Yo ya iba a la mitad de la hoja, cuando arribó otro mensaje, el último que recibí a esa edad, en ese curso: “¡Ya no eres mi novio! ¡Regrésame mis mensajes! ¡Te detesto por miedoso y collón! ¡¡Tu ex novia!!”.

    Cuando terminó la clase, la esperé en la salida de la puerta para explicarle mi reacción y decirle que ella también me gustaba y que deseaba ser su novio. Pero la vi salir sin percatarse de mi presencia, del brazo de su hermana que traspasaba el portón, y caminaban aprisa las dos figuras esbeltas.

    En la lejanía distinguí las dos cabelleras largas y sus faldas de holán que se movían de un lado a otro, los zapatos con tobilleras que se perdieron en la primera esquina. Yo me quedé allí parado, perplejo. Luego reaccioné, tomé mi mochila y, cuando llegué a la esquina por donde desaparecieron, sólo vi el espejismo de sus faldas y la huella de sus pisadas que se perdieron a lo lejos en las reverberaciones del sol ardiente entre el polvo y las piedras. Entonces me dirigí triste a mi casa.

    Al día siguiente llevé mi mejor atuendo a la escuela. Llegué ilusionado para ver su pequeña figura, su rostro alegre, sus ojos de miel y labios rojos. Me cansé de esperarla en el aula, mas nunca regresó, porque la tarde anterior llegó su papá en su coche y se la llevó con su familia a la ciudad. A la semana posterior regresó con un camión de carga y transportó todas sus pertenencias. Desde entonces acudí y la esperé durante cinco años en cada festividad patronal del pueblo, para declararle mi amor y solicitarle que fuera mi novia, pero jamás volvió. En seguida le pregunté a mi primo Guillermo por el paradero de su novia, la hermana de ella, pero no me dio razón.

    Pregunté por ti a mis amigas, te busqué en el rocío de esa mañana, en los caminos trillados que llevan a tu casa, en el quiosco del pueblo, lleno de tus voces y pisadas, en el viento de los cerros para que me trajeran tus palabras olvidadas, en el cántico melodioso del cenzontle, en el agua cristalina del río, en las ramas y follaje del sauce llorón, en los botones del rosal, mas no te hallé. Me marché a la ciudad y pregunté por ti a otras personas, tampoco di contigo. La única vez que retornaste, fue para enterrar a tu abuelito, pero, para mi mala suerte, me enteré por Cheo ya tardé.

    Contigo descubrí el primer dardo de Eros que entró sangrante en mi pecho, antes de escribirme y de buscarte. Contigo conocí el sabor amargo del alimento y la fruta. Contigo mis primeras lágrimas tibias descendieron lentas por mi mejilla, cual fino hilo de agua en la piedra. Contigo te llevaste el amanecer de mis días infantiles y mis horas fueron tristes, después de tu partida. Estaba escrito en nuestros destinos que no volveríamos a encontrarnos, pues el tiempo y la distancia mataron nuestro amor.

     Desde entonces, tú te quedaste grabada y palpitando en una parte de mi corazón. Tu amor se derrumbó, como nuestra vieja escuela de paredones de adobe en el temblor del ochenta y cinco, como la vida de nuestros maestros ya desaparecidos, como el añejo mezquite de la escuela, destrozado a punta de hachazos para leña del fogón, como nuestros abuelitos ya muertos. ¡Cierto, ya no podré oírte, pero sí mirarte, mientras la vida no borre los trazos delicados de tus letras en la hoja ante mis ojos, resonarás en mis sueños! Yo dejé el pueblo con las calles llenas de tu fantasma. Como tú, a mí también me llevaron a la ciudad y hasta ahora regresé a buscarte en la memoria, en aquel salón deshecho y renovado de la vieja escuela, en este fin de cursos.

    Por eso te afirmo que el amor radica en nuestro corazón y en los sueños de hilo de plata, que enhebramos en puntos finos, para atraer al ser amado. A veces, sueño que tú regresas por el mismo camino en que te fuiste, que corres a mi lado, me tomas de la mano con tu flor de la esperanza, pero ahora yo te busco el rostro radiante, los ojos de miel, labios rojos y te beso.

    Ahora puedo afirmarte que el amor de la infancia huele a flor fragante, envuelve al mundo y lo convierte en arcoíris, silba en los cánticos de las aves y vuela en sus alas en pos del otro. Desde entonces he pensado que el primer amor se cruza sólo una vez en tu camino y no te percatas de ello, sino más tarde, después de otras experiencias amorosas, como me pasó a mí en aquel tercer año de primaria. ⌈⊂⌋

  • Marie José Paz, Argelia y Octavio

    Marie José Paz, Argelia y Octavio

    Gabriel Rosenzweig

    A bote pronto, no hay ningún indicio que permita suponer que Octavio Paz (1914-1998) haya tenido una conexión con Argelia. Sin embargo, la tuvo y muy estrecha. Marie José Tramini, su segunda esposa, con quien se casó en Nueva Delhi, en enero de 1966, nació en la localidad argelina de Mac-Mahon, actual Aïn Touta, el 14 de agosto de 1934. En ese entonces Argelia era parte de Francia y la independencia todavía no se vislumbraba.

    El padre de Marie José, Joseph François Flavien Tramini (¿? – 1943), era oriundo de la isla de Córcega. Ingresó al ejército francés, se graduó como médico militar y ascendió hasta el grado de médico asistente mayor de primera clase. En algún momento se trasladó a Argelia. En septiembre de 1924, obtuvo el nombramiento de “médico de colonización”, de cuarta clase, en la localidad de Mac-Mahon.[1] Los “médicos de colonización” eran nombrados por la administración para atender a la población de los nuevos asentamientos, dirigir los dispensarios, organizar campañas de higiene y recabar información estadística sobre salud pública. Mac-Mahon, en el noreste del territorio, a 30 kilómetros de la ciudad de Batna, había sido fundada en 1872, por inmigrantes de Alsacia y Lorena, y contaba con menos de mil habitantes. Tramini permaneció ahí hasta 1942, cuando menos. Su buen desempeño, en particular, sus éxitos en el combate del tifo y el paludismo, le granjearon el aprecio de las autoridades y lo hicieron acreedor, entre otras distinciones, de la Medalla de Plata de la Higiene, en 1938 y la Medalla de Oro de las Epidemias, en 1942.[2] Asimismo le valieron ser designado, en 1941, miembro del consejo superior del Colegio de Médicos de Argelia.[3]

    En octubre de 1924, recién instalado en Mac-Mahon, Tramini se casó con Pierrette Poli, una pied-noir oriunda de Batna.[4] El matrimonio tuvo cuatro hijos. Los dos primeros, Francine Marie (1926) y Jean Jérôme (1928), enfermaron y murieron en febrero de 1931, con un intervalo de tan sólo una semana.[5] Después de esa tragedia nacieron Marie José y Madeleine.[6]

    En su edición del 5 de septiembre de 1934, el periódico L’Écho du Sahara, que se publicaba en Batna, dio la noticia del nacimiento de Marie José en los términos siguientes:

    La redacción de L’Écho tiene el gusto de desear prosperidad y larga vida a los preciosos bebés que han nacido durante la segunda quincena de agosto: Tramini Marie-Josée [sic], en casa de la señora y el doctor Tramini, médico de colonización, en Mac-Mahon.[7]

    Marie José vivió en Mac-Mahon hasta después de que estalló la segunda guerra mundial, cuando se trasladó a Marruecos con su madre y hermana, y de ahí a Francia. Nunca volvió a Argelia. Murió en la ciudad de México el 26 de julio de 2018.

    ¿Dejó Argelia alguna huella en sus escritos y obra artística? ¿Cuáles eran sus recuerdos argelinos? ¿Llegó a compartirlos? Son preguntas que quizás se puedan contestar algún día o que tal vez se queden sin respuesta. ⌈⊂⌋

    Argel, agosto de 2022


    [1] Bulletin du Syndicat Professionnel des Médecins de Colonisation, año 6, núm. 21, Argel, octubre de 1924. p. 9.

    [2] L’Écho du Sahara. Journal de l’arrondissement de Batna, año 58, núm. 3,108, Batna, 28 de mayo de 1938 y Journal Officiel de la République française, año 74, núm. 168, 15 de julio de 1942.

    [3] L’Écho d’Alger, año 30, núm. 11,280, Argel, 25 de junio de 1941. p. 1.

    [4] L’Écho du Sahara. Journal de l’arrondissement de Batna, año 44, núm. 2,794, Batna, 1º de noviembre de 1924.

    [5] L’Écho du Sahara. Journal de l’arrondissement de Batna, año 51, núm. 2,934, Batna, 15 de febrero de 1931 y Bulletin du Syndicat Professionnnel des Médecins de Colonisation d’Algérie, año 13, núm. 46, Constantina, abril de 1931. p. 38.

    [6] Madeleine Tramini moriría, junto con su esposo Georges Marguier (1930-1968) y su hijo Frédéric, el 11 de septiembre de 1968, en el accidente del avión de Air France que cubría la ruta Ajaccio – Niza.

    [7] L’Écho du Sahara. Journal de l’arrondissement de Batna, año 54, núm. 3,018, Batna, 5 de septiembre de 1934. La traducción es mía.

  • Maneras de vivir en la frontera Sur

    Maneras de vivir en la frontera Sur

    Carlos Gutiérrez Alfonzo

    Se presentan fragmentos del libro Minucias. Maneras de decir cómo se vive la frontera publicado por el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, UNAM.

    1

    A partir de la década de 1980, el gobierno de México dirigió la mirada hacia la frontera sur, con el ánimo de fortalecerla en virtud de la intensidad de los movimientos sociales que se vivían en Centroamérica. Esta atención puesta en el Sur abrió el espacio para la realización de investigaciones sociales, en su mayoría antropológicas, con el propósito de conocer las características de esa frontera. En lo que va del siglo XXI se ha notado un incremento en las indagaciones que buscan ahondar en el conocimiento de este espacio geográfico, con énfasis en las prácticas de quienes habitan la frontera.

    2

    Vivir en la frontera, con dificultad, tiene que ver con una muralla que impida la relación entre quienes habitan en uno u otro lado. Hacia los pri meros años del siglo xx, la frontera no se concebía como una línea que obstruyera la movilidad de la población en ambas direcciones. Aunque hacia los años ochenta del siglo anterior se le asoció con ciertas características por la llegada de población indígena guatemalteca, sigue teniendo un sentido permeable, que da lugar a la convivencia entre pobladores de los dos lados, en donde el comercio ha sido una forma de crear vínculos, de establecer lazos comunitarios. Las migraciones recientes de un gran número de personas centroamericanas, sobre todo jóvenes que tienen la mirada puesta en el Norte, ha hecho aún más compleja la región en el área de Frontera Comalapa.

    3

    Si se viaja en el asiento que está atrás del chofer, en la camioneta de Si se viaja en el asiento que está atrás del chofer, en la camioneta de pasaje, y si se tiene el deseo de indagar sobre esas enormes montañas que se ven a lo lejos, al momento de pasar por la nariz del diablo (kilómetro 210 de la carretera Panamericana), uno puede imaginar que hacia el frente, en esas altas montañas que están en territorio guatemalteco, también hay caminos, veredas que llevan hacia ranchos y aldeas, así como la carretera conecta poblados y ciudades. La 190 se empezó a construir a mediados de los años cuarenta del siglo xx. Es la carretera Panamericana. Viene del norte de México, de Ciudad Juárez, Chihuahua. Pasa por Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, y San Cristóbal de Las Casas. De Comitán va hacia el sur y sigue rumbo a Guatemala. En su construcción intervinieron habitantes de localidades cercanas a su trazo y otros de poblados lejanos.

    Lugares como El Jocote, que se ubica como a tres kilómetros de la línea, deben su existencia a gente que estuvo ligada a la construcción de la carretera y decidió quedarse en sitios como ese, y vivir del comercio, de la venta de alimentos. Y similar situación se produjo en El Ocotal, cuyo nombre se cambió en 1950, por decreto del gobierno estatal, a Ciudad Cuauhtémoc, como respuesta a una sugerencia federal basada en la idea de que en la frontera, por ley, debía existir por lo menos una ciudad. No había la infraestructura que permitiera saber que se estaba en una ciudad. A lo más que se llegó fue a establecer la línea de transporte que comunicaba ese lugar con las urbes del centro del estado y con la capital del país.

    4

    La carretera fue punto de atracción, de definiciones de espacios, con sus tiempos; definiciones como las producidas cuando el Camino Real, ruta de los tiempos de la Colonia, en que no existía una frontera política como la que se estableció en 1882, con la firma del Tratado de Límites entre México y Guatemala, quedó formalmente trazada como tal en 1899, según se constata en los documentos firmados por las comisiones que tuvieron este en cargo. En esas antiguas definiciones hubo pueblos formados en la ruta del Camino Real que ahora tienen otro nombre. En donde estuvo Coneta, ahora se ubica el ejido Rodulfo Figueroa, nombre de quien es visto como el hacedor de la poesía moderna en Chiapas . Y Aquespala dejó su nombre antiguo por Joaquín Miguel Gutiérrez, liberal chiapaneco, protagonista del proceso mediante el cual Chiapas se convirtió en una entidad federativa de México.

    5

    (…) cuando se viene de Comitán, la frontera está como a diez kilómetros, del lado izquierdo, en línea paralela a la carretera. Es la frontera política, reconocida por los mojones y por el espacio con el que puede identificarse: un terreno siempre desprovisto de hierba. La gente pasa, se mueve por ese espacio, sobre todo la de Guatemala, que tiene en renta predios del distrito de riego en los que se cultiva maíz, papa ya o limón, que una vez cosechados se trasladan a Guatemala. En el 2018, el gobierno guatemalteco intentó regular la entrada de estos productos, sin resultados visibles. El gobierno mexicano optó por retirar los apoyos para la producción a quienes dan en arrendamiento las tierras a guatemaltecos. Si bien para la gente de uno y otro lado de la frontera se trata de un espacio sin tantas restricciones, los respectivos Estados nacionales se han encargado de hacer sentir su presencia (…)

    6

    En la cancha de basquetbol de La Mesilla (Huehuetenango, Guatemala) hay una actividad de jóvenes en la que participan grupos musicales. El cantante en turno clamaba: «Que se escuche en La Mesilla, en todo Chiapas, en todo México que Cristo es nuestro salvador». Los jóvenes visten playera blanca con una leyenda en letras azules que dice «Jesús hace la diferencia». Pertenecen a una denominación no católica.

    De pronto se oyeron detonaciones. Al ver que buscábamos dónde refugiarnos, un taxista del sitio ubicado a un lado de la cancha deportiva nos indicó que nos sentáramos. «Quédense acá». Un joven cambista, calle abajo, había sido ejecutado. Dos muchachos que iban en una moto, al pasar frente a él, le dispararon. No habían transcurrido ni diez minutos cuando el taxista nos dijo: «Ya». Con esa palabra entendimos que podíamos seguir con nuestro recorrido por la localidad. Al pasar por el lugar de la ejecución vimos que estaba demarcado con cinta amarilla. La sangre en la banqueta aún estaba fresca.

    7

    Habría que resistir la tentación de tener la inseguridad como un signo de este lugar de la frontera México-Guatemala. Es uno, y no exclusivo. Como tampoco es un distintivo el que todas las mujeres extranjeras se dedican a la prostitución y son una amenaza para las familias del lugar. Quedarse solo con esos dos signos trae como consecuencia estigmatizar sectores de la población que tienen sus particularidades. Mientras me disponía a ir tras esos rasgos que me ayudaran a pensar más allá de la inseguridad, mi sobrina, la de en medio, me preguntó qué hacía. Le dije que estaba investigando en torno a habitar en la frontera. De inmediato me respondió: «Bien bonito, pura matazón». Coloco su afirmación como un interrogante. Las tonalidades de las que quiero dar cuenta deben tener como referencia que en la fundación de Frontera Comalapa hubo familias que llegaron de Guatemala, entre otras que procedían de Comitán y de la Sierra.

    8

    Son reconocibles periodos en los cuales personas de Guatemala han elegido Frontera Comalapa como lugar para vivir. El conflicto armado que se vivió en ese país lanzó a muchas personas hacia territorio mexicano, en un número que en Chiapas ascendió a 30 000, según datos de las agencias que dieron atención a los refugiados guatemaltecos. Un contingente que tuvo la localidad de Frontera Comalapa y el municipio como primer lugar de asentamiento antes de internarse en el país, en un viaje en busca del norte, fue el de salvadoreños que también huyeron por los conflictos sociales con signos de exterminio a los que estuvieron expuestos.

    9

    Los salvadoreños, por su escasa visibilidad en Frontera Comalapa, debieron internarse en el país. Los guatemaltecos encontraron trabajo en las obras que el municipio impulsaba en la cabecera, o vieron la oportunidad de dedicarse a algún oficio. Quienes se instalaron en el distrito de riego de San Gregorio Chamic tuvieron en las actividades agrícolas la fuente para sobrevivir. Las inquietudes sociales que surgieron en los ejidos del distrito de riego, con la idea de obtener recursos económicos, tuvieron la protesta como distinción.

    Las manifestaciones en Frontera Comalapa y las tomas de la presidencia municipal eran protagonizadas por habitantes de colonias de esa demarcación. Es probable que esa combatividad se haya gestado por la confluencia del carácter de quienes llegaron a vivir a ese distrito: por un lado, aquellos que en los años setenta fueron desalojados del municipio de Venustiano Carranza y conducidos hacia esa zona; por el otro, guatemaltecos que encontraron ahí dónde vivir. Los de Venustiano Carranza eran militantes de la Organización Campesina Emiliano Zapata. Algunos guatemaltecos tenían vínculos con los movimientos guerrilleros. Esa vehemencia mudó del ámbito local al estatal, hacia una proyección nacional que quizá encontró su conexión con el movimiento que habría de presentarse en la década de los noventa, en Chiapas.

    10

    Te voy a decir como hablaba tu abuelito: «Comalapa ya valió verga» —me dijo mi amigo—. Mirá las calles. Ayer fui a una junta. Me fui en taxi. En media hora llegué adonde iba. Regresé caminando. En una esquina, estaban jugando en la banqueta unos chamacos. «Voy a pasar», les dije. «¿Y por qué tiene que pasar?» —me preguntó uno. Y que lo agarro de la playera. ¿Qué necesidad había de que yo hiciera eso? Las calles están invadidas. Ahora, los de las organizaciones quieren cobrar «piso de plaza». ¿Quiénes son los de las organizaciones? Son guatemaltecos, salvadoreños, hondureños. Los de acá somos miedosos. Y en un rato van a querer quitar las casas esos de las organizaciones.

    Con vehemencia, mi amigo expuso algo de lo que le estaba tocando vivir en Frontera Comalapa.  ⌈⊂⌋


    * Minucias. Maneras de decir cómo se vive la frontera / Carlos Gutiérrez Alfonzo. Primera edición | San Cristóbal de Las Casas, Chiapas: Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, 2021.

  • El sinsabor de la simultaneidad

    El sinsabor de la simultaneidad

    Alejandro Estivill

    “Todos disfrutamos el derecho a tener un cuñado tranza”, decía mi padre.

    Estar cuando las jugadas ocurren

    Creo en la frase que decía mi padre, epígrafe de este escrito. Y como si fuera un don o una carta inicial en el juego de la vida, nos toca por igual el derecho a un pariente impresentable o un amigo fanático —hasta la náusea— de algún equipo. Mi amigo, en este caso, se llama Carlos y es aficionado enfermizo de los Broncos de Denver. Detenta, eso sí, una característica que he escuchado propia de varias aficiones y que trasgrede límpidamente la línea de la normalidad. Se expresa en una frase: “si no los veo, pierden” (“si no veo a mis Águilas, me fallan” —clamaba en la entrevista un orante de cantina con la casaca amarilla—).

    Esta regla se asocia más con los fanáticos masoquistas de equipos condenados a no ganar (“con el Atlas, manque gane”) o con equipos asentados en el eterno “ya mérito”. El aficionado del Atlante es un devoto privativo, convencido de que su contacto con el equipo, aunque sea desde el inocuo consumo del espectáculo por televisión, tiene algo que ver con la forma en que el equipo jugará. Pero él, como aficionado, se considera falto de arreos para otorgar suficiente amor y, por ello, nunca es correspondido.

    Hay equipos difíciles como novias difíciles. Y lo difícil tiene su valor. El equipo que no se deja querer fácil jugará mejor o peor en relación causal con el hecho de que ese aficionado esté mirándolo, esté conectado, esté amando.

    Como cierre barroquísimo a la regla, existen fanáticos —pocos— que se prohíben a sí mismos ver el partido porque pueden “salar” a su equipo: ocultan su ojeada hacia el adorado objeto y evitan prender la tele durante el juego porque se creen, ellos mismo, malditos y fuente de una perversa consigna. Son amantes fatídicos y eventuales artífices de la desgracia.

    “Estar ahí” toma una dimensión inesperada. “Estar” a través de la televisión es evidentemente “no estar” y es obvio que científicamente —o por simple sentido común— el equipo gana, pierde o empata de manera independiente. ¿Qué importa que un aficionado lejano lo admire, incluso le rece…? Lo cuestiono aun cuando creo en la fuerza de la fe.

    Dejamos aparte, claro está, el vigoroso efecto que ofrece un estadio lleno de aficionados gracias a los gritos, las vuvuzelas, la presión sobre el rival, la simple localía, o el acompañamiento con matracas y tambores de guerra hasta las tierras del archienemigo y detestado rival, llevando también apoyo irredento para lograr una victoria. Pero eso no tiene que ver con el mágico fenómeno de la “inmediatez” a kilómetros de distancia que postula mi amigo Carlos.

    Su relación pasa a ser pasión amorosa en el máximo sentido de las palabras. El aficionado ama al equipo y el equipo supuestamente (algo que sólo ocurre en su mente) le responderá otorgando capacidad para influir en el resultado. Eso define un acto de fe. Y tal acto de fe lleva de inmediato al siguiente escalón: ¿por qué un evento deportivo tiene que verse “en vivo”? La fe no viaja en el tiempo —de poco sirve rezar a toro pasado—, solo en la distancia. Esto ya no es exotismo propio de mi amigo Carlos y ocurre con todo humano con corazón sobre esta tierra: toda emoción está supeditada a la simultaneidad con el hecho.

    Carlos trabajó conmigo y tuve la osadía de insinuar que le encargaría asuntos impostergables, recepciones o juntas largas, justamente en un “lunes por la noche” cuando jugaban sus adorados Broncos —yo ya lo había confirmado con cuidado—. Al escuchar mi instrucción, la misma que implicaba perderse el juego, sufría hasta casi soltar una lágrima. Disfrutando la travesura y al verlo tan descompuesto podía atreverme a proponer: “graba el juego y luego lo ves”.

    “No es lo mismo… —respondía— tengo que estar cuando las jugadas ocurren…”.

    Usó el verbo “estar” y este sentimiento de proximidad físico-temporal incluye un juego con la esperanza de la reciprocidad, lo que sería por antonomasia la culminación positiva de toda relación amorosa. Es, por igual, el detonador de un insaciable apetito, que se supondría tener con lo que cada evento, por lejano que sea a mis acciones, puede ofrecer en una supuesta y sobrestimada contraprestación. El evento le habla al oído a su consumidor y le promete retribuirle con el mismo amor que detente el fanatismo.

    Carlos me ha confesado que mucho de este asunto supone prender la televisión y “seguir lo que va pasando, sin que luego haya alguien o algo de por medio”. Lo peor en una relación amorosa, aunque sea irreal, es la presencia de terceros. El aficionado siente aquello que se puede y que se debe vivir minuto a minuto y sin intermediación alguna.

    Del estar próximo al estar ahí

    ¿Qué significa para Carlos “estar ahí cuando…”? Simultaneidad. Y esto puede comenzar a extrapolarse sin mucho esfuerzo y de manera independiente de la misma dimensión geográfica: “estar” no significa inmediatez o proximidad de lugar como sí lo significa en términos de “tiempo”. La simultaneidad es indispensable respecto de una noticia grave, un fenómeno natural, una premiación, la entrega de los Óscares, la toma de protesta de un líder, un espectáculo, la premier de una película, e incluso del lanzamiento del más moderno producto tecnológico, aun si no se adquiere. Gracias a los medios de comunicación, “estar” es un sentimiento de simultaneidad con los hechos.

    Su respuesta es una clave que explica el éxito irrefutable de las redes sociales. Facebook e Instagram pueden ser un intercambio cargado de oportunismo por las señales que el propio sistema nos da respecto de los cumpleaños y las efemérides (incluidas las propias respecto de lo que nosotros mismos subimos a la red hace tres, cinco o diez años); TikTok es el carrusel en consecutivo, atisbando la ocurrencia. Pero Twitter es definitivamente un pliego eterno de simultaneidad con la realidad misma.

    El partido o evento deportivo al que los humanos nos hemos conectado con Twitter es el que disputa “todo el mundo” contra “todo el mundo” (Doctor Manhattan contra Doctor Manhattan) y sin límite de tiempo. La gente se introduce en el eterno ritual del scroll que realiza su dedo, como si fuera un papel de baño perpetuo que se recarga desde su propio interior y que evoca una simultaneidad con una otredad que alguna vez declaramos parte de nuestro interés. Si bien pudimos tener la intención de limitar ese flujo de información con nuestra lista de intereses, el sistema invoca crecer infinitamente y se ha programado para capturarnos y llevarnos hacia esa batalla inconmensurable, desprovista de cuerdas, de líneas, incluso de reglas. Y queremos, ahí, saber cuál es el marcador.

    Los deportes en la televisión tienen algo en común. Inundan bares y sitios de reunión, las salas y recámaras de las casas, por igual que el trabajo, el transporte, antes de dormir, en el desvelo, en el baño… Absorben el interés basados en la simultaneidad que embruja con una ilusión: estar al unísono, al mismo tiempo con el surgimiento del hecho relevante para erradicar —como dice mi amigo Carlos— la posibilidad de que exista “alguien o algo de por medio”. Al igual que la televisión despliega a un costado el juego para que podamos “estar” al momento del gol, de la falta, del penal, del silbatazo final, Twitter nos ofrece “estar” cuando cualquier cosa, en el río del todo indigerible, pueda ocurrir. Es la gula y la náusea de los dioses.

    La posmodernidad tuvo entre sus múltiples definiciones una que se encerraba en las palabras de Lyotard: la multiplicidad de los relatos que han perdido su unificación explicativa —murieron los exégetas— y que prevalecen otorgando a su receptor una inconmensurable ola de información, incluso de cercanía testimonial con lo que ocurre. Pero todo ello viene acompañado de su deslegitimación por vía de algún metarrelato. Uno de los más frecuentes es que el intermediario conocedor y el analista han desparecido y, con ellos, la glosa que nos pudiera hacer aceptable y digerible la información que recibimos.

    Esto es tan sinestro que, al igual que en el mundo de los deportes, se sobrevalora la presencia de un narrador únicamente descriptivo (equivalente a una alarma constante, frecuente hasta el hastío…, un timbre en la vida cotidiana imposible de silenciar). Los comentaristas y analistas de medio tiempo son cada día más insustanciales y más cercanos a la reiteración descriptiva. Prevalece un narrador sinónimo de una presencia cercana a los hechos y por ende reiterativo. Cada día más se le utiliza como un sustituto, un legitimador de lo que ya estamos viendo. Es una suerte de traductor a palabras de las mismas emociones del receptor; pero que intenta evitar ser intermediario. Es un doble de los hechos, solo que tiene mayor grado de atrevimiento; está licenciado para gritar esos hechos, parafrasearlos con metáforas dislocadas, imponerles adjetivos de resonancia, pero no para glosar con pausa.

    Ese narrador realmente no añade nada. Aun así, su retórica rimbombante y emotiva no lo hace menos relevante ni menos indispensable. Él legitima en una forma burda y de bote pronto lo que siente el consumidor atreviéndose a decir “sí, eso que ves está ahí… aquí y con nosotros”. El narrador tan solo estimula la emoción y se erige como aquél que valida un seguimiento irracional de la emoción. El narrador de deportes tiene incluso la pérfida misión de albergar una paradoja: ser emotivo para los dos lados, para Tirios y Troyanos, para el Barcelona y el Real Madrid, para Yanquis y Dodgers; villamelón por excelencia, pero muy emotivo.

    Disyuntiva entre el torrente y la contención

    Lo perspectiva posmoderna describe la paradoja de nuestro tiempo: habla del acceso infinito a toda la información, pero que entra en combinación perversa con la absoluta imposibilidad para poder hacer algo sustantivo al respecto. Habla del consumismo puro (Baudrillard). En la red social, con notable inmediatez, aparece el video sin censura, sin exégesis, sin cortapisas, que muestra la bala entrando a la víctima, la explosión, el robo, el abuso sobre la mujer o el niño… puede incluso ser un registro proveniente del propio celular de la víctima. No podría lograrse una mayor cercanía espacial o temporal que ese testimonio.

    A la par, expresa la imposible —salvo honrosas excepciones— para hacer algo que no sea volvernos espectadores inútiles. Nos ubica en la condición del “gran estadio”, de la gran tribuna; muy cerca temporalmente, pero al fin y al cabo quedamos como fanáticos en la plaza y tras la barrera.

    Me equivoco… en las redes sociales podemos actuar y replicar lo recibido; podemos entonces dejar de ser únicamente receptores finales y convertirnos en canal o  cable; convertirnos en el enésimo narrador irreflexivo. Los usuarios de las redes somos los narradores del “todos contra todos”. Así que esas redes, que han convertido la vida misma en el supremo partido de futbol, multiplican hiperbólicamente la acción de narrar sin sustancia. Es el imperio de los replicadores desde la tribuna. Cada espectador convertido en narrador es parte del grito de los altoparlantes sin mesura.  

    El intento fallido de reciprocidad amorosa sustenta el fenómeno, pero el mundo no paga realmente con amor a los replicadores; apenas los retribuye cuando se unen, cuando reflexionan y dan propósito a su voz. Pocas veces ocurre. En las redes sociales, las cadenas de esperanzados narradores se multiplican como capas de cebolla con cada nuevo narrador como un elegido a quien seguimos para duplicar su percepción evidente. Y nosotros seremos narradores para otros, porque esa cadena nos engaña y hace creer que, así como el equipo de futbol no paga el amor de sus fanáticos con la posibilidad de que influyamos en su manera de jugar, tampoco el devenir de los malditos hechos de la otredad nos da nada a cambio de nuestra atención y menos osará posibilitar que la cambiemos.

    Apenas recibimos “likes” que nos dan la ilusión de un pago… ¡Qué barato! Y con ello nos conformamos. La reiteración exorbitante de la misma noticia, algo que las redes ven correcto y no excesivo —menos aún ineficiente—, sobrevive con la frase “se volvió viral”. Pero surge desde miles de fuentes iguales sin que una sola piense que sus seguidores ya se habrán enterado de lo que ahí se reitera: la “viralidad” es simultaneidad y narración sin cauce. La muerte de los exégetas y ese borreguismo o cargada de apreciación que elimina el criterio analítico del receptor son en conjunto un acto de elevación del valor de la simultaneidad. Somos, en la medida de lo que permite la red social, parte de una tribuna completa en estado de grito de gol, en suspiro de emoción y en el anhelo negado de influir.

    La siguiente derivada es la última y la más perversa: la televisión está allá prendida con un evento deportivo dentro de un impass y bajo la espera de que “ocurra” lo relevante. El espectador prevalece ahí porque quiere estar “en simultaneo” con ese hecho que vendrá y que merece la memoria, la repetición, el movimiento del marcador, el récord del deportista, la pifia, lo que supuestamente permitirá contrastar el rio de marasmo intrascendente. El aficionado está ahí; sólo acecha de reojo para vivirlo en simultaneo.

    Las redes hacen el mismo juego, pero su posibilidad de ser adictivas es infinitamente mayor. Para Twitter, tanto el río de marasmo como el conjunto de posibles hechos relevantes —hechos salpicando con supuesta trascendencia la aburrida cotidianeidad— son un caudal mundial desprovisto de límites, desprovisto de pensamiento y, por ende, de humanidad. En un evento deportivo, las posibilidades son limitadas: hay o no hay gol, el tenista gana o no el set, el basquetbolista implanta la hazaña, el golfista logra el pot… Ahí termina el deporte y esperamos, tras invocar una pausa, el próximo juego o la próxima temporada.

    Por el contrario, el mundo de la red social que admira el adicto trasciende todo límite y carece de pausa posible: la vista está fija y recorriendo porque puede llegar lo relevante aquí y en China, hoy, mañana o siempre (para Facebook llega incluso frecuentemente desde el pasado), de día o de noche, por vía de un desastre natural o una declaración estúpida, un traspié; “cualquier” cosa en el devenir igualmente “cualquiera”. Es difícil vivir sin freno, sin botón de pausa, sin “modo avión”.

    Locos y trasnochados del mundo

    Lo más relevante de esto es “posmoderno” hasta las cachas y se significa en la pérdida misma de la anhelada relación de amor o de fe. Ahí radica su peligro. Si el juego que admiramos en este canal infinito de posibilidades se revela tan ilimitado y nos sigue llevando como remolino a sus adentros, se pierden fácilmente las líneas que demarcan lo que es marasmo, río sin razón a destacar, y lo que es relevancia. Qué es cotidiano y qué es relevante se confunden en la neblina. Ello explica incluso la normalización de la violencia, la normalización de lo que debería ser inaceptable.

    El humano se animaliza y valdría la pena tomar un momento para recordar aquí, y quizá releer, el discurso “This Is Water” de David Foster Wallace recordando la sorpresa de los peces en su pecera —o la negación enferma a poder vivir esa sorpresa— cuando algo les permite descubrir que el ambiente líquido en el que viven puede dejar de ser lo cotidiano y pasar a ser extraordinario sin dejar de ser una abundancia que llena el medio en el que se nada.

    La posmodernidad nos enseña que todo sentido de lo extraordinario depende funcionalmente de su contraste con lo ordinario. Si uno y otro son infinitos, ya no hay un parámetro para encontrar realmente nada de color. Ese trasfondo que erosiona lo humano es aterrador: se ejemplifica en el hombre que baja por sistema la vista a la pantalla de su celular como si fuera una cadencia irrefrenable, patológica, cuando no hay nada mejor que hacer —cuando ya ha pasado a ser lo único que siempre tendrá que hacer— . Tal condena descuella imbatible porque es lo único que le da la esperanza inalcanzable de ser correspondido con el dulce sinsabor de la simultaneidad de nuestros días.

    Ante el olvido de amigos, peculiaridades, sorpresas, expectativas que significa la entrada al estadio de los fanáticos que esperan ver un gol de uno de sus equipos en la batalla de “todos contra todos”, se imponen dos inquietantes consecuencias: primero desaparece la posibilidad de una retribución en este falso juego de amor y fidelidad. Ya nunca el fanático será correspondido. La otredad no otorgará la posibilidad de ser diferente y menos se abrirá receptiva para dejarse influir. Ante ello, el fanático se ve obligado a construir —a su modo, sólo a su modo y en el asilamiento total— lo que es importante o aquello que no lo es para nutrir su adicción.

    Surgen y reinan entonces las llamadas echo-chambers para que cada minuto sea como el minuto más esperado al momento de abrir la red social. Este mundo de solipsismos consumistas es, en sí mismo, una contradicción a la esperanza que ofrecía la simultaneidad. Es como si mi amigo Carlos supiera de antemano el resultado del partido, el minuto en que cada anotación de sus adorados Broncos fuera a caer y, peor aún, que se dedicara a ver como si fueran espontáneos, aquellos momentos que resultan única y exclusivamente agradables porque su equipo anota, su equipo gana. Carlos habría borrado así toda sorpresa, habría eliminado la posibilidad de influir en el juego, habría condenado la misma simultaneidad que motivó su fanatismo. Habría matado los conceptos mismos del tiempo y del devenir.  

    La consecuencia es el reinado incólume del “meme”, una suerte de conciencia evasiva y gravemente pesimista. Supone que esto de entregarnos con fanatismo para influir y esperar la oportunidad de cambio está trágicamente prohibido. Permea una resignación que se aleja de la protesta, que reitera el acto de bajar la cabeza a la pantalla buscando un dulce paliativo. Se sabe insignificante e incapaz: ante el hecho de no poder cambiar nada, solo queda burlarse y reír. Pero ese tema merece pausar y dar parte al tiempo para el arribo de otro capítulo. ⌈⊂⌋


    * Del libro: Ratos en un sillón del infierno (por publicarse)

  • La seña

    La seña

    Guy de Mauppasant

    (Nota y traducción de Leandro Arellano)

    La seña –del repertorio mórbido de Maupassant- fue publicado en el Gil Blas el 27 de abril de 1886, y al año siguiente fue incluido en el libro El Horla y otros cuentos, que publicó Ediciones Ollendorf en 1887.

    En su Historia de la literatura francesa (Breviario No. 4, Fondo de Cultura Económica, 1948) Robert G. Escarpit señala que, como Flaubert, Maupassant es también un clásico. Lo considera el maestro de la novela corta en Francia, género por el que es más conocido, lo mismo que por sus volúmenes de cuentos.

    En 1955, Jean Luc Godard basó uno de sus primeros cortometrajes, Una mujer coqueta, en esta historia de Maupassant. El 6 de julio en curso se cumplen 130 años de la muerte del escritor.

    La marquesita de Rennedon duerme aún, en su habitación oscura y perfumada, sobre su vasta cama, acogedora y blanda, entre sábanas de batista vaporosa, acariciadora como un beso. Duerme a solas, tranquila, el sueño dichoso y profundo de las divorciadas.

        La despiertan dos voces que debaten ruidosamente en el salón azul. Reconoce a su querida amiga, la baronesita de Grangerie, quien disputa por entrar con la camarera, que defiende la puerta de su ama.

         La marquesita se levanta, corre los cerrojos, torna la cerradura, entreabre la puerta y asoma la cabeza, no más que la rubia cabecita, oculta bajo una nube de cabello.

         -¿Qué te hace venir tan temprano?  -dice ella-. Aún no son las nueve.

         La baronesita, nerviosa, trémula, febril, le responde:

         -Tengo que hablar contigo. Me ha sucedido algo terrible.

         -Pasa, pasa, querida.

         Entra la baronesita y se saludan. La marquesita se recuesta en tanto que la camarera abre las ventanas, llenándose de luz y aire la habitación. Cuando la camarera se retira, Madame de Rennedon pide a su amiga: < Vamos, cuéntame. >

         Madame de Grangerie rompe en llanto, derramando esas hermosas lágrimas cristalinas que hacen más encantadoras a las mujeres, y masculla sin frotarse los ojos para no enrojecerlos: < Ah, querida, es abominable lo que me sucede. No he dormido un minuto durante la noche, me escuchas, un minuto. Ve cómo late mi corazón. >

         Y tomando la mano  de su amiga la coloca en su pecho, sobre esa redonda y firme envoltura del corazón de las mujeres, que colma a menudo a los hombres y les impide continuar hacia abajo. Su corazón latía con fuerza, en efecto.

         Y continuó:

         -Me  ocurrió ayer por la tarde…a eso de las cuatro…o cuatro y media. No lo puedo precisar. Tú conoces mi departamento y sabes que mi saloncito, en el que suelo descansar, da hacia la calle de Saint-Lazare, en el entresuelo. Y sabes que tengo la manía de sentarme junto a la ventana para ver pasar la gente. Es muy alegre ese barrio, muy inquieto y muy animado. Me encanta. Pues me hallaba ayer en la silla instalada en el marco de la ventana. Estaba abierta la ventana, yo tenía la mente en blanco, sólo respiraba el aire transparente. ¡Recuerdas qué hermoso día ayer!

         De pronto advierto que del otro lado de la calle había también una mujer en la ventana, una mujer vestida de rojo. Mi vestido era malva, ya conoces mi hermoso ajuar en malva. Yo no conocía a esa mujer, una nueva vecina; arribó hace un mes, y como llovió todo el mes, no la vi en ese lapso. Pero reparé enseguida de que se trataba de una mujer ligera. Para comenzar, me contrarió que una mujer como ella estuviese en la ventana, igual que yo. Mas, a poco, me divertía examinándola. Acodada allí, la mujer observaba a los hombres y los hombres la observaban a ella. Digamos que algo los alertaba al acercarse a aquella casa y olfateaban como perros de presa. Levantaban la cabeza de pronto e intercambiaban con ella una mirada, una mirada rápida, una mirada sugerente, interrogadora: < ¿No te gustaría? >

         El transeúnte responde: < No tengo tiempo >, o bien < En otra ocasión >, o < No tengo plata >, o <  Piérdete, miserable >, decían las miradas de los padres de familia.

         No te imaginas qué divertido fue mirarla gesticular, exhibir su oficio. A ratos cerraba la ventana bruscamente y se veía a algún varón trasponer la puerta. Los atrapaba con facilidad. Entonces yo atendía mi reloj. Les tomaba de doce a veinte minutos, no más. Lo cierto es que me interesé por esa tarántula. Nada fea la mujer, por lo demás.

         Yo me preguntaba: ¿cómo logra hacerse entender tan rápido y tan evidente? ¿Agrega alguna seña con la cabeza o con un movimiento de mano?

         Tomé mis gemelos para observar su proceder. Era muy sencillo: una mirada en primer lugar, luego una sonrisa y enseguida un guiño tentador con la cabeza que insinúa: < ¿No subes? > Pero de un modo tan leve, tan sutil, tan discreto, que hay que tener la gracia, como ella.

         Me pregunté si yo sería capaz de repetir con gracia similar aquel ademán furtivo y sugerente, pues era en verdad un mohín agraciado.

         Me dispuse a ensayarlo frente al espejo y, querida, yo lo hacía mejor, mucho mejor. Me puse feliz y regresé a la ventana.

         La pobre mujer ya no pudo atraer a ninguno más, a nadie. En realidad no tenía manera. Con todo lo terrible que debe ser ganarse el pan de cada día de ese modo; terrible y divertido a veces, pues hay hombres con quienes una topa en la calle, que no están nada mal.

          Ahora todos transitaban por mi acera y ninguno más por la suya. El sol había girado. Pasaban unos detrás de otros: jóvenes, viejos, morenos, rubios, grises y blancos.

          Algunos muy apuestos, querida amiga, muy apuestos, tanto mejor que mi marido y el tuyo, tu exmarido, de quien te divorciaste. Bien puedes elegir.

         Y pensé: si les hago la seña ¿me comprenderán? ¿a mí, una mujer decente? Y allí tienes, que se apodera de mí un deseo insano por hacer esa seña, pero un deseo intenso, como antojo de mujer embarazada, un deseo ciego y sordo, me entiendes, irresistible. Me ha ocurrido a veces. Creo que las mujeres tenemos alma de mono. Me han dicho –un médico lo dijo- que el cerebro del mono se asemeja mucho al nuestro. Debemos imitar siempre a alguien. Imitamos a nuestro esposo cuando lo amamos y durante la luna de miel; luego imitamos a nuestros amantes, a nuestros amigos, a nuestros confesores, si lo merecen. Nos apropiamos de su manera de pensar, de su manera de decir, de sus palabras, de sus gestos, de todo. Es una tontería.

        En fin, cuando ha sido mucho mi deseo por hacer algo, siempre lo hago. Entonces resolví: voy a experimentar con uno, sólo uno. ¿Qué me puede ocurrir? ¡Nada! Nos sonreiremos y se acabó, no lo volveré a ver jamás, y si llegase a verlo y me reconoce, lo negaré. Punto.   

         Me puse entonces a elegir, quería uno impecable. De pronto vi acercase a un rubio alto y apuesto. Me encantan los rubios, tú lo sabes…

         Lo miro y me mira. Le sonrío, me sonríe. Hago la seña con sutileza y él responde < sí > con la cabeza, se encamina a la puerta y entra en mi casa. No tienes idea de la sensación que tuve en ese momento. Creí que me volvería loca. ¡Qué temor tan terrible! Imagínate que entrase donde la servidumbre, con Joseph, tan devoto de mi marido. Pensaría que yo conozco a ese hombre.

         ¿Qué hacer, qué hacer? Llamaría a la puerta en cualquier momento. Pensé que lo mejor sería salir a su encuentro y decirle que se equivocaba, suplicarle que se fuera. Tendría piedad de una pobre mujer. Me precipité a la puerta y la abrí justo en el momento en que ponía su mano en el timbre. 

         Confundida y todo alcancé a decirle: < Váyase, señor, váyase. Usted se equivoca. Yo soy una mujer decente, una mujer casada. Se trata de un error, un terrible error. Lo confundí con uno de mis amigos parecido a usted. Tenga piedad de mí, señor. >

         El se echó a reír, querida, y me respondió: < Ajá, muñeca, cómo no. Ya conozco esa historia. De acuerdo, serán dos luises, no uno. Cuenta con ellos. Vamos, muéstrame el camino.>

         Me empujó suavemente y cerró la puerta. Yo estaba aterrada, pero él me abrazó, me tomó del talle y me hizo entrar en el saloncito, que permanecía abierto.      

         Luego él se puso revisarlo todo, como un evaluador y comenta: < Guapa, tu casa es hermosa, muy agradable; pero debes andar volando muy bajo para dedicarte a ventanear. >

         Yo volví a suplicarle: < Señor, váyase, por favor, váyase. Mi marido va a entrar, llegará en cualquier momento. ¡Le aseguro que usted se equivoca! >

         Pero el me replica tranquilamente: < Vamos, preciosa, basta de palabras. Si llega tu marido le daré una plata para que se tome algo en la esquina. > Cuando repara en la fotografía de Raúl sobre la chimenea, me pregunta:

         -¿Este es tu marido?

         -Sí, es él.

         -Tiene cara de pendejo. ¿Y esta quién es? ¿tu amiga?

        Era tu retrato, querida, la que te tomaste en traje de gala.

         -Sí, es mi amiga, susurré.

         -Es muy guapa, espero que me la presentes.

         El timbre del reloj marcó las cinco. Raúl vuelve a casa a las cinco y media. ¡Si aparece antes de que el otro se haya marchado…! Entonces…perdí la cabeza…por completo…pensé, pensé que lo mejor sería librarme de…comprende…y…bueno…va…y lo…no se habría ido sin ello. Entonces corrí el cerrojo de la puerta del salón.

    La marquesita se echó a reír como loca hundiendo la cabeza en las almohadas y sacudiendo la cama.

         Cuando se tranquilizó, me preguntó:

         -¿Era guapo el tipo?

         -Desde luego.

         -¿Por qué te lamentas?

         -Pues porque dijo que volvería mañana…a la misma hora…y yo tengo un temor atroz. No te imaginas qué testarudo es…y voluntarioso… ¿Qué hago, dime qué hago?

         La marquesita se incorpora en su cama y reflexiona. Dice luego, bruscamente:

         -Hazlo arrestar.

         -¿Qué dices? ¿Cómo? ¿Aprehenderlo? ¿Con qué pretexto?

         -Es muy sencillo. Te presentas en la comisaría, donde declaras que te persigue un señor hace tres meses, que ayer tuvo la insolencia de entrar en tu casa y te amenazó con volver hoy, por lo que demandas protección. Te asignarán dos agentes para protegerte.

         -Pero, querida, si el habla…

         -Nadie le creerá, pues ya habrás tú alertado al comisario. Te darán la razón a ti, puesto que eres una mujer irreprochable.

         -¡Ah!, no me atrevo…

         -Tienes que hacerlo querida, de lo contrario estarás perdida.

         -Me insultará cuando lo arresten.

         -Tú contarás con testigos y lograrás que lo condenen.

         -¿Condenar por qué?

         -Por daños y perjuicios. ¡En estos casos hay que ser implacable!

         -Ah, a propósito de indemnizaciones… Hay un detalle que… me inquieta… Dejó dos luises… en la chimenea.

         -¿Dos luises?

         -Sí

         -¿No más?

         -No

         -Qué poco… A mí me hubiera humillado. ¿Y bien?

         -¿Qué debo hacer con ese dinero?

         La marquesita medita unos segundos y luego responde con voz firme.

         -Querida, debes hacer un regalo a tu marido… Es lo justo. ⌈⊂⌋

  • Rafael Cadenas y las letras Venezolanas

    Rafael Cadenas y las letras Venezolanas

    Leandro Arellano

                                      A Gabriela Gil

    1

    Rafael Cadenas poeta, ensayista, catedrático… Un hilo invisible va desde él, en el presente, hasta un pretérito no lejano. Invitado por las autoridades culturales del país, Hugo Gutiérrez Vega viajó a Caracas al mediar junio de 2015, para participar en el 12º Festival Internacional de Poesía. Su intervención en el recital poético constituyó la principal de sus presentaciones. En la Feria Internacional del Libro de Venezuela tuvo una más, para presentar una antología de su poesía, publicada por la Editorial Monte Ávila.

    Una tercera presentación consistió en un conversatorio independiente, desligado del oficialismo. Fue organizada por la librera, editora y propietaria -así como amiga de la Embajada de México- de la reconocida Librería El Buscón, Katyna Henríquez. El acto tuvo lugar en la hermosa Librería, ubicada en el Trasnocho cultural, un espacio privilegiado del barrio de Las Mercedes.

    La afición de Katyna por los libros y sus contornos nos recordaba al singular amigo Enrique Castilla, el gran rejoneador de la Antigua Librería Madero en la Ciudad de México. Magno reconocimiento tenía -confiamos que continúe- la actividad cultural desplegada por Katyna en ese espacio.

    Aquella tarde la anfitriona sorprendió a los asistentes con la presencia de un invitado especial:  Rafael Cadenas. Así conocimos personalmente al poeta, bien que la lectura de su obra la habíamos iniciado ya con sus “Poemas selectos”, una rica antología de los poemas de Cadenas impresa en 2009, así como de un librito de ensayos muy revelador, titulado “En torno al lenguaje”, editado por la Universidad Central de Venezuela, en 1985.

    No es común que ocurra en literatura y más bien parece extraño, pero al conocerlo personalmente nos confirmó que su poesía responde muy de cerca a su temperamento, al carácter sencillo y tímido del poeta venezolano. La sensación de tranquilidad, de sosiego, los largos silencios de sus poemas responden a un modo de ser, revelan con nitidez su carácter.  

    Al parecer esta percepción quedó evidenciada en días recientes, con motivo de la entrega al poeta sudamericano del Premio Cervantes 2022.

    Rafael Cadenas era ampliamente conocido en Venezuela, pero es ahora cuando su nombre ha rebasado con ventaja las fronteras de su país. El Premio ha abierto las puertas a una nueva etapa, para él y para las letras de su país. La prensa mundial, los medios de comunicación -especialmente los del mundo de habla hispana- se ocuparon holgadamente de la ceremonia de premiación y de la biografía del poeta.

    2

    Es mediante la literatura como se recobra el pasado, sólo ella dota de permanencia a la memoria. Rafael Arráiz Luca -poeta, crítico literario y uno de los más dedicados escritores a sistematizar la historia de la literatura de su país- señala en su libro la Literatura venezolana del siglo XX que: Las aproximaciones a la literatura venezolana con un propósito totalizante no abundan; y anota enseguida los títulos de varios estudios, trabajos, intentos y acercamientos parciales.

    Sigue en pie, pues, el levantamiento de un inventario general y ordenado del vasto y rico material literario del país, una historia de la literatura venezolana, en suma.

    Esa carencia no impidió establecer que Rafael Cadenas -Barquisimeto, 1930- estuvo en el exilio varios años bajo la dictadura de Pérez Jiménez, en la isla de Trinidad, por su militancia partidista en la oposición.

    Cadenas formó parte del Grupo la Tabla Redonda, con los poetas Jesús Sanoja, Arnaldo Acosta, Oswaldo Barreto, Samuel Villegas y otros escritores y artistas plásticos.

    Su bibliografía es amplia, reúne alrededor de treinta poemarios, así como una docena de libros de estudios, artículos y ensayos. En 2009 el Fondo de Cultura Económica publicó su Obra entera. Poesía y prosa (1958-198). Ha recibido varios premios, entre los que destacan: el Premio Nacional de Literatura de su país en 1986; el Premio Fil de Guadalajara, México, en 2009; y el que celebramos ahora, el Premio Cervantes 2022.

    En la ceremonia de premiación, el Rey Felipe y el Ministro de Cultura de España señalaron y resaltaron las cualidades y los motivos por los que Rafael Cadenas se hizo acreedor al Premio. El poeta, por su parte, reveló lo que en conjunto podríamos llamar su credo poético, tan ligado a su carácter personal, e incurrió en otros sectores menos literarios.

    Cadenas hizo un emotivo reconocimiento al honor concedido en primer lugar. Luego levantó el señalamiento de una falla grande de los hispanoamericanos: el énfasis. Se pronunció contra la paradoja de que entre las naciones más civilizadas se encuentran las mayores fabricantes de armas y previno del riesgo de los nacionalismos, las ideologías y los credos. Opositor emblemático al chavismo, encomió las virtudes de la democracia.

    Y se refirió a un filón de su obra que pocos observadores han advertido: su afición al misticismo.

    Tuvo una acogida cálida de parte de los Reyes y del Gobierno de España y las instituciones premiantes, pero algunos comentaristas, prensa al fin, destacaron el desparpajo de su vestimenta.

    3  

    La poesía de Cadenas es hondamente lírica, pero es igualmente contenida. Su emoción, su intimidad, su pensamiento se expresan con plenitud y sonoridad, pero el poeta no rebasa los límites de la proporción y de la mesura:

    Disyuntiva

    Yo quería escribir

    un poema,

    luego tuve la intención

    de no tener intención

    y el poema se quedó allí

    detenido,

    atrapado,

    carbonizado entre la chispa

    de las dos intenciones

    y aquí

    lo dejo.

    En Memorial, el poeta funde forma y fondo para expresar lo que quiere decir y lo hace con profunda convicción, pero sin desviarse del tono reposado que lo define:

    El honor de hablarte

    es más de lo que me corresponde

    en buena ley.

    Los repartos están hechos.

    Me toca un poco solamente

    de la embriaguez espléndida;

    lo otro,

    lo que ya no es para mí,

    no lo puedo imaginar…

    Con ser su mundo el mundo de las ideas, no se mueve ciegamente en una atmósfera libresca.  Desde temprano en su obra acotó su territorio, en el que muchos consideran su poema más logrado: Derrota

    …he percibido por relámpagos mi falsedad y no he

    podido derribarme, barrer todo y crear de mi

    indolencia, mi flotación, mi extravío una frescura

    nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la    mano…

    Desde su juventud Cadenas ofrece un ejemplo de entrega a su vocación. Si bien su obra es sobre todo poética, sus libros de ensayos representan una vertiente tan rica como aquélla. En sus ensayos el escritor medita sobre asuntos cercanos al hombre, señaladamente sobre la lengua y el lenguaje.

    En torno al lenguaje, contiene algunos de los más logrados ensayos. La lengua es como el armazón de toda cultura, escribe en La quiebra del lenguaje. Luego asegura, iluminado por Karl Kraus, que defender nuestra lengua es defender nuestro espíritu.

    En el ensayo Lenguaje y literatura plantea si la sociedad moderna -el ensayo fue escrito en 1985- debe preparase para una larga oscuridad, una oscuridad estridente, además. La respuesta del poeta bien puede ser la esencia de su vida, de su arte y mostrar la lucidez y modestia de su personalidad:

      No es el silencio lo que nos quieren trocar por la palabra, sino el ruido. Tendremos que asumir nuestro sino; nuestro vivir al margen.

                           4

    El hecho de ser el primer venezolano que recibe el Cervantes revela la madurez alcanzada por la literatura nacional venezolana. Este reconocimiento no implica la inexistencia en el pasado de escritores con sobrados merecimientos personales que pudieron haberlo recibido (Eugenio Montejo y Adriano González León, por ejemplo, para no remontarnos más atrás).

    Es enorme la eclosión de la literatura venezolana de unos años a la fecha. No caben en este espacio ni es la intención, señalar un número de poetas, sin dejar fuera a un volumen mayor. Con todo evoco los nombres de Edda Armas, Harry Almela y Antonio Trujillo, poetas consumados los tres. Pero, insistimos, forman multitud los que no se mencionan aquí.

    Ocurre lo mismo en la narrativa, trátese de novela o relato. Recordamos a tres novelistas con una obra sólida: Antonio López Ortega, Francisco Suniaga y Carlos Noguera (qepd), además de dos cuya obra ha rebasado ya las fronteras de su país: Ibsen Martínez y Alberto Barrera Tyszka.

    Una referencia especial amerita acaso, por su carácter y volumen, la novela policial que se escribe en Venezuela. Dos grandes autores del género son Marcos Tarre Briceño y Eloy Yagüe, bien que Ediciones B, en su Colección Vértigo – novela negra, viene dando a conocer una serie de autores jóvenes y osados. 

    El relato venezolano cuenta con un narrador de primera línea en Ednodio Quintero, cuyos pasos seguirán una multitud de jóvenes autores como Ignacio Yepes Beltrán y otros. El microrrelato, la minificción la recopila y organiza con fervor Violeta Rojo, en tanto que el ensayo bien podría considerarse el género más cultivado.

    El volumen de literatura excelente que Venezuela posee en la actualidad es vasto. Si es nuestra intención la que dispone realmente el porvenir, no es difícil prever la evolución que alcanzará esa vastedad.  

                 San Miguel de Allende, mayo 2, de 2023

  • Invierno 2022

    PASAMANOS DE LETRAS

    Miguel Angel Echegaray

    En octubre de 1980, con un precio de 30 pesos, apareció el número 47 de la revista Vuelta. En sus páginas interiores el mensuario mostraba el respaldo económico de sus anunciantes: Radio Educación y Aeroméxico. La línea aérea nacional. El Fondo de Cultura Económica promocionaba las novedades editoriales de la colección Tezontle. ‖ TEXTO completo ‖

    DOS SIGLOS DE VECINDAD REVESTIDA

    Pedro González Olvera

    El 12 de diciembre se cumplieron 200 años del inicio de las relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos. Ese mismo día pero de 1822 el gobierno del país vecino reconoció al de México recién independizado. Estas dos centurias de encuentros y desencuentros las analiza el autor de forma fugaz, pero profunda. ‖ TEXTO completo ‖

    ELOGIO DE LA MINIFALDA

    Leandro Arellano

    La minifalda surgió hace sesenta años e impuso una nueva era a la moda en el vestir. La historia del vestuario ha marchado muy ligada a la narrativa del desarrollo humano. El vestido ha evolucionado hasta no ser más un velo o cortinilla del cuerpo…  ‖ TEXTO completo ‖

    DE LA MUSICA IMPRECISA

    Mario Alberto Serrano

    “Mi papá me contagió su pasión por la música pero nunca en abstracto, pocas veces una sola. Si la suma de los elementos nunca es igual a la totalidad, la música de mi padre resultaría una prueba más tajante del axioma”. Esto nos cuenta el autor en una crónica personal y de gran intimidad familiar. ‖ TEXTO completo ‖

    LAS MUJERES DE SERGIO GOLWARZ

    Vicente Francisco Torres (UAM-A)

    Sergio Golwarz (1906-1974), autor de La mujer que se murió de fea, radicó muchos años de su vida en Argentina y acabó definitivamente en México. Es un  humorista –al estilo de Pepe Martínez de la Vega, el creador de Péter Pérez– quien se caracteriza por su manejo de lo absurdo. El presente texto disecciona la obra del autor ginebrino y proporciona coordenadas para entender su creatividad. ‖ TEXTO completo ‖

    EL AFLUENTE CREATIVO DE MARCELA DEL RIO

    Itzayana Dorantes Martínez

    La escritora mexicana Lola Horner curioseaba por una librería de viejo en la ciudad de Xalapa, Veracruz, donde encontró arrumbada una novela titulada La cripta del espejo, sin duda un feliz descubrimiento que se ha sumado a la Colección Vindictas (UNAM) y de la cual nos habla Itzayana Dorantes. ‖ TEXTO completo ‖

    LA ZARADEADA ZARABANDA

    Samuel Maynez

    Aunque el esclarecimiento de su procedencia está vedado por la carencia de fuentes, ulteriores investigaciones corroboran que la cuna mestiza es incuestionable y que, a riesgo de contentarnos con inferencias y exiguas pruebas documentales, nos correspondería, como mexicanos, reclamar su paternidad. ‖ TEXTO completo ‖

    CHANGÓ Y EL PACIFICO COLOMBIANO

    Andrea Mejía Fals

    Changó viene desde Tumaco, un municipio de Nariño en la punta de Colombia fronteriza con Ecuador, a casi dos horas de vuelo de Bogotá, y si es por tierra, es casi un día de subir, bajar, rodear montañas. Esto narra Andrea Mejía para dar a conocer a un grupo con su profunda raíz, que lo mismo lleva a África que a la Colombia actual a través de un cantante con trágico sino. ‖ TEXTO completo ‖

    LA HISTORIA DEL POMO

    Felipe Sánchez Reyes

    Crónica que devanea entre los recuerdos familiares, los amigos, barrios y convivencias casi extinguidas, pero sobre todo con una canción inolvidable del cantante cubano Benny Moré. ‖ TEXTO completo ‖

    EL LUGAR DE LOS DESCARNADOS

    Alejandro Estivill

    Fragmentos de la novela del mismo nombre publicada por Nueve editores (Bogotá, 2021). Aparece con la autorización de su autor. ‖ TEXTO completo ‖

    ROWENA

    Daniela Gil Sevilla

    Su voz se tornó más suave; más profunda, pero yo no quería demorarme en el extraño significado de las palabras pronunciadas con calma… Así cita la autora al iniciar esta obra que inevitablemente nos remonta a lo gótico literario. ‖ TEXTO completo ‖

    JOSE EMILIO PACHECO: UN RECUENTO CONCISO

    Guillermo Gutiérrez Nieto

    La quinta edición del programa de traducción y edición de Poetas Cervantes en árabe (POCENAR) que desarrolla el Instituto Cervantes a través de sus sedes en los países árabe parlantes estuvo a cargo del Instituto Cervantes en Beirut, Líbano, y se trata de una selección de poemas de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014) titulado En resumidas cuentas. ‖ TEXTO completo ‖

  • Otoño 2022

    Año 6. Número 22. Otoño 2022.

    DIPLOMACIA Y ESCRITURA EN MEXICO

    Pedro González Olvera

    Versión abreviada y actualizada del artículo Diplomacia y literatura: el caso mexicano, incluido en el libro Relaciones Internacionales: Diplomacia cultural, arte y política exterior, publicado en 2021 por la Universidad Autónoma de Baja California, la Universidad Anáhuac México, el Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México y la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales.

    ‖►

    DOS NOVELAS DE LA SIERRA MEXICANA

    Vicente Francisco Torres

    Gerardo Cornejo (1937-2014) y Víctor Hugo Rascón Banda (1948-2008) describen en sus obras paisajes y momentos transcurridos en Sonora y Chihuahua, estados que si bien están alejados del epicentro creativo de México, confirman la vastedad de expresiones de la literatura mexicana.

    ‖►

    AMPARO DAVILA: CLAVES DE LO SINIESTRO

    Itzayana Dorantes Martínez

    En el género narrativo, este tipo de relatos conforman lo siniestro, “lo que suscita miedo o terror indefinido, algo inquietante que excita la intuición de algo horrendo o abominable. Sería lo extraño o lo desconocido, que puede tornarse inhóspito y hostil. La autora discurre sobre este aspecto en la obra de Amparo Dávila.

    ‖►

    GALLUPI EN VENECIA

    Samuel Maynez

    La cita con el maestro Baldassare Galuppi, quien lleva años retirado de la vida pública. Su aversión a las entrevistas fue doblegada argumentando que el entrevistador había hecho el viaje desde la Ciudad de México, exclusivamente, para eso….

    ‖►

    TUCO Y LEONORA: UNA AMISTAD

    Leandro Arellano

    “Alta, esbelta, blanca, apareció de pronto a unos metros de nosotros. La reconocimos a la distancia, marchando por el medio del camellón. Arropada en su impermeable beige de Burberry, la famosa casa londinense, hendía el aire al andar”., así describe el autor el encuentro con Leonora Carrington, a quien conoció un día con su cofrade canino en la ciudad de México.

    ‖►

    CARRINGTON Y LEDUC: AMOR ENTRE FABULAS

    Guillermo Gutiérrez Nieto

    La fugaz relación entre la pintora y escritora inglesa y el poeta y periodista mexicano ya ha sido ya comentada a detalle, ero siempre hay resquicios que permiten complementar un episodio con demasía de acontecimientos para desarrollar alguna trama. Ello a colación de la reedición en francés de XV Fabulillas de animales, niños y espantos, publicada en 1957 por la editorial Stylo.

    ‖►

    TIA JUVE Y SU JUAN

    Felipe Sánchez Reyes

    Sentida crónica familiar en la cual el autor nos describe un momento trascendente para sus hermana, así como un registro histórico presente en todo México.

    ‖►

    GREEN CURRY

    Rosa Núñez Pacheco

    “El viaje tan ansiado se concretó en las vacaciones de febrero del primer año de la pandemia, aunque en ese tiempo aún nadie pensaba que el virus paralizaría al mundo entero. El avión partió a las siete de la noche desde Arequipa hacia la capital peruana, y de ahí rumbo a San Francisco….” así empieza la crónica que lleva al lector en un viaje a través del tiempo alrededor de un acontecimiento.

    ‖►

    ODA AL POZOLE (poema)

    Daniela Gil Sevilla

    ‖►

    FUEGO GRANEADO (Fin)

    Luis Ayhllón

    Esta entrega es la última parte de la obra de teatro que el autor compartió a los lectores de cambiavías durante varios números. La expectativa del final, definitivamente da un giro que sorprende a quienes hemos seguido esta saga.

    ‖►

  • Verano 2022

    Año 6. Número 21. Verano 2022

    PASAMANOS DE LETRAS (II)

    Miguel Angel Echegaray

    En la aún recordada Revista Snob un grupo de escritores, descreídos e irreverentes, publicaron un texto denominado El Método de Aprovechamiento Terrorífico de una Ciudad, y en particular del método-juego del Nocturno Pavor Citadino. En sus recorridos anochecidos, en fechas y circunstancias indeterminadas, podía ocurrir cualquier cosa… ‖►

    MEDIO AMBIENTE: DE VUELTA A ESTOCOLMO

    Pedro González Olvera

    En 1972, a partir de una iniciativa del gobierno sueco tuvo lugar en Estocolmo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. Los miembros de la ONU discutieron un problema que desde entonces aqueja a la humanidad: calentamiento global y su afectación al medio ambiente. En las condiciones actuales, el recorrido que desarrolla el autor da referentes y tendencias que no se pueden obviar. ‖►

    DEL LATÍN “APELLARE”

    Samuel Maynez

    Según su etimología, la palabra apellido procede, tanto de “hablar con autoridad” como de la “denominación” genérica de cosas y personas. Esto último es aquello que nos interesa en cuanto al significado literal que tienen algunos apellidos de músicos renombrados una vez que abandonan su ámbito lingüístico y se traducen al castellano… ‖►

    PAN COMIDO

    https://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/6/6f/HopperAutomat.jpg

    Raymond Carver / Trad. Leandro Arellano

    “Me hallaba en mi cuarto una noche cuando escuché algo en el pasillo. Levanté la vista de donde trabajaba y vi que deslizaban un sobre por debajo de la puerta…” así continúa Leandro Arellano su saga de traducciones de Raymond Carver, exhibiendo su compenetración a los personajes y situaciones descritas por del autor americano. ‖►

    UNA ENSEÑANZA DE VIDA

    Angélica Arreola Medina

    “Cuando era niña y la mandaron a dar de comer a los pollos, Gloria Ruth, llevada por la curiosidad, decidió abrirle el vientre a uno de ellos, por ello recibió regaños y manazos de su madre; ahora refiere que desde entonces ya le interesaba el área médica…”…eso nos hace saber la autora a través de una crónica personal que despierta conciencia de una profesión que amerita reivindicarse. ‖►

    ALEJANDRIA: EL SUEÑO DEL SABER UNIVERSAL

    Felipe Sánchez Reyes

    ¿En qué radica la importancia de la antigua ciudad de Alejandría? Porque Alejandría tiene una localización estratégica, como centro mercantil y cultural de primer orden, y se ubica en la encrucijada de las rutas de África y Asia, rivaliza y toma el relevo de Atenas. ‖►

    HIJAS DEL EXILIO Y LA MEMORIA

    Itzayana Dorantes

    La literatura mexicana se ha nutrido de otras culturas. El mestizaje que caracteriza México ha ido integrando las tradiciones, creencias, costumbres y vivencias de todas las familias y personas que llegaron a este país buscando un mejor destino. Un ejemplo de lo anterior son las escritoras judías, quienes han ocupado un lugar importante en el ámbito cultural. ‖►

    LA AMERICA DE EMILIO SALGARI

    Vicente Francisco Torres

    América, tierra lejana y exótica, pródiga en elementos naturales, no podía ser ajena a Emilio Salgari (1862-1911). Cuando se habla de este maestro de la novela de aventuras siempre se dice que no conoció las selvas, los mares, los desiertos o los polos, escenarios de sus aclamadas obras, este dilema lo dirime el autor del texto, citando obras y momentos de la vida de Salgari. ‖►

  • Primavera 2022

    PASAMANOS DE LETRAS (I)

    Miguel Angel Echegaray

    León Tolstoi anotó en un pasaje de sus Memorias que una tarde, mientras escuchaba tocar el piano a su madre, se inquietó por descubrir que algo ocurría en su propia memoria…. ‖►

    QUIEN HAYA DORMIDO EN ESA CAMA

    Raymond Carver / Trad. Leandro Arellano

    Este cuento fue publicado en The New Yorker, el 28 de abril de 1986. Está incluido en el libro “El elefante y otros relatos”, editado por Collins Harvill, Londres, 1989, de donde Leandro Arellano se ha realizado esta traducción. ‖►

    ROSARIO CASTELLANOS, LO FEMENINO ETERNO

    Felipe Ricardo Sánchez Reyes

    Texto sobre la vida y obra de la autora chiapaneca elaborado en el marco de la Cátedra Especial, Rosario Castellanos, en la cual participó el autor como invitado de la Dirección General del Colegio de Ciencias y Humanidades- UNAM (Junio, 2021). ‖►

    MARCEL SCHWOB Y LO SINGULAR

    Vicente Francisco Torres (UAM-A)

    Schwob considera que los aspectos más individuales e insólitos de los seres humanos constituyen el material del artista. Su expresión no se agota en la reconstrucción de hechos pasados, ni en la búsqueda de la belleza en el horror, maneja un tipo de obsesiones que lo convierten en un antecedente directo de Jorge Luis Borges. ‖►

    LA VIDA DE UN PARAGUAS ORIENTAL

    Daniela Gil Sevilla

    Dicen que de noche todos los gatos son pardos, así también los paraguas, sobre todo los que, como yo, fuimos abandonados. Mi vida, hasta hace no mucho, transcurría bajo la cálida luz del sol entre las transitadas calles de Shanghái….‖►

    FUEGO GRANEADO (VI)

    Luis Ayhllón

    Sexta parte de la saga teatral iniciada en 2020 por el dramaturgo/cineasta mexicano. Se trata de un trabajo exploración creativa con gran apego a la realidad actual. ‖►

    UN VIRUS, UNA REGION, UN INFORME: DEL DESALIENTO A LA ACCION

    Pedro González Olvera

    Después de los embates del COVID durante 2020 y 2022, , los pronósticos de una recuperación económica fueron optimistas, pero varios síntomas hacen dudar de alguna mejoría. Por eso organismos como la CEPAL producen informes indispensables a la hora de hacer recuentos y evaluaciones de una etapa trágica de la historia humana. ‖►

    LA FIESTA DE LA AVENIDA 83

    Mario Alberto Serrano

    Para propios y extraños Tepetlixpa es Tepe. A 70 kilómetros de la ciudad de México, en el suroriente del Estado de México(…) Por otra parte, Phoenix ha sido y sin duda alguna será el principal sitio de migración para los Tepes como huelga decir, también son llamados los habitantes de este municipio. La vinculación entre ambos realidades es descrita por el autor de manera informada, igual que sentida. ‖►

    LUISA REYES RETANA: EN SU PROPIA LENGUA

    Guillermo Gutiérrez Nieto

    La reciente publicación de “Tu lengua en mi boca” de Luisa Reyes Retana motiva un efecto dual que va de la descripción de un obra al cuestionario Proust, que la autora contestó recientemente. ‖►

  • 2023, Año de la Poesía Árabe

    2023, Año de la Poesía Árabe

    Guillermo Gutiérrez Nieto

    Entre las acciones emprendidas por los gobernantes de Arabia Saudita en los últimos años destacan las enfocadas en el fortalecimiento de su imagen internacional. Todas forman parte de lo que se conoce como Saudi Visión 2030, macro estrategia nacional que busca la diversificación económica interna y el desarrollo de sectores e infraestructura estratégicos a fin de promover la imagen de un país con menor dependencia del petróleo y con mayor presencia en la comunidad internacional.

    Aunque la ejecución de esa estrategia es evidente en decisiones de política exterior, internamente se desarrolla un trabajo sustantivo para promover expresiones culturales en diversos ámbitos y a través de diversos medios. Por ello es notable la designación de 2023 como el “Año de la Poesía Árabe” que anunció en febrero pasado el Ministerio de Cultura saudita. En el decreto real que formaliza tal decisión se destaca que es parte de los esfuerzos del Reino para celebrar la herencia y la cultura nacionales y su objetivo es “impulsar la posición de la poesía árabe en la cultura del individuo, fomentar la creatividad poética y resaltar el legado de la poesía en la historia árabe”.

    Gran decisión sin duda, tanto para los amantes de la literatura como para los árabe parlantes en general ya que se honra a una lengua añeja, además de sustantiva en el devenir de la humanidad. Se reconoce tanto el valor fundamental de la poesía en la cultura árabe como el legado de Arabia Saudita para la poesía y los poetas. Aunque la agenda de actividades a través de las cuales se desarrollará esta conmemoración de la lírica árabe se desenvuelve pausada, lo cierto es que honra a un país que acogió a una pléyade amplia de poetas durante el período preislámico y posteriormente influyó la creación poética en otros momentos de la historia árabe.

    El fomento a esta expresión literaria ha sido una constante en el Reino en años recientes. Por ejemplo, en 2018 la Universidad de Taif anunció la creación de la Academia de la Poesía Árabe y el Premio Príncipe Abdullah Al-Faisal para Poesía Árabe. La justificación en ambos casos fue reconocer la importancia que la poesía ha tenido en la historia y cultura árabe. El desarrollo de este espacio de analisis y difusión es notable y se constata con la publicación de informes, investigaciones y revistas, así como con la realización de foros, seminarios y otras actividades académicas. En lo referente al premio, éste va en su cuarta edición y en 2022 galardonó a bardos de Arabia Saudita, Senegal, Egipto, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.

    Con este antecedente, conmemorar durante 2023 a la poesía árabe será una gran fiesta. Se enaltecerá a una expresión cuyos primeros vestigios escritos se remontan al siglo VI, aunque si consideramos la expresión oral beduina su génesis es más remota. No debemos olvidar que antes del advenimiento de la escritura, era común que los miembros de las tribus árabes compartieran información mediante la poesía oral. A través de este medio, hombres y mujeres compartieron sus historias, experiencias, creencias e incluso hipérboles y propaganda para garantizar que la historia se transmitiera de generación en generación. De ahí provienen estilos como el Madih (canto fúnebre); el Hamasah (expresión tribal de guerra); el Tardiyyah (elogio al éxito en la cacería) o el Ghazal (poema de amor) que sigue siendo un pilar poético hasta la actualidad.

    Entre los poetas preislámicos -denominados sha’ir o shaeir- de amplia referencia en Arabia Saudita durante el siglo VI destacan Imru’ Al Qais Al Kindi, reconocido por algunos como el padre de la poesía árabe clásica; Antarah ibn Shaddad Al Absi y Al Zeir Adi ibn Rabia, reconocidos por sus Hamasah, y Hatim Al Tai, el de mayor  reconocimiento y quien en su obra “Ilumínate”, nos dice:  Ilumínate, ya que la noche es glacial / Y el viento, después que encendiste el fuego, está chirriando /Esperando que un transeúnte note tu luz / Si trae un invitado, eres libre”.

    Después de la introducción del Islam en Arabia Saudita, debido a que la alfabetización aún no estaba muy extendida, el valor de la poesía oral se mantuvo, aunque paulatinamente su versión escrita tendió a consolidarse. Desde entonces, en términos extremadamente latos, la poesía árabe puede categorizarse en dos estilos; con rima y/o métrica, y libre o en prosa, siendo predominante la primera en varias etapas de su desarrollo. Ambas formas se convirtieron en la base de las interpretaciones modernas, aunque desde principios del siglo XX aparecieron otras variedades cuya difusión se ha beneficiado con el uso de plataformas digitales y redes sociales.

    Allende los linderos sauditas, la poesía árabe ha sido promovida desde hace varios años a través de singulares certámenes en otros países. El caso más notable se observa en Emiratos Árabes Unidos, donde desde 1998 se otorga el Al Owais Award, establecido por el filántropo Sultan Bin Ali Al Owaism, que incluye reconocimientos en cuatro categorías: Poesía, Novelas, Crítica/Estudios Literarios y Estudios Humanos/Futuro. También en ese país está el Million’s Poet, programa de televisión que desde 2006 organiza un concurso de poesía vernácula (nabati) en el cual los participantes componen y recitan sus obras; durante varios episodios las leen ante un panel de jueces, el cual reconoce el estilo y lenguaje de los poemas y la calidad de la recitación; los concursantes también reciben votos de la audiencia y durante el proceso van siendo eliminados hasta elegir a un ganador.

    Un caso similar es el Prince of Poets, concurso televisivo de poesía creado en 2007 por la Autoridad para la Cultura y el Patrimonio de Abu Dhabi, el cual es reflejo de la preeminencia de la poesía en el mundo árabe, ya que sus índices de audiencia superan, en ocasiones, a los del fútbol. A diferencia de Million’s Poet, que promueve la poesía autóctona, éste promueve la poesía árabe clásica y es un intento de revivirla en la sociedad moderna.

    En este entramado de aproximaciones a la poesía árabe debe reconocerse el trabajo que realiza el Instituto Cervantes para develar las obras de poetas que escriben en español y son traducidos al árabe, así como el de autores árabes entre el público hispanohablante. Al respecto, destaca el programa de traducción de Poetas reconocidos con el Premio Cervantes (POCENAR) que desarrollan las sedes del instituto los países árabes y la serie “Cuadernos de Baalbek”, desarrollada por el Instituto Cervantes de Beirut y la Universidad Libanesa, que incluye poetas árabes traducidos al castellano.  

    2023 será sin duda un año para disfrutar y recordar una variante de la poesía universal. Frente a las reservas -en algunos casos abiertas demandas de cambio- que existen en Occidente respecto a la realidad político-social de la mayoría de los países del Medio Oriente, es innegable que la poesía, en sus múltiples formas, es un pilar de la cultura árabe y por lo tanto una ventana que permite aproximarse y comprender mejor a una veintena de entidades que, con alrededor de 345 millones de árabe hablantes, siguen siendo un gran desafío de comprensión para el mundo,  tanto por su lengua como por su cultura en general. ⌈⊂⌋

  • C O Y O A C Á N

    C O Y O A C Á N

    Alfredo Pérez de Tejada

    Coyoacán, es una Delegación (división administrativa), localizada al sur del centro de la Ciudad de México, sobre el río La Magdalena (ahora entubado bajo tierra). Coyoacán fue construido en el sitio de un asentamiento precolombino desde el cual el conquistador español Hernán Cortés lanzó su ataque a Tenochtitlán, la capital azteca (ahora Ciudad de México), y fue la primera capital de la Nueva España. El nombre proviene del náhuatl y significa “lugar de coyotes”. Los edificios coloniales sobrevivientes más notables son la Iglesia de San Juan Bautista (1583) y el convento de los dominicos (1530). En esta serie fotográfica Alfredo Pérez de Tejada comparte su itinerario personal.

  • Kenzaburō Ōe: itinerancia por México

    Kenzaburō Ōe: itinerancia por México

    Matias Chiappe Ippolito

    Kenzaburō Ōe viajó a México en 1976 para impartir un curso sobre literatura japonesa de posguerra en El Colegio de México, una de las universidades más prestigiosas de la Ciudad de México que acababa de abrir uno de los primeros centros de investigación sobre estudios asiáticos en América Latina[1]. Además del apoyo financiero de la UNESCO, la universidad mexicana le otorgó a Ōe un pago de 1.206 dólares estadounidenses por su colaboración y sus conferencias. Durante su estancia de seis meses, el japonés conoció a colegas literatos como Octavio Paz y Gabriel García Márquez, pero también a renombrados estudiosos en temas asiáticos, como Flora Botton Beja y Óscar Montes (quien más tarde lo tradujo al español). Ōe tuvo también la oportunidad de estudiar la cultura latinoamericana, la historia de las antiguas civilizaciones azteca y maya, la difusión del cristianismo, y los movimientos artísticos que siguieron a la Revolución Mexicana, en particular, el muralismo.

    La relación de Ōe con México ha sido estudiada a fondo por el profesor Manuel Cisneros Castro (Universidad de Kanda), quizá el investigador más versado en el tema. Desde el lado japonés, autores como Jun Etō y Ozaki Mariko han analizado y hecho referencia al viaje de Ōe, aunque no de manera exhaustiva. Las conexiones de Ōe con América Latina también fueron estudiadas dentro del ámbito académico anglosajón en trabajos de Yasuko Claremont y Jordan Smith, entre otros. En mi caso, mi investigación doctoral buscó complementar esta tradición de investigadores insertando a Ōe en un marco más amplio que abarca la totalidad de las relaciones literarias entre Japón y América Latina. Este fue, de hecho, el objetivo último de mi tesis, Primitive, Primeval, and Peripheral. Imagen of Latin America in Japanese Literature.

    Ōe nació en la ciudad rural de Ōse, en la prefectura de Ehime, y perdió a su padre durante la Guerra del Pacífico. Cuando tenía 18 años, viajó a Tokio para estudiar literatura francesa en la Universidad de Tokio bajo la tutela del especialista Kazuo Watanabe. Pocos años después, ya escribía ficción influenciado por novelas de contenido político. En 1960, el mismo año en que se casó, Ōe viajó a China y conoció a Mao Zedong. Y en 1961, viajó a Europa y conoció a Jean-Paul Sartre. A lo largo de las décadas siguientes, continuó su activismo político, no sólo mediante la participación en agrupaciones moderadas de izquierda, sino también a través de la formación de movimientos pacifistas y de campañas antinucleares. Todas estas actividades permearon en la literatura de Ōe y delinearon su personalidad profundamente comprometida y humanista.

    Fue durante los años de juventud de Ōe cuando los estudios latinoamericanos se extendieron por todo el mundo, principalmente por el creciente interés en el potencial económico de la región y por sus frescos fenómenos culturales como el llamado Boom literario latinoamericano, pero también debido a acontecimientos políticos: en concreto, la Revolución Cubana de 1959. El ascenso de un gobierno comunista en Cuba, junto con sus homólogos establecidos en la URSS y China, resultó atractivo para académicos y escritores japoneses que abogaban por el nacionalismo anti-americano y el faccionalismo izquierdista, ideologías que desencadenaron activismos locales como las Protestas de la Purga Roja en la década de 1950 y las Protestas ANPO y Anti-Vietnam de las décadas de 1960 y 1970 respectivamente. Fue en este contexto de agitación política en el que Ōe se convirtió en un escritor conocido y es en este clima en el que se entiende mejor su relación con América Latina.

    Durante su estancia en México como profesor invitado de El Colegio de México entre 1976 y 1977, Ōe paseó sin prisas por Ciudad de México y sus lugares más famosos. Sin embargo, como manifestó en entrevistas y ensayos, pasaba la mayor parte del tiempo en su apartamento, leyendo sobre historia, política y literatura latinoamericanas. También disfrutaba de la vida nocturna de la ciudad, lo que dio lugar a una intensa fascinación por las culturas populares y de clase baja. Fue en una cantina mexicana donde Ōe aseguró haber conocido al escritor Juan Rulfo mientras bebían tequila; fue en un bar del Centro Histórico donde se habría visto involucrado en una pelea que terminó en las calles del lugar; y fue en un club de striptease en donde dijo que fue capaz de demostrarle a los mexicanos que también los japoneses sabían bailar. Ōe habló enfática y repetidamente acerca de estas anécdotas, tanto en textos como en intervenciones públicas, generando un mito acerca de su persona y de su pasaje por México.

    Tras su viaje, Ōe escribió también muchas novelas que describían su estancia, alejándose de las narraciones previas que se centraban en la experiencia de haber tenido un hijo que nació con daño cerebral. La ficción posmexicana de Ōe que retrata el país latinoamericano y a su cultura incluye la novela Dojidai gēmu (El juego de la contemporaneidad, 1979), los relatos ”Ame no ki’ no kubitsuri otoko‘ (Hombre colgado de un árbol de lluvia, 1982) y ‘Mehiko no ōnukeana‘ (1984), la novela epistolar Natsukashī toshi he no tegami: Mekishiko no dorīmutaimu (traducida al español como Cartas a los años de la nostalgia: Tiempo de ensueño en México, 1987), y la novela Jinsei no shinseki (Los padres de la vida, traducida al inglés como An Echo of Heaven, 1989). En todas estas obras, un viaje a México y el encuentro con una nueva cultura son la excusa que motiva a los personajes a reflexionar sobre sus personas, sus culturas y sus países, ulteriormente encontrando muchas similitudes entre México y Japón que versan desde sus concepciones de la muerte hasta sus complejas relaciones con Estados Unidos.

    En última instancia, éste es uno de los legados que nos dejó Ōe: el ser un hombre de letras del Japón que se permitió sentirse identificado con lo que el resto del mundo consideraba una periferia para asumir que su país natal compartía muchas características con ese espacio. La consciencia de su situación económica privilegiada como japonés no le impidió aprender de las culturas mexicana y latinoamericana, abogando por un mayor diálogo e intercambio entre regiones. Es un camino que escritores japoneses interesados en América Latina, como Keijirō Suga y Hoshino Tomoyuki, siguen tomando hoy en día y que probablemente se desarrollará en nuestro global siglo XXI. ⌈⊂⌋


    [1] La Sección de Estudios Orientales (SEO) del Centro de Estudios Internacionales se fundó en 1964 y se transformó en un centro independiente en 1968, con el nombre de Centro de Estudios Orientales (CEO). En 1974, tras el impacto de las teorías de Edward Said, el centro pasó a denominarse Centro de Estudios de Asia y África del Norte (CEAAN), para volver a cambiar de nombre en 1980 y convertirse en un simple Centro de Estudios Africanos y Asiáticos (CEAA).